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Apuntaciones históricas y geográficas

Apuntaciones históricas y geográficas

AyuntamientoApuntaciones Históricas y Geográficas de la Antigí¼edad, Nombre y Privilegios de la Ciudad de Orduña.

Jose Antonio de Armona y Murga

1.- Antigí¼edad Romana

De todos los historiadores y geógrafos romanos o españoles que escribieron las guerras, y demarcaciones de España, apenas puede sacarse un pueblo que tenga analo­gí­a, una entera conformidad con la Ciudad de Orduña, en el nombre, en los antiguos sucesos, y en su moderna actual situación; en las monedas romanas, las inscripciones, ni otros de los muchos monumentos que hasta ahora se han encontrado en muchas partes de nuestras provincias, y han publicado muchos sabios y autores numismáticos. Cuanto hay escrito, cuanto se halla de su antigí¼edad romana, se reduce a conjeturas, a especulaciones geográficas y a combinaciones probables; de modo que los escritores modernos apenas han podido pasar en esta parte del grado de la probabilidad geográ­fica. Veamos pues, con detención, qué fundamentos hay para estas probables conjetu­ras; cómo se pueden deducir a favor de Orduña, y cómo se pueden sacar de los geó­grafos más famosos, y conocidos que tenemos, o nos han quedado de la antigí¼edad romana.

STRABí“N

Este filósofoe historiador que nació en Capadocia, y floreció en los dos impe­rios de Augusto y de Tiberio hacia el catorce del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, escribió su obra de geografí­a después de haber hecho muchos viajes para estudiar el mundo, con los términos marí­timos de sus costas. En el Libro. 3º de esta obra, describe la parte septentrional del océano de España que los geógrafos modernos llaman: mar Cantábrico. Habla de los habitantes, de sus costas, de sus costumbres, y sus montañas; de los diferentes nombres que distinguí­an a los naturales según aquel territorio, o parte de la tierra que ocupaban entre las montañas, y los rí­os, de sus ali­mentos, de la dureza o la dificultad de su idioma y de su valor. Sobre la costa que des­cribe, y va recorriendo hacia el norte, nombra a los Gallegos, a los Astures… y Cántabros, hasta los Vascones, y el Pirineo, de modo que bajo el nombre de Cántabros, comprende a los Autrigones, a los Várdulos y a los Caristos. Era común a todas estas naciones en tiempo de Strabón el nombre de Cántabros, como hoy se lla­man Vizcaynos.

Entre los Astures, los Vascones y el monte Pirineo, tení­an su situación los Autrigones (aquí­ se conjetura que estaba situado el pueblo, a que hoy corresponde la Ciudad de Orduña), los Várdulos y los Caristos, de enumeración o nomenclatura difí­­cil, se excusa Strabón por no causar (dice) “a sus lectores, ni tampoco a sí­ mismo, el tedio que produce una nomenclatura desapacible, y tanto como serí­a el nombrar a los Pletauros, a los Barduetas, los Alotrigas, y a otros pueblos semejantes, de más duros y desapacibles sonidos”.

Resulta pues, que el griego Strabón, sucinto con demasí­a en su descripción geo­gráfica de esta costa septentrional, como de otras, no habló de los Autrigones que habitaban allí­; pero que los supone y se deben entender comprendidos dentro del territorio que demarca. Así­ lo entienden autores y crí­ticos de primer orden, Casaubon, Henao, Larramendi, Flores, y su apologista el padre Risco Agustiniano. Más, que Casaubon entiende, que los Alotrigas que cita Strabón, son los Autrigones que habita­ban, dice el Padre Briz hacia la Provincia de ílava, y Señorí­o de Vizcaya.

PTOLOMEO

Ptolomeo (Claudio) matemático de Pelusa, que los griegos llamaban el sapienti­simo, y el divino, nació en Canope cerca de Alejandrí­a, en el segundo siglo de Cristo, bajo el imperio de Adriano y Marco Aurelio hacia el año de 138.

La tercera y más útil de sus obras es El Planispherium. En el libro 2º capí­tulo. 6º, pone la situación del pueblo, o ciudad conocida entonces con el nombre romano de Uxamabarca, en los Autrigones. Pomponio Mela, español de la provincia Bética, que unos le hacen de Mellaria en el Reino de Granada, y otros lo dudan porque él no dice donde nació en la Bética. Su traductor, y comentador Don José Antonio de Salas, le hace contemporáneo de Julio Cesar hasta alcanzar el tiempo de la domina­ción de Augusto, otros creen que vivió en tiempo de Claudio Emperador. Su obra geográfica intitulada: De situ orbis, en tres libros, ha inmortalizado su nombre. En su libro 3º, capí­tulo. 1º dice así­: “Los Cántabros y los Várdulos, tienen aquel trecho y en el de los Cántabros hay algunas ciudades y algunos rí­os; pero no pueden pronun­ciarse en nuestra lengua (la latina). Por entre los mismos, y los Salenos, desciende el rí­o Saurio, y por entre los Autrigones y algunos de los Origeviones, el Nesua.

El rí­o Deva pasa por la ciudad de Tritio-Tobolico, y después por las de Iturissa y Cason, el Magrada. Los Várdulos, que todos son una misma nación, y que desde aquí­ les pertenece hasta el promontorio de la cumbre pirinea, ponen lí­mite a las Españas”.

PLINIO

Plinioel mayor, que vivió en los tiempos de Tito y Vespasiano, emperadores romanos, dejó escrita su Historia Natural en 37 libros. Describe la parte septentrional de España en su libro 4º, capí­tulo 20 y dice que a la colonia de Flaviobriga, obedecí­an nueve ciudades: Vardulorum Oppida Morosgi, Menosca, Vesperies, Amanum portus, ubi nunc Flaviobriga colonia, Civitatum novem Regio cantabrorum, flumen sanda, portus Victorie Julio-brigensium. í‰l mismo dice, en el capí­tulo 3º del libro 3º, que el nombre de Uxama era más usado que en la de los Arevacos, con mira (en esto más) a la Uxamabarca de los Autrigones, por ser pueblo memorable. Las nueve ciudades que obedecí­an a la colonia Flaviobriga (que verosimilmente es hoy Portugalete, cerca de Bilbao, y por allí­ descarga en el mar el rí­o Nerva de Orduña) se cuentan así­ por los autores: Uxama, Segis-munchum, Virbisca, Antecuia, Deobriga, Vindelia, Salionca, Tritium, Vindeligra parebant colonia Flaviobriga que caput erat barum et jurisdicundi causa copeteban.

El Padre Harduinoen su edición corregida de Plinio con sus notas crí­ticas, dice después de haber hablado de los Vascones, Várdulos, Autrigones y Caristos: Civitatum IX. Ait esse in Cantabry novem. Regioni hodi nomen Asturias de Santillana: Y luego reduce el rí­o Sanda a Sanga de Plinio, al Nerva de Ptolomeo, que baña y corre por Bilbao, y dice de él que está in finibus cantabrorum.

Otros escritores y geógrafos de primera clase como el Padre Moret, el sabio francés de la Aquitania, Arnaldo Oihenarto, y Don José Pellicer, libro primero de sus  annales de España, número 55, dicen lo mismo que el Padre Harduino, en cuanto al rí­o de Plinio, pues reducen todos al Nerva de Ptolomeo, el Nesua de Pomponio Mela, y lo convencen con sólidos fundamentos.

Tenemos pues, en autores antiguos y modernos de incontrastable autoridad, Autrigones situados oportuna y cabalmente, rí­o Nerva, que pasa por los Autrigones, y descarga en el mar por Flaviobriga in finibus cantabrorum; y tenemos a Uxamabarca, pueblo o ciudad memorable en los Autrigones que hací­an una parte de la Cantabria. Pues a ver, si todo esto se puede contraer a la ciudad de Orduña con alguna probabili­dad respecto de su situación actual, y del rí­o que pasa por ella: curso que lleva este rí­o, nombre y origen que tiene, descarga en el mar, y por donde hace su descarga, para combinarlo con aquellas autoridades.

Ptolomeo, nos da el rí­o Nerva o Nervión (libro 2, capí­tulo 6) en los Autrigones, y rí­o con expediente al mar, donde descarga cerca de Flaviobriga. Pues este rí­o, según dice Florian de Ocampo, padre de la historia de España, celebrado particularmente por su gran conocimiento en la topografí­a y reducción de los antiguos pueblos a los modernos dice pues, en su historia, “libro 1º, capí­tulo 2º” que nace a un cuarto de legua de la ciudad de Orduña, y corre con curso derecho, pasa por Bilbao, y entra en el mar por Portugalete, después de haber sido sus aguas muy provechosas para las muchas ferrerí­as y molinos que muelen con ellas, y por los muchos pescados que crí­an”. En esto siguen a Florian de Ocampo, los que escribieron después, y los más crí­­ticos de nuestra geografí­a en todas sus partes. Esto es, Esteban de Garibay libro 3, capí­tulo 4 y libro 13, capí­tulo 28. Mariana lib. 15, cap. 3 nuestro orduñés erudito Andrés de Poza, en su tomo en 4º de las Poblaciones de España, impreso en Bilbao en 1587, al folio 25. Covarrubias en su Diccionario, verbo Bilbao y verbo Nervio, y Góngora-Torreblanca en su Apologí­a del reyno de Navarra lib. 3º, cap. 19, con algu­nos más que omito por la brevedad que corresponde a unas apuntaciones.

Bien sabido es el curso de nuestro rí­o Nerva o Nervión. Su viaje no se alarga más que diez leguas. En la presa de Echavarri, cerca de Bilbao, recibe los riachuelos de Galdacano y Ariz; y así­ aumenta su caudal. Aumentado con ellos, llega a un sitio donde hay ferrerí­as y molinos que se llama Ybayzaval, que quiere decir rí­o ancho, nombre que dan al rí­o de Bilbao (que es éste) Esteban de Garibay, el Padre Larramendi, Henao y otros. Después de haber pasado por Bilbao, se mezcla con el caudaloso rí­o de Castrejana, y con los de Retuerto y Asua que no son tan crecidos. De todos ellos y de algunos arroyos, se hace una hermosí­sima tabla, muy ancha y pro­funda aun sin las crecientes o flujo del mar que ya recibe en esta parte, y así­ parece un brazo de mar, tanto más porque se navega desde Portugalete hasta muy cerca de Bilbao.

Un historiador del emperador Nerva (el Farrafa) dice que este rí­o recibió su nombre a contemplación o en obsequio de aquel Monarca Romano. Pero antes de Nerva, ya era conocido el rí­o Nerva. Ya los geógrafos le habí­an demarcado para dar su caí­da al mar. Recibe su nombre de una peña que se llama la peña Nervina, y así­ la lla­man los naturales, brotan de ella sus aguas, como de una fuente inagotable, y desgajan­do por los altos a vista de Orduña, llegan a la falda, corren por las tierras llanas de huertas y labor, que fecundizan. Gira por detrás de la iglesia de Santa Marí­a, y corre al hermoso prado de la misma Ciudad, donde tiene dos puentes para facilitar el comercio con Bilbao y otras partes. El primero de estos puentes cerca de la ciudad, entre las dos ermitas de San Miguel y San Lázaro. Las fuentes de este rí­o o la tal peña Nervina, están a una corta legua del recinto topográfico de Orduña, que es donde se da la situa­ción de Uxamabarca, en los Autrigones, nación que hací­a parte de los Cántabros, como ya se ha visto.

Más. Que si se atienden los grados en que Ptolomeo pone la boca o embocade­ro del rí­o Nerva al mar Cantábrico, y las tablas delineadas según la mente de este gran geógrafo de la antigí¼edad romana, si en ellas se atiende al nacimiento del Nerva cerca de Uxamabarca. a la confinidad de los Autrigones y Cántabros, y al cruzar los unos con los otros, si todo esto se atiende como es preciso, se hallará que desde la peña Nervina hasta el puerto de Flaviobriga, no hay ni se encuentra otro pueblo, nombra­do y conocido en aquella antigí¼edad, que la ciudad de Orduña en lo moderno, y por consecuencia, que a ella se debe reducir verosimilmente la Uxamabarca de los anti­guos.

El sabio anticuario ya citado, el orduñés y licenciado Andrés de Pozaque ha 202 años escribí­a su Catalogo de Poblaciones y Reducciones, dice así­: Uxama es la ciu­dad y universidad de Osma. Aquí­ se conoce que el autor se llevó de la autoridad de algún otro sin examinarla, porque es cosa bien sentada hasta ahora, y lo fue siempre, que Osma, y el Burgo de Osma, son la Uxama Argela de los antiguos, colocadas una y otra a distancia de un tiro de cañón, con un puente de por medio sobre el rí­o.

El Burgo tiene muralla antigua y iglesia catedral. Fuera de esto, es no tener aten­ción (sea cual fuere la autoridad que guió a Poza) a las situaciones que dio Ptolomeo, y a las resultas de los grados que nos dan sus demarcaciones de los puertos y de la costa Cantábrica. Pues véase por esta regla, en qué situación y distancia de la costa se hallan la ciudad y el Burgo de Osma con su universidad.

Lo mismo se debe decir de los que tienen a Orduña por Flaviobriga y a Uxamabarca por puerto de mar. Lo mismo de los que dan a Orduña por la Tulica de los Caristos, y de que hablan los antiguos geógrafos, y lo mismo de la singular, por no decir soñada pretensión del Padre Gregorio ArgaizCronista Benedictino de que se llamó Dardania por haberla fundado el rey Dardano o mucho antes que él, el rey Brigo. Que el año 89 de Cristo floreció en esta Dardania una sierva de Dios que se llamó Frotinda, y en el año 90 de este primer siglo de la iglesia que hubo mártires, y uno de estos mártires, que fue obispo de Dardania. Lo mismo en fin, de lo que un falso cronicón refiere de los mártires que padecieron en Orduña, si Orduña fue lla­mada antiguamente Uxamabarca”. Pero aunque el Padre Bolando, crí­tico de primer orden, no se opuso en su famosa obra de Las actas de los Santos (tan protegida de los sumos pontí­fices) al dí­a 26 de febrero, in sillage histórica de San Fortunato, número 4, bien sabido es, cómo pensaba este autor, del tal cronicon de Dextro, y lo mismo se ha de entender de los otros mártires de que hace mención por los años de Cristo 268. Los padres Bolandoy Papebroquio Antuerbienses, se decidieron entonces, y después en muchas partes de su grande obra, contra la multitud de patrañas de los falsos croni­cones que se abortaron el siglo pasado, en nuestra España.

Porque sobre lo primero, de los que tienen a Orduña por Flaviobriga y a Uxamabarca por puerto de mar, es preciso conocer que los que hablan así­ se olvidan de que Flaviobriga en Ptolomeo es puerto de los Autrigones, y poco distante de la boca o embocadura del rí­o Nerva al mar. Ni uno ni otro le cuadra a Orduña, sino es su situación en las cercaní­as del nacimiento del rí­o Nerva. Se olvidan también de que Plinio pone después de Olarvo pueblo de los Vascones, los lugares marí­timos de los Várdulos, y el último que pone es el puerto Amano o de los Amanos, donde ahora dice es Flaviobriga colonia de nueve ciudades. Y Orduña, pueblo mediterráneo ya se sabe que dista o está apartado diez leguas de los puertos y costas del mar.

Más. El rí­o Nerva de Orduña, cuyo curso hemos dado desde su nacimiento hasta el mar, está en las tablas de Ptolomeo a 13 grados y 10 minutos de longitud y a 44 grados y 40 minutos de latitud, o de altura polar, y Flaviobriga no está a mas que a 11 grados y 45 minutos de longitud, y a 45 grados y 25 minutos de latitud, cuando Ptolomeo demarca al rí­o Nerva, en los Autrigones, y su boca al mar, cerca de Flaviobriga, y cuando ya hemos visto que Uxamabarca y Orduña substituida en su lugar, ocuparon y ocupan una misma situación, muy cerca de las fuentes de su naci­miento en la peña Nervina, de donde con el caudal de sus aguas, saca también su nombre.

Y sobre lo segundo, deducido del cronista de San Benito, Fr. Gregorio Argaiz, ¿qué se puede decir a vista de lo que dejó escrito el sabio Marqués de Mondejaren estos términos? “El Auberto hispalense(uno de los falsos cronicones, como Flavio Dextro, Luitprando, Juliano diácono) llenó de embustes los principales archivos de la religión benedictina, ofreciendo materiales a su cronista Fr. Gregorio de Argaiz para que hiciese sudar las prensas con portentosí­simas mentiras”.

Apartémonos pues de Orduña y de estas sencillas apuntaciones, cuantas especies, cuantas patrañas, y honras fabulosas proceden de fuentes tan corrompidas, y desprecia­bles. Nadie las mira ya, sino para abominarlas. El sabio autor citado: el famoso biblió­grafo Don Nicolás Antonioen su censura de historias fabulosas, el bibliotecario Don Gregorio Mayans, el Padre Jacinto de Segura, dominicano en su Norte crí­tico, han derribado para siempre, todos aquellos monumentos del artificio y la falsedad.

Quedan todaví­a dos palabras, sobre Uxamabarca, y la reducción muy fundada en la Ciudad de Orduña, por todo lo que ya queda apuntado. Es la especie siguiente, para no disimular nada en nuestra sencilla investigación de su antigí¼edad romana.

No falta quien piense que un lugarcito de treinta o cuarenta vecinos que se halla como a dos leguas de Orduña, antes de llegar desde Castilla a su famosa y fragosa peña, pueda ser la Uxamabarca de Ptolomeo en los Autrigones.

Este lugarcito, es hoy, el que se llama Osma, situado sobre un terreno media­namente llano, con árboles silvestres, de sitio montañoso, y un riachuelo junto a sí­. Lugar, que pertenece a Valdegobia, y de hermandad con la provincia de Alava. La con­servación, o por mejor decir, la mediana semejanza que se ve entre los nombres de Uxama y Osma (de la otra parte Barca del nombre Uxamabarca, no se hace ningún caso) puede dar lugar, o algún fundamento a los que así­ piensan, para decir que es Osma de Valdegobia por no estar muy lejos del origen del rí­o Nerva, en la peña Nervina.

A esto (que no es del Padre Argaiz) añade este visionario cronista (tomo y parte primera de su Población Eclesiástica de España, pág. 100 y parte 2ª pág. 293) que hubo silla episcopal y la pone en Osma de Valdegobia, relatando unos cuantos prela­dos de ella, en los tiempos de los romanos y aún después. Hace armoní­a su relato con lo que le pareció al Padre Fr. Francisco Bivar(si fuese cierto) en su Dextro, año 300 del nacimiento de Cristo, comentario primero, pág. 324. Esto es, que fue Presbí­tero de Uxamabarca un tal Emerito, el cual dice que se halló en el concilio Iliveritano (Granada) y que su iglesia se llamaba Barca, bien que debe notarse que el Padre Bivar entiende a Orduña por Uxamabarca, en varias partes de su obra, y también entiende en otras a la Osma más distante, que se llamó Uxama Argela, y no Uxamabarca.

Al Padre Bivar siguieron, y sentaron corresponder Orduña, a la Uxamabarca de Ptolomeo en los Autrigones, Don Martí­n Carrillo, en sus anales, año 91 de Cristo; y Don Juan Tamayo de Salazar, en su Martirologio Hispano.

Después de ellos escribió el sabio Antuerpiense Bolando, en las actas de San Fortunato, al dí­a 26 de febrero, que unos querí­an que Orduña fuese la Uxamabarca y otros Laredo. Pero siendo Laredo un puerto de mar en el océano Cantábrico, no le puede adecuar un pueblo de tierra adentro, que el geógrafo sitúa en los Autrigones, como se ha visto.

Vuelvo ahora a Osma de Valdegobia. ¿Qué se puede decir a vista de tantas opi­niones, tanta obscuridad e incertidumbre? No hay fundamentos para creer que Uxamabarca estuviese situada por encima de la peña de Orduña, y así­ mientras más se aleje del mar (como lo está la tal Osma) más claro se ve que Uxamabarca no estarí­a en los grados de latitud y longitud que se ha visto en las tablas de Ptolomeo. Del mismo modo saldrí­a de la demarcación de los Autrigones y no podrí­a ser una Ciudad suya. Quédese pues esta opinión en la verosimilitud, o inverosimilitud que queda demostra­da y cada uno quiera creer.

Mientras que no parezcan testimonios auténticos, lápidas con inscripciones cla­ras, monedas o municipios romanos que absuelvan toda duda, vagaremos por entre las tinieblas y la diversidad de obscuras opiniones.

Salgamos de la antigí¼edad romana, y veamos que luces se pueden descubrir en la antigí¼edad gótica y la árabe, su sucesora. Mas ante todo, hemos de marchar por caminos conocidos y seguros para no caer en los errores que otros.

2.- Antigí¼edad Gótica y írabe

Antes de meternos en otro bosque lleno de obscuridades e incertidumbres como el pasado, para no andar a tientas o a ciegas, parece conveniente que conozcamos el terreno que vamos a pisar. Es preciso buscar la mejor carta del paí­s, una carta que nos guí­e con seguridad y nos muestre si fuere posible los caminos que hemos de tomar para el acierto, y nos indique las sendas tortuosas que hemos de dejar para no caer en el error. Conozcamos las luces que nos pueden alumbrar en la historia de España, des­pués de su pérdida por la invasión general de los moros en el año de 714 del naci­miento de Cristo, según la opinión más recibida, y siendo cierto que nadie nos puede suministrar estas luces, mejor que el erudití­simo, el juicioso y crí­tico Don Gaspar Ibañez de Segovia, marqués de Mondejar, recurrimos a su aplaudido censor crí­tico de nuestras historias, nuestros cronicones cortos y defectuosos, y nuestros autores de todas clases anteriores y posteriores a aquella memorable desgraciada época de España. Veámosle primero en el capí­tulo o párrafo VII al folio 107 de sus advertencias al P. Mariana, impresas por Mayans y Siscaren Valencia el año de 1746, que inscribió así­.

PíRRAFO VII

Tropel de ficciones con que se ha obscurecido la verdad histórica del tiempo de que hablamos.

Duró el dominio de los romanos en España poco más de cuatrocientos años, después del feliz y dichoso nacimiento de Nuestro Redentor y luego que empezó a extenderse su sagrada Ley de Gracia, se armó contra ella el obstinado furor gentilico, intentando con inhumana crueldad él extinguirla, regando todo el Orbe con la sangre feliz de tantos mártires gloriosos como celebra la iglesia. Y sin embargo de que no omite en su historia nuestro Ambrosio de Morales, ninguno de los que con seguridad pertenecen a España con la memoria de los prelados célebres que florecieron en ella, y en las demás provincias que pertenecen a su religión y sagrado culto, empezaron algu­nos con credulidad indiscreta y supersticiosa a fraguar otras con que ennoblecer aque­llos primeros siglos, destituidos por el furor de los infieles que entregaban al fuego cuantos documentos pertenecí­an al honor y exaltación de sus célebres progresos. Con este fin, se fueron publicando los falsos chronicones de Lucio Flavio Dextro, Marco Maximo, Eleta, Braulion, Luitprando, Hugo Portugalense y Juliano, con ciertos frag­mentos de un San Atanasio, a quien después salieron en crédito de su engañosa mali­cia, Gregorio Betico, Auberto – hispalense, y Liverto de Girona, que se extienden a patrocinar igualmente los engañosos Reyes de Beroso, manchando con sus falsas noti­cias cuantas historias de nuestras ciudades se han ido formando después con sus enga­ñosas y falsas noticias.

Contra ellas no ha bastado el desengaño que de su patente ficción, comprueban y demuestran tantos doctos españoles y extranjeros que han emprendido dejarla indefensible. Serí­a ajeno de nuestro asunto repetir sus continuados engaños y osados arro­jos: su fingimiento de santos, cuyos nombres se ignoran; y el motivo que han dado, y todaví­a dan para que sin constar de su existencia les den culto los que se juzgan inte­resados en su honor; cuando por el contrario, ninguno de los santos que con entera fe se conservan en Prudencio, y en San Eulogio, merezcan que se haga la memoria que merecen los fingidos y desconocidos.

PíRRAFO VIII

Empezaron las naciones septentrionales a invadir el Imperio Occidental, a cuyo dominio pertenecí­a España, como sujeta a su cabeza romana: y le invadieron con tan  crecido número de bárbaros que consiguieron con su furor y su horrible estrago, no solo humillar la grandeza romana, sino extinguirla enteramente. Entre otras naciones que vinieron a infestar nuestra España, fueron tres las que particularmente se fijaron al principio en ella. Los vándalos que dieron el nombre a la provincia de Andalucí­a (la Bética entre los romanos) dejándola por la de ífrica, de que se hicieron dueños; los suevos que permanecieron más tiempo en Galicia; y los godos, que apoderándose de sus estados, consiguieron con su fortuna y su valor, establecer su monarquí­a en España. En ella se conservaron más de 200 años, hasta que motivó la Providencia Divina la acelerada no temida violencia de los írabes para castigar con ella sus graves y execrables pecados.

San Isidoro formó tres Chronicones distintos de cada una de las tres naciones: Así­ como se tiene por de San Ildefonso (aunque muy interpolado) el primero con que empieza el suyo atribuyéndosele Don Lucas, obispo de Tuy.

El arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada, natural de Navarra, cuya historia se conserva con tanta veneración como se sabe, y el tí­tulo: De Rebus Hispana, en todos los manuscritos antiguos, solo tiene el de chronica gothica; porque habiendo referido la primera población de nuestra provincia y algunos sucesos fabulosos de Hercúles, pasa a tratar del origen de los godos y de sus acciones, y continuado domi­nio en España, hasta su total ruina, y sigue con el Imperio de Pelayo y restablecimien­to que fueron logrando sus sucesores. De estos y de otros monumentos antiguos, formó su historia de los godos Juan Magno, arzobispo Upsalense natural de la misma provincia.

PíRRAFO XI

Principios de la Restauración y origen de los Reinos Católicos

Apoderados enteramente los írabes de casi toda España, y refugiadas las reli­quias de los Católicos suyos naturales, a la aspereza de las montañas, se animaron a elegir cabeza a quién fiar su defensa. Pusieron los ojos en Don Pelayo, nieto de la casa real de los Godos, a quién dieron primero el tí­tulo de Prí­ncipe suyo, y después de Rey, que reconocieron como tal, cuantos fugitivos y asegurados en las asperezas de las montañas…

Reyes de Oviedo, Asturias y León. La primera Dinastí­a o Reino que se empezó a establecer en España después de su infeliz invasión írabe, fue en las Asturias de Santillana, en que fue restablecido, como ya hemos dicho el Prí­ncipe Don Pelayo y fue continuada en ellos, con diferentes Prí­ncipes electivos sin interrupción. Esta dinastí­a según iba sacudiendo a los infieles de los dominios inmediatos al suyo, fueron variando el nombre, llamándose al principio, Reyes de Asturias, después de Oviedo, y últimamente de León y Galicia, hasta que se incorporó en la de los Reyes de Castilla, por el casamiento de la Reina Doña Sancha, hermana del Rey Don Bermudo tercero, su últi­mo varón, hijos entrambos del Rey Don Alonso el quinto (en 1028) la cual casó con Fernando el Grande, a quien dan algunos el tí­tulo de Emperador, primer Rey de Castilla.

De este largo espacio de tiempo en que lograron nuestros Prí­ncipes cristianos victorias y gloriosí­simos sucesos contra los infieles, se conservan (aunque cortas) algu­nas noticias obscuras en los breví­simos chronicones de Don Alonso el Tercero Rey de León, llamado el Magno, que publicó fray Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona por obra de Sebastián, obispo de Salamanca. En el suplemento del mismo Sebastiano en el chronicon de Albelda o de San Millán que sacó a la luz Don José

Pellicer con el nombre de Dulcidio, obispo de Salamanca. En Sampiro, obispo de Astorga y Don Pelayo, obispo de Oviedo, porque aunque Ambrosio de Morales cita también el chronicon de Isidoro Pacense, este no se ha impreso hasta ahora y es preci­so que sea distinto del que estampó Sandoval, porque éste no pasa del año 753, y el de que se vale Morales es muy posterior, como se ve en las noticias para que le cita.

De estos materiales y de muchos privilegios antiguos que se conservan en varias iglesias y monasterios, dados por los Prí­ncipes de que se compone esta dinastí­a, formó Ambrosio de Morales el tomo 3º de su chronica, con el mismo acierto que los dos antecedentes, si no tuviera el defecto de no haber percibido la nota en ellos, de la X con la virgula en el brazo derecho, que en el guarismo castellano, equivale diez sin ella, y donde se ofrece distinguido con esa nota X. Cuarenta, como así­ lo notaron fray Antonio de Yepes primero y después fray Prudencio de Sandoval…

Hasta aquí­, el Marqués de Mondejar. En el número 14 de su chronicon, refiere que los Vascones montañeses cristianos, no reconocieron vasallaje a los mahometanos hasta el reinado de Don Alonso el católico. Y añade que cuando este Prí­ncipe guerrero pobló las montañas, la Bardulia, y la Galicia con los cristianos que habí­a sacado con sus  victorias de la servidumbre musulmana, no tuvo que enviar pobladores a ílava, Vizcaya, Aycona, Orduña, Pamplona, Deyo y la Berrueza, porque siempre habí­an sido poseí­das de sus antiguos moradores.

Don Alonso el católico por estar casado con Hormisinda hija de Don Pelayo, y hermana de Favila, (siendo el hijo de Don Pedro, Duque de Vizcaya) entró a reinar en los años de Chisto de 738. Reinó 18 años, hasta el de 757 en que murió. Conque resulta que en estos 18 años, desde 738 hasta 757, hizo este famoso guerrero, todas las admirables conquistas que historió como cien años después Don Alonso 3º el Magno.Y de estos hechos averiguados y ciertos sale en claro que Orduña, antes de mediar el siglo octavo ya se llamaba Orduña, y suponí­a todo lo que acredita aquel soberano texto.

Sentada esta antigí¼edad de nombre (sea gótica o sea árabe; esto es del tiempo que a unos y a otros corresponde) no será cosa difí­cil encontrar la sucesión del mismo nombre en documentos y privilegios auténticos, en escritores y crónicas posteriores de indubitable crédito, y reconocida autoridad. A mediados del siglo décimo se halla dado el privilegio de los votos del Conde Fernan González (que se intitulaba como sobera­no de Castilla, Conde por la gracia de Dios) a favor del monasterio de San Millán, y en él se menciona a Orduña. Del siglo decimotercio es nuestro historiador Don Rodrigo Arzobispo de Toledo, que siguiendo los antiguos chronicones la pone en su lugar.

