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Camino de Santiago

Camino de Santiago

CAMINO de SANTIAGO (por el Alto Nervión): un testimonio de que uno de los caminos por el que se  dirigí­an los peregrinos a Santiago de Compostela, pasaba por Orduña, nos lo demuestra la antigua advocación de la iglesia parroquial de la ciudad, “Ntra. Sra. y señor Santiago “, según escritos del s. XVI. El nombre del “Camino tras Santiago” debe su origen al hecho de  ir este camino por detrás del la iglesia, conocida en aquellos tiempos como del señor Santiago. Otra pista que apunta en el mismo sentido es la “guí­a del puerto de la penna de San Bartolom锝 del año 1506, en la que podemos leer que una de las condiciones se refiere expresamente a quienes van en peregrinación por la Peña de Orduña (conocida entonces como Peña de San Bartolomé) a Santiago de Compostela: “Otro sí­,  qualquier que así­ arrendare la dicha guí­a e penna que no coja guí­a de ningund fraile ni romero que pasre, ni de ningund clérigo que vaya en romerí­a a Santiago …”[1]. Una antigua tradición se hace eco de que el apóstol Santiago, uno de los predilectos de Jesús, habí­a predicado la doctrina cris­tiana en España, donde, tras su muerte, habí­a sido trasladado en una barca. Muchos años iban a transcurrir hasta que hacia el año 820, un er­mitaño se sorprendió de ver res­plandores y luminarias en medio del bosque, avisando de ello al obispo de Irí­a Flavia, Teodomiro; éste descubrió en el lugar unos sepulcros que, desde el principio, se dijo que conservaban los res­tos del apóstol Santiago. El rey Alfonso II el Casto tomó el dato tan en serio que mandó edificar una iglesia en lo que comenzó a conocerse como Campus Ste-lae (Campo de la Estrella), luego Santiago de Compostela. La no­ticia no tardó en recorrer leguas, extendiéndose por villas y luga­res, siendo en el año 930 cuando el Obispo de Le Puy, en Francia, Gontescalco, dejó las primeras noticias escritas sobre un viaje de peregrinación a Santiago de Compostela. El año 1130 un pe­regrino francés, Aymeric Picaud, escribió el Codex Calixtinus o Guí­a del Peregrino medieval, considerada por los entendidos como la primera guí­a de turismo de la Historia. En el siglo XII acude en pe­regrinación Guido de Borgo­ña quien, elegido luego Papa de Roma, declarará como Años de Jubileo Compostelano aquellos en los que la festividad de San­tiago cayera en domingo, cosa que ocurre este año 2.010. Des­de entonces, riadas de hombres y mujeres han trazado sendas y caminos desde los más remotos lugares de Europa hasta Com­postela, trayendo con ellos cos­tumbres, historia, arte y fe. De Francia partí­an tres gran­des rutas que cruzaban los Pi­rineos por Somport, Roncesva-Iles e Irún. La ruta que iba por la costa dejó de usarse cuando cesó el peligro árabe (el año 997 se lleva Almanzor las cam­panas de la iglesia de Santiago), adquiriendo singular importan­cia el camino que por Roncesva-Iles, Pamplona, Estella, Logroño y Santo Domingo de la Calzada, se dirigí­a atravesando Castilla hacia Galicia, con el nombre de Cami­no francés. En tierras alavesas, el camino que adquirió mayor importancia fue la ruta que, remontando el rí­o Oria por Segura, entraba en Alava por el túnel de San Adrián, recorrí­a la Llanada acompañan­do al cauce del rí­o Zadorra y, tras dejar Salinillas de Buradón, saltaba el rí­o Ebro por Briñas, al encuentro del Camino francés en Santo Domingo de La Calza­da. De ahí­ a decir que éste era el “único” Camino que cruzaba las tierras de Alava hacia Com­postela, es ignorar el trajinar de hombres y mujeres por los numerosos caminos y senderos  de herradura, es desconocer la Historia.

