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La higiene pública en Orduña en el siglo XX

La higiene pública en Orduña en el siglo XX

Plaza 1874Los pasos fundamentales en orden a solucionar el estado sanitario ante¬riormente descrito, sucedieron a principios de este siglo, durante el mandato como alcalde de D. Rivera, y éstos consistieron en la creación del Reglamento de Higiene de la Ciudad de Orduña, la construcción de un alcantarillado, totalmente cubierto, y en la traí­da de aguas.
Reglamento de Higiene
El Reglamento de Higiene, que data del 28 de marzo de 1906, obedeció a un deseo consciente de control de las enfermedades y de la mortalidad por las repercusiones que ello acarrea en relación a la riqueza y capital social de un pueblo, formadas sobre todo por el trabajo y la fuerza activa de sus habitantes, tal como se expresa en el preámbulo del referido reglamento.
En él se dictaron una serie de normas sanitarias que abarcaban los siguientes capí­tulos: alcantarillas, construcción de edificios, mataderos, alimentación y bebidas, aguas públicas, enfermedades infecciosas y contagiosas y cementerios. A continuación se mencionan las normas que se consideran más importantes.
El Reglamento nació en un momento en que todaví­a el nuevo saneamiento no era más que un proyecto; de ahí­ que abarcaba normas adaptadas a la situación anteriormente descrita, como a la situación totalmente nueva que se avecinaba.
En cuanto al primer caso, se prohibí­a arrojar cualquier tipo de objetos a los caños albañales, establecí­a, en caso de creerse conveniente, la instalación de telas metálicas en las ventanas que daban al caño albañal y patios y castigaba con rigor a los vecinos que empleasen las aguas residuales para abono de sus tierras. Igualmente se dictaban una serie de medidas para que la limpieza de los caños albañales se hiciera lo más efectiva y rápidamente posible, así­ como con el menor peligro para la salud (mezcla de los residuos con cal viva y paja).
Respecto a la futura nueva situación del alcantarillado, las normas iban dirigidas a que los residuos discurrieran totalmente cubiertos y tuvieran fácil y rápida evacuación: instalación de sifones con cierre hidráulico, de depósitos de agua, formación de los injertos de los retretes con la cañerí­a de bajada de un ángulo de 45°.
En el capí­tulo de enfermedades infecciosas y contagiosas, conviene destacar las severas medidas tomadas en orden a la desinfección de las casas, ropas…, de personas infectadas, así­ como la obligación de vacunarse y revacunarse una vez pasados quince años, y siempre que el médico lo conside¬rase conveniente. Asimismo, se prohibí­a la asistencia en las escuelas públicas a todos los niños que no acreditaran haber sido vacunados, mediante presentación del certificado facultativo correspondiente.
Dentro del tema del Reglamento de Higiene, merece ser destacado finalmente, el conjunto de normas que contení­a en relación a adaptar los preceptos higiénicos entonces vigentes en materia de edificaciones, abarcando aspectos tales como la altura y alineación de los edificios, ventilación y dotación de retretes y fregaderas, creación de patios internos, desagí¼es de tejado…
El Reglamento calificaba de «verdadero ideal» el reconstruir Orduña conforme a las leyes entonces vigentes en esta materia y expresamente des¬cribí­a la situación de la vivienda en Orduña de la siguiente forma: si se prescindí­a de los edificios que daban a la plaza y algunas reparaciones de edificios realizadas en estos últimos años, «subsisten casas antiquí­simas que más bien que habitaciones humanas parecen o pudieran llamarse tumbas, en donde se pudre la indigencia, mazmorras desprovistas de aire y luz».
Dado que el casco viejo apenas ha sido reparado y permanece desde entonces la mayor parte sin reconstruir, a pesar de reparaciones internas que, lógicamente, se habrán efectuado desde 1906, muchas de las viviendas del núcleo antiguo se caracterizan en la actualidad por su estado insalubre.