Don Lucas, obispo de Tuy, en Galicia, que hizo viajes al oriente para instruirse en la Religión, a principios del siglo XIII escribió a su vuelta una historia de España  desde Adán hasta el año de 1236 en que la acabó. Está justamente notado de algunos defectos, de inexactitud en los hechos, de equivocaciones, y desarreglo entre lo que escribe, y lo que halló escrito en los chronicones más antiguos que tuvo entre manos para desnivelarse, u olvidarse de la puntualidad en sus copias. Así­ lo nota Ambrosio de Morales al libro, y capí­tulo 13 de su historia, apartándose de él, cuando le pareció justo. Habló de los tiempos y las victorias de Don Alonso el Católico como el Arzobispo Don Rodrigo, sigue el chronicon de Don Alonso el Magno (que antes se llamaba de Sebastiano) nombra a Orduña; y no dice de ella con exactitud lo que dice el mismo chronicon, y le notó o advirtió Morales.

El Rey Don Alfonso el Sabio, que reinó 32 años desde 1252 hasta el de 1284, en la chronica general de España que el mismo nos dejó escrita, habló de Orduña como sus predecesores. Al capí­tulo 4 de la tercera parte en que habla de las conquistas de Don Alonso primero el Católico, dice: “Ganó de los moros a Transmiera, Sopuerta, Garnica, Bardulia, que ahora dicen Castilla la vieja, Alava, Orduña, Vizcaya, Ayco, Pamplona e Besera: esta es la que ahora llaman Vitoria, e Navarra e Ruconia, Pancorbo, Carracio, bien fasta los montes Pirineos. E aun sin estos lugares que aquí­ hemos dicho, tomó otros muchos, e retubo muchos de ellos, e basteciólos mui bien, e retornó a la tierra muchos christianos captivos de los moros, e pobló la tierra de ellos, e mandolos morar en aquellos lugares que él pudo librar e retener”.

3.- Consideraciones y notas sobre el nombre de Orduña

Ya se ha visto que en el siglo octavo cuando el Rey Don Alonso el Católico, y el primero de los Alonsos, hizo tantas y tan admirables conquistas a los moros, no tuvo que enviar pobladores a Orduña (que así­ se llamaba entonces) porque siempre habí­a sido poseí­da de sus antiguos moradores.

En uno de los falsos chronicones, esto es, en Luitprando (en los Adversarios núm. 278) hay un fragmento, donde no se sabe quién dijo: “Que sienten probable­mente los que creen sea Flaviobriga la ciudad a quién los moros llamaron Orduña, cabeza de los Amanos, que eran parte de los pueblos Autrigones”.

Parece inútil que nos detengamos aquí­ a refutar semejante especie. Ella viene de mala parte, y demás es materia bien sabida, como hecho constante en todas las histo­rias de España, que los moros no dominaron a Orduña; no bajaron jamás la Peña de su nombre, ni ella dejó de estar en poder de sus antiguos moradores.

En el siglo octavo se perdió España (sea por los años de 711 según unos chrono­logistas, o sea por los de 714 según otros) y a mediados del mismo siglo octavo, ya habí­a muerto cargado de triunfos y victorias contra sus bárbaros invasores, el Católico Alfonso primero, declarando su nieto Alonso 3º el Magno, que Orduña no le habí­a dado que hacer, lo que las otras que refiere. A los 30 y 40 años de la pérdida general ya estaban expelidos los moros de todas aquellas partes inmediatas a la Peña de Orduña, y a la Peña horadada junto a Oña. Pues ¿cuando le habí­an de dar los moros el nombre de Orduña, como supone aquel fragmento? Lo que se tiene por cierto (y no se puede negar lo verosí­mil) es que Orduña, viene de Ordoño u Orduño, algún soberano del paí­s que la benefició, la privilegió y le dio su nombre. Ordoño primero Rey de Asturias y León, no pudo ser porque antes de su reinado en 850… ya se llamaba Orduña. Así­ es que el Prí­ncipe su nomenclator seria natural soberano del paí­s. Gabriel de Henao con Méndez de Silva, en sus poblaciones de Vizcaya y otros, son de esta opinión. La palabra Orduña no es moruna sino vizcayna, y así­ se debe entender de lo que dice Esteban de Garibay al tomo 3º capí­tulo 10 pagina 21 de su Historia de España: “Con esto, dice, al Rey Don Fortum Garcés lo debió poner el Rey Don Garcí­a Iñiguez, su padre, el nom­bre de Fortun o Fortuna (le sucedió el año de Cristo de 802) pues el nombre de Fortuño y el de Ordoño de los Reyes de Oviedo y León, es uno mismo. El cual, hasta hoy dí­a, es muy común en las montañas de Cantabria, donde ay muchos hombres así­ llamados (Ordoños, Fortuños, Ortuños) lo cual hace mi opinión más verisí­mil para creer que la dependencia de estos Reyes no hubiese sido de la sangre de los godos, sino de los españoles naturales de la tierra (Garibay, impreso en 1567)”.

Considerando pues, todo lo expuesto sobre el asunto, parece que el nombre de Orduña, conocido ya a mediados del siglo octavo, es nombre absolutamente español, y  no moruno: que se le dio o se le puso a aquella Ciudad, algún Prí­ncipe o Señor de ella misma, o de Vizcaya llamado Ordoño u Ortuño, nombre propio del paí­s. Y que aun­que en algunos manuscritos se halla escrito Urduña, y tambien dice Urduña Esteban de Garibay al libro 13, capí­tulo, 20 página, 229 del tomo 2º de su Historia, se llama, y debe llamarse Orduña, porque así­ la llaman los historiógrafos más antiguos, los códi­ces, y los privilegios ya citados, y los archivos donde existen.

En el párrafo que hemos copiado de la chronica general de España, escrita por el Rey Don Alonso el Sabio (hijo de San Fernando) se han visto estas palabras de la parte 3ª y capí­tulo 4. Lidió con los moros, e venciolos e ganó de ellos estos logares…Garnica.

Como no hay semejante noticia en ningún autor ni en los chronicones anteriores al Sabio Rey, con sobrado fundamento han creí­do los crí­ticos que han hecho alto sobre aquella palabra, que fue yerro en el original, en alguna copia que se sacó; o yerro de la misma imprenta, desde la primera edición. Porque Don Alonso el Católico, que como dice de él la chronica general, lidió con los moros, a mediados del siglo octavo (fue su muerte el año de 757) no bajó a Vizcaya, donde entonces no habí­a pueblo; si no campo de Garnica, con algunos solares desparramados por él. No habí­a moros en Vizcaya, en Garnica que está en el centro, ni en ninguna otra parte de ella. Es un principio sentado, es digámoslo así­ un dogma histórico en España, que los Arabes, o sean los moros, jamás pudieron penetrar en Vizcaya; y así­, a ella se refugiaron las reliquias de la Nobleza, y del Cristianismo. Quedan ya explanadas en estas apuntaciones muchas y grandes autoridades en confirmación del mismo dogma histórico, por lo que no hay necesidad de repetirlas. Pues, ¿como el Rey Don Alfonso el primero de León, habí­a de conquistar a Garnica en Vizcaya, de poder de los moros, si en aquel tiempo no habí­a pueblo de Garnica, ni jamás hubo moros en las tierras de Vizcaya?

Más. En el siglo décimotercio, siglo del Rey Don Alonso el Sabio, y de su chro­nica General, tampoco estaba fundado el pueblo de Garnica. Habí­a campo de Garnica, no pueblo, villa ni lugar. En prueba de esto, daremos al fin de estas apuntaciones una copia del Privilegio (privilegio raro y estimable por muchos motivos) dado para la Población de Garnica a 26 de abril de 1366 por el Conde Don Tello, vigésimoquinto Señor de Vizcaya, en su Cámara de Orduña, con placer de todos los vizcainos. El ori­ginal, se conserva en el Archivo del mismo Pueblo y aun puerto de Guernica. Se verá después.

4.- Noticias históricas

Hemos recorrido la España antigua, la España romana, la España gótica, y la árabe para encontrar en los historiadores, los geógrafos y los anticuarios, a la Ciudad de Orduña, pueblo bien conocido en la carrera de muchos siglos, pueblo respetable, fuerte, y ventajosamente situado a la falda de la famosa Peña de su nombre con el rí­o Nerva, que fertiliza su terreno. Lo que ha parecido en esta rápida investigación queda anotado con puntualidad y exactitud. Lo cierto y bien averiguado, como cierto, lo pro­bable, lo verosí­mil, lo conjetural, y lo dudoso, en sus precisas clases. Las especies vulga­res, o fabulosas, los autores apócrifos y los falsos chronicones desechados. Y en fin, excluido de todo punto en estas cortas apuntaciones, cuanto no está bien recibido en la buena fe histórica, y en la sana crí­tica de los sabios Regnicolas, y los extranjeros. Por estas mismas huellas, buscaremos ahora los hechos históricos.

Orduña por el testimonio irrefragable que ya hemos exhibido, del chronicon de Don Alonso el Magno, se mantení­a por sí­ misma, y se conservaba por sus naturales, a mediados del siglo octavo de Christo nuestro Bien. Ninguna casta, ni fuerza sarracena habí­a llegado a ella, y por consecuencia, no hubo necesidad de conquistarla a los moros por el victorioso Alonso el Católico, y el 1º de este nombre.

Refiere pues Lope Garcí­a de Salazaren su libro de las Bienandanzas y Fortunas con otros autores, que el Rey Don Fernando 3º el Santo, hizo merced de Orduña y Balmaseda a Don Diego López de Haro, decimoséptimo Señor de Vizcaya, por lo mucho que le sirvió en la conquista de Sevilla, año de 1248. Y añade Salazar, en otra parte, que este Señor de Vizcaya, era sobrino del mismo Rey Santo, como hijo de  una hermana suya, que casó (a principios del siglo 13) con su padre Don Lope, llama­do Cabeza Brava – XVI, Señor de Vizcaya.

La crónica particular del Rey Don Alonso el Sabio, hijo de San Fernando (cap. 28 y 51) manifiesta con claridad que la cesión y donación del Santo, no plugo después al Rey Sabio. Dice esta chronica que “Gonzalo Ruiz y Sancho Pérez, dieron recado de parte del Rey, al Señor de Vizcaya, y le dijeron: Lo que decides que Orduña debe ser vuestra e que la dio el Rey Don Fernando, padre del Rey Don Alonso, vuestro Señor, en donación a Don Lope y Dª Urraca, vuestros abuelos, verdad es. Mas vos guerreais­teisle della, y desde allí­ hicisteis mucho mal en la tierra. Y fuero es de Castilla que si de la donación que el Rey da, le hacen guerra, o mal en la tierra, que la pueda tomar con fuero y con derecho. Y lo que decí­s de Balmaseda, bien savedes que siendo ahí­ vos con vuestra madre y vuestros vasallos y tí­os, y hermanos, que robastes desde ende la tierra, e hicisteis, mucho mal; y por esto, que el Rey obo de poner algunos de sus vasallos por guarda de la tierra”.

“De la misma crónica consta (cap. 51) que el Rey Sabio, vino después en que se entregasen a Don Lope (decimoctavo Señor) los lugares de Orduña, y Balmaseda: y así­ en boca del maestre de Calatrava, y de Gonzalo Ruiz de Atienza, se dice allí­. Y lo que piden del heredamiento que es Orduña, y Balmaseda, que ellos otorgaban van por el Rey que se lo darí­a a Don Lope Dí­az de Haro, y que fuese con él al imperio”.

Don Lorenzo de Padilla, escribe en sus Señores de Vizcaya, y en la vida de este mismo Don Lope, que apenas murió el Conde Don Diego, padre de Don Lope, salió  de Burgos el Rey Don Alonso con un poderoso ejército, cercó y combatió a Orduña tan estrechamente que se le entregó. De Balmaseda no dice nada Padilla en este caso; pero añade, que después restituyó el Rey Don Alonso, así­ la conquistada Orduña, como Balmaseda, a Don Lope Dí­az de Haro. Año de 1256.

En aquel tiempo que Don Alonso X (el sabio Rey) poseyó a Orduña: esto es, después de haber muerto Don Diego López de Haro, decimoséptimo Señor de Vizcaya a quien se la habí­a dado el Rey San Fernando, después de la gloriosa conquista de Sevilla en 1248: en aquel tiempo vuelvo a decir, expidió a favor de Orduña este pri­vilegio.

PRIVILEGIO

“Conocida cosa sea a todos los homes que esta carta vienen, como yo Don Alonso por la gracia de Dios Rey de Castilla, en uno con la Reina Dª Violante mi mujer, e con mi fijo el Infante Don Fernando, do e otorgo a todos los de Orduña, porque yo les poblé, también a los que agora son como a los que serán de aquí­ adelante para siempre jamás, hayan el fuero de Vitoria en todas cosas, ansi como lo han los de Vitoria. E otorgamosles todas franquezas que han los de Vitoria, e que no den portad­go en todo mi regno, sino en Toledo, Sevilla, e Murcia: Sacando ende moneda que darán a mi, e a todos los que reynaren después de mi en Castilla y en León. Otro si, otorgo a las iglesias todas las costumbres que solí­an hacer. E retengo para mí­, e para los que reynaren después de mí­ en Castilla y en León, el patronadgo de ellas y de todo su término, con todo aquel mayor derecho que patronadgo debe haber. E mando que los términos para sí­, vayan como así­ solí­an ir en tiempo de mi bisabuelo el Rey Don Alfonso (el IX en 1220) salvo ende si el Rey Don Alfonso mi bisabuelo, o el Rey Don Fernando mi padre, o yo mismo diésemos algún privilegio contra esto. Otro si, otorgo por mí­, e por todos los que reynaren después de mí­ en Castilla y en León que no podamos dar la sobre dicha villa de Orduña por feudamento a hombre del mundo. E mando, e defiendo que ninguno no sea osado de ir contra este mio privillejo, ni que­brantarlo ni demenguarlo en ninguna cosa. E qualquier que lo ficiere habrí­a mi ira, e pecharme ya en coto mil maravedis, e a ellos todo el año doblado. E porque este pri­villejo sea firme e estable mandolo sellar con mio sello de plomo. Fecha la carta en Santo Domingo de Silos por mandado del Rey, a cinco dí­as andados del mes de febrero, en la era de mil e doscientos e noventa e quatro años”. Es el año de Christo de 1256.

El erudito orduñés Andrés de Poza con noticia de este privilegio escribí­a en 1584: “La población antigua de Orduña fue donde está ahora la Ermita de Nuestra Señora de Orduña la vieja: Si no que después acá, el Rey Don Alonso, en una con su mujer Doña Violante y el Infante Don Fernando, abuelo del Rey Don Sancho, mudó el sitio adonde está al presente, fundándola de nuevo como se refiere en su privilegio, fecho en Santo Domingo de Silos, en 5 de febrero, año de Nuestro Señor de 1256”.

A Poza siguió después en parte Méndez de Silva en su Población de Vizcaya (descripción debe ser) capí­tulo tercero. Y aunque es verdad que la Población antigua estuvo situada en el sitio que dice Poza, donde hoy se halla la iglesia e imagen de Nuestra Señora Patrona de Orduña, en el Privilegio no se descubre lo que él dice, a no ser que en aquellas palabras: porque yo les poblé (hablando el Rey con los vecinos de Orduña) se quieran entender la Población, la traslación, la fortificación de sus murallas, puertas, castillo y todo lo demás, como todaví­a se ve en el dí­a. La demasiada amplia­ción de esta inteligencia puede no gustar a la severidad de los crí­ticos.

Se equivocó Poza en decir que el Infante Don Fernando, asistente a la concesión del Privilegio, fue abuelo del Rey Don Sancho el Bravo, porque no fue sino hermano, y el llamado de la Cerda: hijos ambos del Rey, y la Reina, de quien es el privilegio que hemos copiado, y en aquella fecha el Infante Don Fernando era el heredero de la Corona.

MíS PRIVILEGIOS DE ORDUÑA

En el archivo del monasterio benedictino de esta Corte, llamado de Montserrat, se conserva un libro grande, intitulado: Tumbo de Vizcaya, el cual empieza con estas palabras, tabla de este libro, y de las escrituras que se hallan en él, por el orden que están colocadas en él. Hay un capí­tulo que dice así­, copiado a la letra

PRIVILEGIOS DE LA CIUDAD DE ORDUÑA

El Rey Don Juan el segundo, dice en el privilegio que dio a esta Ciudad, que vio un privilegio del Rey Don Enrique, su padre dado en pergamino de cuero rodado y sellado con su sello de plomo, pendiente en filos de seda. Este Don Enrique (el 3º) reinante en uno con la Reina Doña Catalina su mujer dice: que vio otro del Rey Don Juan su padre: este Don Juan (el 1º) reinante con la Reina Doña Leonor su mujer expresa: que vieron otro del Rey Don Enrique su padre en Pergamino. Este Don Enrique (el 2º) que vio otro del Rey Don Alonso su padre (el 11º) dice que vio otro del Rey Don Fernando. Este Don Fernando (el 4º) dice que vio otro del Rey Don Sancho su padre: Y Don Sancho el 4º dice: “Por gran sabor que habemos de mejorar en el nuestro tiempo, los nuestros lugares, según la manera que fallamos primero, y por que los de nuestro Señorí­o, no puedan haber franqueza de nos cuando gela nos non damos, combiene por ende que gela diemos nos ca las Gracias diolas el nuetro Dios a los Reyes… E por ende haviendo mui gran sabor de llebar la Villa de Orduña adelante, e de facer mucha merced, en uno con la Reyna Dª Marí­a mi muger, e con mis hijos el Infante Don Fernando primero heredero, e con el Infante Don Alonso… E para que sean mas abonados, e hagan más con que servir otorgamosles que hayan sus Fueros en todas cosas, bien e cumplidamente, así­ como lo haví­an en el tiempo del Rey Don Alfonso nuestro padre, como dice en el privillejo que ellos tienen de él, en

esta razón así­ como lo han los de Vitoria… E mandamos, que non den portadgo, ni trentadgo, ni peage, ni emienda, ni oturas, ni coezas, ni recoage, ni otra cosa ninguna, que por esta razón se demande en ningún lugar de nuestros reynos por mar, ni por tie­rra de entrada ni salida; salbo ende en Toledo, Sevilla, y Murcia. Otro si les concede­mos que hayan una feria en el año en su Villa, que comienze ocho dí­as después de San Miguel, e que dure quince dí­as, así­ como dice en el Privillejo que ellos tienen del Rey nuestro Padre… Fecho el Privillejo en Vitoria, miércoles a 1º dí­a del mes de septiem­bre era de 1326 (años de Christo 1288). E nos Don Sancho, reynando en uno con la Reyna Dª Marí­a mi muger e con mis hijos… Otros si vimos un privillejo del Rey Don Alfonso nuestro Padre en que dice: E yo con la Reyna Doña Violante mi muger, e con mi hijo el Infante Don Fernando, do e otorgó a todos los de Orduña porque les yo poblé también… que hayan el fuero de Vitoria en todas las cosas… E todas las fran­quezas que los de Vitoria e que non den portazgo en todo mio reyno, sino en Toledo, Sevilla, e Murcia, sacando ende moneda, que darán a mi, e a todos los que reynaren después de mi en Castilla y en León. Otro si otorgo a las iglesias todas las costumbres que solí­an haver, e retengo para mí­ e para los que reynaren después de mi en Castilla y en León, el Patronadgo de todas ellas, e de todo su término, e en todo aquel mayor derecho que Patronadgo debe haver. E mando que los términos vayan para sí­, ansi como solí­an hir en tiempo de mi bisabuelo el Rey Don Alfonso, salvo ende, si el Rey Don Alfonso mi bisabuelo, o el Rey Don Fernando mi padre, o yo mismo, diésemos algún privillejo contra esto. E otro si, otorgo por mí­, e por todos los que reynaren des­pués de mí­ en Castilla, y en León, que no podamos dar la sobredicha villa de Orduña por feudamiento a hombres del mundo… sello de plomo. “Fecha la carta en Santo Domingo de Silos, por mandado del Rey a cinco de febrero en la era de 1294 (años de Christo 12…. ) E yo el sobredicho Rey Don Alonso… Por hacer bien y merced al Concejo de Orduña, otorgamosle que vala, como en tiempo del Rey Don Alfonso nuestro abuelo e del Rey Don Sancho nuestro padre. Fecho el privillejo en Toro a 3 de junio, era de 1334 (año de 1296) Ruy Pérez, chanciller mayor, lo mandó hacer por mandado del Rey e del Infante Don Enrrique su tí­o, e su tutor. E yo Juan Dí­ez la fice escribir en el año segundo que el Rey sobredicho reynó. Ruy Pérez, Joan Garcí­a Pérez e el Rey Don Alfonso lo confirmó. Fecho el privillejo en Valladolid a 8 de junio de la era de 1364 en uno con Dª Constanza su muger”.

Le confirmó el Rey Don Enrrique el segundo, llamado el Bastardo, con la Dª Juana su muger, y el Infante Don Juan su hijo, en Toledo era de 1408 (año de 1370, en el segundo de su reinado).

Le confirmó el Rey Don Juan el primero en Burgos a 20 de agosto era de 1417 (año de 1379 en el 1º de su reinado).

Le confirmó el Rey Don Enrique III llamado el enfermo, en Burgos a 20 de febrero año de 1392, cuando ya la era de Cesar era quitada.

Confirmole el Rey Don Juan el II, estando bajo de tutela en Alcalá de Henares a 20 de marzo de 1408.

Confirmole el mismo rey, gobernando los reynos, en Valladolid a 20 de marzo de 1420.

Le confirmaron los Reyes Católicos, estando en Barcelona a 25 de julio de 1481 con palabras muy honradas, y valederas a Orduña, diciendo: “Lo confirmamos, acatan­do e considerando los muchos y buenos, y señalados servicios que la Ciudad de Orduña e su tierra, e vecinos, e moradores de ella nos hicieron, e hicieron sus antepa­sados a los Reyes… e guardadose, e defendidose para mi Corona Real; e por los traba­jos e muertes, e daños, e peligros, e gastos que haví­an recivido en sus personas e haciendas por los guardar e defender. E otrosí­ por los buenos servicios que nos hicie­ron en tiempo de nuestras necesidades en la guerra de Toro contra el Rey de Portugal, como en el cerco que tubieron sobre el castillo de Burgos, y en la guerra contra los Franceses que tení­an cercada la villa de Fuenterrabia, y en la defensa, y reparos de ella, y en las Armadas que mandaron hacer en el Señorí­o contra Colón, capitán del Rey de Francia, e contra el Turco. E porque de ellos, e de los dichos sus servicios, quedase e permaneciese perpetuamente memoria, e ellos, y los que después de ellos gozasen de los privillegios… e fuesen ciertos e seguros, que Nos, ni los reyes que después de Nos reynasen en estos reynos, otorgamos que no daremos, ni enajenaremos, ni dividiremos, ni apartaremos la dicha ciudad, ni su tierra, ni jurisdicción, ni cosa alguna, ni parte de ello de la dicha mi Corona Real, salbo que la tendremos en uno, con el nuestro Condado, e Señorí­o de Vizcaya, para nos, e para nuestra Corona Real. A 25 de julio de 1481”.

5.- Continuación de las noticias históricas

En el año de 1288 conquistó a Orduña y a Balmaseda el Rey Don Sancho el Bravo, nieto de San Fernando, e hijo del Rey Don Alonso el Sabio. Esteban de Garibay dice en su crónica del Rey Don Sancho al capí­tulo cinco las palabras siguien­tes: “En el siguiente dí­a el Rey Don Sancho entró en Calahorra, y luego en Alcanadre y Logroño, donde dejando preso al Infante Don Juan…”

Es el caso (para entender esta prisión) que habiendo pasado el Rey Don Sancho desde Soria a la villa de Alfaro con la reina, y muchos personajes para concentrarse con el Infante Don Juan, y con el Conde Don Lope Dí­az de Haro, Señor de Vizcaya, un dí­a en que todos estaban juntos, tratando de su concordia, dijo el Rey a los dos que le diesen libres sus fortalezas; y sino quedarí­an presos allí­ hasta que se las entregasen. A esta demanda, el Conde no solo respondió al Rey palabras muy descomedidas, mas pidiendo favor a los suyos, echaron mano a las espadas el Infante y el Conde, el qual arremetiendo contra el Rey su Señor, fue muerto cortándole una mano con la primera herida. El Infante Don Juan, habiendo herido a Sancho Martí­nez de Leyba, y a Gonzalo Gómez de Manzanedo, viendo muerto al Conde su suegro, echó a huir al aposento, y amparo de la Reyna Dª Marí­a su cuñada, y si no fuera por ella, el Rey Don Sancho le hubiera muerto con sus propias manos; pero siendo preso fue puesto en hie­rros.

Supuestos estos antecedentes, dice pues Garibay, “que dejando preso en Logroño al Infante y quedando allí­ la Reyna Dª Marí­a, que preñada estaba, al descan­sar (aunque pasó luego a Santo Domingo de la Calzada) fue el Rey sobre la villa de Haro, y puesto caso que halló grande resistencia tómola por fuerza, y lo mismo se hiciera primero del castillo de Treviño”.

“A Dª Juana muger del Conde muerto, que a Santo Domingo viniera a berse con la Reyna, rogó el Rey Don Sancho, procurase apaciguar, y sosegar a su hijo Don Diego López de Haro, nuevo Señor de Vizcaya, y le harí­a mercedes. Aunque ella res­pondió de sí­, hizo lo contrario, de tal manera encendiendo a ira y benganza al lastima­do corazón de Don Diego López su hijo, que poniendo en salvo en el reyno de Navarra, su hermana Marí­a López de Haro, mujer del Infante Don Juan, que preso quedaba, el mismo desnaturandose del reyno, pasó al Rey de Aragón. Al mismo reyno, haviendo venido Don Gastón, Vizconde de Vearne, fueron sueltos del Castillo de Xativa, los Infantes Don Alonso y Don Fernando de la Cerda, a cabo de diez años que estaban presos, y Don Alonso Rey de Aragón, estando en la Ciudad de Jaca, hizo venir ante sí­ a los Infantes hermanos, del los cuales al Infante Don Alonso como primogéni­to hizo alzar por Rey de Castilla y León en la misma Ciudad de Jaca en principio del mes de septiembre de este año, y luego al Infante Don Alonso recibió por Rey y Señor Don Diego López de Haro, besándole la mano, como a Rey de Castilla y León”.

“Savido esto por el Rey Don Sancho, vino con la reyna Dª Marí­a su muger a Victoria, donde parió un hijo llamado Don Enrrique, haviendo llegado a la sazón el obispo de Astorga con la resolución de su embajada. De Victoria salió con muchas gentes de guerra el Rey Don Sancho contra las tierras de Don Diego Lí²pez de Haro, Señor de Vizcaya, y ganó a Urduña, y su castillo; y en los confines de La Rioja a la Bastida y Ocio, con otros pueblos que por Don Diego apellidaban el nombre del Infante Don Alonso de la Cerda, llamándole Rey de Castilla y León, de que harto se escandalizava el Rey Don Sancho”.

“Quando Don Diego López de Haro, Capitán General de la Frontera, hermano del Conde Don Lope Dí­az de Haro, Señor de Vizcaya ya muerto, se certificó de la muerte del Conde su hermano, temiendo de sí­ otro tanto, se fortificó en Carmona, mas el Rey Don Sancho, asegurándole la vida, y más ofreciéndole el Señorí­o de Vizcaya, mediante el Maestre de Calatrava Don Diego, vení­a hacia donde el Rey anda­ba con su ejército, y llegado a Aranda de Duero, aun no se fiando del Rey, pasó con todos los suyos a Aragón Don Diego López de Haro su sobrino, el cual andando mui ocupado, para entrar a correr las tierras de Castilla, falleciendo en Aragón, por su muerte sucedieron en el Señorí­o de Vizcaya muchas turbaciones, Como el discurso de la chronica irá notando. Por las rebeliones de los Don Diegos, sobrino y tí­o, el Rey Don Sancho, después que tomó a Portilla de Torres, envió contra Vizcaya a Don Diego López de Salcedo, el cual se apoderó de cuantas torres, castillos y casas fuertes habí­a en Vizcaya; y después puso cerco a la Torre de Unzueta, que la historia de este Rey Don Sancho llama castillo, cuyo Señor en estas revueltas tení­a la voz y parte de Don Diego López de Haro, y del Conde su padre ya muerto; mas Don Diego López de Salcedo, nunca pudo tomar esta Torre aunque la combatió reciamente, cuanto posi­ble era, con hartos ingenios e instrumentos militares que en la milicia de este siglo se usaban”.

Continúan las desavenencias a principios del siglo XIV sobre la propiedad y posesión de Orduña.

Don Diego López de Haro, vigésimo Señor, recuperó a Vizcaya, ocupada como hemos visto por el Rey Don Sancho el Bravo, en 1288. Pero no recuperó a Orduña, como lo expresa el mismo Garibay, diciendo al folio 237 del 2º tomo “que contraviniendo Don Diego a los mandatos de la Reina Dª Marí­a, viuda del rey Don Sancho, tomó el Señorí­o de Vizcaya, que sin tardar se le dio, excepto Urduña y Balmaseda”.

Entre los varios conciertos que este Don Diego celebró con su sobrina Dª Marí­a López de Haro la Buena, fue uno (porque era hija de su hermano Don Lope, deci­moctavo Señor de Vizcaya) que en muriendo él, habrí­a ella a Vizcaya, Durango y las Encartaciones, como legí­timas Señora y sucesora; quedándose sin Orduña y Balmaseda

(2) porque estos dos pueblos se dieron por Juro de herencia a Don Lope Dí­az de Haro (hijo del citado Don Diego) que entonces era mayordomo del Rey Don Fernando cuarto, conocido en la historia de España por el Emplazado.

De este Don Lope, mayordomo del Rey, dice Lope Garcí­a de Salazar que escri­bí­a sus Bienandanzas y fortunas ciento y cincuenta años después, en su libro veinte, que dejó dos hijos llamados Don Diego y Don Pedro Dí­az, y que por haber fallecido estos sin sucesión legí­tima tornaron los nombrados lugares a la Corona de Castilla.