El puente Mantible, en Assa, sirvió durante lustros para que muchos peregrinos cruzasen el rí­o Ebro más fácilmente, des­viándose en Viana hacia Oyón…. Y, con estas lí­neas, lo que pre­tendemos es fundamentar docu­mentalmente otro camino usado por los peregrinos: el paso de una ruta secundaria hacia Com­postela por las tierras del Alto Nervión. Creemos que hay sufi­cientes pistas que van señalando aquí­ y allí­ la ruta, un viejo camino de herradura, que seguí­a parale­lo al rí­o Nervión. Es curioso que un vecino del barrio de Deren-dano, en Saratxo, nos dijera todo convencido, delante de su casa: “Por aquí­, por esta calzada pasaron los Reyes Católicos”. Hay noticias de que en Arrankudiaga existió un san-tutxu de Santo Domingo de la Calzada. Hay noticias escritas de que el año 964, se dona al Mo­nasterio de San Millán (La Rioja) un monasterio dedicado a los Santos Ví­ctor et Sancti lacobi, en Gardea, junto a Llodio. En el hospital de San Antón de Armuru, en Amurrio, está docu­mentado que el año 1601 murió un “Jaime”, dándonos a enten­der que se trataba de un pere­grino que se dirigí­a a Santiago de Compostela. Que el paso de peregrinos por Amurrio no de­bí­a ser algo infrecuente nos lo confirman las Ordenanzas de la Cuadrilla de Amurrio, nada me­nos que en la tardí­a fecha del año 1817: “.. y que a los Peregrinos y extranjeros que anduviesen de Romerí­a a la Yglesia del Apóstol, no se les impide pedir limosna en el camino recto, esto es cuatro leguas a un lado u otro poco más o menos, trayendo el vestido ordinario de Pe­regrinación…”. Esto sin hablar de las ermitas dedicadas a San Pe-layo y a Santa Marina de Olarri, en Amurrio y a Santa Marina, en Etxegoien, de tan marcado acen­to compostelano, así­ como la parroquial de Larrinbe en honor de Santiago, o la anterior advo-cación de la iglesia parroquial de Orduña, “Ntra. Sra. y señor Santia­go”, según escritos del siglo XVI; también aquí­ en Orduña, extra­muros de la ciudad y en el lugar en que se levanta el convento de Santa Clara, hubo una primitiva ermita dedicada a Santa Marina y, una de las calles conserva aún el nombre de Francos… En Orduña los viajeros se en­contraban con una gran dificul­tad y era cómo salvar el desnivel que marcaba la Sierra Salvada, si­guiendo un camino que fuera ha­cia Castilla, por unos parajes in­hóspitos y cubiertos de bosque cerrado. Para ayudar a arrieros y caminantes, la ciudad de Orduña sacaba todos los años a remate el servicio de “Guí­a de la Peña de San Bartolomé”, es decir un servicio de guí­as compuesto por tres hombres, uno de ellos armado de lanza y dos con ba­llestas que, previo pago, acompa­ñaban al caminante desde Santa Lucí­a (poco más arriba de la Venta Arbí­n), hasta Corcuera, en Luna. Pues bien, entre las condi­ciones de “guí­a del puerto de la penna de San Bartolomé” del año 1506, podemos leer que una de las condiciones se refiere expre­samente a quienes van en pere­grinación por la Peña de Orduña (conocida entonces como Peña de San Bartolome), a Santiago de Compostela: “Otro sí­, qualquier que así­ arrendare la dicha guí­a e penna que no coja guí­a de ningund frayie ni romero que pasare, ni de ningund clerigo que vaya en rome­rí­a a Santiago…”. No se podí­a encontrar nada tan explí­cito como estas citas sobre el paso de peregrinos compos­telanos por estas tierras. Dejan claro que los peregrinos se diri-411 gen a Santiago de Compostela y, en el documento de la Cuadri­lla de Amurrio, se hace expresa mención al “vestido ordinario de peregrinación”, dando a entender que muchos de los peregrinos que pasaban por Amurrio cami­no de Santiago