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La Cerca de Villaño

La Cerca de Villaño

Recientemente y a propósito de mi entrada MEDINA DE POMAR Y PARAGUAY [2-12-10], recibí­ un comentario de un amigo y seguidor de este blog, de allende los mares, en el que me solicitaba información sobre la Cerca de Villaño, en Villaño de Losa, y sobre una casa en este lugar que él mismo la llamaba Casa de Vadillo. ¿La Cerca de Villaño?, ¿la Casa de Vadillo? Confieso que el asunto me sonaba a chino mandarí­n. El caso es que, como no podí­a ser de otro modo, busqué en Internet por si sonaba la flauta. Y sonó, y fue así­ como me encontré con los primeros datos sobre dicha cerca y sobre la Casa de Vadillo. El asunto tení­a su miga y despertó mi curiosidad, pues tal Cerca se trataba nada más ni nada menos que de un enclave vizcaí­no en tierras de Burgos, en concreto perteneciente al Municipio de Orduña, del que, lo confieso, no tení­a ni la más remota idea. Tení­a además el ingrediente de que Villaño se encuentra muy próximo a Villalba de Losa, localidad en permanente controversia con Orduña por los orí­genes de Juan de Garay. ¿Y si siguiendo esta pista encontraba algún dato nuevo que pudiera aportar alguna luz a la controversia? ¿Y si Juan de Garay hubiera nacido en esta cerca de Orduña? ¿Y si las dos partes tení­an razón, ya que la Cerca de Villaño reúne la condición de ser vizcaí­na y estar en Burgos? Al fin y al cabo, este enclave se halla muy próximo a Villalba de Losa. Me parecí­a que habí­a ingredientes para la fabulación, incluso para cocinar una novela, o al menos para crear una nueva entrada en este Cajón de Sastre. Dirigí­ mis pasos hacia el Diccionario de Pascual Madoz, busqué Villaño, y nada, ni una referencia a la Cerca. Busqué entonces en el mismo Diccionario la población de Orduña. Y aquí­, sí­; aquí­ el corresponsal de Madoz da cuenta de jugosas noticias. Al describir la configuración urbana de la villa dice lo siguiente:

“Hay además 5 barrios, llamados Casas Blancas o San Juan del Monte, Ripa, Cedélica [¿Délica?], Arbieto y la Cerca de Villaño”.

 Ya tení­a, pues, referencia escrita y fiable de la Cerca de Villaño. Pero sigamos a Madoz. Sobre el enclave vizcaí­no en Burgos leemos en el Diccionario:

“El barrio de la Cerca de Villano, encima de la Peña Vieja, tiene la particularidad de estar unido al mismo pueblo de Villano, y consta de 11 casas, de las cuales 3 son de Vizcaya, y las 8 restantes perteneces al part. [partido] jud. [judicial] de Villarcayo (provincia de Burgos); de manera, que los vec. [vecinos] de aquellas gozan de los fueros y libertades como tales vizcaí­nos, al paso que los de las otras no, como castellanos; y así­ las primeras nunca se han visto desocupadas: en la cocina y fogar de una de ellas está el mojón divisorio de los térm. [términos] y jurisd. [jurisdicción]”.

¿Un enclave vizcaí­no en Burgos? ¿Tres casas pertenecientes a Orduña, que a su vez es un islote vizcaí­no entre Burgos y ílava? ¿Fueros de Vizcaya en Burgos? ¿Mojón divisorio en la cocina? La cosa se animaba. Definitivamente, el tema era de los que enganchaban. Todaví­a no me creí­a una historia que me parecí­a más de leyenda que realidad. Y así­, quise retroceder un siglo por ver si habí­a datos coincidentes, bastaba con consultar el Catastro de Ensenada [1752]. Como mi amigo de ultramar me habí­a hablado de la Casa de Vadillo, busqué en Villaño si habí­a vecinos con este apellido, con tal fortuna que encontré varios (no así­ el de Garay, del que no vi señal). Pero no sólo encontré el apellido Vadillo, encontré también referencia a la Cerca. En este sentido, y en respuesta a la 23 pregunta del Catastro, los vecinos dijeron que

“En este dicho lugar hay 20 casas sin inclusión de 2 que se hallan confinantes a los de este expresado lugar en sitio y Término Redondo, aunque reducido, de la Ciudad de Orduña cabeza de Vizcaya, y metido en el de la propiedad de este expresado lugar que en una de ellas vive con su hermano un vecino, y en la otra un habitante”.