Los conciertos del Don Diego mencionado arriba con su sobrina Dª Marí­a Dí­az, se hicieron el año de 1308 en Valladolid, como se expresa en la chronica del Rey Don Fernando 4º el Emplazado, capº 39. Las condiciones de estos conciertos, según la misma chronica, fueron estos “Hechos muchos tratamientos sobre ello (dice) asose­garon el pleyto con Don Diego y Don Lope su hijo que acuciaba a Don Diego que hiciese este pleyto en esta manera. Que Don Diego fincase en Vizcaya, Orduña y Balmaseda, y las Encartaciones, y Durango, en toda su vida; y después de su vida, que fincase Vizcaya y Durango, y las Encartaciones a Dª Marí­a Dí­az, mujer del Infante Don Juan y a su hijo, y a otro hijo o hija que ella oviese del Infante Don Juan”.

“Los vizcaynos hicieron solemne homenage a Dª Marí­a Dí­az, que la tomarí­an por heredera derecha del Conde Don Lope su padre, y por Señora de Vizcaya, después de la vida de Don Diego; y que los castilleros de Vizcaya, le hiciesen este mismo ome­nage; y que fincase a Don Lope, Orduña y Balmaseda. Otrosi, que todos los otros heredamientos que son de fuera de Vizcaya, que eran del Conde Don Lope, y de Don Diego, tanvien de patrimonio, como de abolengo, como los que heredavan a Dª Urraca Dí­az, salvo ende, a Santa Olalla que habí­a de tener Dª Marí­a Dí­az, o sus hijos en vida de Don Diego. Y que después de su vida que la entregasen a Don Lope, y a los otros sus hijos de Don Diego: y demas de esto que diese el Rey a Don Lope por heredad a Miranda, y Villalva de Losa”.

Hasta aquí­ los conciertos, según la citada crónica.

Sábese por la misma crónica, que el Don Fernando cuarto, habia ofrecido a Don Diego la villa de Haro. Pero después estando en Burgos el año de 1311 a 21 de enero, el mismo Rey dio por nulos los conciertos hechos entre Don Diego, y su hijo el Infante Don Juan, y Dª Marí­a su mujer.

La escritura de esta retractación del Rey, la copia por singular, Don Lorenzo de Padilla, en sus Señores de Vizcaya, vida de don Lope; pero luego que el Rey declaró a Don Diego y a Don Diego su hijo por Señores de Vizcaya, con Orduña, Balmaseda, y los otros lugares, el Infante Don Juan conmovió contra el Rey a Don Juan Manuel su primo-hermano, a Don Alonso de Haro, Señor de los Cameros, y a Don Sancho, Señor de Ledesma su sobrino.

Con esto, entró el rey en temores de alguna turbación, y desistió de lo mandado; y aun rogó a su madre (la muy celebrada, virtuosa, respetada, y prudentí­sima Dª Marí­a de Molina) que cuidase de hacer amigos al Infante Don Juan, a Don Diego y a Don Lope.

Don Luis de Salazar y Castro, nuestro famoso genealogista, crí­tico e historiador Don Luis de Salazar y Castro, digo, ilustró admirablemente este periodo de la historia de España, y de los Señores de Vizcaya, a principios del siglo decimocuarto. En 1723 publicó en Madrid, su tomo en cuarto intitulado: “Reparos históricos, “sobre los doce primeros años del tomo 7º de la historia de España, del doctor Don Juan de Ferreras, bibliotecario del Rey”. Véanse en él las páginas desde 64 hasta la 83, y desde 106 hasta 152 inclusive, donde este sabio historiador pone los conciertos que se hicieron, los aca­sos, las circunstancias, y las personas que intervinieron. Pone las pretensiones que hubo, sobre el dominio y posesión de Orduña con todo lo demás que se lee con gusto en los lugares citados.

Cortes de Burgos

Poco tiempo después de estas desavenencias, pretensiones y ajustes, esto es, en el año de 1315, vemos a Orduña en las Cortes de Burgos, concurrente a todas las pro­videncias y acuerdos que en ellas se hicieron, como las demás Ciudades, y Asociaciones, como el Cuerpo de la Nobleza que asistió por medio de sus representan­tes, y como se ve en el documento auténtico de las mismas Cortes.

Los comisarios – apoderados y representantes de Orduña fueron Lope de Ochoa, y Fernan Sánchez; y el orden en que los pueblos y ciudades asociadas están puestas es este:

1ª…………….. Burgos 2ª ………………. Vitoria 3ª ……………….. Santo Domingo de la Calzada 4ª ……………….. Orduña 5ª………………… Frí­as 6ª………………… Medina de Pomar.

Así­ se van nombrando con sus Procuradores, y son cien pueblos y ciudades de toda España.

Los Fijosdalgo, Caballeros, y Omes buenos fueron ciento y tres, contadas sus fir­mas.

El tí­tulo o encabezamiento que se puso a las Cortes es este: “Hermandad que hicieron los Caballeros o Fijosdalgo de estos reinos en la minoridad del Rey Don Alfonso el onceno para defenderse de los tuertos que les hiciesen los tutores, la Reina Dª Marí­a, Don Juan y Don Pedro Infantes. En que entran también los Concejos de las Ciudades, Villas y Lugares de estos Reinos. Fecha la carta en Burgos, año de 1315”.

El Rey Don Alfonso undecimo llamado el Vengador, hijo y sucesor de Don Fernando, estaba todaví­a en la cuna cuando subió al trono. Cuatro partidos, y todos poderosos, se disputaban la Regencia. La Reina Doña Marí­a, abuela del nuevo rey; Constanza de Portugal, su madre, el Infante Don Pedro su tí­o y el Infante Don Juan su [en blanco]. ————————————–Pero la Reina Dª Marí­a por su insigne prudencia tuvo la gloria de pacificar a Castilla. Renunció a la Regencia a favor de su hijo, y del Infante Don Juan, reservándose solamente la tutela y la educación del joven Rey; pero a pesar de esto, ella mandó con su consejo mucho más que los otros parti­dos con su autoridad. Ya habí­an precedido en 1312 y 1313 las Cortes de Palencia y Valladolid, sobre la minoridad del Rey, la Regencia del reino y demás cosas concer­nientes a aquella crí­tica y revuelta situación. Pero las de Burgos sobre todas manifiestan cuan grande es el derecho, y la autoridad de los Pueblos para moderar los excesos, conservar í­ntegramente la libertad, restablecer la buena administración de justicia. Reflexiónese pues, sobre su tí­tulo. Para defenderse dice de los excesos, y tuertos de los tutores que eran la Reina Dª Marí­a de Molina, abuela del Joven Rey, el Infante Don Juan su cuñado (hijo del Rey Don Alonso el sabio) y el Infante Don Pedro tí­o del Rey, hijo de la Reina Dª Marí­a.

Algunos autores hablan de estas Cortes como de un insigne monumento, de una memoria tan excelente como recomendable para enseñanza de todos los siglos, por las saludables, y muy acertadas leyes que en ellas se hicieron.

Los procuradores Ochoa y Sánchez que Orduña envió a estas famosas Cortes por sus representantes, acreditan que Orduña en aquel tiempo no estaba firme, y perma­nentemente unida al Señorí­o de Vizcaya, pues entonces ya estaba poseí­do sin contien­da alguna por el Infante Don Juan, tutor del Rey, que además, se hallaba presente en las mismas Cortes, y por su mujer Dª Marí­a Dí­az de Haro, la Buena.

Antes de concluir este asunto, veamos como pensó y como se explicó sobre las Cortes de Burgos Don Luis de Salazar y Castro, cuyo voto vale por muchos. En el tomo ya citado de los Reparos Históricos, a la página 495 dice lo siguiente: “Aunque ya observamos que este género de contratos y confederaciones de recí­proca fuición era común en aquel siglo (el 14) acordare aora otro egemplo más concluyente, por immediato y por echo para el mismo caso de defenderse la Nobleza y el Pueblo de la violen­cia de los tutores, y de los poderosos. Por que como después de encargada la Regencia a la Reina Dª Marí­a y a los Infantes Don Juan y Don Pedro, se celebrasen Cortes Generales en Burgos el año de 1315 los dos estados de la Nobleza y pueblos, resolvie­ron hacer una confederación, que llamaron Hermandad, que los librase de los riesgos a que se conocí­an expuestos por los tiernos años de su soberano, y empieza en esta forma”.

“En el nombre de Dios amen. Sepan quantos este quaderno vieren, como nos los Cavalleros e los Fijosdalgo de la Hermandad de todo el Señorí­o de nuestro Señor el Rey Don Alfonso, et nos los fijosdalgo, y cavalleros, e homes bonos procuradores de las ciudades y de la villas de todo el Señorí­o del dicho Señor, que nos ayuntamos en estas Cortes, que nuestro Señor el Rey sobredicho, et los sus tutores mandaron facer en Burgos, veyendo los muchos males e daños e agraviamientos rescevidos fasta aquí­ de los homes poderosos. E por razón que nuestro Señor el Rey es tan pequeño que nos non puede ende facer haber derecho, y emienda fasta que nuestro Señor Dios lo llegue a hedad. Por ende todos abenidamente ponemos e facimos tal pleyto, y tal pos­tura, y tal hermandad, que nos amemos, y nos queramos bien los unos a los otros, e que seamos todos en uno de un corazón, y de una voluntad, para guardar señorí­o y servicio del Rey, y todos sus derechos que ha y debe haver. E para guarda de nuestros cuerpos, y de los que abemos, y de todos los nuestros fueros, e franquezas, y libertades y buenos usos y costumbres, y privillejos, y cartas, y quadernos que abemos todos, y cada uno de nos, e mercedes de los Reyes que tenemos e debamos haber en derecho”.

“E para que se cumpla e se faga la justicia en la tierra complidamente como debe, mejor que se non fizo hasta aquí­, y vivamos en paz, y en sosiego, porque quan­do nuestro Señor el Rey fuere de hedad, falle la tierra mejor parada, e mas rica, y mejor poblada para su servicio”. Este fue el Santo fin de aquella unión, y el principal medio de lograrle, expresa así­ el primer capí­tulo: “Primeramente ordenamos, que así­ los tutores, o alguno de ellos matare, o mandar matar, o lisiare, o mandare lisiar algún home de los Fijosdalgo, o de los de las villas de esta nuestra hermandad, sin fuero, y sin derecho que el tutor que esto ficiere, o mandase facer, que lo non hayamos mas por tutor, e que finquemos con los otros dos que nos lo guardaren. E si los otros dos lo ficieren, o lo mandaren facer, que los non ayamos mas por tutores. E si todos tres lo ficieren, o lo mandaren facer que los non hayamos mas por tutores del Rey, como dicho es, e que tomemos otro tutor, aquel que todos, o la mayor parte de nos enten­diesemos que cumplirán para ello. E si los dos tutores Don Johan y Don Pedro, lo ficiesen, o lo mandaren facer, y la Reyna nos lo guardase, que tomemos todos, o la mayor parte de nosotros tutor que lo sea con la Reyna, e el que así­ fuere tomado, que lo hayamos todos por tutor. E si la Reyna, o el tutor que tomasemos lo ficiesen, o lo mandaren facer, y non lo guardaren como dicho es, que los non hayamos mas por tutores, e que tomemos otro tutor, aquel que todos, o la mayor parte de nos entendié­remos que cumplirá mas para ello, como dicho es”.

“A este capí­tulo siguen otros 22, igualmente destinados a reprimir la violencia y conservar la Justicia y la Paz que recelaban ofendidas por el exorbitante poder de los tutores, y de los ricos hombres, y los juraron y hicieron pleyto omenage para su obser­vancia los cavalleros primero y con separación en número de 103, sin incluir algún Rico hombre. Y luego los Hijosdalgo, Cavalleros, y hombres buenos, Procuradores de las ciudades, y villas de Castilla, y León, Galicia. Extremadura y Guipuzcoa, empezan­do por Burgos, y después con interpolación de ciudades y villas. Vitoria, Santo Domingo de la Calzada, Orduña, Nagera, Logroño, Osma, Soria, Plasencia, Trugillo, Segovia, Avila, Calahorra, Madrid, Salamanca, Palencia, Cuenca, León, Zamora, Astorga, Toro, Badajoz, Ciudad Rodrigo, Orense, Lugo, y Oviedo, sin nombrar Ciudad alguna de Andalucí­a, ni del Reyno de Murcia, ni aun la de Toledo. Y todo lo acordado pareció tan justo a los tutores, Reyna Dª Marí­a, y Infante Don Juan y Don Pedro, que lo confirmaron con juramento de guardarlo”. “Et nos, veiendo (dicen) que era servicio de Dios y del Rey, y nuestro, y pro y guarda, e amparamiento de toda la tierra, tobiemoslo por bien”. “Y mandaron hacer un quaderno de todo, para cada una de las Ciudades y villas, y que en todos se pusiese el sello del Rey, y los suyos en Burgos a 2 de julio era de 1353, que es el año de 1315. Este instrumento puso el Conde de Mora en el tomo 4º de sus privilegios; y el sabio Licenciado Gil Ramí­rez de Arellano le copió del original de la villa de Briones. Don Antonio Suarez de Alarcón estampó parte en el Apéndice de las Relaciones Genealógicas de su casa donde es la escrit. 35 pag. 33; pero aquí­ le teneis entero, y corregido por mí­, con el original que se dio a la Ciudad de Palencia, y se conserva en el Archivo de los Duques de Frí­as”.

Esto que dice Don Luis de Salazar del original que se dio a la Ciudad de Palencia, acredita que se hizo con los demás pueblos que constituyeron la Hermandad, y por consecuencia con Orduña. Sus Procuradores representantes como todos los demás debieron llevar el testimonio autorizado, y este precioso ejemplar debe estar en el Archivo de Orduña. El que llevaron a Cáceres sus Procuradores, es el que publicó su ilustre hijo y juicioso anotador Don [en blanco] de Ulloa en su tomo en folio de los Fueros de Cáceres a la pag. 145 y siguientes, que tenemos a la vista.

Orduña, Cámara de Vizcaya, en el siglo XIV y en los tiempos anteriores

Esteban de Garibay y Zamalloa, natural de Mondragón, escribí­a su compendio historial en 1560, y hablando de los sucesos del siglo anterior (en 1429) tomo 3º pag. 384 dice: “Entre los demás cavalleros que en estas Guerras serví­an al Rey Don Juan (Rey de Navarra) havia uno, esforzado capitán, llamado Sancho de Londoño, mariscal suyo, que descendí­a de la casa de Londoño que es cerca de Orduña, cámara de Vizcaya”.

1º. Garibay escribí­a esto 230 años ha; pero lo escribí­a refiriéndose a lo que era Orduña el siglo anterior, esto es, en 1429; y aun debe entenderse sin violencia su expresión extensiva a los tiempos más remotos. Lo escribí­a en Vizcaya, donde contaba, y era el concepto común, recibido en ella. Por este motivo, pone más su autoridad pri­mero que otras para probar el epí­grafe puesto a este capí­tulo.

2º. El erudito orduñés y anticuario, el Licenciado Andrés de Poza, en su tomo en 4º impreso en Bilbao año de 1587: De la antigua lengua y poblaciones de España, escribí­a 200 años ha, al capí­tulo. 15 lo siguiente: “Orduña Ciudad y Cámara de Vizcaya está situada en un valle muy fértil y ameno, al paso de la más áspera, y fragosa Peña del Reino. Su población antigua fue donde está ahora el Santuario de Nuestra Señora de Orduña la vieja; si no que después acá, el Rey Don Alonso décimo, en uno con Dª Violante su muger… Tiene la Ciudad, aldeas de su jurisdicción, y son las siguientes: Ripa, Cedélica, Lendoño de yuso y Lendoño de Suso, Velandia, Mendeica, Arteaga, y Poza”.

De la autoridad, del tiempo, y del concepto de este escritor, debemos decir lo mismo que de Esteban de Garibay, para que forme su juicio el lector imparcial, si estas apuntaciones llegan a sus manos.

3º. El sabio francés Arnaldo Oihenarto, en su Notitia Vasconia libro 2º capitulo 8, página 153, dice después de llamarla Orduña, Cámara de Vizcaya que por ser Cámara, Primary judices tribunal suum constitutum in ea habent. De modo que el Señorí­o tení­a en Orduña su tribunal con los jueces principales de él; por ser Cámara de Vizcaya. Arnaldo Oihenart, escribió su obra grandemente apreciada por todos los sabios a mediados del siglo pasado.

4º. El Padre Gabriel Henao que publicó la suya en Salamanca (era natural de Valladolid) siendo maestro de escritura sagrada, en 1694, en su 2º tomo de las Averiguaciones de Cantabria, al folio 208 dice: “De tiempos mui de atrás, fue Orduña Cámara de los señores de Vizcaya, como Patroní­mico suio, haviendo en su Archivo muchas cartas y cédulas de los Reyes, en que la intitulan Cámara del Señorí­o de Vizcaya. Por este respeto, se obligan casi en todas los privilegios los Señores y Reyes a no desunirla de Vizcaya; y quando se celebran las Juntas Generales del Señorí­o debajo

del Arbol de Guernica, el Asiento y voto de Orduña, es el cuarto, después de Bermeo, Bilbao y Durango. Véase al pie la nota sobre esta obra del Padre Henao”.

De la autoridad pasemos a los hechos prácticos que dan invencible prueba. Tenemos uno a la vista, que ya lo indicamos cuando se habló de la Coronica General del Rey Don Alonso el sabio, donde se pone a Guernica conquistada de los moros. Es este: El año de 1366 a 26 de abril, Don Tello, vigésimo quinto Señor de Vizcaya, expidió en su Cámara de Orduña el privilegio siguiente, para la población, que no habí­a de Guernica.

PRIVILEGIO

En el nombre de Dios, Padre, Fijo y Spiritu Santo, que son tres personas, e un Dios verdadero que vive e reyna por siempre jamás, e de la bien abenturada Virgen Santa Marí­a su Madre, a quien nos tenemos por Señora u por abogada en todos nues­tros fechos, o a honrra e a servicio de todos los santos de la corte celestial Amen. Sepan quantos este Privillejo vieren como yo Don Tello Señor de Vizcaya, e de Castañeda, e Señor de Aguilar e Alférez mayor del Rey Don Enrrique, con placer de todos los vizcaynos, fago en Guernica de parte de Luno, población e villa, que le dicen el Puerto de Guernica. Y do franco a vos los pobladores de este lugar que seades fran­cos e libres por siempre, como lo sodes, e de los que de vos venan, y de todos los pechos, e de todos veros. Tanvien de Fonsaderas, e de emmiendas e de oturas e de manerias como todas las otras cosas. Que ayades cumplidamente el fuero de Logroño,

e que vos mantengades por el noblemente, e bien en justicia, e en derecho, así­ en Omecillos, e en Caloñas, e en todos los buenos usos, e costumbres, como el fuero de Logroño manda. E que ayades Alcaldes, e jurados, e escrivano público, e sayón, e ofi­ciales vuestros vecinos, e no otro ninguno, porque cumplades de derecho a todo home que vos lo quiera demandar; e que la alzada pueda tomar la parte que se agrabiare para ante los Alcaldes mayores de Vizcaya, e dende afuera para ante mi.

Otro si mando, e tengo por bien, que ayades a vuestra vecindad, el solar de Juan Pérez de Dondiz, e el solar de Pedro Ibañez Dondiz, y en Guernica e el solar de Marta, e el solar de Pedro Ibáñez Ezquerra de Guernica, e en Saraspe el solar de Juan Pérez de Iturbe, e el solar de Juan Martí­nez Durecho, que es en Urrechua, e el solar de Pedro Pérez de Aloniz, e el solar de Pero Martí­nez Dirazabal, e en Videquien el solar de Juan Bueno.

Otro si mando que sea a vuestra vecindad el mortuero de Saraspe, e el solar de Juan Dichaaspee, e el solar de Juan Domí­nguez, e el solar de Pedre el rementero, e el solar de Sancho Dochaar en Uesquiza, el solar de Sancho Martí­nez, e en Lemandoro el solar de Martí­n Martí­nez, e en Urriberri el solar de Dª Toda, e el solar de Pedro de Morica, u Moxica, e en Gorritiz el solar de Pedro Ortiz de Garay, e el solar de Sancho de Garay, e el solar de Juan Bueno de Garay, e en Urrechua, hay el solar de tornero, e en Iturralde, hay el solar de Juan Baza, e en Mengoza el solar de Juan pie, e el solar de Juan Martí­nez de Gorguena, el solar de Dª Sancha, e el solar de Lope, e el solar de Pedro Domí­nguez Darribalzaga, e el solar de Juan de Doquiris, en Ibenarriaga, el solar de Marta Sánchez de Gogena, e el solar de Juan Martí­nez de Gogena.

“Otro si yo el sobredicho Conde por vos facer mas de bien, e merced, a vos los mis pobladores de la mi villa de Guernica, asi a los que agora hy sodes como a los que morarán de aquí­ adelante doy vos por siempre jamás por vuestros términos a vuestra vecindad de Busturia el Monte de apratis por los caminos de Vizcaya, a Mechica, e dende a Santa Marí­a de Iduibalzaga, e dende a Guerricas, e dende a la ferreria de Morga, e dende Arechabalaga, e a Ochetabaldana, e dende a Uehaa, e dende a Baidian, e dende a la rueda Duuda, e dende Ayona, e dende Albiz, e dende a Cuberorta, e dende a Astorca, e dende a las Cabas de Gurtiburo, e a la ferreria Doma, e dende Arteaga”.

“Otro si tengo por bien, e mando, que ayades e tengades el monasterio de San Pedro de Luno, con todos sus diezmos, e pertenencias, e derechos que al dicho monasterio pertenecen, para siempre jamás a buestra vecindad, e vos quededes e paguedes de renta de cada año por el dicho monasterio e iglesia, mil e ochocientos

maravedis a mi, o al que la mi merced vos embiase mandar que se los dedes los dichos mil e ochocientos cada año.

E porque todo esto es mi voluntad de lo facer, mandeles dar este mi privillejo, a los dichos mis vasallos, pobladores de la dicha mi villa de Guernica, sellado con un sello de cara, colgado pendiente, escrito en pergamino de cuero, en el qual privillejo escrivir mi nombre. Dada esta Carta e privillejo en la Villa de Orduña, a 28 dí­as de abril, era de 1440 (que corresponde a los años de Christo 1366) Yo Francisco Fernández la fice escribir por mandado del Conde de Vizcaya, e de Castañeda. Yo el Conde de Vizcaya”.

CONFIRMACIONES POSTERIORES

Confirman su privilegio, el Rey Don Juan primero, siendo Infante en Burgos, a 20 de febrero de 1372, intitulándose el Infante Don Juan fijo primero heredero del muy noble y muy alto mi Señor el rey Don Enrique e Señor de Lara, e de Vizcaya. Don Enrique tercero a 29 de agosto en Valladolid año de 1404. Don Juan segundo en la misma ciudad a 29 de marzo año de 1409. Don Enrique cuarto a 15 de marzo año de 1460 en la misma ciudad. Don Fernando y Dª Isabel en Barcelona a 12 de enero de 1493. Don Felipe segundo en Madrid a 20 de octubre de 1566.

Este privilegio original se guarda en el Archivo de la misma Guernica, donde le copió el Padre Henao, e le pone en su tomo 2º página 210. También se ve por él el cuidado con que se formó en Orduña, la menuda y puntual nominación de los solares que habí­a entonces esparcidos por los campos, y tierras del distrito que se privilegió para hacer Población. Y se ve en fin, que conservando a cada uno su propiedad (es nat­ural que para esto, y hacer la precisa especificación que se hizo, cada interesado presen­tase sus tí­tulos de pertenencia al escribano de la Cámara de Orduña, Francisco Fernández, que le fizo escribir) se formó en aquel siglo el Pueblo que no habí­a. Pues, ¿cómo le habí­an de poseer los moros?

6.- Siguen las noticias de los siglos XIV y XV

Hemos visto las admirables providencias acordadas en las Cortes de Burgos para asegurar la tranquilidad del Reino, en la menor edad del Rey Don Alonso el onceno por los años de 1315. Este reinado y los sucesivos, dieron que hacer a sus soberanos, como los anteriores; y se vio lo mismo en las desazones que causaron Vizcaya, Alava, y Guipúzcoa, ya respecto de sus Señores, ya respecto de sus mismos Soberanos.

En 1332 (el vigésimo de su Reinado) capituló con la Provincia de Alava, y en el campo de Arriaga, bajo de sus fueros, y condiciones que se pactaron por ante el secre­tario Juan Pérez, recibió en su Corona Real esta Provincia.

En 1443, en el reinado de Don Juan el 2º, los de la misma Hermandad de Alava, con licencia habida del Rey, se hicieron fuertes contra los Señores, y derrocaron las casas y torres de algunos Caballeros, no parando hasta cercar a Don Pedro López de Ayala, Señor de Salvatierra, y Merino mayor de Guipúzcoa, en su villa de Salvatierra, que es en la tierra de Alava. Pidió socorros a su primo el Conde de Haro  (Pero Fernández de Velasco) que estaba allí­ cerca, se los dio en persona con 500 lan­zas, y 4000 infantes. Los alaveses, y sus Hermandades fueron derrotados, quedaron muchos muertos, y prisioneros, y muchas de sus casas enteramente arruinadas.

En 1448, quemó a Mondragón para apoderarse de la provincia de Guipúzcoa Don Beltrán de Guebara, Señor de la villa de Oñate, y de mucho poder. Fue preso por él, porque Mondragón era realengo, y pagó su delito.

En 1450, las Hermandades de la provincia de Guipúzcoa, derribaron y quema­ron con mano armada en el mismo Mondragón una torre y casa fuerte que tení­a allí­ el Don Beltrán, Señor de la villa de Oñate.

En 1470, sabado a 27 de abril, se dio la batalla de Muguia, donde el Conde de Haro fue vencido por la infanterí­a vizcaina, que llevaba contra el Conde de Treviño, por vengarse de unos desaires de la Condesa de Haro, confederándose para esto con Pero López de Padilla, Adelantado de Castilla, y con Pedro de Avendaño.

El Rey Henrrique IVqueriendo estorbar semejante guerra, pasó aceleradamen­te a Burgos. Supo la batalla que ya se habí­a dado. Marchó a Orduña, y se detuvo para hacer su Consejo, y proveer al remedio.

Desde Orduña, mandó decir a los dos Condes que dentro de tercero dí­a saliesen de toda Vizcaya, y Guipúzcoa, y que desde luego el Conde de Treviño, soltase todos los presos que tení­a, y habí­an sido prisioneros en la batalla de Munguia. Después los puso treguas, y habiendolos hecho amigos volvió a Burgos, según Garibay.

El Padre Henao dice en el tomo 2º página 207: “He hallado en papeles anti­guos, que se apoderó de Orduña el Mariscal Don Garcí­a de Ayala, Alcaide de su casti­llo, en tiempo del Rey Don Enrique 4º, no sin confirmación del mismo Rey, y aun de los Reyes Católicos que solo condescendieron por estar apretados con la guerra, y entrada del Rey de Portugal en Castilla. Pero los vizcaynos hicieron vivas instancias para que los Reyes Católicos revocasen la merced echa al Mariscal, por ser contra los privilegios de Orduña, y que así­ lo consiguieron a 5 de diciembre de 1477”.

Armas de la Ciudad de Orduña

En la Descripción de Vizcaya, escrita por Méndez de Silva, capí­tulo 3º se da por Armas a Orduña: Un escudo a mano derecha; un castillo fuerte, y a la izquierda un león agarrando una asta que se ve fijada en un pedestal, y por la parte superior de esta asta, una cruz formada de cuatro triángulos. Este autor fue mal informado.

Las verdaderas Armas suyas, con privilegio para usar de sello con ellas son: Un león abrazado con una bandera, y en ésta una cruz de San Juan. Por orla una Corona Real.

Los autores que escribieron el siglo pasado, y de cien años a esta parte, dicen que es tradición en Vizcaya, mereció Orduña el privilegio de Sello y Armas, por haber­se guardado, y resguardado en su Iglesia Matriz de la advocación de Santa Marí­a la Antigua, los Santos Oleos, y ornamentos sagrados de los demás templos, y iglesias de Vizcaya, esto es, en ocasión de hallarse todo ella alborotada, puesta en armas, y pugna. La tradición, no determina el tiempo; pero es verosí­mil que fuese en el Reinado de Enrique cuarto. En él hubo estas guerras intestinas de modo que obligaron al Rey a ir a Vizcaya, a castigar a muchos (Lope Garcí­a de Salazar, el historiador, fue uno) y a derribar sus torres, castillos, y casas fuertes. A la verdad, la Iglesia de Santa Marí­a, grande, de arquitectura gótica, y de mucha fortaleza, además de las murallas y castillos que la guarnecen, era muy digna, y suficiente para que en aquel caso la buscasen y se valiesen de ella.

Su jurisdicción

En el lugar que hemos copiado del Licenciado Poza, no le da más que ocho aldeas de jurisdicción a la Ciudad, y así­ serí­a cuando escribió su obra, pues ya van pasa­dos más de 200 años de su impresión en Bilbao. Las demandas judiciales, los pleitos que con frecuencia ocurren en este género de goces y posesiones, alteran mucho el estado de una centuria a otra. Orduña ha sufrido estos pleitos antes, y después del Licenciado Andrés de Poza.

Tocan pues, a su jurisdicción tres barrios que son: Aquejolo, Cedelica y Ripa

Y seis aldeas en buen estado que son éstas: Lendoño de abajo, Lendoño de arriba,Velandia, Mendeyca, Arteaga, Poza.

En esta posesión la consideramos a fines de este año de 1788, y del Reinado feliz del Señor Don Carlos III.

Continuación del siglo XV y reinado de Don Juan el segundo

En un códice manuscrito de aquel tiempo, que fue de Don Luis de Salazar y Castro, el cual tenemos a la vista, hallamos que Orduña también tuvo posesión (en 1418) de las aldeas inmediatas, Delica, Tertanga, Aloria, Artomaña y Arbieto.