de Compostela, llevaban una vestimenta espe­cial, la vestimenta de peregrino. Para más abundancia debemos recordar que en Orduña habí­a nada menos que cuatro hospita­les, uno de ellos conocido como Hospital de San Lázaro. De singular importancia es la existencia, datada ya el año 1075, del monasterio de Santiago de Langraiz, en el lugar que vulgar­mente se conoce como “Monte Santiago”, en lo alto de la Sierra, en tierras burgalesas hoy en dí­a. Cerca también de Délika, y cita­da el año 1257, se levantó la er­mita de Santiago de Barracarán, cuya atractiva imagen de Santia­go peregrino -con calabaza, som­brero de ala, cayado de caminan­te y en actitud de buen paso- se encuentra en la iglesia parroquial de Délika. Esta proliferación de tem­plos dedicados Santiago y otros santos estrechamente relacionados con el Camino de Santiago, serí­a del todo imposible si por estas tierras no hubieran pasado, en una y otra dirección y con bastante frecuencia, peregrinos com­postelanos. De ahí­ que no creemos que sea una quimera hablar de una  ruta a Santiago de Compostela por las tierras del Alto Nervión; tampoco es que se pretendan mayores cosas. Simplemente queremos contribuir a un mejor conocimiento de la historia de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, sacando a la luz los vestigios que hemos encontrado hasta la fecha por las tierras y vi­llas próximas al Alto Nervión. Que Amurrio fue paso de pe­regrinos nos lo confirma la aten­ción que se prestó en su hospital a un Jaime, o peregrino compos­telano, a principios del siglo XVII. Y, por si tuviéramos duda de ello, no pueden ser más explí­citas las Ordenanzas de la Cuadrilla de Amurrio, de una fecha tan tardí­a como es el año 1817, donde se normaliza sobre el paso de pe­regrinos:” Y que a los peregrinos y extrangeros que anduvieren de romerí­a a la Yglesia del Apóstol, no se les impida pedir limosna en el camino recto, esto es, quatro leguas a un lado u otro poco más o menos, trayendo el vesti­do ordinario de Peregrinación”. Amurrio no tiene casco viejo, a pesar de su probada antigí¼e­dad medieval, pues es citado el año 1095, en la visita que realiza a las tierras de Ayala el obispo de Nájera: “…nominatos monas­terios… Annes, Olhaucezahar, Amu­rrio….”. Sin duda, porque el poblamiento de Amurrio era disperso, asentado en torno a dos peque­ños promontorios – el montí­culo sobre el que se asienta la ermi­ta de San Antón y el montí­culo sobre el que se levanta la iglesia parroquial de Santa Marí­a-, que dominaban la amplia vega que aquí­ traza el Nervión y el cru­ce de dos importantes rutas que comunicaban las tierras del interior con la costa. La portada de la iglesia parroquial, románica de siglo XII, es el mejor y único exponente de aquella época. Las naves interiores y el retablo son de estilo renacentista, siendo la torre de época muy posterior, puesto que se construyó, tal como está ahora, el año 1927. Partimos de la parroquia de Santa Marí­a, pasando por delan­te del Ayuntamiento, edificio que se levantó y sirvió para escuelas municipales y, al poco de pasar la gasolinera, remontamos la ca­lle Etxegoien, entre edificaciones que acogen varios centros es­colares del pueblo, siguiendo el antiguo camino que subí­a por Mendeika, buscando alguno de los pasos de la Sierra Sálvada. Al pasar junto a la ikastola Aresketa, seguimos dirección sur, encontrándonos con el ca­mino que, por Zaraobe, va hacia Arespalditza, cuando se cumplen kilómetro y medio de nuestra andadura. Al poco giramos ha­cia el Este, abandonando el ca­mino que sube hacia Mendeika y el monte Babio, dejando a la izquierda