Alcantarillado
Otro elemento que supone una gran variación en el estado sanitario de Orduña fue la construcción del nuevo alcantarillado, que a diferencia del anterior, se caracterizaba por ser totalmente cubierto. Construido en los años de 1907 y 1908, su trazado corre por donde discurrí­a el anterior. Las obras del mismo se adjudicaron mediante subasta, ascendiendo el presupuesto a 121.398’93 pesetas, de las que la Diputación de Vizcaya subvencionaba el 25% y el resto se obtuvo mediante la emisión de obligaciones.
En los meses de noviembre de 1908 y febrero de 1909, estas obras fueron completadas con la construcción de un pozo negro, dotado con colector y dos registros y sito en el puente del Vado.
Desde entonces no se ha efectuado ningún tipo de obra, por lo que persisten las alcantarillas construidas a principios de siglo. íšltimamente, existe un proyecto para la construcción de un nuevo saneamiento que no ha podido ser llevado a cabo por no presentarse ningún licitador a la subasta.
Un factor fundamental en el aseo tanto privado como público es la instalación de agua a domicilio. En Orduña, esto ocurre a primeros del siglo XX.
Traí­da de agua
Hasta entonces, los vecinos se aprovisionaban de agua en las fuentes públicas, dentro de las cuales la fuente de los Ocho Caños constituí­a la fuente pública por antonomasia.
íšnicamente unos pocos privilegiados gozaban de agua en sus casas y ello mediante tomas efectuadas a la conducción general, que traí­a las aguas desde Casas Blancas hasta la plaza, previo permiso del Ayuntamiento, y convenio con el mismo, con la condición de ser suspendidas y cortadas en caso de necesidad pública.
La traí­da de aguas, junto con la instalación de la luz eléctrica, constituí­an los objetivos fundamentales que el Ayuntamiento de Orduña se habí­a marcado desde 1894. Mientras la instalación de la luz eléctrica se efectuó en 1896, las obras de la traí­da de aguas no se iniciaron hasta el 25 de junio de 1900, siendo terminadas a primeros de 1901.
Las aguas procedí­an de Casas Blancas, en concreto, del manantial de la fuente de La Teta. Al mismo tiempo, se aprovechó para unir a las mismas las aguas de la fuente de La Choza, desde donde, años atrás, el Ayuntamiento habí­a iniciado una serie de obras para la traí­da de las mismas hasta la ciudad, pero que no habí­an pasado de ser algo más que inicios.
Para financiar la traí­da de agua, presupuestada en 21.816 pesetas, se acordó emitir un empréstito de 25.000 pesetas en obligaciones de 500 pese¬tas a la par e interés anual del 4’5%, amortizables en diez años.
El material utilizado en la conducción de las aguas desde la fuente de La Teta hasta el núcleo urbano y a través de éste, fue el hierro. En cambio, desde la fuente de La Choza hasta La Teta se utilizaron cañerí­as de barro.
Las condiciones para la instalación de agua a domicilio consistí­an en solicitarlo al Ayuntamiento, instalar el correspondiente contador y pagar la tarifa aprobada por el Ayuntamiento.
Las obras de la traí­da de aguas se completaron años más tarde con la creación en el término de Pachejas de un depósito de cemento armado, cu¬bierto y con una capacidad de 400 metros cúbicos. Las obras, adjudicadas por subasta, se realizaron entre los meses de junio y septiembre de 1905, por una empresa constructora de Cataluña, la misma que en 1904 edificó el monumento del Txarlazo en la cima de la conocida Peña Vieja. La obra fue presupuestada en 7.200 pesetas, sin contar la excavación de terrenos, el porteo de los materiales desde la estación hasta el lugar de la obra y el agua y arena necesarios para las mezclas, que corrí­an por cuenta del Ayuntamiento.