Este manuscrito es histórico y genealógico de la Casa de Ayala, y de otras fami­lias, casas, y apellidos de la misma tierra, Alava, y Vizcaya. Está escrito con los caracte­res de aquel siglo, sin nombre de autor. Consta en el que fray Fernand Pérez de Ayala (este es el fundador del convento dominico de San Juan de Quejana, junto a Respaldiza, y a dos leguas de Orduña. Gran cortesano, padre del famoso Pedro López de Ayala, canciller de Castilla, y cronista de sus Reyes; y el mismo que al fin se hizo fraile dominico, y puso pleito a Orduña por aquellas aldeas) ganó en la chancillerí­a de Valladolid a 14 de junio del citado año de 1418, una sentencia contra Orduña que extractaremos en la forma siguiente, por hacerse en ella un relato muy difuso.

Sentencia sobre varias aldeas de las cercaní­as de Orduña

Siguiose pleito en el reinado de Don Juan el segundo ante los oidores de la chancillerí­a de Valladolid, entre Fray Fernand Pérez de Ayala, de una parte, y la villa de Orduña de otra; y a su nombre Martí­n Fernández procurador de ella, sobre haberla demandado Fr. Fernand Pérez de tener entre sus lugares, y aldeas de Ayala, que siem­pre fueron suyos, de su Señorí­o e Infanzonazgo, las aldeas de Delica, Tertanga, Aloria, Artomaña, y Arbieto en las inmediaciones de Orduña, las cuales habí­an poseí­do sus mayores, y antecesores en el Señorí­o de Ayala, sin oposición alguna, y la villa de Orduña, se las habí­a quitado sin oí­rle en juicio, debiendo tenerlas y poseerlas él, como

los demás lugares y aldeas del solar de Ayala. Que estando en esta posesión, el Rey Don Alfonso dio la dicha villa de Orduña a su hijo Don Juan, y entonces el Concejo sin razón y sin derecho a esfuerzos del Don Juan procedió a prender muchos de los moradores de las dichas aldeas, que fue muy contrario a los ordenamientos de las Cortes de Nagera, y de Alcalá de Henares. Que después por cartas y mandatos de la Reina Dª Catalina, madre de Don Juan segundo, Juan Hurtado de Mendoza (su vasa­llo y tutor cuando era infante) se desapoderó a Don Fray Fernand Pérez de Ayala de la posesión de dichas aldeas, entregándolas a la villa de Orduña, no obstante haber mani­festado al expresado Juan Hurtado de Mendoza una carta del Rey Don Enrique, padre de Don Juan, en que le mandaba defender, y amparar la posesión a Don Fray Fernand Pérez de Ayala.

En vista de esto Fray Fernand Pérez, que se consideraba deber volver a la pose­sión de las aldeas del mismo modo que le despojaron de ella, hizo su pedimento para este fin, ante los oidores de Valladolid, quienes en su consecuencia mandaron al Concejo de Orduña que dentro de término perentorio, enviase por su Procurador sufi­ciente, todos los recados que tuviese sobre la razón de pertenencia. Y al cumplimiento de este término pareció ante los mismos oidores Don Fr. Fernand Pérez, y les repre­sentó que ya los constaba la carta que le habí­an dado para emplazar a la villa de Orduña a que llevase estas justificaciones si las tení­a, sobre razón de los dichos Aloria, Tertanga, Arvieto, Artomaña, y Delica que a él le pertenecen, pues aunque habí­a sido Orduña emplazada para presentar sus recados de derecho, creí­a no lo hiciese por no tenerlos. Pidió a los oidores vieran los recados que él presentaba, por los que aparecí­a el derecho que tení­a a la posesión, que sin razón se le habí­a quitado.

Martí­n Fernández, Procurador de Orduña, dijo entre otras cosas, que Don Fray Fernand Pérez, no tení­a razón cierta para que le perteneciesen dichas aldeas de dere­cho, por herencia, por compra, ni por otro tí­tulo, y que en el nombre de Orduña, mostraba luego justo tí­tulo del lugar de Delica, Tertanga, Aloria, Artomaña, Corbieto, y Arcuito, y harí­a ver si se lo mandaban los oidores, que Orduña tení­a con justos moti­vos la tenencia de estas aldeas, tan de largo tiempo que memoria de hombres no habí­a en contrario, y que el Don Fr. Fernand Pérez no tení­a, ni podí­a tener acción a dichos lugares, si sabí­a por donde demandar a Orduña sobre ellos, a menos que hiciera lo que algún tiempo decí­a, esto es, tomar posesión de ellos, no pudiéndolo hacer por estar ocupada por Orduña; valiéndose de una mano de los hombres de baja esphera, a quie­nes largamente exhortarí­a, y prometerí­a darles alguna cosa, para que dijesen lo que no era, ni fue, declarando que querí­an ser vasallos de Don Fr. Fernand Pérez.

El Procurador de Orduña acudió a los oidores para que mandaran a Don Fr. Fernand Pérez, según el pleito por la ví­a ordinaria, y en su vista declararon, que ade­más de los recados y cartas que las partes habí­an presentado sobre la propiedad de que se trata, llevasen todos los demás autos que tuviesen, o podí­an tener, y si la parte de Orduña tení­a testigos con que demandar a su contrario, se lo representaran para man­darlos examinar. Después de esto, a pedimento de ambas parte se mandó a Juan Alfonso de Montoya, y a Pedro Sánchez de Santa Gadea, recibiesen las justificaciones que ante ellos presentasen Don Fr. Fernand Pérez, y el Concejo de Orduña, y ejecuta­do que fuera pasase todo dentro de cierto término a los oidores de la Audiencia de Valladolid, como así­ se ejecutó. En este estado, se comunicó traslado a plazo cierto a una y otra parte para alegar su derecho, con lo cual los oidores dieron el pleito por concluido, señalando plazo para la vista, y cumplido que fue este con vista del Proceso dieron la sentencia del tenor siguiente.

SENTENCIA

“Según lo razonado e allegado en el proceso del dicho pleito, que vos el dicho Concejo de Orduña que non probastes, ni bos obiestes posesión justa de los dichos logares, nin que ayades ganado el Señorí­o de ellos, por prescricción, nin en otra mane­ra alguna. Otro si fallaron, que el dicho Don Fr. Fernand Pérez, probó asaz complida­mente, e como el dicho Fr. Fernand Pérez tení­a e posehia los dichos logares por justos e derechos tí­tulos, en como fue despojado de la posesión de ellos sin orden de dere­cho; e por ende fallaron que los dichos logares con todos sus términos e montes, e pastos, que deven ser restituidos al dicho Don Fr. Fernand Pérez, e que vos el dicho Concejo de Orduña, que so destenidos de los tornar e restituir al dicho Don Fr. Fernand Pérez, e condenarombos en persona del vuestro Procurador, e al vuestro Procurador en persona de vos el dicho Concejo, a la dicha restitución, e mandarombos que entreguedes, e restituyades al dicho Don Fr. Fernand Pérez los dichos logares del dí­a de la data de dicha sentencia, fasta quince dí­as et non condenaron a ninguna de las partes en costas algunas, por quanto obieron razón de contender, e juzgando por su sentencia difinitiva, pronunciaron por todo así­, e mandaron dar esta nuestra carta de sentencia a la parte de Don Fernand Pérez, para vos en esta razón. Por que vos man­damos vista esta nuestra carta, o el traslado de ella, sí­nado de Escrivano público, con autoridad de Juez, o de Alcalde, que entreguedes, e restituyades, luego al dicho Don Fr. Fernand Pérez, o al que lo obiere de recabar por él, los dichos logares con todos sus términos, e montes, e pastos, bien e cumplidamente, según que él la dicha senten­cia de los dichos nuestros oydores se contiene e non fagades ende por alguna manera, so pena de la mi merced, e de seiscientos maravedis de esta moneda usual a cada uno  de vos; e demás si lo ansi facer e cumplir non quisieredes, mandamos por Adelantado mayor de Castilla, e al Merino, Merinos que por nos, o por él anduvieren en el dicho adelantamiento, e a Pedro López de Ayala nuestro Merino mayor en tierra de Guipúzcoa, e al Merino o Merinos que por nos o por el anduvieren en la dicha tierra, e a Juan Furtado de Mendoza, nuestro Prestamero mayor en Vizcaya, e al Prestamero, o Prestameros que por nos, e por él andudieren en la dicha Prestameria, e otros oficia­les qualesquier de la dicha tierra, o a qualquier o qualesquier de vos a quien esta nues­tra carta fuese mostrada, o el traslado de ella sinado como dicho es, entreguen e restituyan al dicho Don Fr. Fernand Pérez, o al que lo oviere de recabdar por él en los dichos logares, e términos con todos sus logares, e términos, e montes, e pasto, e que le pongan, e apoderen en la tenencia, e posesión, e de fundar en la dicha tenencia e posesión e non fagan ende al so la dicha pena a cada uno. E de como esta carta vos fuere mostrada, o el traslado de ella, sinado como dicho es, a los unos e a los otros, la cumplieredes, mandamos so la pena dicha a qualquier escrivano público que para esto fuere llamado, que de ende al que vos la mostrare testimonio, signado con su signo, porque nos sepamos en como cumplides nuestro mandato; la Carta leí­da dadgela. Dada en Valladolid, quatorce dí­as de junio de mil e quatrocientos e diez y ocho años: Don Juan Obispo de Zaragoza, Chanciller mayor del Rey. Diego de Corral. Pedro Fernández: e Albar Martí­nez de Corral, oydores de la Audiencia del Rey, la mandaron dar, porque fue así­ librada en la Audiencia. Yo Aparescio Rodrí­guez Escrivano del Rey la fize escribir = Marcos Alfonso = Vista = Pedro López”.

CONCLUSIí“N DE ESTE ASUNTO

Parece pues, que desde aquella época no comprende Orduña entre las aldeas de su jurisdicción las que expresa y determina esta sentencia. Andrés de Poza, que escribió 165 años después de ella, no hace mención de tales aldeas; y sí­ de las otras. Ya se ha visto, con autoridad del Padre Henao, que el Mariscal Don Garcí­a de Ayala, siendo (después de esta sentencia) Alcaide del Castillo de Orduña, por merced del Rey, se apoderó de la Ciudad. Este Mariscal de la casa de Ayala fue hijo, nieto o deudo del mismo Don Fr. Fernand Pérez de Ayala, que litigó con Orduña en el reinado de Don Juan 2º y el mismo también, que fundó el Convento de monjas dominicas (Dueñas las llama en su Fundación) de San Juan de Quejana; y antes ya habí­a tomado el hábito, en el Convento de Vitoria.

7.- Quema de la ciudad en el siglo XVI

¿Apuntaremos desgracias, y decadencias de Orduña, en el primer tercio de este siglo, las cuales duraron por muchos años, siendo como lo fueron de difí­cil reparación? El año de 1535, se quemó el edificio en que se custodiaba el Archivo, y mucha parte de la Ciudad, hasta el número de cuatro calles. El Padre Henao dice, que este incendio fue en 1451, le equivocaron la cita. En los documentos que iremos copiando en ade­lante, y se hallan hoy en su Archivo, se verá comprobada la equivocación, y lo que se hizo para ir reparando los daños del fuego.

Apenas se habí­a acabado el pleito de más de 40 años de duración; el pleito mal empeñado, entre la Ciudad y sus vecinos, y señores de las casas que estaban arrimadas en la Plaza a la cerca o muralla vieja, sobre edificar astiales (portales) corredores, y sale­dizos pagados a la misma cerca, o muralla, cuando la sobrevino aquella memorable

desgracia. A 5 de noviembre de 1495, se habí­a pronunciado la primera sentencia dada en Orduña por su Alcalde Ordinario, el honrado Ochoa Sánchez de Orozco: y la segunda arbitraria, pronunciada en Orduña (sobre juicio compromisario) a 13 de sep­tiembre de 1508, por el Licenciado Vela Núñez de Avila, Corregidor de Vizcaya, corrió sus trámites por muchos años después.

Véanse al pie estas sentencias. Continuaremos aquí­ las providencias que desde aquella ruina se tomaron por Orduña, para su reparación.

Primera. Real provisión despachada en Madrid a 23 de febrero de 1536 por los Señores Don Carlos V, y la Reina Dª Juana su madre, con acuerdo de los de su Consejo, y a instancia de Ochoa López de Luyando, Procurador de la Ciudad de Orduña, en la cual le concedieron facultad para imponer sisa, sobre las mercaderí­as, o en aquellas cosas que la pareciere, hasta en cantidad de dos mil ducados, para remediar los daños que habí­a ocasionado el incendio acaecido en ella por el mes de octubre de 1535.

Segunda. De los mismos Reyes, dada en Madrid, en el mismo dí­a, mes y año que la anterior, a pedimento de la Ciudad, sobre que los Alcaldes mayores, y ordinarios de Ayala, diesen y admitiesen en sus respectivos pueblos, casas públicas a los vecinos de Orduña, y los asistiesen con todos los mantenimientos, y utensilios necesarios, sin que por ellos se les cargasen pedidos de moneda, ni otros derechos, durante el tiempo que residiesen en los expresados pueblos, aguardando a que se reedificase la mencionada Ciudad de Orduña, de las ruinas del fuego.

Tercera. Otra despachada en Madrid en el mismo dí­a, mes y año que las anterio­res, y por los expresados Señores Reyes, para que los escribanos de sus audiencias, y chancillerias, y otros cualesquier donde la Ciudad de Orduña tení­a presentados sus privilegios, y otros papeles, la entregasen, o en su nombre a sus procuradores, testimonios de ellos, signados de sus signos, sin derechos algunos, mediante la pobreza en que habí­a quedado por el fuego.

Cuarta. Fue despachada en Madrid a 9 de abril de 1536, y cometida al juez de residencia del Señorí­o de Vizcaya, sobre que dejase, hiciese dejar sacar a los vecinos de Orduña que tení­an casas en algunos lugares, la madera, y teja de ellas, para fabricar en dicha Ciudad.

Quinta. Cédula de la Reina Nuestra Señora dada en Valladolid a 6 de junio de 1536, por la cual concede a Orduña para ayuda de reedificarse, 30.000 maravedis en cada un año de diez, en la Penas de Cámara que se exigiesen en el Condado y Señorí­o de Vizcaya, cuya Real Cédula, se cometió a los recaudadores, y tenedores de ellas para su cumplimiento.

Sexta. Otra de los mismos Señores Reyes, dada en Valladolid, a 2 de agosto de 1536, por la cual mandan a todos los corregidores, y gobernadores de todas las ciuda­des, villas, y lugares del Reino, que compelan, y apremien a todos los escribanos en cuyo poder parasen los registros de los Privilegios de Orduña, que los presenten ante ellos, y con su autoridad se saque testimonio, y se la entreguen pagando a los escriba­nos sus derechos.

Séptima. Otra despachada en Madrid a 13 de abril de 1536, prorrogando por cinco años más a la expresada Ciudad, de que no pagase al corregidor, o juez del Condado de Vizcaya los cinco mil maravedis que tení­a sobre las rentas, y propios de dicha Ciudad.

Octava. Otra dada en Valladolid a 30 de mayo de 1548, mandando a los recep­tores del Condado y Señorí­o de Vizcaya hiciesen pago a dicha Ciudad de los maravedi­ses que se la estaban debiendo de los consignados en penas de cámara para reedificar dicha Ciudad.

Cí‰DULAS SUELTAS

Primera. Dada en Madrid por los citados Señores Reyes a 28 de febrero (está comido el año) sobre que los vecinos de Orduña que habitaban en los lugares de las inmediaciones por causa del fuego acaecido, en tanto que reedificasen casa en dicha Ciudad, acudiesen con sus causas y negocios ante los Alcaldes Ordinarios y Mayores de ella, como lo hací­an antes del fuego.

Segunda. Otra despachada por Señor Rey Don Felipe 2º (está roto el lugar de la data, y en blanco el dí­a y mes) de 1561, firmada de algunos del Consejo, y no registra­da, ni chancelada, ni subscripta de escribano de Cámara, por la cual parece que el Procurador de Orduña suplicó a S. M. se sirviese dar facultad para imponer hasta tres mil ducados de Sisa, sobre los mantenimientos, para reparos de la cerca, muros puer­tas, calles y otras cosas; lo que visto por S. M. mandó se recibiese información, o arbi­trios de donde pudiesen salir, y que con su vista proveerí­a de remedio.

Tercera. Otra del mismo Señor Rey, dada en Madrid a 28 de julio de 1584, por la cual da facultad a la citada Ciudad de Orduña para echar sobre los mantenimientos menudos, exceptuando el pan cocido, que se vendiesen en dicha Ciudad, hasta tres mil y cuatrocientos ducados en que estaba tasada, y rematada la fábrica de una alhóndiga, un matadero y carnicerí­a, reparos de un puente y caminos, previniendo en ella, que sacados que sean dichos tres mil y cuatrocientos ducados cese la imposición.

A esta marcha, y con tan buenos auxilios de la piedad de los Reyes se pudo ir reedificando aquella parte de la ciudad, y de edificios principales que devoraron las lla­mas. Cuatro calles fueron las que se quemaron, y según la tradición; acreditada por los vestigios que todaví­a permanecen, fueron calle Vieja (a su cabeza por un ángulo de la plaza estaban, y están las casas consistoriales, con el archivo) calle Francos, calle Horruma, y calle de San Juan, que todas corren de norte a sur.

Posteriormente, en el año cuarenta de este siglo, se padeció otro desastroso incendio en el precioso Archivo de su suntuosa Iglesia de Santa Marí­a, situada a la parte oriental de la Ciudad, haciendo extremo por ella. Esto mismo pudo causar su desgracia, excitando la codicia, y el atrevimiento de los ladrones que le pegaron fuego para robar la plata y alhajas, que, según fama, habí­a en él, porque se puede decir, que la Iglesia en aquella situación, es un desierto, sin casas, ni vecinos que la custodien, ni acompañen por la espalda y los costados. Al olor del dinero, nacen los ladrones, no les arredran los peligros. No respetan el sagrado. ¿Pues qué serí­a, en la impunidad con que los convidaba la noche, y el desierto? De este incendio, y de los irreparables daños que causó a la Iglesia con la pérdida o quema de los antiguos papeles de su archivo, volveremos a hablar en su tiempo y lugar.

8.- Siglo XVII

Este siglo de la decadencia de España en su poder, en el influjo de sus monar­cas sobre todos los negocios, y intereses de los estados de Europa, en sus ejércitos y caudillos, en sus armadas navales y sus almirantes, en lo interior de sus pueblos, su población, agricultura, y rentas del erario, en las artes, las fabricas, el comercio y la navegación, en las costumbres, los estudios, las preocupaciones comunes, la elocuen­cia, y la poesí­a… Este mismo siglo fue el del aumento de las Fundaciones sobre la masa común del estado, de los pueblos, y las familias. Soberanos y particulares, devo­tos por costumbre, fundaron por todas partes con magnificencia ostentación, y lujo alguna vez. No importaba que alguna vez, quedasen a pedir limosna las familias de estos devotos magnánimos fundadores. Por eso dijo en aquel tiempo con ironí­a un polí­tico bellaco, y decidor, que para ganar el cielo, ya no se necesitaba más que dejar a los regulares cuanto tení­a cada uno en el suelo, y en la bolsa.

Nuestra Ciudad de Orduña tuvo por este tiempo un hijo poderoso, animado de los mismos sentimientos que querí­a beneficiar desde Lima (donde estaba viviendo) a la Patria, donde habí­a respirado sus primeros alientos. Don Juan de Urdanegui, caballe­ro de la Orden de Santiago, Marqués de Villafuerte, originario del solar de su apellido, en el valle de Gordejuela de las Encartaciones, natural de Orduña y vecino de Lima, casado con Dª Constanza Luxan y Recalde, de ilustre nacimiento. Este caballero habí­a servido al Rey por mar; y según dice un autor impreso, del siglo pasado, habí­a sido General de Marina.

Sus primeras ideas piadosas, fueron muy diferentes de las que se verificaron, que fueron las últimas; pues se sabe que de la Iglesia de Santa Marí­a, querí­a hacer una Colegiata, darle rentas, aumentar el número de sus beneficios, para que se sirviesen por hijos de la Ciudad, y establecer un aniversario, y alguna especie de Patronato a su favor, y de sus sucesores.

Se le pusieron dificultades; y entonces los Jesuitas, que no malograban las buenas ocasiones, se aprovecharon de la necedad o ridiculez de algunos particulares, que pre­ponderaban en Orduña más que la buena razón. Ellos se apoderaron de Urdanegui, de su dinero y su piadosa vocación, de modo que desde Lima se discutió el proyecto para un colegio de su ropa en vez de una colegiata canónica; y aun se dirigieron la fábrica, las dimensiones, y las economí­as.

En 1666 dio al Padre Felipe de la Pazesta memoria dispuesta, y acordada con los mismos Jesuitas, donde se ve cómo ataron su negocio, atando bien a su benefactor; y los intereses siempre a disposición del Reverendí­simo Padre General en Roma, y de los Padres Provinciales de Lima y de Castilla. Estos Padres Reverendí­simos, no les difi­cultaron el Patronato, ni los anuales sufragios como a los otros. El colegio se hizo al instante. Los cuarenta mil pesos efectivos a favor del clero de la Ciudad, para la limos­na de misa en la cantidad anual de 20000 pesos que darí­an de rédito, nunca parecie­ron. El buen Urdanegui, murió en manos de sus piadosos directores el año de 1682 en la misma capital del Perú. Dejó también en sus manos un hijo y cuatro hijas, cuyos  nietos andan por España, sin tener hoy que comer. En fin, para beatificar con la misma ropa al generoso benefactor, dice el Padre Gabriel Henao, su contemporáneo (tomo 2 pag. 208) que se hizo religioso, y profeso de la Compañí­a, tres dí­as antes de su fallecimiento y fue recibida su alma en los eternos tabernáculos.

La tal memoria dada al Padre Paz, es esta Instrucción y Memoria “del Capitán Juan de Urdanegui, para el Padre Felipe de Paz, Procurador General de la Compañí­a de Jesús a Roma, por la provincia del Perú, que hace viaje a España en este año de 1666”.

“El Capitán Juan de Urdanegui, quiere en servicio de Dios nuestro Señor, y beneficio de su patria, que es en la Ciudad de Orduña, en el Señorí­o de Vizcaya, fun­dar en ella un colegio de la Compañí­a de Jesús, donde sus vecinos tengan buena doc­trina, y administración de sacramentos, y sus hijos enseñanza de virtud y letras.

Este colegio ha de tener hasta diez sujetos u operarios entre Padres y hermanos,  o los que pareciere a M. R. Padre Provincial de la Compañí­a de Jesús, que son necesa­rios conforme a los ministerios que se han de ejercitar en él, que son los siguientes:

Ha de haber una escuela de leer y escribir, y doctrina cristiana para los niños de la Ciudad y los que vinieren de su comarca a que asistirá por maestro un religioso.

Un Padre que lea gramática y latinidad.

ítem otro Padre que lea catedra de teologí­a, moral, y casos de conciencia.

Los demás Padres acudirán a confesar, predicar, y ejercitar los demás ministerios espirituales que acostumbra la Compañí­a de Jesús, y especialmente asistir a los enfer­mos, y ayudar a los moribundos.

Dos de estos Padres, han de salir a misión dos o tres veces al año, a elección del Superior, a enseñar la doctrina cristiana, confesar, y predicar en los alrededores tres o cuatro leguas.

Para esta fundación, ofrece el Capitán Juan de Urdanegui, 10000 pesos en plata puestos en España para la fábrica de la Iglesia del dicho colegio. Item, treinta mil pesos más para que impongan a censo, y de los réditos se sustenten los religiosos.

Los diez mil pesos, o la mayor parte de ellos, se pondrán luego en España para que al punto se admita la fundación por el Padre General, y se conceda la licencia, se comience la fábrica de la Iglesia en el sitio que señalare.

Los 30.000 pesos se pondrán a renta y censo en esta Ciudad de los Reyes, sobre fincas seguras a elección, y satisfacción del Padre Provincial de esta Provincia del Perú, y se procurará para más seguridad que sea sobre las haciendas del colegio de San Pablo de Lima, u otro de esta comarca, aunque sea redimiendo otro censo para imponer éste.

En el í­nterin que se impone este censo se obliga el Capitán Juan de Urdanegui a pagar los réditos de él, y remitirlos a España en todas las Armadas, y se ha de entender, que comience a correr dicho censo, y la obligación de pagar sus réditos desde el dí­a que entraren los Padres de la Compañí­a de Jesús en la Ciudad de Orduña, a dar princi­pio a la Fundación, y obra de la iglesia y colegio, habiéndose concedido licencia de S. M. y del R. Padre general, y aceptado la fundación por la persona que tuviere poder del dicho capitán Juan de Urdanegui, y para mayor firmeza, y seguridad de la dicha renta en principal y corridos, obliga, e hipoteca el dicho capitán la estancia y hacienda de ganado ovejuno que tiene realenga en los llanos de Bombón que llaman San Marcos de Corpacaneha, que de presente renta en cada un año más de 5.000 pesos horros, para que se entienda que los dichos 30.000 pesos están impuestos sobre la dicha estancia, y hacienda, mientras no se impusieren en otra finca, y que el dicho Capitán Juan de Urdanegui no ha de poder enajenar la dicha hacienda, sino es con esta obligación, y como dicho es, se obliga a remitir los dichos 1.500 pesos de sus réditos todos los años a España en la forma que queda dicha.

Hacese esta situación de esta renta en este Reino, y en esta Ciudad de Lima, por la mayor seguridad de las fincas, respecto del trabajoso estado que tienen hoy todos los censos y fincas en España, pero si con el tiempo pareciere al Padre Provincial de la provincia de Castilla, y al Roo Padre General, que será mejor pasar a España los 30000 pesos, y que habí­a fincas o haciendas seguras donde imponerlos, se pasarán a España los 15.000 pesos en la primera armada. Y los 15.000 pesos en la siguiente.

Con los 10.000 pesos que el Capitán Juan de Urdanegui da para el edificio de la iglesia, y los 30.000 pesos para la renta, se entiende que ha cumplido con la obligación de dar todo lo necesario para la fundación del colegio, y tener merecido el tí­tulo de fundador y los sufragios que acostumbra la Compañí­a de Jesús.

La advocación del Colegio e Iglesia que fundare ha de ser de Jesús, Marí­a y José. Y ha de tener cinco altares, y la iglesia ha de tener de largo de 56 a 60 varas, y no más, según la forma, arquitectura y medida en el tamaño de las 56 a 60 varas, que enviare el Padre Felipe de Paz, Procurador General de Indias.

Conseguida esta fundación, tiene dispuesto el capitán Juan de Urdanegui de poner luego en ejecución diferentes obras pí­as para casar huérfanas, entrar monjas, limosnas a pobres vergonzantes, y mendicantes; renta para misas para los señores sacer­dotes de la Ciudad, y para el convento de nuestro Padre San Francisco que todo importa 40.000 pesos efectivos que están según la memoria de su testamento dispues­tos hoy, que su renta son 20.000 pesos cada año, que estos se convierten en beneficio de la república, sin otras muchas limosnas que se agregarán, habiendo Colegio de la Compañí­a, pues según su instituto no pueden recibir limosnas de misas, con que uno, y otro recaerá siempre en los señores sacerdotes de la República, y en beneficio común, que por faltar colegio en la Ciudad, no han experimentado estas y otras utilidades como se reconoce desde ahora, pues de no haberlo se malograrí­an todas estas obras pí­as, y lo demás que está referido”. Lima, año de 1666. Juan de Urdanegui.

La fundación tuvo efecto en todas sus partes. La iglesia hace fachada a la plaza, cerrando por aquella parte uno de sus cuatro ángulos interiores, haciendo ornato a su grande extensión. Corre una parte de este edificio por la colateral de calle de Burgos en proporcionada elevación. Es buena iglesia, en la pared de los costados del altar mayor, se pusieron los retratos de los fundadores en dos cuadros grandes de mala pintura, uno a un lado y otro al otro. Por la espalda del Colegio, quedó el terreno emi­nente del castillo a la parte del sur; y a la falda de esta eminencia, se pudo hacer una huerta regular para hortaliza, árboles frutales, y recreo en tal cual paseo retirado. Todo esto, no pudo llegar al cumplimiento de la primera centuria. Se extinguió el instituto; y se acabo la fundación. Más adelante se verá qué destino se le dio, y como está aliviando en el dí­a al común.

9.- Siglo XVIII

A este periodo debe la Ciudad muchos incrementos así­ en la parte material de sus edificios, casas, y ornato público, como en la esencial de su población. Consta que cien años ha, apenas tení­a trescientos vecinos. En este siglo se han hecho dos enumeraciones formales, y de ellas consta el aumento progresivo muy notable entre la una y la otra, y el corto espacio intermedio de 20 años. Esto se verá con exactitud, en el estado demostrativo que se pondrá a continuación, y en substancia resulta, que en el año de 1768, habí­a 1324 almas. En el de 1787, hubo 2224, que son 900 más. Considerando cada vecino por cinco personas de familia, resultan 449 vecinos, esto es 149 más que a fines del siglo pasado.

QUEMA DEL ARCHIVO DE LA IGLESIA DE SANTA MARíA

El actual Vicario Eclesiástico de Orduña Don Bernardo Ximenez Bretón, en carta de 13 de febrero de este mismo año (1789) se explica con estas palabras: “En el Archivo de nuestras iglesias, que quemaron por robarle el año de 40 ó 41 de este siglo (de que yo me acuerdo) no quedó papel alguno antiguo, ni moderno. Ellos fueron el primer pábulo del fuego, que llegó hasta derretir parte del dinero que se guardaba en él. Un libro que por casualidad, y fortuna se hallarí­a fuera en poder del escribano Don Manuel de Jócano, contení­a el inventario de las fundaciones piadosas, y por él, con autoridad económica superior, se pudieron ir sacando las escrituras que se hallaron en algunos Protocolos de los más modernos. De todo lo demás carecemos, ni hay a donde recurrir para buscar lo que nos falta”.

COLEGIO JESUíTICO

Expulsados de España los Jesuitas en 1767, se hicieron dos instituciones de este colegio vacante. A su iglesia se trasladó la Parroquia de San Juan que era de mala fábrica, y se demolió. Del colegio y habitaciones se hizo Casa de Misericordia, con dotación, reglas de gobierno, escuelas, maestros, y todo el orden a perpetuidad, y beneficio público.