La Cerca de Villaño se trataba, ya con toda seguridad, además de un enclave de otra provincia, de un coto redondo. Y en cuanto a vecinos con el apellido Badillo (entonces lo escribí­an con B), vi varios, al igual que en Barriga, Zaballa o Villalba de Losa, por citar algunos pueblos limí­trofes. Estaba claro, pues, que la Casa de Vadillo no debí­a ser un invención, sino, con toda seguridad, una de las dos casas que en el mencionado Catastro se citan. Existí­a, empero, una diferencia entre lo dicho por Madoz y lo expresado por Ensenada, pues mientras uno menciona tres casas, el otro cita solo dos. ¿Cuál de los dos tení­a razón?. Bueno, el asunto no era muy relevante, después de todo lo esencial.

Con estos mimbres, y como no podí­a ser de otra manera, sentí­ unos deseos irrefrenables de completar la cesta. Que fue así­ cómo, el pasado dí­a 11 y en compañí­a de mi esposa, hice acto de presencia en Villaño, ignoto pueblo del valle de Losa, en un dí­a invernal pero soleado. Nuestra llegada fue recibida con animado concierto canino: de uno y de otro lado del caserí­o, del ábrego, del regañón, del cierzo y el solano, salí­an los ladridos, pero ni el estrépito de su furia fue suficiente para que saliera alguien a recibirnos. Ni un alma se asomaba por huertos, puertas y ventanas. ¿Estaba el pueblo desierto? No. Llegamos por fin al barrio alto, el que más y mejor se asoma a la Sierra Salvada, y allí­ tuvimos la gran suerte de encontramos con un padre y un hijo que de la historia que nos guiaba sabí­an mucho. El hijo sabí­a lo que le habí­a contado el padre, luego la coincidencia en el relato de los dos no era de extrañar.

¿La Casa de Vadillo? Esa es, dijeron padre e hijo señalando un gran caserón que habí­a muy cerca de su casa y que parecí­a recientemente remozado. ¿Y lo que llaman la Cerca de Villaño? Pues es esto, donde estamos pisando ahora. ¿Solo esto? Pero, ¿cuáles son los lí­mites? Pues miren, dijo el padre al pie de un murete de piedras, aquí­ habí­a un mojón, que ya ha desaparecido, luego, allí­ habí­a otro, y allí­ otro más, y allí­ otros dos, que aún están. Los señaló todos, pero no vimos ninguna cerca, sólo algún tapial de tiempo moderno. Al ver nuestro desconcierto, nos pidió papel y lápiz y nos dibujó el contorno, la Cerca se configuraba como una especie de triángulo de unos 500 metros cuadrados de superficie dentro del cual estaban las casas vizcaí­nas. Luego nos introdujo en lo que era territorio del enclave y también propiedad de la Casa de Vadillo, que a la sazón ahora pertenecí­a a su hermano. Al pie del gran caserón, señalando la fachada del oriente, el hombre nos ilustró: miren, la Casa [de Vadillo] estaba dividida en dos partes, de aquella columna para acá era Vizcaya, y de la columna para allá era Burgos. Aquella ventana pequeña que se ve al final pertenecí­a a la cocina, que por eso se ve aquella piedra saliente, que era el desagí¼e de la fregadera. En la entrada de la cocina estaba el mojón que separaba Burgos de Vizcaya, Villaño de Orduña.

La Casa de Lagonera, o La Agonera

¿Ya las otras casas que mencionan Madoz y Ensenada? Preguntamos a padre e hijo. Esa que ven ahí­ en ruinas, es una de ellas, se llama la Casa Lagonera. [podrí­a ser también casa de La Agonera, pues dijeron que tal era el nombre de una mujer que vivió en ella]. Sólo dos casas, no hay más dentro de la Cerca, al parecer tení­a razón el Catastro de Ensenada. En esa casa vivió también el pastor de las ovejas de todo el pueblo hasta hace unos treinta años, dijo el padre, que por haber nacido en Villaño y tener cierta edad conoció al pastor. Luego, nadie, luego la ruina. Son admirables todaví­a los recercados de puerta y ventanas, con sillares calizos sólidos y primorosamente labrados.

