Ermitas de Ruzábal y su entorno

La Junta de Ruzábal se encuentra en la parte noroccidental del municipio de Orduña y está formada por cuatro aldeas: Lendoño de Arriba, Lendoño de Abajo, Belandia y Mendeika, ocupando unos 17 km2 de los 34 que tiene el municipio. El nombre de Ruzábal viene del lugar donde, “bajo un roble”, se reunían los representantes de las aldeas en Concejo abierto.

Con el propósito de conocer mejor la historia de estas cuatro aldeas, vamos a intentar conocer las ermitas que hubo y que configuraron la manera de vivir de nuestros antepasados su relación  con Dios. Las ermitas son pequeños edificios destinados a actos religiosos y donde el pueblo ha acudido y acude  dar culto a Jesús, a María y a los numerosos santos en sus diversas advocaciones, unas veces para dar gracias y en mayor proporción para pedir favores y ayuda al cielo, EN ROGACION. Estos pequeños santuarios suelen estar en lugares alejados de los poblados; recordemos que la palabra ermita viene de eremu, yermo, desierto y ermitaño suele referirse al que cuida la ermita, pero también al que vive alejado, sólo, sin contacto con la comunidad.

Las ermitas ayudaban a mantener la religiosidad de los fieles, pero también a crear comunidad, a sentirse pueblo, ya que como pueblo se acudía a pedir protección contra los malos temporales, contra la peste, a pedir lluvia para que los cereales madurasen, a interceder protección para un hijo o marido ausente, etc. etc. Además en muchas de estas ermitas, tras las  rogativas y procesiones, se celebraba un pequeño ágape o comida, que favorecía el encuentro entre vecinos y el intercambio de noticias y preocupaciones…, en ocasiones, también eran escenario de riñas, sobre todo si había baile. Era costumbre que los vecinos contribuyeran con su limosnas y con su aportación manual en régimen de vereda o auzolan (a bilan se lee en las actas del Ayuntamiento de Orduña) a mantener el edificio en buen estado y a la celebración del culto.  En el municipio de Orduña era raro el mes que no hubiera  rogativa o procesión a una de las ermitas, ya que hemos contabilizado la existencia de más de de treinta ermitas.

Por las ordenanzas que se conservan, se sabe que los vecinos de Lendoño de Abajo acudían en romería al Santuario de Nuestra Señora la Antigua, en Orduña, en rogación: “Otrosí ordenamos y mandamos que el día de la visitación de Santa Isabel como tenemos costumbre de hir en rogación a la virgen de la antigua estando el marido no hira la mujer y no hallándose el marido hira la mujer y no estando la mujer imbiara una persona mayor de casa sopena no estando a la rogativa un real y si faltase a la misa otro”. En el municipio de Orduña era raro el mes que no hubiera  rogativa o procesión a una de las ermitas, ya que hemos contabilizado la existencia de más de de treinta ermitas.

En lo que se conoce como Junta de Ruzabal han existido un total de doce ermitas, de las que solamente una, la ermita dedicada a Ntra. Sra. de Poza, se conserva en pie, habiéndose restaurado recientemente. De unas quedan unos muros a ras de tierra, de otras un montón de piedras y de las más solamente el nombre, el topónimo en la memoria de las gentes. Si recorremos pueblo por pueblo, tenemos esta radiografía:

Lendoño de arriba: no hay noticias de se hubiera ninguna ermita

Lendoño de Abajo: Nuestra Señora de Poza, San Julián y  Santos Justo y Pastor

Belandia: Santa Marina, Santa María Magdalena, San Vicente, San Julián, San Emeterio y San Celedonio, San Miguel, Leto (no estamos seguros de que Leto haya sido una ermita, aunque aparecen escritos dedicados a san Vicente y Leto).

Mendeika: Santa Cruz de Burubio, Santa Ana.

De entorno, por la especial relación que los vecinos que formaban la Junta de Ruzabal han tenido con ellas, se pueden mencionar las ermitas de: San Clemente de Arbileta, San Antón y  la Petronila, ésta última en lo alto de la sierra de Salvada, en el Valle de Losa.

A destacar la existencia de dos ermitas que podemos llamar jurisdiccionales, la de Santa Cruz de Burubio que se levantó en un alto cerca de Mendeika y la de los Santos Justo y Pastor que estuvo en el límite jurisdiccional de Lendoño de Abajo (Orduña) con Saratxo, no lejos del río Cárduras. Estas ermitas eran de pertenencia municipal y anualmente, además del sacerdote que acudía a celebrar los ritos religiosos, acudían a la ermita un escribano y un alguacil “en continuación de la posesión”, es decir para indicar que las tierras de Orduña ( y, en su caso, las de la Tierra de Ayala), llegaban hasta estos límites, pues las ermitas estaban levantadas en el límite jurisdiccional entre la ciudad e Orduña y la Tierra de Ayala, de modo que ambas comunidades territoriales corrían con los gastos que se originaban. De modo que, aunque no quede rastro alguno de estas ermitas, se sabe dónde se habían construido porque sus muros formaban parte de los mojones que marcaban la jurisdicción territorial, tanto de Orduña como de la Tierra de Ayala. Otra ermita jurisdiccional de Orduña fue la de San Bartolomé, ésta en el límite con las tierras de Villalba de Losa, en lo alto de lo que hoy se conoce como puerto de Orduña.

En el límite de Belandia (Vizcaya) con la Tierra de Ayala hay un pequeño trozo de terreno en el que se levantaron dos ermitas, una dedicada a Santa María Magdalena y otra, probablemente más antigua, dedicada a los Santos Emeterio y Celedonio. El lugar puede ser interesante a nivel de prospección arqueológica porque a pocos metros, y en el mismo límite jurisdiccional, existió el topónimo Gasteluçar (luego los Castillos viejos), donde no sería extraño hubiera existido una pequeña torre de vigilancia o atalaya. Se complementa todo con las ruinas de un caserón, conocido como la Casería de Garay, donde algunos dicen pudo haber nacido Juan de Garay, el fundador de Buenos Aires.

Lo interesante es que en pocos años se ha conocido bastante documentación sobre estos pequeños templos y con la colaboración de los vecinos se ha podido conocer su localización. Un paso más  podría ser colocar un pequeño indicador allí donde se levantó una ermita, haciendo más visible la historia de nuestros antepasados y la nuestra.

Tomado de Aztarna

Salvador Velilla Córdoba

 

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