PEí‘A DE ORDUÑA

Los antiguos y los modernos han hablado mucho de esta Peña; pero nunca pasan más allá de darla por una peña fragosí­sima, que los moros no se atrevieron a bajar, y por consecuencia se ha mirado en todos tiempos, como antemural inexpugna­ble de todas las tierras bajas de Orduña, Alava y Vizcaya. Uno de nuestros mejores his­toriadores y crí­ticos, Ambrosio de Morales, dice en consideración a esto (libro y capi­tulo 13) Vizcaya es cosa notoria que nunca fue perdida, y lo mismo se tiene de Alava y Orduña. Al pie de esta famosa Peña estuvo situada esta antigua población de quien toma su nombre, no sólo asegurado así­ por constante tradición, sino también por lo que escribió el erudito y licenciado orduñés Andrés de Poza, de más de 200 años a esta parte. La población antigua de Orduña, dice (Libro del Antiguo Lenguaje de las Españas, capí­tulo 15 folio 45) fue donde está ahora la ermita de nuestra Señora de Orduña la vieja. Esto es, un cuarto de legua más arriba de donde está la Ciudad.

Esta Peña fue sobre todas las demás de España como un muro, o un baluarte para embarazar los acometimientos, y barbaras irrupciones de los moros, en los siglos de su inundación, especialmente desde las tierras de Castilla que dominaba; porque esta Peña confina con los valles de Losa, Zuya, Urcabuztayez y Mena. Ella forma una escarpada, altí­sima cordillera de roca que corre del mediodí­a al norte, al poniente de la Ciudad misma. La elevación de este corte escarpado, se ve de largas distancias; si se toma por la parte superior, no hay planta humana que pueda, ni se atreva a bajarla; si se toma por la parte inferior, solo los buitres que bajan desde las cavernas de la roca a las hayas, que guarnecen su falda, la pueden superar, remontándose a las nubes, para tomar después su abrigo en ella.

Desde el pie de este escarpe, hasta la plaza de Orduña se pone una legua. Es una cuesta que baja en declivio de mayor a menor hasta la tierra llana, donde está situada la Ciudad. Feracisimo terreno de hayas, encinas y yerba el de toda esta cuesta, pues en ninguna estación del año, se agosta, ni se seca. Los seis meses primeros de él, suele estar cubierta de nieve, y la cubre hasta el Santuario de Nuestra Señora de la Antigua, desde el cual, ya empiezan a correr las viñas, y terrenos cultivados, hasta la otra parte de la Ciudad, y del rí­o. En el dí­a, se sube y baja la enorme peña de los antiguos imposibles militares, con la misma facilidad que se marcha por un valle. La necesidad de comunicación, el comercio de los puertos cantábricos con Castilla, en una palabra, el arte y el dinero, han hecho desaparecer todos los estorbos de la naturaleza. El Señorí­o de Vizcaya, pensó de veras en su propio bien, y en la importancia de allanar este paso. El año de 1764 envió a Madrid con esta comisión a su Diputado Don Domingo del Barco; el Marqués de Esquilache, Ministro de Hacienda, protegió sus  pretensiones, y despachó con felicidad. El Rey concedió facultad al Señorí­o para tomar dinero a censo: hacer el camino ví­a recta, desde Pancorbo en Castilla por la Peña y Orduña, hasta Bilbao, y para establecer el portazgo que hoy se cobra, no solo para pagar los intereses del dinero buscado a censo; sino también para la composición y futura conservación del camino que se hiciese.

La obra se hizo de una vez, a la romana. Se rompió, y se taladró la escarpada peña para darle un acceso franco, desde Orduña al primer descanso del lugar de Berberana, por cima de la cuesta; y desde allí­ a Pancorbo que dista ocho leguas de Orduña. Esta Ciudad contribuyó a la obra con veinte mil ducados. Su director (des­pués de otros que fueron, vinieron, y la retardaron demasiado)fue Don [en blanco] Calderón de la Barca, sacerdote que habí­a servido al Rey en el cuerpo de ingenieros, y después se retiró a la iglesia.

ADUANA REAL DE LA CIUDAD DE ORDUÑA

Cuando hay caminos francos para la comunicación, lo primero que se proporcio­na, y aumenta, es el comercio, la progresión y comunicación de las especies y frutos de recí­proca necesidad de unas Provincias a otras. Por poco que el Gobierno fomente este comercio interior, los pueblos agricultores, las arrierias de trají­n, la facilidad de los transportes, da movimiento a todo lo que sobra, y a todo lo que falta para la vida y la comodidad entre unas partes y otras. Por Bilbao un comercio extranjero de considera­ción; por Orduña el paso para el embarque y extracción de lanas de Castilla, que todo debe aduanarse en ella, sea porque va, o sea porque viene, ha hecho conocer al Ministerio de Hacienda que el edificio Real para estas prontas y seguras operaciones debe ser una aduana bien montada, una aduana capaz, y de oficinas bien dirigidas que faltaba en Orduña. Allí­ se sacaban cada año de 6 a 7 millones de reales libres para el Rey; pero sus vistas no tení­an una pieza donde hacer un reconocimiento ni donde echar una firma. Era preciso hacer Aduana de la misma calle, para que los tragineros no perdiesen su dí­a, o su jornada. A este punto, venció la urgencia de la necesidad.

Decidida la fábrica de la aduana, el Rey tomó la parte superior de la hermosa plaza, que por esta razón ha perdido ya su antigua figura quadrilonga. Un arquitecto de Vitoria, parece fue el encargado de elegir terreno, hacer la planta, y construir el edificio. Su proyecto, aunque nada tiene de grandioso, ni de real para ocupar lo mejor de una gran plaza, fue aprobado por el Ministerio de Hacienda. El buen arquitecto calculó toda su obra en 7.530.900 reales vellón. En los años de 1.787 y 1.788se han abierto los cimientos y se está levantando. Pero el cálculo sale errado. Con un millón de reales, se dice que no habí­a bastante; y se dice por el Gobernador de Vitoria o de aquellas aduanas, a cuyo cuidado corre el todo. A la verdad, una aduana que asegura tantos intereses al Rey, parece acreedora a mayor cantidad total de costo, que el de una séptima parte de sus productos ordinarios anuales; o no ponerse a hacerla nueva, y a sacar su planta en medio de una hermosa plaza.

ADUANA DE BALMASEDA

En este antiguo pueblo que media entre Bilbao y Orduña, se estableció una aduanilla por el Rey, subalterna de la de Orduña, a razón de que por él, hay un camino para subir a Castilla, camino, que a duras penas se puede transitar; y tanto más por la cadena de la gran peña que va corriendo por todas aquellas partes y pueblos de tierra de Ayala, ofrece muchas dificultades a los que no saben superarlas como los prácticos del paí­s. En fin, por este camino se llega a Burgos, como por la Peña de Orduña y Puente Larrá sobre el Ebro. Los valores de esta aduanilla, son de muy corta considera­ción.

VITORIA

La aduana de esta Ciudad, cabeza de la provincia de Alava, tiene todas las entra­das de Francia por su camino directo; y de lo que se desembarca en Bilbao, lo que toma aquella ruta, por otras partes. Actualmente se está trabajando en la construcción de sus caminos, al cuidado de su Gobernador Don Pedro Jacinto de Alava.

REFLEXIí“N HISTí“RICA

Volveremos por un instante, sobre los caminos de nuestra fragosa Peña, sus por­tazgos y peazgos, su aduana, sus valores, sus tiempos, y sus diferencias. De la cierta y sencilla narración histórica de los hechos, resultará un parangón curioso de cada parte entre sí­; de los tiempos intermedios, de la policí­a pública, respecto de los públicos caminos; de los sentimientos relativos a estos mismos objetos entre el Gobierno, y los pueblos, los Reyes, y los vasallos descuidados o protegidos. Subamos o bajemos la peña, como la subí­an y bajaban nuestros abuelos; y aun algunos de nuestros soberanos, para conocer los tiempos.

El camino más antiguo que se conoce, y si se quiere, el camino de inmemorial tiempo a esta parte es el que se llamaba, y aun se llama, de la venta de Arbinpor la ermita de San Bartolomé, que es por donde remata ahora el camino nuevo. El tal camino antiguo, que solo era para la herradura, se superaba a duras penas; y no en todas las estaciones del año. Los pueblos que más le necesitaban, y aun los que menos le padecí­an, clamaron por su remedio, y se llamaron a concilio para hacer sus cuentas.

Hacia los fines del siglo pasado en 1681, se llegó a tomar providencia formal, entre Orduña, la villa de Bilbao y su Consulado; pero con muchas oposiciones de los pueblos inmediatos (como sucede siempre, y en todas partes) sobre la dirección que se habí­a de dar al camino nuevo. Al fin, se capituló abrirle con la posible comodidad y anchura por la parte de la Peña que se llama Goldecho, entre Orduña y Bilbao, coste­ándole con el Consulado por iguales partes. Su costo se remató en quince mil ducados (poco camino, camino con poco dinero) y así­ consta de la escritura que se otorgó entre las partes interesadas, y convenidas.

Este camino subsiste. Tiene su dirección y salida a la Peña de Goldecho, por la puerta de Orduña, por donde se sale para ir al Santuario de Nuestra Señora de la Antigua. Transitaban por él, y le usan todaví­a muchos arrieros, y los carros del paí­s, por estar hechos en aptitud de caminar con firmeza por las angosturas, y asperezas de su situación; además de no estar bien entretenido ni cuidado; pero sirve a unos y otros.

Orduña cobraba un corto peaje de estos dos malos caminos, y le producí­an unos siete mil reales cada año. Desde que se acabo el camino nuevo en 1772, solo se cobra de los que suben y bajan por Goldecho, cuyos productos han quedado reducidos a 600 u ochocientos reales, cuando más, al año.

CAMINO NUEVO

Con la Real Cédula y Facultad Real, expedida en Madrid a 5 de diciembre de 1764, el Señorí­o de Vizcaya, la villa de Bilbao y el Consulado (mancomunados estos tres cuerpos) levantaron a censo para emplear en su meditada grande obra: siete millo­nes, doscientos cuarenta mil seiscientos cuarenta y cuatro reales, y veintiséis mrs. de vellón. Y para pagar este censo, y conservar el camino después de hecho concedió el Rey el portazgo siguiente por aranceles públicos

Ya hemos dicho que la obra se hizo a la romana, igualando o excediendo el espí­­ritu de aquellos tiempos; porque en aquellos tiempos los romanos levantaban el espí­ri­tu en las obras públicas a fuerza de robar el mundo, y de hacer esclavos para ellos. Esta policí­a gentí­lica, no es la nuestra. La obra se hizo en ocho años. De los 20.000 duca­dos a que se obligó Orduña, no se gastaron más que diez; y así­, concluido, y arreglado todo en el dí­a, producen un año con otro estos portazos, y peazgos, doscientos y treinta mil reales.

De ellos se pagan varios empleados en la barreras que se han puesto en diferentes partes del camino, y en los continuos reparos que se hacen para conservarle; ellos le hacen cada vez mejor, bajándose por él con la mayor comodidad, sin necesidad de ape­arse, ni de auxilio alguno, los coches, los infinitos carromatos que bajan por él carga­dos de sacas de lana, y todo género de carruajes, bagajes, recuas, y caballerí­as

El camino entra en Orduña viniendo de Bilbao, por el Paseo del Prado (paseo espacioso, y adornado de muchos árboles) y por la puerta de San Miguel; sale de la Ciudad por la calle y puerta de Burgos, pasa por delante de San Francisco, sigue por una hermosa campiña a la jurisdicción y parte del lugar de Tertanga, y continuando con muchas vueltas anchurosas la subida, hasta una que se llama la vuelta larga sube hacia el mediodí­a. Después viene a concluir la encumbrada subida de la Peña, haciendo entrada en la sierra hacia el poniente, donde estaba antiguamente la ermita inme­morial de San Bartolomé, paraje por donde también seguí­a el primer camino que ya hemos dicho, donde hay un corto cí­rculo mojonado que pertenece a la jurisdicción de Orduña.

Cuando se abrió este rudo camino, se descubrieron los cimientos de la ermita de San Bartolomé, y una vasija con algunas monedas dentro; pero hubo tan poca atención sobre una cosa tan digna de examen, que nadie da hoy razón de ellas, aun­que se dice que algunas se llevaron a Bilbao.

Se pensó también en colocar a los dos lados del camino, en decente forma, las imágenes de San Bartolomé y San Rafael, con sus inscripciones correspondientes; pero este pensamiento tampoco tuvo efecto.

Orduña tiene la obligación de componer las calles por donde pasa el camino por dentro de la Ciudad; y así­, aunque al principio eran 20.000 ducados los que debí­a contribuir, quedaron reducidos a diez mil. La extensión de este famoso camino son cator­ce leguas desde Bilbao a Pancorbo en Castilla, que valen por más de 24 leguas comu­nes. Véase aquí­ el parangón que decí­amos antes.

SOBRE LA ADUANA Y SUS VALORES ANTIGUOS Y MODERNOS

Las aduanas de cualquiera clase que sean, y en cualquiera parte del mundo que se pongan, sobre puertos mojados, sobre puertos secos, o sobre fronteras mediterráneas, limí­trofes, siempre han sido y serán las que den el tono al comercio para prosperarle, para destruirle o para tenerle en una apatí­a miserable; sin acción para subir, ni para bajar. El más, o menos de los derechos que se cobran; el modo en que se cobran; la facilidad del despacho, o las vejaciones con las demoras que causan los exactores impertinentes, son los motivos o son las causas más inmediatas de la prosperidad, o la ruina de todo comercio. La de Orduña se ha montado sobre un pie demasiado carga­do, y acaso más tirante de lo que puede convenir para su permanencia. Su objeto son las importaciones y exportaciones de mar, que se hacen por el puerto de Bilbao, y los derechos que exige sobre ellas, son por lo que de ellas entra y sale de Castilla. Los Privilegios y Fueros del Señorí­o, más antiguos que el Puerto de Bilbao, esto es, la absoluta libertad de derechos de cuanto necesita para sus propios consumos, y subsis­tencia, es siempre a salvo; y siempre es justo que lo sea. Veamos pues que cosa era esta aduana de veinte o treinta años a esta parte.

Los gastos actuales de los salarios de todos los dependientes, los de todo el res­guardo, de las rondas, y demás cosas precisas son como de cien mil reales de vellón cada año. Después se ve por la cuenta total, y el por menor del año 1788, que importó por todos sus gastos, ayudas de costa, y gratificaciones dadas en consideración a algunos tra­bajos extraordinarios 112.916 reales 2 mrs. de vellón. Y por haberse aumentado un ter­cer vista con 400 ducados anuales, y un sexto oficial con 3.000 reales, se fijan los gastos para lo sucesivo en 120.000 reales cada año. Este es su pie actual.

CAUSAS QUE PRODUCEN LA DIFERENCIA DE VALORES

La demostración anterior manifiesta la extraordinaria desigualdad de los últimos años, comparados con los anteriores. Estos, aun no llegan a componer el valor de un año solo, de aquellos, que son los últimos. ¿Pues cuales son las verdaderas causas? No es solo el famoso camino abierto, y concluido en el año 1772, por el cual bajan ahora coches, carromatos, y cuantos carruajes quieren (lo que por la otra peña, era imposible) sino también el arancel, que en el año de 1783 se formó por el Ministerio de Hacienda para todas las aduanas del reino, uniformando e igualando los derechos para todos, y cada uno de los géneros que se introducen en él, cobrándose un quince por ciento en general, sobre sus valuaciones; y en algunas cosas más y menos, por razones que concurren en ellas. De aquí­ es, que resulta el aumento de valor, por el aumento de derechos. Antes se  procedí­a por otro método, con mucha variación, sobre los mismos géneros. La igualdad de derechos es otra causa conocida, de que se introduzcan por esta aduana muchos géneros y efectos más que antes, en aquel tiempo se huí­a de ella, porque se hací­a más equidad en otras aduanas, y se buscaban aunque fuese rodeando por el mar. En los años de 1777 y 78 en que ya habí­an pasado seis del camino nuevo, no pasaron de 3.200 reales los valores de cada uno. Y después del arancel, por esta igualdad, ninguno baja de 6 millones de reales.

ADUANA MATERIAL ANTIGUA Y MODERNA

El Rey nunca tuvo un edificio propio que constituir, a esta importancia de su servicio; ni se pensó nunca en otra cosa que en tomar una casa alquilada por poco dinero, en esta calle o la otra, y llamarla aduana, porque en ella se hací­aa parar a los tra­ginantes. Así­ corrió por largos tiempos, y hasta el año 1786.

Este año determinó el Rey comprar terreno dentro de la Ciudad para levantar edificio desde los cimientos. La Ciudad se le ofreció generosamente en la mejor parte de su plaza, y Su Majestad le aceptó por Real Orden y Carta de gracias de 22 de marzo de 1787. Esta carta se guarda en el Archivo Consistorial, siendo de advertir que la Ciudad, cuando hizo al Rey su gratuita oferta, propuso que habí­an de quedar bue­nas calles alrededor de la aduana. Ofreció más la Ciudad, por su generoso amor a su Soberano el benignisimo Carlos tercero, sus canteras, sus minas y la madera de sus montes. Nueva aceptación, nuevas gracias libradas en 12 de septiembre del mismo año de 787. En este mismo dí­a (12 de septiembre) se empezaron a abrir los cimientos en el sitio demarcado.

La idea del plan aprobado para esta obra, manifiesta una fachada al oriente con trece arcos a la plaza, todo de buena piedra, y de gran consistencia. Así­ es la de aque­llas canteras. Por la parte interior, un patio grande cuadrado con arcos, y columnas. Las oficinas crecidas necesarias al piso en su terreno. Entresuelo para habitación de los dependientes. Cuarto principal para el administrador y dos oficiales. Desván y último piso distribuido. Tiene 170 pies de largo, siguiendo una calle nueva hacia calle Orruño de norte a sur, y 120 pies de ancho, con cuatro puertas. La cañerí­a de la gran fuente de la plaza pasa por debajo, y se da agua al edificio, con registros independientes de los del servicio público, y de su fuente. Dejemos aquí­ las comparaciones, y las diferencias que vienen de los tiempos.

NUEVO ARANCEL

Este año de 1789, en la entrada misma del nuevo y piadoso Reinado, se ha man­dado observar en las aduanas respectivas, el impreso que tiene por cabeza el tí­tulo siguiente.

Arancel para los géneros y frutos del Reino de Navarra y Provincias exentas que se introduzcan en Castilla y Aragón. Consta de siete fojas en folio, sumamente exacto, donde, gracias a Dios, y a los prácticos conocimientos de aquellos paí­ses, no se han olvidados las manzanas, las brevas, las naranjas y limones, el chacolí­, y el vinagre, las calabazas, los nabos, berzas o coles, pimientos, ajos cebollas, y alubias. Su conclusión dice así­: El Rey aprueba este arancel. Palacio 26 de enero de 1789. Don Pedro de Lerena. Cualquier hombre imparcial que le examine despacio, encontrará mucho que oponer, contra la polí­tica que le ha dictado.

10.- Situación de la ciudad

Ella ocupa el mediode una amena y deliciosa campiña que tiene como una corta legua de longitud, y media de latitud. Esta campiña es abundante de trigo, ceba­da, maí­z, legumbres de todas especies, vino, verduras exquisitas, y frutas de casi todas calidades, y del más sazonado gusto. Tiene muy buenas dehesas y montes, donde se crí­a mucha caza. Es abundante de excelentes aguas, pues en cualquiera parte se encuentra una fuente. Pasa por muy cerca de ella el rí­o que nace a distancia de media legua corta de la Peña (como ya hemos dicho) Nervina, de donde toma el nombre que tiene de Nervión o Nerva, que va a desaguar en Bilbao, por donde entra en el mar. Por el verano, lleva poca agua, pero en el invierno, y en las estaciones de hume­dades, crece a veces en disposición que suele ocasionar graves daños sobre la misma campiña. Luego se le junta el caudal de unas fuentes saladasde perenne curso, en el término que se llama de Arbieto, donde en lo antiguo se fabricaba sal; y por esta cualidad los pescados que se crí­an en aquel paso son muy regalados por lo sabrosos.

La Ciudad tiene una plazatan espaciosa como la mayor de Madrid, rodeada de buenas casas, con sopórtales cubiertos, llenos de tiendas. En medio de ella está la abundantí­sima fuente de ocho caños de exquisita agua, y de buena arquitectura, que decora la plaza, y sirve de ornato, construida en el año de 1745. La idea de las calles, no puede ser mejor, porque las más, vienen a salir a esta hermosa plaza para cogerla en medio. Todo el recinto está cercado de murallas antiguas, con reductos, baluartes, torreones, y seis puertas de entrada, distribuidas por la muralla, a propor­cionadas distancias, calidades que acreditan bien su antigí¼edad, y haber sido plaza militar, muy defendida. Goza de un temperamento sano y templado; pero no tanto como el resto de Vizcaya, a causa de estar rodeada de tantas peñas y montañas, que son de las mas encumbradas y ásperas de toda España, las cuales circunvalan toda su planicie inferior, menos la parte del norte, donde la providencia dejó abierto un boquete para que pudiese pasar el rí­o. Dista de Bilbao 6 leguas, y de Calahorra, a cuya diócesis corresponde su jurisdicción espiritual y sus diezmos, 24 leguas. De todo esto se concluye, que la traslación a este hermoso sitio, desde el antiguo (a la falda sombrí­a de la peña) fue acertada, pues se ve cuanto prospera en él, y sobre todo, la salud y robustez de sus naturales

REFLEXIONES SOBRE LA í‰POCA DE LA TRASLACIí“N Y DE SUS FORTALEZAS

Hemos buscado con estudio, y consultado a algunos anticuarios con curiosidad, sobre estos puntos dudosos, hasta ahora, nada se descubre con claridad. Sin embargo, es verosí­mil que la traslación se hizo en el siglo décimo tercio antes de su mediación, a fines del glorioso Reinado de San Fernando, o a los principios del de su hijo Don Alonso el Sabio.

Porque Don Diego López de Haro, decimoséptimo Señor de Vizcaya, sirvió mucho a Don Fernando en el sitio y conquista de la Ciudad de Sevilla, el año de 1248; y por tanto, le hizo merced de Orduña y Valmaseda. Desde este año al de 1256 en que el Rey Don Alonso el sabio, hijo de Don Fernando, concedió a Orduña el Privilegio datado en Santo Domingo de Silos, no corrieron más que ocho años. Y aun­que por este Privilegio, se ve que Orduña ya habí­a vuelto al dominio real (conquistada por el Rey sabio) parece inverosí­mil que en tan poco tiempo la conquistase al Señor de Vizcaya, la trasladase a otra parte, y la poblase como lo dice expresamente en su Privilegio. Por esto se puede creer que Don Diego López de Haro, cuando tomó posesión de ella la empezó a trasladar, y a fortificar, pues consta de las historias de aquellos tiempos, que no le faltaban razones para ello.

La chronica particular del mismo Don Alonso el Sabio refiere, capitulo 28, que Gonzalo Ruiz y Sancho Pérez, dieron un recado de parte del Rey a Don Lope de Haro, decimoctavo Señor de Vizcaya, que fue en estos términos: “E lo que decides que Orduña debe ser vuestra, e que la dio el Rey Don Fernando Padre del Rey Don Alonso vuestro Señor, en donación a Don Lope, y a doña Urraca, vuestros abuelos, verdad es. Mas vos guerreástesle della, y desde allí­ hicistes mucho mal en la tierra. Y fuero es de Castilla, que si de la donación que el Rey da, le hacen guerra, o mal en la tierra, que la pueda tomar con fuero y con derecho”.

De la misma chronica consta al capí­tulo 51, que al fin vino el Rey en que se entregasen Orduña y Valmaseda al mismo Don Lope, por lo que refiriendo el caso, le declaran el Maestre de Calatrava, y Gonzalo Ruiz de Atienza: “Que en lo que pide del heredamiento que es Orduña y Valmaseda, que él otorgaba por el rey, se lo darí­a a Don Lope Dí­az, y que fuese con él al imperio”. Mas conviene saber que Don Lorenzo de Padilla, cronista de los Señores de Vizcaya, dice en la vida de este Don Lope, que apenas murió el Conde Don Diego su padre (que acompañó a Don Fernando en la conquista de Sevilla), el Rey Don Alonso salió de Burgos con un poderoso ejército, cercó y combatió a Orduña tan arrestadamente que se le entregó. Después añade, que el Rey le restituyó a Orduña con Valmaseda

Aquí­ tenemos, hechos contestes en la historia, y a ellos debemos estar. Por otra parte vemos que el Rey Don Alonso, expresamente dice en su Privilegio del año de 1256 (en cuyo tiempo ya poseí­a a Orduña, y habí­a muerto Don Diego López de Haro, a quien su padre la habí­a donado) do, e otorgó a todos los de Orduña, porque yo los poblé… y que hayan el fuero de Vitoria. Pues entremos por un instante a exa­minar las datas; a combinarlas con los hechos y con la posibilidad de su ejecución, res­pecto del tiempo que medió entre unos y otros.

San Fernando murió en Sevilla el año de 1252 el jueves 30 de mayo, ví­spera de la Santí­sima Trinidad. Este es el dí­a de la opinión más común: y desde este dí­a hasta el cinco andados del mes de febrero (que así­ dice el citado Privilegio) del año de 1256, dado en Santo Domingo de Silos, no corrieron más que tres años, ocho meses y cinco dí­as del nuevo Reinado del Señor don Alonso décimo.

Pues para estos tres años, ocho meses, y andados cinco dí­as del mes de febrero, parece que será bastante materia el contrato, negociación, recados y conferencias que dejamos escritas, el sitio puesto a la Ciudad por un poderoso ejército, que como dice Don Lorenzo de Padilla, cronista de los Señores de Vizcaya, la combatió tan arrestadamente, que la tomó. Aquel intermedio de la dominación real, que requiere tiempo oportuno, meditación, exámenes locales, obra, y actividad para la traslación, y nueva población que expresa el Rey en su privilegio, haberlo hecho, y decimos traslación aunque el privilegio no lo dice, porque parece antecedente preciso para la población que afirma, sentando sobre esta dignación tan importante la gracia del mismo Privilegio. Así­ lo entienden el licenciado y el erudito anticuario Floranes; por que si no fuese así­, como se ha de entender la expresión afirmativa, y absoluta del Sabio Rey; Do, e otorgo a todos los de Orduña  porque yo los poblé ¿Pues qué la Orduña anti­gua, que por tantos siglos habí­a hecho figura, no estaba poblada? Era necesario un ejército poderoso para bajar desde Burgos a cercar, combatir, y conquistar, un pueblo débil, o despoblado? Con esto respondemos también al repaso de Gabriel Henao, con­tra el Licenciado Andrés de Poza, pag. 206 de su tomo 2º porque supuso y entendió que con la población era por consiguiente la traslación, pero sin producir Henao otro fundamento, ni más razones contra él por estas palabras. En el Privilegio, no se descu­bre lo que pone Poza.

Vamos ahora a la Fortificación de la nueva Orduña, a sus grandes murallas, torre­ones, y castillo; a su grande y majestuosa Iglesia de Santa Marí­a, que no pudieron ser obra, sino de muchos años, muchos brazos y dinero. La primera de estas obras, es de la arquitectura militar arabe. La segunda del gusto y la elegancia de la arquitectura civil gótica; una y otra bien conocidas y bien extendidas por toda España, y de que hay mucho escrito.

Cualquiera que vea estas murallas, y no sepa bien la historia de las irrupciones Arabes, de su extensión, sus lí­mites, sus épocas, y permanencia respectiva, creerá que los moros dominaron a Orduña, pues se ven las fortalezas de su arquitectura, sus alme­nas, sus argamasas, y mizelas, su gusto en la situación, y lí­neas dadas a todo el recinto para hacerle más defendible. Por todas las partes de España, donde ellos establecieron dinastí­as, fuerzas, dominio, herencias separadas, no se ve otra cosa, que este género de fortalezas, y siempre de una misma idea en todas sus partes, en las alturas, a la falda de los cerros, o a las orillas de los rí­os. A pesar de los muchos siglos que han corrido des­pués de sus expulsiones (también respectivas) permanecen muchos y grandes monu­mentos de su arquitectura, y su larga arraigada dominación.

¿Pues como no han de permanecer las fortalezas y murallas de la nueva Orduña, si ellas no pueden tener más antigí¼edad, que la del siglo décimo tercio, o decimocuar­to? Ellas no son obra de los moros, sino de los cristianos, de los naturales del paí­s, con la arquitectura militar de los moros, que entonces ya estaba sabida, y extendida en la pení­nsula, por todas partes.

Vamos pues, a buenas cuentas bajo de estos supuestos que sentamos con la histo­ria, y los Privilegios coetáneos de los mismos Reyes. Don Alonso el Sabio, que en 1256 dice en el suyo, que la pobló, la habí­a quitado o conquistado poco antes a Don Lope Dí­az de Haro, su Señor; porque el Rey Don Fernando padre de Don Alonso, se la habí­a donado a Don Diego de Haro, padre de Don Lope. Pero este gran monarca, conquistador, poblador y benefactor de Orduña, no la fortificó, ni tuvo tiempo para hacer la gran muralla que la circunda, y se ve en el dí­a.

No tuvo tiempo, porque se la volvió a Don Lope su Señor por heredamiento. En los años que la retuvo, y dominó no se hizo aquella muralla, ni pudo hacerse. Pero la casa de Haro a quien tanto le importaba; la casa de Haro que la poseí­a, sujeta a la dura suerte (digámoslo así­) del dar y el quitar, cómo se habí­a de descuidar un instante, en fortificarla, para asegurar la futura posesión de su heredamiento y señorí­o? Esto era lo corriente, y la costumbre de aquellos tiempos belicosos, de guerras intestinas y domésticas, en que el vecino querí­a engrandecerse a costa del vecino. Cada cual, cada Señor, en Vizcaya, en Alava, y Guipúzcoa se fortificaba, y levantaba torres o castillos en sus tierras, contra la ambición o la enemiga heredada del Señor confinante, y de sus Pueblos inmediatos, soldados, hombres, y mujeres, se hací­an la guerra por costumbre; y por costumbre viví­an con ella, haciendo su galardón del valor, de la rapiña, de las invasiones bárbaras, y bárbara mortandad. Y al fin todos saben, que estos desórdenes, vinieron a parar en que el Rey Enrique IV, y después los Reyes Católicos, bajaron al paí­s mismo, hicieron muchas justicias en los culpados, derribaron sus torres, castillos y fortalezas, restablecieron el buen orden y la paz, que ya no se conocí­a.

