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Aspectos de su morfologí­a urbana (siglo XVI)

Aspectos de su morfologí­a urbana (siglo XVI)

Si bien es cierto que, a pesar del incendio, no se produce un cambio importante en la forma de la Ciudad, ésta experimenta en el siglo XVI alguna modificación morfológica con respecto a la época anterior, por di­versas causas que pasamos a analizar.

En el extremo suroeste del núcleo primitivo, en la actual esquina de la calle de la Carnicerí­a y la Plaza, existí­a una torre paralela a la que ubicaba la cárcel y la sala de reunión del Regimiento. Entre ambas transcurrí­a la vieja muralla, en la que habí­a dos puertas o portales de acceso a la de­nominada villa de dentro (núcleo originario), desde la plaza Mayor por calle de Hierro y, calle Medio. Pues bien, a fines de siglo se produce una alte­ración en lo que afecta a la calle de la Carnicerí­a. En 1590 se decide “des­baratar, derrocar y desocupar” un viejo edificio, que debí­a formar parte de la muralla para, en su lugar, fabricar una puerta con arco encima de la, denominada en la documentación municipal de aquella época, calle de San Francisco. Esta actuación en el plano, destinada a la comunicación entre el núcleo originario y el centro fí­sico de la Ciudad, debí­a venir mo­tivada por la existencia de la nueva carnicerí­a y matadero que, aunque ubicado en este punto desde hací­a algunos años, fue objeto de una im­portante mejora en el año 1587. Además, la intervención urbana refleja la pérdida de la importancia que, en otros momentos históricos, tuvo la separación de barrios en espacios fí­sicos separados por murallas, y con instituciones propias, los vecinos de la villa de dentro y los de la villa de fuera.

El nuevo espacio creado, además de ví­a de comunicación, sirvió “para recoger el mercado en tiempo de invierno”, ejecutándose unos soportales “de maderejo”, en consonancia con los hastiales existentes en el resto de la Plaza.

También en esta época se toma alguna medida tendente a conseguir el embellecimiento en la Ciudad y que afecta, siquiera sea someramente, a la morfologí­a urbana. La intervención será, como veremos, limitada. En efecto’, en 1586 las Fábricas de las Iglesias deciden adquirir un solar en la calle Hierro, junto a la parroquia de Santa Marí­a, para hacer una plaza y dar una mayor entrada a la Iglesia.

Se crea así­ un espacio abierto, no de gran tamaño, que permite obtener una cierta perspectiva de la Iglesia. Hasta entonces, a lo que se ve, llegaban los solares hasta la misma entrada de la parroquia, dándose así­ una imagen abigarrada, propia de la ciudad gótica medieval. Es de destacar que la propuesta de apertura de plaza no procede de las autoridades civiles sino de las religiosas, como sucede en otras localidades en ese mismo siglo.

Por esta misma época, el Ayuntamiento de Bilbao ensancha la plaza de Santiago adquiriendo un solar en 1581, lo que demuestra una corriente general de ampliación de los espacios urbanos públicos.

 

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