El caudal de las aguas de las fuentes anteriormente citadas no fue suficiente, por lo que ha sido ampliada en dos ocasiones diferentes: en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, con las aguas de los manantiales de la Tejera y de la Rotura de la Asunción, sitos en Délica y, a finales de la década de los cincuenta, con las aguas de la fuente de la Llana, en el término de Lendoño de Arriba.
La traí­da de las aguas de Délica levantó cierta oposición, no sólo, como es lógico, por parte del Ayuntamiento de Arrastarí­a, que interpuso recurso contencioso-administrativo por la autorización otorgada por el Gobernador Civil de Alava al municipio orduñés para tomar de los manantiales referidos seis litros por segundo, sino también por parte de algunos vecinos de Orduña, que por razones estrictamente polí­ticas, se opusieron a dicha traí­da de aguas, protestando el presupuesto extraordinario aprobado al efecto, recogiendo firmas, dificultando la cesión de terrenos para el paso de la cañerí­a, etc.
Dado el estado de la caja común, y al igual que las anteriores obras municipales de este siglo, la obra se financió mediante la emisión de obligaciones.
La ampliación desde Lendoño fue realizada con dos objetivos funda¬mentales: dotar a Orduña con un caudal de 150 a 200 litros diarios por habitante y erradicar las enfermedades provocadas por escasez de agua en verano y otoño, de la que Orduña no escapaba a pesar de la anterior ampliación. La financiación de estas obras corrió en un 50% a cargo del Estado, en un 42% a cargo de la Diputación vizcaina y el resto por cuenta municipal.
A pesar de estas ampliaciones, actualmente el problema del agua no ha quedado solucionado, registrándose cortes en el suministro de agua en verano y otoño, e incluso en las otras estaciones en años de escasez de lluvias. En ello pesan, entre otras razones, el estado de las cañerí­as y, dado el carácter torrencial de las lluvias en esta zona, la poca capacidad del depósito general.
Respecto a este problema hay que hacer constar que los actuales rectores del municipio, de unos años atrás pretenden realizar una nueva ampliación con las aguas del manantial de Santa Clara, cuyo caudal se calcula que constituirá la solución definitiva del problema.
Servicios sanitarios
Un último punto a tocar en el análisis de los factores sanitarios en el siglo xx es el referente a los servicios asistenciales existentes dentro del municipio.
La asistencia sanitaria se remonta en Orduña a épocas remotas, datando de forma cierta y fechable para 1464, año en que consta documentalmente la existencia de un hospital en el término del Prado. El dato lo proporciona GARCíA DE SALAZAR con motivo de una serie de enfrentamientos acaecidos en Orduña entre gamboí­nos y oñacinos.
Este hospital es uno de los cuatro existentes en el municipio y que, a finales del XVII, unificaron sus rentas, ampliando sus funciones sanitarias a otras de tipo benéfico.
El hospital se instala a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en el antiguo convento de los franciscanos, estando regido desde 1863 por las Hermanas de la Caridad. Con el transcurrir de los años deja de ser un centro de asistencia sanitaria y se convierte paulatinamente en una institución benéfica, como actualmente lo es.
Un punto importante en la asistencia sanitaria lo constituyen las plazas de personal sanitario existentes en el municipio. Hasta el primer cuarto de este siglo, dichas plazas consistí­an en sendas plazas de médico, practicante y veterinario. Durante la gestión municipal de la época de la Dictadura de Primo de Rivera se procedió a la creación de una nueva plaza de médico titular, con los mismos derechos que la anterior, así­ como a la concesión de la plaza de practicante, vacante de unos años atrás. En la actualidad, persisten las referidas plazas.
Además de estas plazas, en Orduña han residido y residen personas tituladas que, bien mediante igualas, bien mediante pago de honorarios, asisten a las personas y al estado sanitario, tanto de Orduña-Ciudad como de su entorno. Ello queda patente en el siguiente cuadro, en el que se recogen los titulados en medicina, veterinaria…, en cuatro años de este siglo, separando uno de otro una veintena de años.

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