Pues la casa de Haro, volvámoslo a decir, en los últimos 30 o 40 años del siglo trece, sino pudo fortificar enteramente a Orduña, lo acabó de hacer en el siglo catorce. Arciniega, que está a tres leguas de Orduña (al norte), a dos de Balmaseda, y a cinco de Bilbao, mantiene todaví­a parte de sus murallas con sus puertas; aunque situada en una eminencia descubierta a todos vientos. También la favoreció con Privilegios el Rey Don Alonso X el Sabio, en 1272 dí­a miércoles a dos de noviembre, concediéndole fueros, y libertades semejantes a las de Vizcaya, y de la provincia de Alava. Pero no consta que la fortificase, semejante en esto a Orduña, por lo que dejamos dicho de aquellos tiempos, y los posteriores, en cuanto a murallas, y castillos de la arquitectura arabe, conocida. “Estando en el Real de Algeciras sitiando a Gibraltar, en 1343, el Rey Don Alonso el undécimo, escribe Esteban de Garibay (libro 14, capitulo 19 de su compendio historial) que durante este cerco, mandó hacer aquel monarca, la villa de Plasencia en la provincia de Guipúzcoa, a la rivera del rí­o Deva, añadiendo que los hombres de Marquina, y los que viví­an o moraban en el campo de Erlayvia, hiciesen esta Población, la cercasen y torreasen, e hiciesen su iglesia: Que la mandó llamar Plasencia, y le concedió el fuero de Logroño, firmando este Privilegio a 15 dí­as del mes de octubre de la era de 1384 (año de 1343) Sancho de Mudarra, su secretario, siendo Merino Mayor de Guipúzcoa Don Beltrán Vélez de Guevara, que con las gen­tes de esta provincia se halló en este largo asedio, en servicio del Rey Don Alonso”.

Véase pues, por esta Fundación, y Privilegio del siglo decimocuarto con cuánta seguridad se mandaban fabricar murallas y torreones en aquellos tiempos, como en los anteriores. Seguramente la arquitectura militar estaba bien conocida, y ejercitada en ellos, por los del paí­s.

IGLESIA DE SANTA MARíA, LA ANTIGUA

Hemos dicho que esta es una fábrica grandey majestuosa de la arquitectura gótica, y es así­. Ella misma lo acredita, por cualquiera parte que se mire, grandiosa, elevada, y de mucha fortaleza; pues por sus costados está defendida con la muralla y torres que la guarnecen sobre aquella parte. Hasta ahora no se ha descubierto autori­dad, instrumento antiguo, lápida, ni inscripción alguna que diga quien la fundó ni en qué tiempo. Acaso perecieron estas noticias en los dos incendios que ha padecido, el primero en el siglo pasado, el año de 1629, que abrasó el altar mayor con su retablo, y adornos; el segundo, que ya dejamos escrito, en este siglo, cerca de cincuenta años ha, que redujo a cenizas cuantos papeles se guardaban en su archivo, no pudiendo dejar de ser muchos. Pero debe creerse, por ser muy regular, que el Rey Don Alonso el Sabio, cuando trasladó, y pobló la Ciudad a mediados del siglo 13 edificó su Iglesia. La piedad de este gran Monarca, lo primero que disponí­a en sus empresas civiles para la congregación de los fieles, era siempre los mejores templos cristianos, y los altares a Marí­a Santí­sima, Madre de Cristo, y dulcí­sima Señora Nuestra. Así­ esta grande obra, fue anterior a la de las murallas. Sus proyectos, o sus respectivos planes, quedaron sin acabarse. Ellas mismas lo están manifestando.

Es una lástima que la Iglesia no quedase con sus puertas colaterales hechas y corrientes, porque tendrí­a más desahogo, más claridad, y por consecuencia, más venti­lación. La obra, hasta llevarla a su último estado de perfección, está excitando con los dientes, o piedras de trabazón que le dejó su artí­fice. Orduña se engrandece, y algún dí­a acabará la obra por necesidad, y por el más precioso de sus ornatos.

Los autores que con una piedad, o religión mal entendida, creyeron, sostuvie­ron, y siguieron a los falsos chronicones: Méndez Silva y el Padre Argaiz, dejaron escrito que fue Iglesia Colegial. Pero hasta ahora, nadie lo ha creí­do. Sí­ parece que en lo antiguo tuvo 28 beneficiados patrimonialespara su asistencia. Ahora no hay más que 14, con los cuales se celebran, como se puede, los Divinos Oficios.

Hay una tradición constante. Por ella se cree que se refugiaron, y guardaron en esta Iglesia matriz y primordial, los oleos, vasos, y ornamentos sagrados de las demás iglesias de Vizcaya, en aquel tiempo, y temibles ocasiones de estar toda alborotada, y puesta en armas. Fuese esto cuando beligeraban por bárbaro capricho, los Gamboas y Oñacinos, que no respetaban templos, ni vidas; o fuese más acá, en la guerra de los Comuneros que escribió el obispo Sandoval en su vida de Carlos V, y principios de su Reinado, porque entonces Don Pedro de Ayala Conde de Salvatierra, hombre furioso, y arrebatado de ambición, alborotó todo el paí­s, y le puso en combustión, apoderándose de la Artillerí­a del Rey en Arratia, que desde San Sebastián y Fuenterrabia se conducí­a a Castilla, después de un combate contra la escolta que lleva­ba, esto es, el dí­a lunes 4 de marzo de 1524 con trece mil hombres, contra Sancho de Velasco y 1700. Por esta tradición se sienta que se concedió a la Ciudad el Privilegio para usar el sello de sus Armas y con ellas, que son: Un león, abrazado con una bande­ra, y en esta bandera una cruz de San Juan; y por orla, una Corona Real. Es constante que en estas guerras civiles y extraordinarias, Orduña siempre se mantuvo fidelisima a su soberano, aunque estaba entonces en Alemania.

OTRA PARROQUIA

PARROQUIAS RURALES Y ERMITAS

Además de la Iglesia matriz de Santa Marí­a la Antigua hay otra en el centro de la Ciudad, como ya hemos dicho, con la advocación de San Juan Bautistaque en el año de 1769, se trasladó a la Iglesia que fue de los Regulares extinguidos de la Compañí­a, por orden del Rey, mandando que se llamase en adelante San Juan el Real, y se profa­nase la antigua, que no era de buena fabrica, vendiéndose su terreno a favor de las mismas iglesias. Hay otras dos Parroquias rurales en su término, la una llamada, San Martí­n de Arbieto, a distancia de un cuarto de legua de la Ciudad, hoy está arruina­da. La otra como a distancia de media legua, titulada San Clemente de Erbileta, muy antigua, según se quiere dar a entender de una inscripción que hay dentro de ella, y dice así­: Estando el Rey Don Fernando Santo sobre Sevilla se reedificó esta Iglesia.

Hay otra iglesia dedicada a San Román, a distancia de cuarto y medio de legua, a donde tiene que ir un beneficiado todos los dí­as de fiesta para decir misa a los veci­nos de los barrios que llaman Cedelica y Ripa.

ERMITAS

Las ermitas son de San Lázaro, de Santa Cristina, de San Miguel Arcángel, Nuestra Señora del Buen Sucesoy San Antonio Abad, con algunas otras que ya están enteramente arruinadas; pero sus vestigios se descubren todaví­a.

SANTUARIO DE NUESTRA SEí‘ORA DE LA ANTIGUA

La ermita principal, el Santuario de Nuestra Señora de Orduña la Antigua, a medio cuarto de legua de la Ciudad es el mayor bien y ornato, que se precian de tener entre sus glorias, sus habitantes, mirándola con escudo sagrado de protección en todas sus necesidades. La Ciudad, tiene recibida a esta Divina Señora por Patrona, con solemne voto que hizo el año de 1639. La aparición de su imagen es tan antigua, que no hay  noticia positiva que determine el tiempo en que fue. Solo se sabe por algunos papeles, y constante tradición derivada de gentes en gentes, o de sucesión a sucesión, que fue mas de mil años ha, sobre un moral, que todaví­a se conserva, con la mayor frescura, frente de su santa casa, tan hermoso, como que todos los años produce abundante y sazonado fruto. Viendo sus devotos hijos, que la iglesia donde se veneraba antes, ya estaba maltratada del tiempo, y que no era suficiente para los grandes concursos que acuden a su veneración, desde muchas leguas de la distancia de su circunferencia, a la voz de sus milagros, costearon modernamente otra iglesia inmediata a la antigua, de mucha capacidad y hermosura. A ella trasladaron la Santa Imagen de Nuestra Señora el año de 1782, con todo el aparato digno de su grandeza. En la misma Santa Casa hay una hospederí­a que sirve para descanso de la gente que viene a visitar su sagrada imagen, para cuya asistencia, tiene allí­ la Ciudad un capellán con competente numero de criados y sirvientes de la Iglesia.

CONVENTO DE SAN FRANCISCO DE ASíS

Este convento de Religiosos observantes de San Francisco de Así­s, y otro de mon­jas de Santa Clara, donde aquellos estuvieron antes, esto es, desde el año de 1469, en que les fue concedido aquel sitio por la Ciudad, en una ermita que habí­a de Santa Marina hasta el de 1587, se trasladó en el mismo, al paraje donde hoy está situado, fuera de la puerta de Burgos.

La primera fundación del convento la concedió la Ciudad y el Cabildo en la dicha ermita de Santa Marina, sufragánea de sus dos parroquias, a distancia de media milla, en el año de 1469, como queda anotado, y en el mismo se concedió bula Pontificia para su validación por el Sumo Pontí­fice Sixto 4º, a petición y oficios de Don Lope de Ayala, Embajador en Roma de los Señores Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel.

Después por convenir así­ a la Ciudad, y a los religiosos, se acordó fabricar otro convento en el sitio que hoy está, a la salida de la puerta y calle de Burgos, para lo cual le concedió la Ciudad un terreno comprado y cedió varios edificios que habí­a en él.

La facultad Apostólica para esta nueva fundación, se concedió en 2 de marzo de 1586. Por el Santí­simo Padre Sixto 5º, pedida a su Santidad a nombre de la Ciudad, y los religiosos por el Rmo. Padre Mtro General Fray Francisco de Tolosa; hijo de la pro­vincia de Cantabria, y residente en Roma. Se cometió la ejecución al chantre de la Iglesia Colegiata de Vitoria Don Hernando de Escoriaza, capellán del Rey, y abad de Alfaro. Este subdelegó su comisión apostólica en Don Juan Abad de Landaburu, cura y beneficiado en las iglesias de Murcia, que personalmente la puso en ejecución. Nombró por Patronos al Rey Nuestro Señor y a la Ciudad en su Real nombre, y así­ se traslada­ron los religiosos al nuevo convento el año de 1587, como consta en su archivo.

Del convento de Santa Clara, monjas de la misma orden, que hoy están en el que dejaron los frailes, apenas se sabe nada. íšnicamente se sabe que pasaron a habitar en él, unas mujeres que viví­an con el nombre de beatas en una casa contigua a la puer­ta de Burgos, y que después se formalizó la fundación del tal convento de Santa Clara,  como hoy se halla. En parte alguna parece la fundación, bula, ni otro documento que la califique y autorice, aunque se ha buscado en los archivos de la Ciudad, y los dos conventos, por órdenes superiores, y judicialmente los años pasados. Es regular que estos diplomas y documentos estuviesen en el archivo de la Ciudad, y se quemaron con los demás, en el incendio del año de 1535, que ya dejamos escrito en su lugar.

HOSPITALES

Cuatro son los hospitales. Entre todos componen una renta harto reducida, y de ellos es Patrona la Ciudad. También lo es de todas sus parroquias, conventos, ermitas y cofradí­as, con anticuada y pací­fica posesión.

ANTIGUA FORTALEZA DEL CASTILLO: PRETENSIONES, PLEITOS E INVASIONES DE LOS SEí‘ORES Y CONDES DE LA CASA DE AYALA, LIMíTROFE DE LA JURISDICCIí“N Y Tí‰RMINOS DE ORDUÑA.

Recorriendo la historia y documentos de entera fe, para sentar en estas sencillas apuntaciones, aquellas épocas, o aquellos sucesos más graves que pueden interesar a la Ciudad de Orduña, a la fidelidad, constancia y bizarrí­a de sus nobles e ilustres hijos, hemos encontrado tres veces a los Señores de la casa de Ayala en pugna o pretensiones litigiosas con la misma Ciudad. La primera en el Reinado de Don Juan el segundo por los años de 1418 en que la demandó ante los oidores y chancillerí­a de Valladolid, Fr. Fernan Pérez de Ayala, que después de haber hecho la carrera del mundo y de la corte tomó el habito de santo Domingo en Vitoria, y fundó el convento de monjas de San Juan de Quejana en la tierra de Ayala, cerca de Respaldiza el año de 1379. Fue su hijo, el famoso cronista de aquellos tiempos, y gran canciller de Castilla Don Pedro López de Ayala. Alegó pues Fr. Fernando, “que el solar de Ayala donde él es, con las aldeas e logares que le pertenecen, es infanzonazgo, e que los Señores que lo fueron por tiempo de Ayala, ovieron siempre del dicho solar de Ayala, con todas sus aldeas e logares, e términos, e pertenencias, que siempre fueron del Señorí­o e infanzonazgo de Ayala, Cedelica e Tertanga, e Aloria e Artomaña, e Arvieto que son cerca del y, de la dicha villa de Orduña, e que aquellos que fueran Señores por tiempo, de la dicha casa e tierra, e solar de Ayala, ante que el dicho Don Fr. Fernand Pérez, usaran de las dichas aldeas, como logares del dicho infanzonazgo de la dicha tierra de Ayala, e que el dicho Don Fr. Fernand Pérez, después que oviera el Señorí­o de la dicha casa e solar e tierra de Ayala, que usara de las dichas aldeas, e oviera la posesión de ellas, como de suias, según que usaron los otros sus antecesores, cuia fuera la dicha casa e solar e tie­rra de Ayala. E que así­ estando en la dicha posesión el Rey Don Alfonso nuestro abue­lo que Dios perdone, diera la dicha villa de Orduña a Don Juan su hijo; e que vos el dicho Concejo por fuerza, sin razón e sin derecho (como non devierades) con poderí­o e esfuerzo del dicho Don Juan, prendierades, e fiscierades prender, muchos de los moradores en las dichas aldeas non lo pudiendo facer, contra los ordenamientos de las Cortes de Nagera, e de Alcalá de Henares”.

“La ejecución de la sentencia que pronunció la chancillerí­a, se cometió al Adelantado Mayor de Castilla, al Merino o Merinos que por nos, e por él, anduvieron en el dicho adelantamiento, e a Pedro López de Ayala nuestro Merino Mayor en tierra de Guipúzcoa, e al Merino o Merinos que por nos, e por el anduvieren en la dicha tie­rra, e a Juan Furtado de Mendoza, Nuestro Prestamero Mayor en Vizcaya”.

De este documento resulta, que el Rey Don Alonso el onceno, concedió tam­bién a su hijo Don Juan, la villa de Orduña, y por consecuencia que este la poseyó en el siglo decimocuarto que antes no lo habí­amos escrito.

La segunda vez en el Reinado de Enrique cuarto. A los fines de él era alcaide del Castillo de Orduña el Mariscal Don Garcí­a de Ayala, y se apoderó de la Ciudad a su placer, y como quiso. El Rey se la confirmó a no poder más. Gabriel de Henao que refiere esto al folio 207 del tomo 2 no dice más que estas palabras: Hallo en papeles que se apoderó de Orduña, el Mariscal… corta, y desautorizada expresión para sentar históricamente un hecho de esta importancia. Pudo buscar su confirmación en la Crónica de Enrique 4º o en la demasiado diminuta de los Reyes Católicos, de Hernando de Pulgar. Veremos pues en qué clase de papeles está auténtica la noticia para que no obste a su credibilidad el silencio de los autores, ni la defectuosa expresión de Henao.

Los Reyes Católicos en Real Provisión despachada en la Ciudad de Toro a cinco dí­as del mes de diciembre de 1476, refieren todo el suceso de haberse apoderado de Orduña, hallándose Alcaide de su Castillo el Mariscal Don Garcí­a de Ayala; y de qué medios se valió con el Rey Don Enrique cuarto, para que le confirmase la posesión; mandando que se le despojase de ella; y lo demás que se verá más adelante, copiando las mismas palabras del Real Despacho. Los mismos Reyes Católicos, revocan y anulan la confirmación y merced de Enrique cuarto, por otro Despacho, dado en Toledo a 11 de febrero de 1480. Renuncia hecha y otorgada por el mismo Mariscal Don Garcí­a López de Ayala, de la merced que tení­a de la Ciudad, por escritura otorgada a favor de aquellos soberanos, como a sus legí­timos dueños y señores (reservándose el castillo) fecha en la villa de Fuente-Ampudia, a 4 dí­as del mes de julio de 1481 años. Parece que hemos dicho bastante por ahora para remediar las indigencias del Padre Henao. Pero volveremos al mariscal.

La tercera, en la guerra de los Comuneros, por los años de 1520, en el Reinado de Carlos quinto, y estando ocupado en Alemania. Don Pedro de Ayala, Conde de Salvatierra, hombre soberbio y vano, hombre que blasonaba, en medio de su atrevida insurrección, no ser de casta de traidores como otros, porque él vení­a de los caballeros godos de rodilla en rodilla, pues este hombre, dice el obispo Sandoval, tení­a alborotadas las gentes de las montañas de Burgos, hasta Alava, y Vitoria con muchos lugares de la Rioja. “El Conde de Salvatierra (escribí­a el condestable de Castilla, como gober­nador del reino, al emperador en 1520) se ha declarado a favor de la Junta de los Comuneros, y dí­cenme que le han hecho capitán general de la provincia de Alava, para que favorezca a las siete merindades, y tome para ello las rentas de V.M. y los diezmos de la mar: Y que le enví­an provisiones de ello, con un fraile dominico”. Así­ fue. í‰l juntó con una presteza increí­ble un ejército de 13.000 hombres, hizo marchas avanza­das, muchos daños, y extorsiones en los pueblos de Alava y Vizcaya. Le tomó al Rey la artillerí­a que marchaba con una escolta escogida de 1700 nobles y soldados, desde Bilbao a Burgos, por el valle de Arratia y Vitoria. Tomó igualmente todas las municio­nes que el Condestable hacia marchar por tierra. El emperador Carlos 5º por su famo­sa Pragmática de Worms en Alemania, dada el año de 1521, le declaró traidor como a los demás comuneros, y le confiscó sus bienes, esto es, después de la Batalla de Villalar, en que todos fueron derrotados y vencidos por el ejercito del Rey. El Conde Don Pedro de Ayala, preso, conducido a Burgos (donde ya estaba el Rey) y devorado en la cárcel, de su terrible condición y soberbia, murió desangrado el año de 1524, y le lle­varon a enterrar con los pies descubiertos con grillos fuera del ataúd, para que le viesen todos. Su hijo Don Atanasio de Ayala, paje del rey, vendió un caballo de S. M. para mantener a su padre. Fue acusado. Se lo confesó al emperador. Le perdonó, y le mandó dar 40.000 mrs.

Este es un resumen de las pretensiones y sucesos de los tres Ayalas respecto a la Ciudad de Orduña, su castillo, sus aldeas inmediatas, y daños que padeció con sus vio­lencias. Es verosí­mil que los cañones empotrados que todaví­a se conservan sobre la muralla en la puerta de Burgos, se pusiesen en este tiempo; o de los que se le tomaron al Rey (pues se ve que son de planchas o barritas, fabrica de los Reyes Católicos) o de algunos que el mariscal alcaide, bajarí­a de su castillo, cuando se apoderó de la Ciudad. Andrés de Poza y Gabriel Henao, que hicieron tantas y tan buenas especulaciones, no hicieron alto sobre esto, estando a vista de todo el mundo los tales cañones, y su cons­trucción de piezas convexas, unidas y bien trabadas. Entonces no se vaciaban cañones con ánima, ni se habí­a dado con la invención de sacarlos y barrenarlos en sólido.

PROVIDENCIAS DE LOS REYES CATí“LICOS Y CARLOS V PARA RECOBRAR ORDUÑA

El mariscal que supo aprovechar las debilidades del reinado de Enrique 4º, para obtener una confirmación de la posesión de la Ciudad invadida por él, y ocupada con injusticia; tuvo que experimentar el vigor de los Reyes Católicos, y los recursos de la  misma Ciudad para restaurarse en sus derechos y en la dominación de sus legí­timos soberanos. Nada se dejó de hacer a tiempo oportuno o en favorables circunstancias. Era muy preciso que cada parte ofendida por la violencia, reivindicase sus derechos por la justicia. Apenas habí­a pasado un año del reinado de estos gloriosos monarcas, expi­dieron sus órdenes. Y así­ en el Real Despacho dado en la Ciudad de Toro a cinco dí­as del mes de diciembre de 1476, dicen entre otras cosas “que la Ciudad de Orduña, su concejo, justicia, regidores, y hombres buenos les han hecho relación, de que en vida del Rey Don Enrique su hermano, habiéndose apoderado de ella el mariscal Don Garcí­a de Ayala, alcaide de su castillo, procuró con importunidades, y favor que para ello tuvo… le hiciese merced de la misma Ciudad de Orduña. Que el Rey Don Enrique, por causa de lo sobredicho, hubo de facerle, e fizo la dicha merced, y que al tiempo de suceder, y empezar ellos a reinar en estos reinos, cuando su enemigo el Rey de Portugal entró en sus pueblos, el citado mariscal, viéndolos en tan estrecha necesi­dad procuró la misma confirmación, y merced que le otorgaron comprimidos entonces por aquella necesidad, la cual era notoria y manifiesta. Finalmente, que después por parte del condado y señorí­o de Vizcaya les fue suplicado, le confirmasen sus libertades, fueros, y privilegios, usos y costumbres, y jurasen que nunca harí­an merced del dicho condado y señorí­o de la Ciudad de Orduña, ni de otra cosa alguna, o parte de ello; y así­, mandasen rebocar, y rebocasen aquella confirmación, acatando la lealtad y buenos servicios que el condado y Orduña les havian echo en los tiempos pasados, y los pre­sentes… Por todo lo qual, usando de su poderí­o real, y absoluto, rebocaban, anulaban, y daban por de ningún valor ni efeto, las sobredichas mercedes y confirmaciones echas a favor del mariscal Don Garcí­a de Ayala: y que sino quisiese dejar de usar de ellas, siendo requerido con este su Real Despacho, permití­an y mandavan a la Ciudad de Orduña, que se juntasen todos los de ella, y le resistiesen. Que los concejos, corregi­dor, alcaldes, prestamero, merino regidores, cavalleros, escuderos, oficiales, y hombres buenos del dicho condado y señorí­o de Vizcaya, de las Encartaciones, de Guipúzcoa, Vitoria, hermandades de Alava, de las merindades de Castilla la vieja, de Trasmiera, y de Buriba, se juntasen con la dicha Ciudad de Orduña, y le diesen todo el socorro, y ayuda que fuese menester con sus personas y armas para obligar al mariscal. Y final­mente mandaron al corregidor, alcaldes, procuradores, y… del dicho condado y seño­rí­o de Vizcaya, en cuia jurisdicción y hermandad se halla la Ciudad de Orduña, que luego que por este sean requeridos, embien sus mensageros al mariscal, a le requerir que guarde y cumpla lo que en él se manda, y que no vaya contra ello, ni lo deemas, sopena de la su merced… dado en la Ciudad de Toro La señalada al principio”.

Tres años después, estando en Toledo a 11 de febrero de 1480 volvieron a anu­lar la merced de Enrique 4º con la expresión de anular y revocar igualmente cuantas los Reyes sus predecesores hubiesen hecho de Orduña y sus aldeas, a Pedro López de Ayala, y a Fernan Pérez su hijo, abuelos del mariscal Don Garcí­a López de Ayala. Firmada esta Real Cédula por el Rey, y la reina, y por Don Fenando Alvarez de Toledo, secretario.

íšltimamente, la escritura que en 4 de julio del año siguiente de 1481, otorgó el mariscal en la villa de Fuente Ampurdia, renunciando a favor de los Reyes Católicos la merced que le habí­an hecho de Orduña, con juramento, y expresa reserva que hizo de su fortaleza y castillo. Hay testimonio de ella en el archivo de la Ciudad.

LA REINA Dª JUANA CON SU HIJO CARLOS QUINTO

La Ciudad de Orduña añadió en estos tiempos a los servicios que ya tení­a hechos a los Reyes sus soberanos, la compra de un territorio, y alaja ajena como lo era entonces, el castillo con sus términos, ronda, y aldifueras perteneciente a los Condes de Ayala. Desde este hermoso, y respetable castillo, se hací­an correrí­as, y se infestaban los pueblos inmediatos del Señorí­o de Vizcaya, con perjuicio de sus campos, labores, ganados, y tráfico de sus ferias y mercados por los caminos. De esta clase se padeció mucho en la guerra desenfrenada de los Comuneros. Quiso pues la Ciudad redimir los males públicos y domésticos, arrancando de una vez la fecunda raí­z que los producí­a, cayéndole encima a cada paso el peso de las ramas de un árbol tan elevado, sobre sus muros. Lo compró todoy lo agregó a la Corona. Consta de escrituras de venta, hecha y otorgada a nombres de la Reina Dª Juana y de su hijo el Emperador Carlos 5º en la Ciudad de Pamplona el año de 1523. Pero antes de su otorgamiento, el mismo Emperador, cedió a la Ciudad, la fortaleza y su castillo: se mandó demoler y le derribaron enteramente los vecinos de Orduña.

En remuneración, adjudicaron a la Ciudad los mismos Reyes, el señorí­o de la fortaleza llamada La cerca de Villaño, con todos sus vecinos y términos, que está a la corta distancia de dos leguas, dentro de las siete merindades de Castilla la vieja. Por este señorí­o, pagan sus vecinos a Orduña cien maravedis cada año. Gozan de sus mis­mos privilegios. Están sujetos a las justicias de Orduña, a sus visitas, y jurisdicción rural. Así­ consta de los papeles de su archivo actual, que con un cuidado, y continuo loable celo, se ha ido enriqueciendo de varias partes.

CONCLUSIí“N

Por ahora dejamos aquí­ estas simples apuntaciones. Convendrá aumentarlas, ordenarlas mejor, y corregirlas. Dándonos Dios vida les llegará su tiempo.

Madrid a 9 de abril de 1789.

NOTA (Apéndice bibliográfico y documental)

Para dar una idea cierta del estado en que corrí­an los negocios de los Señores de Vizcaya a mediados del siglo décimo tercio, conviene dar aquí­ un extracto de los capí­­tulos 20 y 21 de su gran cronista Don Lorenzo de Padilla, Arcediano de Ronda, en la iglesia de Málaga. Dice pues, que Don Diego López de Haro, sucedió en su grande estado y casa a su Padre Don Lope, como hijo mayor y primogenito suyo, que fue el cuarto del nombre de Diego, y viendo el rey Don Fernando tercero (el Santo) que Don Diego quedaba gran Señor, teniendo el Rey cinco o seis hijos varones, a los cuales debí­a dar estudios y rentas, para que se mantuviesen, no dio a Don Diego todo el acotamiento, tierra, y tenencias que tuvo su padre Don Lope. Que Don Diego se sintió muy agraviado de esto, y no solamente no quiso dar la obediencia al Rey, sino que envió a desnaturalizarse de su reino, sin recibir la parte de la tierra que le daba en tenencia. Que desde su tierra comenzó a hacer guerra a Castilla, en Bureba, y en Rioja, tanto que el Rey dejó la guerra de los moros para dar la vuelta a Burgos, y hacerla a Don Diego, cerrar a Briones, y otros pueblos donde este Señor tení­a gentes.

Cuenta los varios sucesos que ocurrieron con el Rey, y su hijo el Infante Don Alonso (el heredero) hasta que la Reina Dª Berenguela, madre de San Fernando, impuso admirablemente todas las desavenencias; bien que en esta guerra el Señor de Vizcaya, por acostamiento a la persona del Rey, no quiso juntar ejercito, si no que for­taleció lo más que pudo, todas sus tierras, y pueblos amenazados. El Rey Don Fernando volvió a la conquista de Sevilla en 1247 y el año siguiente en que la tomó. El Señor de Vizcaya le acompañó a esta conquista en persona, y con todas sus gentes, tomando su estancia, y sentando el Real, sobre el barrio de la Macarena, a la orilla izquierda del rí­o Guadalquivir. Dice que puso en grande estrecho a los moros, y ade­más de señalados combates, y reencuentros que refiere, especifica con mayor extensión el de los naví­os de la Armada que llevó a Vizcaya, el primer Almirante Don Ramón Bonifaz, que era de naví­os mancos, y ayudados de las corrientes con algún viento, salió Don Diego con la armada, hasta que topó la flota de los moros, peleó con ella, y echó a fondo muchos naví­os de ellos, y otros en que los suyos entraron por fuerza, de manera que se escaparon pocos: mas la pelea fue tan brava que le mataron más de 25 hijosdalgo de su casa, y le hirieron más de 200, y su misma persona salió herida en la casa.

Mas de los moros escaparon muy pocos, que no fuesen muertos, o cautivos, y este negocio importó mucho para que tratasen de capitular, y rendir la Ciudad al Rey. Que Don Diego López hecha la conquista, se retiró a descansar en casa, quedándose el

Rey en Sevilla para la poblar, en el espacio de tres años y medio que vino después de su conquista.

Entrando en la gobernación su hijo el Infante Don Alonso, y alcanzando gran privanza con él, Don Nuño, hijo del Conde Don Gonzalo de Lara, por haberle criado en su casa, hizo guerra ayudado por el Rey, contra Don Diego su primo hermano, el cual Don Nuño puso mucho recaudo contra Briviesca, Haro, Orduña, y otros pueblos donde tení­a gente Don Diego, y defendiolos haciendo liga con él, los Infantes Don Fadrique y Don Enrique, hermanos del Rey, hasta poner en mucho aprieto a Don Nuño. Que Don Diego López, murió en fin en los baños de Bureba en 1257, a los cuarenta de su edad, diecinueve del Señorí­o de Vizcaya, y seis que reinara Don Alonso el Sabio.