un montí­culo donde estuvo situada la ermita Jura-dera de los hijosdalgo de Ayala, dedicada a San Esteban, como dice el artí­culo 33 del Fuero de Ayala escrito en 1373: “…si fue­re fidalgo jurele en sibe tercero en Santisteban”. Cerca estaba otra ermita dedicada a Santa Marina, santa unida al camino Compos­telano, y en la cumbre del mon­te Burubio, cuyas faldas estamos bordeando, se levantó la ermita de San Cruz, que recibí­a varias veces al año romerí­as de amurrianos y orduñeses, al estar si­tuada en el lí­mite jurisdiccional de ambas poblaciones. Llegados al somo, cuando se divisa a lo lejos la iglesia de Le­zama y en el valle las industrias que han ocupado la vega del rí­o Nervión, un caserí­o, situado junto al camino, conserva aún el nombre de lo que fue: Venta de los trigueros. Pasada la venta que ya no es venta, el camino, ahora de tierra, va faldeando el monte Burubio entre prados, desembo­cando encima del punto conoci­do como “Los mesones”, junto a la ví­a del ferrocarril y no le­jos del término conocido como Calzadako, que nos lleva a pen­sar que por estos pagos cruzaba una vieja calzada o camino. De nuevo rumbo al Sur, lle­vando a la izquierda la ví­a del ferrocarril Bilbao-Tudela, no tardamos en llegar por camino de carro junto a la ermita Santa Marí­a Egipciaca, en el barrio De-rendano, de Saratxo. Que el anti­guo núcleo de población estuvo en esta ladera y que por aquí­ pasaba el camino antiguo viene atestiguado por el Cartulario de San Millán en el que se recoge la visita del obispo de Nájera y que documenta por escrito la existencia de Derendano ya el año 1095: “..istos terminos nominatos monasterios….Amurrio, Oru-ve, Derendano, Marieka…”. Varios fragmentos de cerámica sigillata de finales del siglo I y principios del II d. C., aparecidos en unas obras que se realizaron junto a la ermita el año 1999, retrotraen a época romana la presencia del hombre en este pie de monte, junto al rí­o Nervión. El sendero, en muy malas con­diciones ahora, seguí­a por la margen izquierda del rí­o Ner-vión, bajo la peña Atxondo, hasta el puente de Guelecubi, no lejos de la venta de Menditxueta, ésta en terreno alavés. El actual puen­te, construí­do en 1937, se levanta justo en el lí­mite jurisdiccional entre Bizkaia y Alava, donde se juntan el rí­o, el camino-carretera y la ví­a del ferrocarril. Al poco de entrar en Bizkaia nos topamos con lo que fuera el balneario de La Muera, -de aguas saladas-hoy piscinas Municipales y poco más al Este el barrio de Arbieto, otrora poblado con la iglesia de San Martí­n, abandonada el año 1772 y de la que no queda ras­tro alguno. Desde el barrio de Arbieto, junto al que se ha con­dicionado una agradable zona de recreo, nos acercamos a Orduña por un camino-sendero peatonal que, paralelo al rí­o Nervión, se ha acondicionado para facilitar el acceso desde el pueblo a las piscinas. Se lee en un texto del siglo XV: “….desde dicho camino fasta el camino real que comienca en la Puerta de la Calder Bieja fasta la Puente de Guelecubi e Mendutita”. Por el texto arriba citado, sa­bemos que los caminantes que vení­an de Amurrio y cruzaban el rí­o Nervión por el Puente de Guelecubi (topónimo hoy des­conocido), junto a la venta de Menditxueta, entraban a Ordu­ña por la puerta de San Miguel, siguiendo por la Calle Vieja, hoy Zaharra, hasta la plaza. Nosotros, sin embargo, tras la rotonda si­tuada a la entrada de la ciudad, vamos a tomar un camino que sale a la izquierda y que recibe el nombre de “Camino tras Santia­go”, no porque tal camino lleva­ra a Compostela, sino porque va por detrás de la iglesia, conocida en un