Por nacer en la cocina tuvo que hacer la mili

Pero volvamos a la Casa de Vadillo y conozcamos un poco de su insólita historia. Algo ya nos apuntaba Madoz, cuando nos decí­a que en la cocina y fogar de una de ellas está el mojón divisorio de los términos y jurisdicción. Esto dio pie para que en la tradición de Villaño se conserven como ciertas algunas historias sorprendentes. Nuestros amigos, padre e hijo, cuentan la de dos hermanos que habiendo nacido uno en la cocina, que era de Burgos, tuvo que ir a hacer la mili, mientras que el otro, que por ser verano fue alumbrado en una habitación, y por tanto en territorios vizcaí­no, se libró de ella al estar bajo otra jurisdicción y al amparo de los Fueros de Vizcaya. Y por si alguien está pensando en engaños sobre el sitio de nacimiento que se pudieran dar, los mismos padre e hijo que nos acompañaban se encargaron de aclarar el tema diciéndonos que “entonces habí­a muchos testigos cuando iba a nacer un crí­o”; lo cual no ha de parecer extraño, dirimiéndose una situación tan seria.

Fiesta de afirmación territorial

Hasta mediados del siglo pasado -los villañeses de más edad lo recuerdan-, un determinado dí­a de la primavera el alcalde de Orduña y la Corporación entera tení­an por costumbre subir a Villano todos los años, acompañados de vecinos y música de txistus, para reafirmar el carácter vizcaí­no del enclave. Subí­an andando desde Orduña, por el Camino Real, un trayecto para el que empleaban dos horas: “vení­an andando, merendaban y se iban de nuevo andando”. No se nos dijo si los verdaderos vecinos de Villaño participaban en el acto de renovación de posesión, es probable que no, pero quién sabe, la música puede ser contagiosa.

El territorio con chichones entra

Según se nos relató, hasta tiempo bien reciente fue costumbre de los amojonadores de Orduña subir a su Cerca todos los años para cuidar del buen estado de los mojones y de que no hubiesen sido removidos de su situación original. Con ellos subí­an sus hijos más pequeños, primero para que aprendieran que aquello era territorio de Vizcaya y segundo para que, a través de ellos, la tradición de propiedad no se perdiese. Y era tal la seriedad y el afán con que se tomaban esta labor los amojonadores, que cogí­an a los niños por las piernas, los poní­an boca abajo y de esta guisa hací­an chocar sus cabezas contra los mojones. Para que sepáis que estos son los lí­mites, para que no olvidéis que esto es de Orduña y así­ lo trasmitáis a vuestros hijos, como nosotros lo estamos haciendo; esa debí­a ser la lección. “¡Y los chavales, cómo lloraban, les metí­an cada hostia contra el mojón…! Pa que se acordarí­an donde estaba el mojón. Y eso lo he visto yo”, dijo el padre.

Un Parador Real

Quizá no anden desencaminados nuestros informantes, padre e hijo, al decir que la Casa Vadillo fue un parador, un lugar para uso exclusivo de los reyes cuando hací­an sus viajes. La pequeña superficie de la Cerca, ciertamente, no hubiera dado para más. “Aquí­ dormí­an; los reyes subí­an por la Virgen de Orduña, dormí­an aquí­ y, después, de aquí­ iban a Villarcayo “. Quizá Carlos V, que hizo donación a Orduña de este terrenillo, llegó a dormir en este parador en alguna ocasión. Pero de eso no hay constancia escrita.

De Juan de Garay, de sus placas conmemorativas en distintos lugares y de los monumentos a su recuerdo, hablaremos otro dí­a.

Elias Rubio Marcos, burgalés.


2 Comentarios

  1. Maite

    Es un buen trabajo, soy biznieta, de Pablo Vadillo, propietario de esa casa, y eso es lo que yo también he oido. Un saludo

  2. Julio hernando

    No estaría mal mencionar su autor,Elias Rubio Marcos, burgalés.

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