CAPíTULO 21

Don Lope de Haro, que fue el séptimo de este nombre, cuando sucedió a su padre Don Diego era niño de poca edad, le nombró por tutor a Don Simón Ruiz de Haro, Señor de los Cameros, su tí­o y de su propia casa. Estaba en desobediencia del Rey Don Alonso, cuando murió el Señor de Vizcaya, y Don Simón Ruiz prosiguió la guerra, estando ocupado el Rey en la conquista del reino de Algarbe, y descuidado de la gobernación de Castilla, en su Privado Don Nuño de Lara. Concluida la guerra de los moros el Rey se vino a Toledo. Avisado que habí­a muerto Don Diego de Haro vino en persona de Toledo a Burgos, donde juntó ejercito, y entró muy poderoso en las tierras de Vizcaya: cercó la villa de Orduña, y la combatió, y apretó hasta que se le entregó, y vino en tratos con Don Simón Ruiz de Haro, de que el niño Don Lope estarí­a en su obediencia y merced, pero que no le molestase. El Rey lo hubo por bien; con condición que Orduña, y otros pueblos estuviesen en depósito para que de sus rentas se pagasen los daños que habí­an recibido las tierras comarcanas. Concluido esto, Don Lope vino a besar la mano al Rey, y a darle la obediencia, y el Rey le hizo muy buen tratamiento, y favor, trayéndosele consigo a su Corte, donde se crió con mucho cuidado.

¿En qué año se hizo pues, este cerco, o sitio de Orduña? Deduzcámoslo de lo mismo que deja dicho este grave cronista. San Fernando dice murió en Sevilla el año de 1252. Don Diego López de Haro, que ayudó tanto a San Fernando en la conquista de Sevilla, sienta que murió en los baños de Bureba, a los 1257 años de Cristo, y seis que reinaba Don Alonso el Sabio. Después añade al principio del capí­tulo 21, “avisado

de la muerte de Don Diego, el Rey vino en persona desde Toledo a Burgos, donde juntó ejercito muy poderoso, entró en Vizcaya, y cercó la villa de Orduña”. De aquí­ resulta que este cerco fue en 1257, u 1258, y por consecuencia después del Privilegio que le dio en Santo Domingo de Silos en 1256.

Este niño Don Lope, que el Rey crió en la Corte, fue un héroe militar y polí­tico, en los dos reinados de Don Alonso, y Don Sancho su hijo. Este le llamó para hacer un consejo en Alfaro, y allí­ le mataron en 1289, contra la intención del Rey, a los 45 años de su edad, y 37 de señor de su casa. Su hijo Don Diego hizo guerra al Rey. Este pasó el Ebro con poderoso ejército, fue sobre Orduña, y Balmaseda, y las ganó. Don Diego vivió poco; algo después más de un año, de la muerte de su padre en Alfaro, y así­ este cerco de Orduña fue en 1289, o 1290.

Tercero sitio que se refiere Padilla. Cuando murió el Rey Don Sancho en1295, dejó a su hijo el Infante Don Enrique en posesión del Señorí­o de Vizcaya, y desde que entró a reinar Don Fernando cuarto, la atacó Don Diego de Haro, (y último de este nombre) ayudado del Prí­ncipe de Bearne: y hallando resistencia en Orduña, y Balmaseda (dice Padilla, capí­tulo 23) las cercó, y estuvo algunos dí­as sobre ellas y las cobró.

Conviene saber cual fue el mérito del Arcediano Don Lorenzo de Padilla: Véase a Don Nicolás Antonio, tomo 4º de su Biblioteca, página 5. Escribió su chronica de los Señores de Vizcaya por los años de 1536 y siguientes, según [ilegible]

Adición que corresponde al año de 774.

Privilegio del siglo octavo. Dado por el Rey Don Alonso el primero, llamado el Católico, a favor de la Iglesia de Valpuesta (cerca de Orduña) y de Juan su obispo y maestro. Le reconoció en su archivo, y le tradujo Esteban de Garibay.

Yo Don Alonso por la Gracia de Dios – Rey de Oviedo. Por el amor de Dios, y por el perdón de mis pecados, y por las Animas de mis padres, hago privilegio por tes­tamento, con consejo y consentimiento de mis Condes y Prí­ncipes a la Iglesia de Santa Marí­a de Valpuesta, y a ti el Venerable Juan obispo y maestro mí­o, así­ de las cosas ganadas de la misma iglesia, como de las que tus antecesores pudo haber adquirido, y le doy también a esta iglesia, conviene a saber: Los propios términos de Orduña, hasta

la Fuente de Sanabria, y desde la Fuente de Sanabria hasta Morales, y de Morales hasta Rodel, y de Rodel hasta Penila de la otra parte hasta la Fuente de Zembrana, y de la fuente de Zembrana hasta la Fuente de Busto hasta Pinarrubia, y desde Pinarrubia hasta San Cristóbal, y de San Cristóbal hasta San Hemeterio y Celedonio por la calza­da que va a Valdegovia, hasta Giniela, y de Giniela, lomo a lomo, hasta lo alto de Pozos, y de Pozos hasta Peñalta con todas sus fuentes y lagunas y prados con salida y vuelta, y si alguno por algún homicidio o culpa se cogiere dentro de estos términos, ninguno sea osado sacarle de allí­, mas antes de todo punto sea hay salvo, y los clérigos de la Iglesia en ninguna manera respondan por ello, y demás de esto, si alguno fuere muerto entre estos términos, ni los clérigos, ni los legos, que ahí­ fueren vecinos, den razón de tal homicidio, ni por alguna manera sea prenda de ahí­ sacada. Y a lo de arriba se añade el lugar que se llama Losacilla formal, en sus términos y sus derechos, Villalumpnos con sus derechos, y Fresno con los términos, llamados de Rantea, hasta Santa Marí­a subcuscarrera, hasta el Vallejo de la Fuente de Caycedo, y de hay hasta la calzada con sus montes y fuentes, lagunas, todo enteramente. Y tengan demás de esto licencia de pascer por todos mis montes, y por aquellos lugares por los cuales otros pastaren. Doy también en el lugar que se llama Potancer, las iglesias de San Cosme y San Damián, y San Estevan, y San Cebrián, y San Juan, y de los Santos Pedro y Pablo, y San Caprasio con sus heredades, y términos de Peña hasta el rí­o de Oron con los molinos, y prados, y huertos y con sus pertenencias. Y también mando que tengan ple­naria libertad para cortar madera en mis montes, para labrar iglesias, y para edificar casas, y para quemar, y para otra cualquiera cosa necesaria en dehesas, y en los prados, y en las fuentes, y en los arroyos, en salida y entrada, sin montazgo ni portazgo.

Y doy a esta dicha villa o monasterio o iglesias, o términos sobredichos, ya los que tú, y tus sucesores pudieredes allegar y adquirir, que no tengan castilleria o ronda  o fonsadera, y no padezcan injuria del Sayon, ni por fonsado, ni por hurto, y ni por homicidio, ni por fornicio, ni por otra alguna calumnia, y ninguno sea osado de los inquietar por fonsado, o anubada, o trabajo de castillo, o servicio fiscal o real. Y estas cosas que de voluntad al todopoderoso ofrezco, mando que en todo tengan plení­sima firmeza, y si alguno de los sucesores de los Reyes, Condes, o cualquiera persona fuera menospreciador, y contra este mi echo, en un pequeño cuadrante estuviere rebelde, o procurare desacerle, quanto a lo primero, no huya la ira de Dios, y quede extraño de la Fe Católica, y sea culpado ante el acatamiento del Señor, y su nombre sea borrado del libro de la vida, y llore en la damnación del Infierno con Judas el demonstrador del Señor, y sea anatema, y marrano, y descomulgado, y apartado del Sacratí­simo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y de los humbrales de la Santa Iglesia de Dios, Amen. Y en pena del daño seglar al Rey, y al obispo, pague mil libras de oro, y aquello que hubiere quitado lo pague doblado y este escrito firmé y sin ser quemado perma-nezca. Hecha la carta del testamento debajo del dí­a que era doce de las calendas de junio, en la era de 812, reinando el Rey Don Alonso en Oviedo. Y yo el Rey Don Alonso, que mandé hacer este Privilegio de testamento, delante de Dios, y de los testi­gos, les señalé y firmé.

Estas son las originales palabras de este antiquí­simo privilegio, convertidas de lengua latina en castellana, data de Calendas, y era reducida a la cuenta presente y año del nacimiento, es dado en 21 dí­as del mes de mayo, del año del nacimiento de Nuestro Señor de 772. De manera que por este instrumento se hace manifiesto, que el Rey Don Alonso, viví­a por lo menos los 18 años arriba señalados, después del que todos los autores, así­ latinos como castellanos, señalan su muerte. Por este Privilegio una de las escrituras auténticas, más antiguas que en estos reinos se hallaran, he queri­do ingerir en este lugar, para comprobación de nuestra intención.

Véase en Garibay, tomo 1º libro 9 del compendio Historial de España capí­tulo 7º folio 345 y 346, impreso en Barcelona año de 1628.

Adición que corresponde al año de 938. Siglo X.

Don Rafael Floranes en su obra manuscrita. Vizcaya sujeta a la Corona de Castilla,

o Navarra por los años de Cristo de 938.

De este año dice, es el Privilegio de los votos a San Millán, como comprueban el Padre Gabriel de Henao en sus Averiguaciones de Cantabria, libro 1º, capitulo 65, tomo 1º, página 324, número 5. Y libro 3º, cap. 21, tomo 2º, pag. 286, nota segun­da. No desde 934, como otros habí­an comprendido por no haber entendido debida­mente la fecha; bien que para mi asunto, poco viene a importar la diferencia.

Así­ del latino, como del castellano inserto en la confirmación del Rey Don Fernando el cuarto, del año 1287, uno y otro copiados por el obispo Sandoval, en las fundaciones de San Benito, fundación de San Millán, parágrafo 39, folio 49 y produci­dos por el monasterio de San Millán de la Cogolla, en el pleito de los votos que ya he dicho estableció en la chancillerí­a consta uniformemente que Vizcaya se hallaba sujeta por entonces a la casa de Castilla o a la de Navarra, a una de ellas precisamente, pero a  cuál de las dos, no es fácil determinar a causa de que el Privilegio, le extendió el Conde Fernan González, soberano de Castilla, incluyendo en él, no ya los pueblos de su dominio solar, sino también los del reino de Navarra, que no eran suyos, y si del Rey Don Garcí­a Sánchez, que por lo mismo presta a continuación su consentimiento, juntamente con la Reina su mujer y los Prelados, y Grandes de su Reino que también subscriben y otorgan su asenso, queriendo que los pueblos de su monarquí­a, mencio­nados en el cuerpo del Privilegio extendido por el Conde pagasen perpetuamente las ofrendas que se les imponen.

En él hay por lo respectivo a Vizcaya las cláusulas siguientes, que prueban su sujeción a la una de las dos potencias y a mí­ me parece que a la de Navarra, a resulta de alguna novedad que hubiese habido desde la muerte del Rey Don Orduño segundo de León, sobre la pertenencia de las provincias, o bien sea porque ellas mismas llevasen con repugnancia la sujeción del Reino de León, que las habí­a tan lejos, como ya lo advierten algunos escritores, y mucho más en este tiempo, que ya intermediaba el Condado de Castilla, exigido por el Conde Fernan González, con independencia (según se dice) de los Reyes de León y Asturias, dieron pues la obediencia a los de Navarra que estaban más a mano para gobernarlas, como también presumen los cronis­tas. Lo cierto es que en el Privilegio (en castellano) de los votos que vamos hablando, se ofrece esta cláusula, que trata de la disposición en que llegaron las huestes cristianas, a la gloriosa batalla de Simancas, y dice, que de Alava iban militando bajo las banderas del Rey Don Garcí­a Sánchez de Navarra.

La primera haz fue del Rey Don Ramiro con los varones de León, así­ la segunda haz fue del Rey Don Garcí­a Sánchez, con varones de Pamplona y Alava, la tercera haz fue del Conde Don Fernán González, con varones de Castilla. Por esta cláusula queda probado, que en Alava se incluí­a por entonces la Vizcaya.

Poco después dice el Privilegio: Estos buenos Reyes, en uno con el conde, par­tieron la tierra a Señor Santiago, y a Señor San Millán. Dieron a Señor San Millán, desde el rí­o Carrión hasta el rí­o de Arga, y de las sierras de Araboya hasta la mar de Vizcaya. Especifica luego los pueblos, y regiones, afectas a algunos votos, y entre ellos a Orduña con sus aldeas, Mena con todas sus aldeas, a sus alfoces pertenecientes de cada casa, sendos arrienzos de cera, o sendos codos de lienzo. Lo mismo dice el códice latino, y esta cláusula en Vizcaya, sino que andaba aparte.

Prosigue después. Desde el rí­o de Galarreta hasta el rí­o Deba; conviene a saber toda Vizcaya, y desde el mismo Deba hasta San Sebastián y Hernani con toda Guipúzcoa. Desde los fines de Alava, hasta la entrada del mar, todo lo que en este con­torno se contiene, de cada un alfoz sendos bueyes. Alava con todas sus aldeas, que a sus alfoces pertenecen que es de Losa, y Buradón hasta la mar, de cada diez casas, una reja de hierro.

Hasta aquí­ el Privilegio y las observaciones de D. Rafael Floranes.

Adición que corresponde al año de 1492. Siglo XV.

Hacia los fines de este siglo, esto es por los años de 1492, hallamos que se gravó a la Ciudad de Orduña, imponiendo sobre sus dos ferias anuales, un derecho, contri­bución decimal que antes no se pagaba, a favor del Condestable de Castilla (el 7º desde la creación de esta dignidad), para poder subvenir con este derecho y otras con­tribuciones de la Corona a los muchos gastos que soportaban en la guerra, y en defen­sa de sus estados.

Los Reyes de Castilla, a proporción que iban aumentando su imperio con nuevas conquistas y dominios, se vieron precisados a aumentar gastos, a crear empleos, y a tomar justas medidas para su conservación y defensa. Mientras que la Corona de Castilla, no se compuso mas que de estados, y tierras mediterráneas, no tuvo necesidad de Almirantes para mandar fuerzas de mar, porque no tení­a puertos ni costas marí­ti­mas. El Rey San Fernando (el 3º de los Fernandos) fue el primero que armó una escuadra en las costas de Vizcaya, para el cerco, y gloriosa conquista de Sevilla en 1248, y el primero también que haciendo entrar esta armada por el rí­o Guadalquivir (el famoso Betis de los romanos), creó al capitán Ramón Bonifaz, caballero natural de Burgos, primer Almirante para su mando, por su inteligencia práctica en las costas de la marina.

Así­ Don Juan el primero, por los años de 1382, antes de la desgraciada batalla de Aljubarrota, creó primer Condestable para la guerra de Portugal, a Don Alonso de Aragón, Conde de Denia, y después primer Marqués de Villena. Sirvió nueve años la nueva dignidad de la condestablia. En 1391 se la quitó Enrique 3º, y creó 2º Condestable a Don Pedro de Castilla, Conde de Trastámara.

Veamos pues ahora a favor de cuál de los Condestables posteriores sucesos fue gravada Orduña, sobre la venta de sus dos ferias anuales en 1492.

Don Pedro Fernández de Velasco, segundo Conde de Haro, y sexto Condestable de Castilla, fue el primero de los Velascos que tuvo esta dignidad en 1473, a instancia de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, maestre de la Orden de Santiago, que gobernaba absolutamente entonces al Rey, y a los reinos. Murió el dí­a 6 de enero de 1492, y le sucedió su hijo Don Bernardino de Velasco.

Era preciso dotar estas dignidades, buscando medios para ello, porque la Corona tení­a pocas rentas, y todaví­a menos las casas de los Condestables. A Don Miguel Lucas de Hiranzo, quinto Condestable por merced de Enrique 4º, se habí­a concedido por juro de heredad la villa de Agreda, las fortalezas de Bexaton, y Vozmediano, la tenen­cia de la Ciudad de Jaen, y villa de Andújar. A este modo pues, el diezmo sobre las ventas de las ferias de Orduña a Don Bernardo de Velasco el 7º de los Condestables, y es el que contrató un convenio con la Ciudad, para su equitativa exacción.

Siglo XV

Escritura de convenio otorgada entre la Ciudad de Orduña y el 7º Condestable de Castilla Don Bernardino de Velasco sobre diezmos de las mercaderí­as de sus ferias. Año de 1492.

Por un testimonio dado por Fernando de Orive, escribano público en 24 de julio del año de 1522, consta haberse otorgado Escritura de convenio, entre la Ciudad de Orduña, y el Condestable de Castilla a 19 de noviembre de 1492, ante Lope Ibáñez de Aguiñiga, escribano de los fechos del concejo y cámara de la Ciudad, por la cual otorgaron ésta y el Condestable sobre del derecho del diezmo de las mercaderí­as que se vendí­an y compraban en las dos ferias que se celebraban en la expresada Ciudad, en los meses de mayo, y octubre (la cual comprende cinco fojas útiles del pliego entero rotulado, cajón A legajo nueve del archivo de Orduña) que atendiendo a los Privilegios, y costumbres de dicha Ciudad, convinieron que ninguna persona o perso­nas, de las que viniesen, y concurriesen a las expresadas ferias, pagasen diezmo de lo que vendiesen y comprasen; a no ser que las comprasen para volverlas a vender, que en tal caso deberí­an pagar el diezmo a la condestablia, como si las trajesen del otro lado del mar, o de Bilbao, o de otros cualesquiera lugares. Que cualesquiera persona o per­sonas, que comprasen en las ferrerí­as, o fuera de ellas, paños, lienzos, u otras mercade­rí­as para su uso, llevándolo baxeado, y haciendo juramento de que no lo llevan para vender, ni revender, no pagasen diezmo; pero sí­ que estos fuesen obligados a manifes­tarlo al diezmero que estuviese allí­ por el Condestable, y a que llevasen de él sus albalas bajo la pena de perderlo por descaminado. De lo cual las dichas partes pidieron testi­monio al escribano que estaba presente.

Siglo XV

Noticia del Condestable antecedente del origen de esta dignidad en Castilla, y de sus autoridades.

El Condestable de que se trata fue el séptimo de Castilla, y segundo de la casa de Velasco Don Bernardino de Velasco, cognominado, y conocido por el Gran Condestable. Fue casado con Doña Juana de Aragón, hija bastarda del Rey Don Fernando. Murió en Burgos a principios de febrero del año de 1512. Fue el primer Duque de Frí­as, tí­tulo que le dio el Rey su suegro el año de 1492, en que falleció el Condestable Don Pedro Fernández su padre.

Los Condestables tuvieron origen en España el año de 1382, habiendo sido el primero Don Alonso de Aragón, Conde de Denia, primer Marqués de Villena por merced que le hizo el Rey Don Juan el primero.

Este oficio y dignidad era la primera en estos reinos después de la Real, Prí­ncipe, Infante, y Maestre de las órdenes militares (Santiago, Calatrava y Alcántara). Sus prin­cipales prerrogativas eran, la de justicia mayor, capitán general de los ejércitos, y presi­dente de todos los negocios de la guerra. El debí­a examinar todos los casos, y de sus sentencias no habí­a apelación sino a la Persona Real, así­ en lo civil, como en lo crimi­nal, en uno y otro con mero y mixto imperio. Debí­a poner en los ejércitos alcaldes para los negocios civiles, alguaciles, oficiales y ministros que tuviesen cuenta de ver, rever, moderar, y visitar todas las vituallas, y cosas vendibles en el ejército. Todos los caballeros y señores del Real, por muy grandes que fuesen, debí­an estar bajo de su dominio y jurisdicción. Sin su licencia, decreto, y autoridad, no se podí­a hacer nada. Tení­a las llaves de la Ciudad, villa, castillo, torre, casa fuerte, y cualquiera otro género de fortaleza, donde la Persona Real estuviese. Habí­a de vengar las injurias que los caballeros del ejército recibiesen. Cuando el ejército se mudaba de una parte a otra, estaba obligado a hacer echar bando diciendo: Manda el Rey y su Condestable tal cosa. En los rieptos y desafí­os que al reino se le hací­an estaba obligado a responder. Su juicio era el mayor después del Rey. Podí­a traer Coronel a su cabeza, y en el escudo de armas. Esta dignidad y oficio se empezó a introducir en los reinos de Castilla, a imita­ción y ejemplo del reino de Francia, donde dí­as habí­a que se usaban Condestables, como en los tiempos antiguos en Castilla los alféreces del Pendón Real.

DE LOS CRONICONES O HISTORIAS POSTERIORES A LA INVA­SIí“N GENERAL DE LOS MOROS, Y Pí‰RDIDA DE ESPAí‘A. DE SEBAS­TIANO, OBISPO DE SALAMANCA, SAMPIRO, OBISPO DE ASTORGA, Y PELAYO, OBISPO DE OVIEDO.

CRONICí“N DE SEBASTIANO

Fray Prudencio de Sandoval, sabio benedictino, obispo de Salamanca, y autor de muchos libros históricos de mucho aprecio hizo a España el buen servicio de imprimir las historias de estos obispos, que andaban en códices separados con algunas diferencias en sus copias, y consiguientemente con la precisa confusión que resultaba de estas dife­rencias.

Don Nicolás Antonio, que vio esta confusión dice a las páginas 505 y 506, de su Censura de historias fabulosas, “que con esta impresión de Sandoval se advierten, y se deshacen las equivocas. Que estos autores andaban copiados juntos, sin advertirse (en las copias) donde acababa el uno su historia, y donde la empezaba el otro a continua­ción. Que esto dio ocasión a equivocarse muchas veces los que encontraban estas copias. Y que así­ lo dirí­a, o demostrarí­a en su biblioteca”.

Y un poco más adelante, al párrafo 5: “Yo sospecho, como lo apunté poco ha, que estos tres obispos, como se fueron sucediendo en el tiempo, fueron copiando las historias de aquel, o de aquellos que le antecedieron, añadiendo cada uno las memorias de su tiempo; y así­ dejaba correr toda esta unión o junta echa un cuerpo, aunque de varios autores, a nombre suyo, notando al fin, que él era autor de aquella historia, sien­do en la mayor parte ajena, o dejando alguna otra señal, que así­ lo indique. Con lo que persuadidos los que en nuestros tiempos han podido haber a sus manos alguna copia, o copias de ellas, (según encontraron con la que tení­a la nota o indicación) de haberla hecho Sebastiano, Sampiro o Pelayo, así­ la atribuyeron en sus escritos, al tal obispo de estos, cuyo nombre o señal tení­a, todo lo contenido en la historia de su copia desde el principio hasta el fin. Y de aquí­ procedió, y procede que unas mismas cosas, y unas mismas palabras, uno las refiera a la historia de Sampiro, y otro a la de Pelayo, siendo todas del autor que escribió lo correspondiente a aquel tiempo que va historiando; y sólo están copiadas por el otro posterior, y ingeridas con lo que él aña­dió suyo y de su tiempo.

He querido poner esto aquí­ (añade) para que si alguno hallare mejor salida, me lo advierta, que bien es menester, porque vemos que Ambrosio de Morales padeciendo esta equivocación, atribuye a cada uno de estos cuatro obispos (el Arzobispo Don Rodrigo es el cuarto) lo que no escribieron, como ya se sabe, y se conoce hoy, que por beneficio de Fr. Prudencio de Sandoval, leemos los pedazos y tercios de aquella histo­ria, a nombre de cada uno de los obispos que particularmente los escribieron.” Hasta aquí­ Don Nicolás Antonio.

El Marqués de Agropoli, y de Mondejar (Don Gaspar Ibañez de Segovia), con­temporáneo y amigo de Don Nicolás Antonio, distinguiendo más este punto dice así­: “De este espacio de tiempo en que lograron nuestros Prí­ncipes Cristianos gloriosí­simos sucesos, y singularí­simas victorias contra los infieles, se conservan, aunque cortas, sus noticias, en estos chronicones. El Rey Don Alonso 3º llamado el Magno (reino desde el año de Christo de 862 hasta el de 910) que da principio en la elección del Prí­ncipe Don Pelayo, y concluye con la muerte de Don Ordoño primero en el año de 862. Este chronicon le publicó Fray Prudencio de Sandoval, por obra de Sebastián obispo de Salamanca; pero consta que es obra del mismo Rey Don Alonso, sobre que puede verse a Don Nicolás Antonio, en su biblioteca; pero es de notar, que Sandoval publicó truncado este chronicon, y bastante defectuoso, pues su verdadero principio es desde la muerte de Recesuintho, y elección de Wamba. Y así­ le publicaron después entero, y sin las interpolaciones que tiene el de Sandoval, Ferreras, y Berganza”.

CRONICí“N DE SAN PIRO O SAMPIRO

“Sampiro obispo de Astorga, continuó el cronicon de Don Alonso el Magno, empezando desde el, acabando con el reinado de Don Ramiro 3º (en el año de 982, y comprende un periodo de 120 años con los reinados del dicho Don Alonso, Don Garcí­a, Don Ordoño 2º, Don Fruela, Don Alonso 4º el Monje, Don Ramiro 2º, Don Ordoño 3º, Don Sancho primero, y Don Ramiro 3º que son nueve). Le publicó pri­mero Sandoval, y después (en este siglo) Don Juan de Ferreras, y el Padre Berganza”.

CRONICí“N DEL OBISPO DON PELAYO

“Don Pelayo, obispo de Oviedo, continuó a Sampiro, hasta Don Alonso el sexto (siete reinados, y 126 años hasta el de 1108). Le publicaron los mismos autores cita­dos. Ambrosio de Morales, cita también a Isidoro obispo de Befa, conocido por el nombre del Junion; y es de admirar que hasta ahora, nadie le haya publicado. Comprende su obra, y es un resumen de todos los cronicones antecedentes”.

CRONICí“N DE ALVELDA

“Este cronicón que unos llaman de Alvelda, y otros de San Millán, porque le han visto y leí­do entre los códices de aquellos monasterios, es uno mismo. Le publicó el primero Don José Pellicer, con el nombre de Dulcidio obispo de Astorga, y después ha repetido su publicación los Padres Berganza y Mencolaeta benedictinos”.

CRONICON DEL MONGE DE SILOS

“Otro insigne monumento es, el que se cita con el nombre de chronicon del Monje de Silos, que comprende hasta la muerte del Rey Don Fernando el 1º que fue en el año de 1065 (o 1065) sobre el cual, y las varias opiniones que hay de su autor, se puede leer a Don Nicolás Antonio”. Publicólo el Padre Berganza.

Así­ pensaron de nuestros antiguos, y utilí­simos cronicones, dos de los mayores hombres y crí­ticos que en esta clase de letras, y en la historia, tuvo España, a fines del siglo pasado. El uno y el otro le han dado, y le darán siempre mucha gloria. Sus deci­siones de reciben como de oráculos. Dan la luz que se busca, y se veneran.

DE LOS FALSOS CRONICONES. RESUMEN HISTí“RICO, RACIOCI­NADO DE SU INVENCIí“N, SUS PROGRESOS, Y DECADENCIA.

El Padre Jerónimo Román de la Higuera, jesuita, natural de la Ciudad de Toledo, que viví­a en 1594, fue un hombre muy leí­do, de ingenio novelero, y entrega­do a su pasión: según ella, y fines personales se echó a escribir en obsequio de su Patria, del vulgo, y de las opiniones vulgares, cuanto imaginaba por la una, y cuanto deliraba por las otras.

Forjó a los principios, unos cabos sueltos, a modo de fragmentos que atribuyó a Dextro, hijo de San Paciano, obispo de Barcelona, contemporáneo de San Gerónimo, aprovechándose por esta atribución de unas palabras de este gran Santo, en que contó a Dextro, entre los escritores eclesiásticos. Después forjó a Maximo, obispo de Zaragoza, celebrado por San Isidoro entre los varones ilustres, a Luitprando, Diácono de Pavia, bien conocido por sus verdaderos escritos, a Julián Pérez, escritor desconoci­do de todos los siglos, y los hombres. Finalmente forjó a San Braulion, a Tajon, Valderedo, Heleca, obispo de Zaragoza, y a otros muchos escritores que solo existie­ron en su tenebrosa, pero fecundí­sima testa de patrañas y enredos. Y para coronar sus  tareas, quiso levantar a su Patria un edificio de gloria inmortal, en la historia de Toledo que escribió fundada mucha parte de ella (como si Toledo tuviera necesidad de ilus­trarse con quimeras) en sus mismos falsos fragmentos, llamados chronicones, y bautiza­dos para imponer mejor, como lo consiguió con autorizados respetables nombres.

Comunicó sus laboriosos fragmentos a diferentes personas, y entre otras a Don Juan Bautista Pérez, obispo de Segorbe, que era entonces un oráculo de erudición eclesiástica, y de su historia tomó la pluma este sabio Prelado, y escribió al Padre Román de la Higuera, su famoso artí­fice, que eran fingidos los cronicones intitulados a Dextro, y Máximo. Sus razones fueron tan fuertes, que mientras vivió el obispo, no se atrevió a chistar el impostor; pero habiendo muerto tres años después, en 8 de noviembre de 1597, desfiguró Román de la Higuera su primera invención (para que no pudiese recaer sobre la segunda, la demostración censoria del obispo* ya difunto) la formó en su fantasí­a de una nueva manera más fácil de escribir, con el fin de sacar his­toria; y así­ la ordenó en forma de chronicones.

Las crónicas que se componen de cabos sueltos, son fáciles de escribir, de quitar y añadir en ellos cuanto se quisiere. Por otra parte, el estilo, debe ser breve y cortado, razón que favorece para poder componer cualquiera obra de esta clase, a imitación del estilo que se ve en otros muchos chronicones.

Más. Para hacer bien todo esto, se necesita más habilidad que la que tení­a Román de la Higuera, que al fin ha ganado el nombre de impostor cuando él quiso ser un héroe de la República de las letras, entre los escritores de la historia sagrada, y pro­fana. ¿Y qué sistema fue el de este impostor para engañar a todos sus lectores? í‰l se juzgó capaz de ser árbitro y juez de todas las opiniones o controversias que habí­a entre los españoles mismos, sobre varios puntos de la historia eclesiástica. Tomó el partido de los españoles contra los extranjeros para lograr en España un aplauso general, se hizo neutral, medianero, o conciliador de las cuestiones que los españoles tení­an entre sí­, multiplicó o disminuyó lugares; hizo lo mismo con las personas, y las acciones de unos y otros, para que pareciese que todos tení­an razón, aun cuando no la hubiese. Esparció de nuevo (muerto el obispo de Segorbe) varios fragmentos muy conformes con los deseos, y con lo que cada uno podí­a apetecer, según empeño, o su pasión.