tiempo como del señor Santiago, camino por otra par­te que nos permite contemplar restos de las murallas que se le­vantaron allá por el siglo XIII y el paso de ronda, que conserva el trozo de muralla, que cierra por el Este el ábside de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Su arquitectura neoclásica nos lleva a pensar que, con anteriori­dad, debió haber una iglesia ro­mánica (Orduña la Vieja estuvo en el entorno del santuario de la Antigua), en consonancia con la antigí¼edad del pueblo, citado en el Cartulario de San Millán ya en el siglo X. La estratégica situa­ción de la ciudad de Orduña, en encrucijada de caminos, la hizo merecedora de importantes mercados y de una aduana in­terior. Con Carta Puebla desde 1229, recibió el tí­tulo de ciudad con los Reyes Católicos. En la plaza, en la que se anudan todas las calles, importantes casas-pa­lacio lucen sus fachadas renacen­tistas, prestando un aspecto aco­gedor los pórticos del entorno.  “…de la puente de Geleubi fasta la iglesia de Sant Bartolomé”. Esta cita del año 1490 proclama bien claro dónde estaban los lí­mites de Orduña por el Norte y por el Sur, o sea la ruta que vamos siguiendo, al encuentro con Cas­tilla. De la amplia plaza de los Fue­ros, nos dirigimos rumbo al sur, por la calle Burgos, para tomar la salida hacia la Peña para Cas­tilla. La puerta que cerraba por este lado la ciudad se conocí­a como puerta de San Julián, por una ermita que se levantó en sus cercaní­as; popularmente se la denominaba Puerta del sol, sin duda por estar orientada al sur. En esta parte de la ciudad, ya en los arrabales, se asentaban las fraguas y herrerí­as que, al de­cir de algunos, fueron el origen del terrible incendio que asoló la ciudad el año 1535. En el lu­gar se levantó un convento de franciscanos que luego fue hos­pital y hoy residencia de Tercera Edad. Sigue el camino junto a la ermita de El Buen Suceso, cono­cida también por San Sebastián y donde San Roque, abogado con­tra la peste, recibe honores de sus devotos desde el año 1597. Metros más adelante, La Cade­na nos recuerda el punto donde se cobraba el portazgo a quie­nes llegaban con mercancí­as a la ciudad. Dejamos a la izquier­da la plaza de toros, siguiendo por El camino viejo, camino de herradura que desemboca en la A-2625, donde, ya cruzadas la carretera, se yergue altivo un mojón que separa las tierras de Bizkaia y ílava, ya en tierras del Valle de Arrastaria. El pequeño arroyo que baja de Tertanga se podí­a cruzar por el puente de La Torre, del que hoy solamente quedan restos de lo que fueron los cimientos: “… cerca de la senda que baxan de Tertanga a la puente de La torre y viene a pegar con la calzada vieja que viene a juntarse con la dicha puente de La Torre”. La parcelaria que se hizo por los años ochenta ha borrado las huellas que seguí­a el camino, remontando el arroyo Lugorri (hoy se cruza la ví­a férrea), con el nombre de Estrada de Eskura, al encuentro de la Venta Arbí­n, convertida hoy en caserí­o, cuyas ovejas y vacas practican la tras­humancia en primavera y otoño, combinando los pastos de valle con los pastos de altura en la Sierra de Gibijo. Pasado el caserí­o que fue re­nombrada Venta, el sendero cru­za el arroyo La Andubí­a y, tras pasar junto a la fuente El haya, que tiene un bebedero para el ganado (cocino se lee en los viejos papeles), se llega al como conocido por Santa Lucí­a, hagio-topónimo que nos hace pensar en la existencia de una ermita, sospechas que vienen confirma­das por restos de unas paredes y la presencia de pequeños cascotes de tejas desparramados por el suelo. A la memoria nos vienen las Condiciones que el Concejo poní­a a quien arrendaba la Peña del puerto de San Bartolomé:”… que sepa que ha de guardar la dicha penna de Santa Luzia fasta Corcora en todo el dicho anno en los dí­as de domingo y en tres pascuas del anno” (Documentos Medievales del Paí­s Vasco, n° 53). El camino, a la sombra del Pico Hornillo, comienza a zig-zaguear, tomando rumbo sur cuando se perfilan los muros caí­dos de la Venta del Hornillo, conocida en­tre los lugareños como la Ven­ta del Hambre. En la parte sur, en lo alto, el Portillo de Txanzo. Al poco el camino comienza a ascender en zig-zag, dirección Oeste desembocando en el Bo­quete o Peña de San Bartolomé, junto al punto kilométrico 344 de la carretera A-2.625, lugar en el que comienzan las tierras de Burgos, Castilla. En este entorno estuvo la “hermita inmemorial de San Bartolomé”, terreno pri­vativo de la ciudad de Orduña y del pueblo burgalés de Villalba de Losa, pero no queda rastro algu­no de la ermita. El sendero, estrecho y emba­rrado en época de lluvias, pasa bajo el muro de la carretera, jun­to a un mojón: “…el mojón que está encima de la cassa de Sant Bartolomé; junto al camino que va a la serrecuela”. Remontamos La Cuesta de la Horca, siguiendo la divisoria entre Burgos y Alava, “otrosí­ en lo de la cuesta de la orca, como bamos e baxamos hazia la peña de San Bartolomé, que es en el camino real” (año 1532), topó­nimo que nos viene a confirmar que aquí­ hubo una horca o pi­cota. Al poco tomamos hacia el Este, dejando a la izquierda el Porti­llo de Txanzo, lugar donde tení­a levantada su cabaña de altura la Venta Arbí­n, llegando en pocos minutos a la planicie de Oyalar-te, toda ella cubierta de brezo, salteados espinos y unos pocos, rechonchos y brillantes acebos. No tardamos en topar con una valla que vadeamos ayudados de una puerta metálica, llegando a la cima del Arando (940 mts.) cuando se cumplen treinta mi­nutos desde San Bartolomé.Vale la pena asomarse al mirador y contemplar detenidamente el Valle de Arrastaria y la gran cu­beta en la que se asienta Ordu­ña. Retomamos el camino siguien­do una pista forestal de dura gravilla, que arranca hacia el Sur, cruzando hayedos y más hayedos, llegando en veinte minutos al paraje conocido como Fuente Santiago. Nos encontramos en el corazón de El Monte Santiago, declarado Monumento Natural por el Junta de Castilla y León el 26 de Marzo de 1996, Espacio Natural que suma un total de 4.499 hectáreas, cubier­to en casi su totalidad de bellos e imponentes hayedos. El nombre de Monte Santiago le viene del monasterio que se levantó en estos parajes y citado en el Cartulario de San Millán el año 1075: “Sancti Jacobi (Santiago) monasterio de Langreiz”.Y cuya ermita aún seguí­a en pie el año 1756. Al paraje le da cierto en­canto bucólico una surgencia de agua que desaparece al poco por un sumidero, reapareciendo sobre el cauce el Nervión, poco más arriba de Délika, en el punto conocido como Lezabro. A partir de aquí­ la pista fores­tal es llana y amplia, rodeada de bellos ejemplares de hayas, tar­dando quince minutos en llegar junto a una alta tapia, rota por el camino, que son los restos de una lobera, ya en desuso, pero que ha sido restaurada el año 2.000, por su interés histórico y etnográfico. Mientras curio­seamos las viejas paredes de la lobera, nos viene a la memoria el haber leí­do noticias sobre la presencia del lobo estos últi­mos años, correteando huidizo por estos bosques de hayedos, en eterna pugna con el mundo pastoril. Dejada atrás la lobera, el cami­no se abre a una extensa plani­cie, El Campillo de Ebana, nom­bre éste con el que también es conocido el cauce del rí­o, antes de precipitarse al vací­o desde las Peñas Nervinas, ya con el nom­bre de Nervión, formando una cascada de doscientos setenta metros de caí­da. Por terreno más bien llano y dejando el cauce del rí­o Ebana-Nervión a la izquierda, pasamos una alambrada y varios mojones, que hacen de muga con Burgos, entrando de nuevo en tierras alavesas, siguiendo las rodadas de los carros, hoy coches, pues el camino carece de señaliza­ción alguna. Cuando llevamos diez minutos desde el Campillo de Ebana, tras una curva, entre espinos, sale hacia el Este un diminuto sendero que nos lleva hasta íšrita o Urieta, un apaci­ble lugar, donde abunda el agua y donde el Nervión da sus pri­meros pasos, aquí­ en la Sierra de Gibijo, en una pequeña cueva que da origen a un diminuto arroyo. Al otro lado del arroyo, Campo Largo o Landaluze, donde una serie de piedras verticales que forman una gran elipse, hicieron pensar a Félix Murga en la pre­sencia de un cromlech. El lugar es un tí­pico cruce de caminos, separándose aquí­ las rutas que bajaban buscando las riberas del rí­o Altube y otras que iban al en­cuentro de las aguas del Cadagua y de tierras cántabras.Volvemos al camino amplio y atravesamos un claro del bosque, pasando poco después por un paso cana­diense, entre grandes ejemplares de pino albar. En esta zona nace el rí­o Vadillo, cuyo cauce sin agua encuentra el primer puente en Balgaduta, que ya no sirve como puente, puesto que, al dí­a de hoy, no hay rí­o que cruzar. Llegados al término de Carrión, topamos con una bifurcación. Si seguimos hacia el Este, llegarí­a­mos en veinte minutos a la ermi­ta de la Trinidad, a cuya festividad acuden incluso romeros de la Tie­rra de Ayala, a hermanarse con los de Basabe y Kuartango. La ruta, sin embargo, lleva hacia el Sur, llegando al poco a un paisaje árido, semilunar, donde un peque­ño puente, Zubibarri, es la única señal de que, en tiempos pasados, la ruta de Santa Lucí­a a Luna pa­saba por aquí­, ya que hoy nadie lo usa y, lo más curioso, tampoco pasa agua bajo su arcada, a no ser en dí­as de lluvias torrenciales. Son quince minutos los que tarda­mos de Zubibarri a Luna, pequeño poblado donde encontramos ya la carretera asfaltada. Aquí­ estuvo el monasterio de San Juan de Corcuera, citado ya el año 1075, en el Cartulario de San Millán:”Alia decania Corcora monasterio…”, del que no queda piedra sobre piedra. Los vecinos de mayor edad seña­lan el lugar que ocupa el depósito del agua, como el terreno donde se asentó el monasterio. El camino, en descenso, sigue el cauce del rí­o Vadillo, ya en el Va­lle de Basabe, pasando por Santa Eulalia, dejando a la izquierda el histórico y bello templo de Urbi-na-Basabe, yendo, por Jócano, en busca de puente de Aprí­cano, so­bre el rí­o Bayas, “passo de Rioxa para la ciudad de Orduña”, como se lee en escritos del siglo XVIII. Aguas abajo, a menos de un kiló­metro, está el desfiladero de Techa, por donde, arrimándose al rí­o, pa­saba el camino que, desde Bilbao, se dirigí­a a las Conchas de Haro, según un documento del año 1494 debido a los Reyes Católicos:” …e el paso de Ybarbaka, que es dos leguas de el paso de Tocha, que es en la jurisdkion de Murillas, ca­mino rreal que va a Biluao”. Pero estas etapas corresponden a otro proyecto, nuestra pretensión de relatar el camino que uní­a los cau­ces de los rí­os Nervión y Bayas, a nuestro entender está cumplida, en el momento que llegamos a las orillas del rí­o Bayas[2].

 

[1] “AZTARNA”, 39

[2] Salvador Velilla. Aztarna, 2010

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