Iban de la mano de un hombre religioso, leí­do, y autorizado por su ropa, enseñaba a sus confidentes, y a los esparcidores, una carta de otro religioso de su misma ropa, donde se veí­a que los tales fragmentos se los iba enviando desde la Ciudad de Wormes, en Alemania, suponiendo en ella que eran hallados, y sacados del monasterio benedicti­no de Fulda daba traslados auténticos de ellos, conformes al original gótico de Fulda afirmando ser antiquí­simo.

Los que recibí­an estos fragmentos estaban interesados en su defensa porque ellos referí­an lo que era conforme a sus opiniones, o a la gloria mal entendida de sus cuer­pos y religiones. Los publicaban en sus obras, y en cuantos libros imprimí­an, y casi todos creyeron cuanto se decí­a en ellos, unos por falta de letras, y estudio crí­tico; otros por sobra de pasión a sus opiniones, y viciado estudio. De esta suerte les quedó libre el campo, crecieron sus aplausos a medida de los muchos escritores que los propagaban. La verdad se quedó sin defensa; pero los cronicones muy protegidos y acreditados en España.

Algunas religiones se vieron en ellos engrandecidos con la antigí¼edad que desea­ban, con Santos que no sabí­an, y con otros que dudaban si eran suyos. Muchas iglesias empezaron a creer que habí­an sido erigidas en los tiempos apostólicos, que fueron suyos muchos Santos, confesores, y mártires, y que en las historias eclesiásticas, estaban celebrados con el defecto de no darles patria, ni las sillas que les señalaban Dextro, Marco Máximo, Luitprando, y los demás cronicones. Apenas habí­a ciudad, municipio, ni población que no se viese ennoblecida con el nacimiento de algún Santo, con su glorioso martirio o con su enseñanza.

La Ciudad de Orduña, también tuvo esta fortuna, por que Dextro se los da en fe de Uxamabarca de los pueblos Autrigones de Vizcaya. Y Luitprando se los aplica aun más generoso, en Flaviobriga, reduciendo a Orduña esta población del tiempo de los romanos, y de las persecuciones gentilicas.

El primero que se atrevió en España a impugnarlos, después de muerto el sabio obispo de Segorbe, fue Don José de Pellicer y Tovar. Después lo hicieron con mayor esfuerzo y fundamentos, el marqués de Mondejar, el Cardenal José Sainz Aguirre, y Don Nicolás Antonio, aquellos en sus obras, y éste en su biblioteca antigua.

Posterior a ellos, y cuando la campaña ya estaba más batida, escribió Don Juan de Ferrares, cura de la iglesia parroquial de San Andrés de Madrid, su sinopsis histórica cronológica de España, obra larga, de mucho estudio, y muy estimada. El preludio de su segundo tomo empieza con el capí­tulo siguiente

CAPíTULO 1

DE LOS AUTORES SUPUESTOS Y FALSOS DE NUESTRA HISTORIA

“Siendo los dos polos de la historia, la seriedad de los monumentos de que se produce, y la cronologí­a para consignar debidamente los sucesos a sus tiempos, para continuar la nuestra por los cuatro primeros siglos cristianos, nos ha parecido señalar los monumentos seguros de ella, y manifestar la suposición, y engaño de los que salie­ron al principio del siglo 17, y se continuaron después, por los que con indirecto celo de suplir lo que falta en nuestras historias, formaron aquestos, en que tiñeron la pluma incautamente los nuestros, manchándolas torpemente como si la verdad no fuera en todas su mayor lustre. Y así­ habiendo de continuar la nuestra por el tiempo dicho; así­ en las cosas sagradas como en las profanas, empezaremos a demostrar los supuestos para señalar los seguros”.

LIBRO 1º DE LA OBRA DE DEXTRO

“El primer monumento de aquella clase que se produjo al principio de este siglo en que escribimos fue el Cronicon de la omnimoda Historia de Dextro, hijo de San Paciano, obispo de Barcelona. Produjole Jerónimo Román de la Higuera, y se impri­mió algunas veces, comentado por Rodrigo Caro, con unas notas ligeras, y con otras de mayor estudio, por Fr. Francisco de Bibar monje cisterciense, el año 27 de dicho siglo, cuya suposición han demostrado muchos de los nuestros, y muchos de los extra­ños. Y entre los nuestros especialisimamente el Excelentí­simo Señor Marqués de Mondejar en sus Disertaciones Eclesiásticas, en que no dejó que decir a la posteridad Don Nicolás Antonio en obra especial que compuso de esta materia, y en su, erudití­si­ma Biblioteca antigua de España. Y el Eminentí­simo Señor Cardenal Aguirre en la colección de los concilios de España, dejando otros que desde que se publicó esta obra, dejaron manifestado en sus escritos que estaban en este mismo concepto.

Nosotros para asegurar el juicio de los que leyeren brevemente manifestaremos los motivos que convencen clarisimamente la suposición por el mismo monumento que se afianza por sus defensores; dejando las circunstancias que no conducen para nuestro intento. El glorioso San Jerónimo que escribí­a el Libro de los escritores ecle­siásticos, en el año 14 del imperio de Theodosio el mayor, que fue el año 392 del computo vulgar cristiano, en el número. 143 de mi edición, asegura al parecer, que Dextro hijo de San Paciano escribió Historia omnimoda, o universal, cuyas palabras son estas:

“Dextro, hijo de Paciano, de quién hablé arriba, esclarecido en el siglo, y dado a la Fe de Cristo, se dice tejió o compuso una Historia omnimoda o universal, dedicada a mí­, la cual aun no he leí­do. Cuya cláusula trasladaron cuantos después hicieron memoria de él, como son: Honorio Augustodunense en el Libro de los escritores ecle­siásticos o de las Luces de la iglesia, en el número 133, Rafael Volaterrano, en el libro 15 de la Antropologí­a letra de Conrado Gesnero, Antonio Pasevino, Juan Rioch, Baromo, y otros muchos”.

“De aqueste testimonio se convence que San Jerónimo no leyó la obra de Dextro, de que hace memoria por expresarlo así­ el mismo santo; y así­ que no tuvo cer­tidumbre de ella por no haberla visto y leí­do, poniéndola solamente por rumor, y noti­cia incierta de ella; pues eso dice en el común concepto la voz fertur como comprue­ban muchos doctos. Y así­ siendo cierto que San Jerónimo no tuvo certeza de que Dextro hubiese escrito la omnimoda historia, era necesario para la seguridad de esto otro monumento positivo, de autor seguro, que lo afianzase, el cual hasta ahora no se ha descubierto, porque en cuantos autores han descubierto la diligencia de estos siglos, y ha leí­do la cuidadosa atención de los más estudiosos, no se halla, habiéndose dedica­do tantos a descubrir las escondidas noticias de la antigí¼edad. Y todas las veces que un autor deja dudosa una cosa, no se puede en materias históricas determinar prudente­mente ningún extremo de la duda, sin que haya monumento seguro por donde se determine, al modo que dicen los filósofos, que es imprudente cualquiera determina­ción, sobre si las estrellas son pares o nones, porque no hay principio para asegurarse que son pares o nones, cuya seguridad afianza locamente la jurisprudencia. Dado que fuese cierto el que Dextro escribiese lo que dice San Jerónimo, esto no conviene a la obra publicada en su nombre, lo uno por que San Jerónimo escribe que Dextro escri­bió Historia, la cual como saben todos los eruditos, es una narración de los sucesos pasados con todas sus circunstancias extendiéndose en uno y otro la pluma sin mirar principalmente a la determinación del tiempo: y la obra que se ha publicado con nom­bre de Dextro, no es Historia, sino Chronicon cuyo significado es diversí­simo del de Historia, por que el chronicon cuya etimologí­a es consignación de tiempo, mira sólo a consignar el tiempo verdadero de los sucesos o personas sin detenerse en otra cosa fuera de esto, como saben todos los que se han dedicado al estudio de la erudición, y se puede ver con claridad en la Historia eclesiástica de Eusebio Cesariense, y en su chronicon, haciendo el mismo cotejo con las historias sagradas y profanas y los chroni­cones de tantos antiguos y modernos. Luego si la obra publicada con el nombre de Dextro, es Chronicon como dice el tí­tulo, y conocerá cualquiera que supere distinguir la Historia del Chronicon, no puede ser esta la obra que por las palabras de San Jerónimo, se dice escribió Dextro”.

De este modo califica Don Juan de Ferreras el Chronicon. Continua todaví­a más su censura para manifestar que en su Historia, no debe hacer caso de sus noticias, ni de su errada cronologí­a. Lo mismo hace, uno por uno, con Luitprando, y todos los demás chronicones del Padre Román, y con su historia de Toledo, que no aprecia para nada.

Pero Don Nicolás Antonio, después de su Biblioteca antigua, tomó de su cuenta el asunto en grande y en pequeño. Escribió la censura de Historias Fabulosas, donde apuró la verdad, convenció las suposiciones y falsedades, en fin demostró cuanto se propuso en ella, tomando el agua en su origen, de autoridades y fuentes no corrompi­das, con cuya grande obra publicada y añadida en 1742, por Don Gregorio Mayans y Siscar bibliotecario del Rey, acabaron de venir a tierra todos los chronicones que albo­rotaron el siglo pasado.

Alborotaron el siglo pasado por el grande interés, por el auge a que subí­an en ellos todas las cosas de España, eclesiásticas, seculares, y antigí¼edades. El Padre Gabriel de Henao, que escribí­a a fines de él, en gloria de San Ignacio de Loyola, sentí­a en su corazón que se dijese, y sentase de un hijo suyo, que era un falsario, y un impostor en materias tan graves. No lo pudo sufrir. Y así­, cuidando de sí­ mismo, y de su hermano Jerónimo Román de la Higuera, puso al folio 324, de su tomo, el rasgo de erudición, de suficiencia, y vindicación siguiente.

“Al modo que digo aquí­, que tengo por falso en Flavio Dextro, lo que escribe sobre el asunto de que trato ahora; suelo responder en otras cosas que en él son ajenas de la verdad, o inciertas. Pero no me determino como Pellicer libro 8º de los Anales de España, desde la paga. 377. El Excelentí­simo Marqués de Mondejar, Don Gaspar Ibáñez de Segovia, parr. 1º de las Disertaciones Eclesiásticas, en la 3, capí­tulo 4 desde el número. 2. Don Nicolás Antonio en la Biblioteca de los escritores españoles, y algu­nos otros más, a decir que se urdió de nuevo desde el año 1594, todo lo que en su chronicon toca a España. Porque lo cierto es que Fray Juan de Rihuega, año de 1525, y Don Lorenzo de Padilla año 38 del mismo siglo, vieron y citaron parte del chroni­con de Dextro, que llegaba a la Seca general de España. Y así­ consta por la Historia de Rihuega, hasta la venida de los godos, por el catálogo de Santos, y por las antigí¼eda­des de España que de Padilla corren impresas. Y a aquella parte se escondió ya, como por el contrario se descubrió esta otra el año que dije, por medio del Padre Jerónimo Román de la Higuera, de nuestra compañí­a.

Contra la nota que de invencionero se le pone hacer gran fuerza la satisfacción que con pesquisa he cobrado de su virtud, entereza, verdad, y el testimonio que da el Padre Francisco de Portocarrero, en la prefacción al libro de la Descensión de Nuestra Señora a la Santa Iglesia de Toledo. Son sus palabras impresas año de 1616. Envió este chronicon, y los demás que abajo se dirán (habla de los de Dextro, Marco Maximo, Luitprando, y Juliano) el Padre Tomás de Torralba de la compañí­a de Jesús, natural de Ocaña desde la Ciudad del Wormes, al Padre Jerónimo de la Higuera de la misma compañí­a; cuya carta yo vi firmada del mismo Padre Tomás de Torralba, y tengo un trasunto de ella. Así­ Portocarrero, varón esclarecido en el nacimiento, y conocidamente virtuoso, y vivo ejemplar de perfección religiosa, según Alegambe y Situelo, en la biblioteca de los escritores de la compañí­a. No se compone con hombre de tantas señas, haber dado testimonio que fuese tan falso.

Concurren no menores en el Padre Martí­n de Roa; y éste también escribe en el capí­tulo 11 del Principado de Córdoba folio 56. Faltan ahora en la librerí­a de Fulda estos chronicones, no prueba que no estuviesen allí­, o no se hubiesen traí­do de ella… De allí­ los envió un religioso de la compañí­a al Padre Jerónimo Román de la Higuera, de la misma compañí­a en Toledo. Conocilos ambos, y trátelos. De su fidelidad, agravio serí­a dudarse. Vi yo en manos del Dcr. Luis de San Llórente, racionero de la Santa Iglesia de Sevilla, conocido en ella y en Roma, donde nos comunicamos y donde gastó él muchos años, y estudios en la Vaticana, y otras célebres librerí­as de aquella Ciudad, escudriñando cuanto podrí­a enriquecer la historia eclesiástica de España. Vi digo una copia de Dextro, que aseguró haberla alcanzado por mucho precio en Verceli, ciudad del Gran Duque de Saboya, tan antigua, y tan gastadas las letras, que bien mostraba su ancianidad. Hasta aquí­ Roa, en el año 1636.

Estuvieron muy lejos de tener a Higuera por embustero, los que le conocieron, y vivieron con él, antes sí­ le honraron con elogios grandes como Portocarrero en el lugar citado, y el Padre Gabriel Vázquez (tom. 1 par. 3 disp. 80 cap. 12 núm. 71) califí­cale de harto curioso en antigí¼edades el Ilustrí­simo Sandoval, en las notas al Rey Don Silo pagina 112. Y dice en las antigí¼edades de Tuy folio 11: Gozado he por mi buena suer­te de la buenaventura que el Padre Jerónimo Román de la Higuera, religioso docto y curioso de la Compañí­a de Jesús, ha tenido en hallar libros, papeles, fragmentos, y memorias de gran antigí¼edad, que por gran diligencia han venido a sus manos, y me los ha comunicado. Añade en la chronica del Rey Don Alonso el noble y bueno, folio

179: serí­a cosa bien curiosa y cierta todo lo que dijere el Padre Jerónimo de la Higuera. Asimismo el Condestable Don Juan Fernández de Velasco, pag. 16 de los Discursos sobre la venida, y predicación de Santiago en España le llama persona de insigne erudición y piedad. Ultimamente el Conde de Mora, parte y libro 1 de la Historia de Toledo, gasta los capí­tulos 13 y 14 en elogios suyos. Cito pues frecuente­mente el chronicon de Dextro que por manos de Higuera se esparció en España. Porque no le tengo por fingido del todo, y porque en él hay muchas noticias útiles; aunque siento siempre de él con desinterés que en varias partes se ha visto, y se verá. Convengo lo mas, o en mucho con los Padres Bollando, y Henschenio cap. 4. Aleganle también ellos cuando hay otros autores acreditados que dicen lo mismo, o cuando no los hay que digan fundamentalmente lo contrario. Y va Mariana lib. 4 cap. 17 de la Historia de España en romance notó: Un chronicon anda en nombre de Dextro, no se sabe si verdadero si impuesto. Buenas cosas tiene, otras desdicen. Yo a mi uso del aplico aquellas palabras de San Jerónimo en la epí­stola 75. En este modo se han valido del chronicon de Dextro, muchas iglesias, catedrales, y ciudades de España, para solemnizar públicamente a no pocos santos, mártires, y confesores como naturales suyos, cuyas memorias sin las de las Patrias se conservaban en el Martirologio Romano, y los Rezos de algunos han sido confirmados por la Sacra Congregación de Ritos. Pondéralo bien Fray Marcelo del Espí­ritu Santo en el memorial por los cinco Santos Mártires de Salamanca, impreso año 1668, a los cuales como a hijos suyos ella celebra fundada en el dicho de Dextro. Y en el mismo alegándole con expresas pala­bras afianzó Mariana libro 4 capí­tulo 5 de su Historia en Romance el haber padecido en Sevilla y no en Roma unos Santos Mártires.

Tampoco me determino a decir que la obra con nombre de Juliano Pérez Arcipreste de Santa Justa en Toledo, fue trama de los cascos del Padre Higuera, como entre otros la censuran el Marqués de Mondejar arriba y en el patronato de San Frutos, y Don Nicolás Antonio en la biblioteca de los escritores españoles. Oponese gravemente a esta censura el Maestro Fr. Gregorio de Quintanilla in tabernáculo fade­ris lib. 2 sect. 7 o 6 núm. 271 pag. 335. Tuvo Fray Juan de Zamora siglos antes el chronicon de Juliano, y le aumentó con adicciones de que da testimonio arriba el Padre Francisco de Portocarrero, afirmando se copiaron de la librerí­a de Don Antonio Agustí­n Arzobispo de Tarragona. Leo en Fray Alonso de Miranda, de la sagrada reli­gión de la Merced, y después Abad de Santa Anastasia, estas palabras: Escribe Fr. Juan Gil, en las adicciones de Juliano Arcipreste de Toledo [ilegible] Así­ en las suyas (año de 1625) al libro San Ildefonso defendido, y declarado pagina 34.

Como era natural de Zamora, y el libro se dirige a cosas de la misma Ciudad, parece que vio en ella las adicciones de su compatriota Fray Juan Gil. Están en Juan Pablo Martí­n Rizo, pagina 56 de la Historia de Cuenca que se imprimió año de 1629, unas largas cláusulas de ellas, y fueron alegadas año de 1635 por Tamayo de Vargas in notis at Luitprandum pag. 121. Sacarianlas del convento de San Francisco de Zamora, pues ya en el año de 1628, no se hallaban entre los volúmenes manuscritos  de Fray Juan Gil, a lo que averiguó Don Lorenzo Ramí­rez de Prado.

No le diferencia a este Juliano Arcipreste de otro Juliano Diácono, y griego de nación, y anterior en tiempo del Rey Don Pelayo, con la claridad que convení­a, Don Pablo de Espinosa una parte de la Historia de Sevilla, libro y capí­tulo 2 folio 30. Acreditan esto, Don Sancho Dávila, escriviendo la vida de San Vidal, Marta Toledano, y Fray José de Siguenza lió de la Historia Geronimiana, capí­tulo 13 al Juliano Arcipreste, el cual en los adversarios número 90 pagina 24. Escribe de sí­, que por el año 1094 viví­a en Alcalá de Henares. Concuerda con esto, el asegurar Morales libro 17 capí­tulo 18, que un Juliano Pérez Presbí­tero, acabó de escribir en Alcalá de Henares, en el campo laudable año 1095, un libro de los Concilios de los Santos Padres, y Decretos de los Pontí­fices Romanos. En cuya conformidad al fin del chronicon se halla escrito, que fue el de 1075, como deja notado núm. 547 pag. 122. Y este autor llegó con su chronicon al año 1135, en el cual hizo epitafio al venerable Pascual Arrugo, difunto entonces en una ermita muy cercana a la villa de Olmedo. Y él en la colección de sus versos pagina 157 refiere parte del epitafio, y Sandoval enteramente en la crónica del Rey Don Alonso Ramón folio. 22 de la impresión del año 1615, habiendo leí­do como yo también en una piedra de alabastro, que sirve de dintel a la puerta de la torrecilla de la ermita, sin que en ésta se conozca donde están los huesos, o cenizas, ni yo viese allí­ señales algunas de su culto presente ni antiguo: aunque Tamayo de Salazar en el Martirologio Hispano a 3 de mayo pagina 66, pone entre los santos a Pascual Arnugo, de que prudentemente se abstuvieron Henschenio, y Papebrochio pagina 360 in poetermisis die 3 may. El haber trasladado Julián Pérez año de 1095 el libro de que da razón Morales, y haber escrito la Conquista de Almerí­a año 1147 en versos leoninos, que se leen al fin de aque­lla crónica, compuesta por Sandoval, y los denotó el mismo Julián número 625, pagina 135 del chronicon, y otros de la cautividad de Almerí­a número 482, pagina 133 de los adversarios, y los de la conquista son reconocidos de Portocarrero en el Prólogo al libro alegado, y después en el cap. 32 fol. 90 y 91 de Don Lorenzo Ramí­rez de Prado, en la dedicatoria del chronicon del Padre Juliano, de Felipe de Gándara, capitulo 18 de las Armas y triunfos de Galicia pagina 168, se concierta bien porque en el fin de la Descripción de las ermitas célebres pagina 142, declara de sí­ Julián, que la formaba teniendo más de cien años de edad, y aun se concierta el haber alargado la vida por lo menos hasta el año 1163, según una donación suya de cierta viña a la Santa Iglesia de Toledo que trae el Conde de Mora, donde arriba capí­tulo 12. Ultra de lo dicho tantas y tan diversas antigí¼edades como contiene Juliano, (lo mismo Dextro) y estando ignora­das antes, se han verificado después de él, hacen no pueda yo presumir cómo puso los escritos que se le atribuyen a un hombre como el padre Higuera, que no registró las librerí­as y archivos de España, ni anduvo por toda ella, y sus rincones. Tampoco puedo persuadirme se ocupase en apuntar muchas cosas, que siendo reparables para el tiempo de Juliano, (lo mismo del de Dextro) eran para el suyo escusadas; ni creer, que hacer apuntamientos de Higuera, los hubiera él dejado de tantas partes, con vací­os e imperfecciones.

No es ánimo, hacer apologí­a de Juliano, ni de Dextro, sino de mí­, por la fre­cuencia con que los cito, a causa de lo mucho que tocan perteneciente a mi asunto, y parte merece ser aprobado, y parte reprobado. Cuan sin pasión nacional hago yo uno, y otro, se ha manifestado bastantemente hasta aquí­, y será no menos en adelante. Y aunque hay quién diga son unos de los más fingidos autores o duendes, que turban la paz de las historias, no es de temer este disturbio si se leen, y traen con discreción entre lo falso, y verdadero, como ya hablando de Dextro lo advirtió cuerdamente Fray Alonso Maldonado en la Coronica Universal de todas las naciones tratado 16, cuyas palabras contra los desafectos en su tiempo del año 1623, yo no traslado aquí­, porque siendo más benignamente de los que en éste lo son, Y algunos lo son tanto que de ellos uno muy erudito me escribió: Quisiera que V. P. observase no hacer caso de Dextro, Juliano, Luitprando, y los demás que le acompañan en el descrédito, y mala fe, porque si por si no la tienen, en cuanto no se acredita lo que dicen con testimonios más seguros, ¿de que sirve su memoria sino para desautorizar, a quien para nada se vale de ella sola?

A que respondí­ con toda veneración. Lo primero que lo que reprobaba podrí­a servir para que muchos nimiamente adheridos a Dextro, y a los demás no se fiasen en sus dichos, viendo conveniencia yo que se habí­an engañado. Lo segundo para confirmar mas lo que era verdadero, o verisí­mil, ya se hallase o no en otros autores, pues aun no hallándose no era razón negar el crédito, por no estar mas que en aquellos. Estaba sola­mente en Dextro año 300 de Cristo, que las Santas Centolla, y Helena, habí­an padecido martirio en Cantabria. ¿Hemoslo de negar por que se lee en Dextro? Cuando nos cons­ta que fue así­, y hemos sabido por personas fidedignas del lugar sicro en las montañas de Burgos, y a pocas leguas de esta Ciudad, todo lo que refieren de sus memorias, y sagrado culto, allí­ el valerio de las Historias, Venero y Marieta. Estaban solamente en Dextro, y Juliano algunas cosas, y nombres de las Santas Mártires. Liberata y sus ocho hermanas. ¿Quién ha de querer que los neguemos? Y más cuando los vemos puestos en las lecciones del Rezo de Santa Liberta, reconocido y aprobado por la sacra congrega­ción de Ritos, para todos los ritos de todos los reinos de España, dí­a 20 de julio. Si todo lo dicho no bastase para mi defensa, sean apócrifos los libros de Dextro, Juliano. Pero valerme de ellos en lo que fuere verdadero o verisí­mil ¿por qué se ha de mirar con ceño? San Judas Tadeo en su Epí­stola Canónica v. 9 y 14, se valió de algo que en libro apócrifo reconoció verdadero. San Pablo en sus Epí­stolas citó versos verí­dicos de poe­tas gentiles cuyas obras manaban en fábulas. La Santa Iglesia Romana pone en el introito de la feria 3 después de la dominica de Pentecostés, palabras de verdadera y sana doctrina, tomadas del apócrifo libro 4 de Esdrás. Y ya se sabe de San Agustí­n libro 15 de Civ Dei Capí­tulo 23, no es ajeno de los libros apócrifos, se halle en ellos alguna verdad, y de San Jerónimo, en cap. 1 epist. Ad titum, que yerran lo que pien­san, debe seguir todo el libro, quien usa de alguna parte de él. Y dijo esto con ocasión de los libros apócrifos, citados en los canónicos. Finalmente el que insistiere en que los libros publicados por Dextro y Juliano, fueron nuevamente forjados por el Padre Higuera, lea las citas como de autor del año de 1594″.

Hasta aquí­ es del tomo primero impreso en 1689. Tres años después, en 1691, que publicó su 2º tomo en Salamanca, volvió a la carga, con motivo de lo que le habí­a escrito con toda claridad, un gran personaje de letras que no quiso nombrar. Pero se puede inferir, por lo que dijo en otras partes que serí­a Don Juan Lucas Cortés, del consejo de Indias, que solí­a escribirle; o acaso el Marqués de Mondejar. Dice pues, lo siguiente al fol. 409 de su 2º tomo:

“En muchas partes del libro 1º cité a Dextro, Marco Máximo, Luitprando, y Juliano, ya aprobando unas cosas, ya reprobando otras, escritas en sus chronicones, y fragmentos. Un varón consumado en la erudición de las eclesiásticas, y de las antigí¼e­dades de todas naciones, y benemeritamente aclamado por sus noticias, no habiendo tenido tiempo para creer enteramente mi libro, me escribió desagrado de las citas, que comenzaba a ver de aquellos chronicones, y fragmentos que él llamaba ficciones higue­rianas, por que los atribuí­a a urdimbre mal hilada y tejida por el Padre Jerónimo Román de la Higuera de nuestra compañí­a de Jesús, cerca del año 1594, y indignos de ser alegados. Yo le respondí­ con el respeto debido, que podrí­a ser cesase su desagrado, cuando hubiese leí­do los núm. 16, 17, y 32 de las citas, y notas al cap. 55 que lo dicho allí­ me convencí­a, no fueron obras trobadas por Higuera, que lo que en ellas se redar­gí¼í­a de falso, nació del engaño de los autores, cuyo nombre tení­an, o fue añadido por las plumas de varios, a quienes Higuera iba repartiendo ejemplares M.SS, por que él no procedió a impresión. A la verdad según noticias, y recomendaciones que de la persona de Higuera tuve, y referí­, no me atreverí­a, sin temer ofensa de su buena memoria a decir, habí­a fingidos los chronicones de Dextro y de los demás; y así­ no dejé de citarlos en el libro 1º ni en el 2º y 3º, pero ha sido con todo despejo y libertad en desechar lo falso e improbable (que creo fue mucho añadido a los originales, por plumas extrañas de la de Higuera) y en abrazar lo verdadero, o probable”.

Esta es la apologí­a que hace el Padre Henao. Don Nicolás Antonio, sin meterse con la persona del Padre Higuera, ataca sus obras por los cimientos: nada expone, ni arriesga sobre su palabra. Autoriza, prueba, y convence quanto dice, o se propone, dejando en evidencia los puntos que son de esta clase, y en demostración los que la merecen por su gravedad, o mayor importancia. Las conclusiones que saca en sus resú­menes son:

CHRONICONES MODERNOS

“Su primera edición, en 1619. Antes del año de 1594, ningún autor tuvo noticia de ellos. No hubo memoria, ni noticia de tales chronicones en Alemania, ni a ella se enviaron, ni estuvieron en Fulda. Contradicciones cogidas sobre su hallazgo: y se aña­dieron cláusulas a ellos, después del año de 1594, como se ve en las letras en que están escritos”.

Para esto se acude a los folios que lo demuestran.

HIGUERA (EL PADRE JERí“NIMO DE LA)

“Sus escritos y estudios cuales fueron. Finge haber recibido en el año de 1594, copia de los chronicones sacados y sacada del Monasterio de Fulda, en Alemania, por mano del Padre Torralva. Su aposento, y no Alemania, fuente de los chronicones de Dextro, Maximo, Luitprando, Juliano, Heleca, y Braulion. í‰l mismo los formó, y aña­dió a su arbitrio. Mañas de que usaba para afectar la antigí¼edad de estos chronicones. Introdujo en el texto de Dextro y compañeros, su propio tratado de los linajes: Vanidad grande que hizo en el papel que compuso de esto, sin verdad, ni pruebas, sobre su habi­lidad en tejer genealogí­a. Enormes contradicciones que se hallan en lo que afirma o escribe. Los chronicones se tejieron con sucesos que se encontraron en autores moder­nos. Errores que cometió en la geografí­a, alterando la de España, y fingió una Ciudad, que jamás hubo, y de una provincia cierta hizo una Ciudad fabulosa. Fingió nombres antiguos de poblaciones (como el de Dardania a Orduña, en el Dextro, y de él, el Padre Argaiz). Hizo Santos diferentes de uno solo; y de dos Santos hizo muchos. También hizo un Santo de dos muy diferentes. Los multiplicó a su gusto en otras partes y épocas. De una Santa Susana, hizo dos. De tres personas, hizo uno solo, vistiéndole con las prendas, y circunstancias de los tres, y con otras que le añadió. De otros tres Personados, formó un Prelado para la Iglesia de Toledo: y otro Prelado de un Presbí­tero griego, y una Persona secular. De Adelfio obispo de Metz en Flandes, de otro obispo llamado también Adelfio, de un Rey, y de un monje, formó un Arzobispo Adelfio de Toledo, para su catálogo, adornándole con las circunstancias de todos cuatro. A Nabucodonosor le hizo fundador de la Ciudad de Toledo. Fue temerario en su celo, por su patria, hizo Santos a su arbitrio, y los dio, y aplicó como quiso. Omitió en su his­toria M. S. de Toledo, la memoria de los Prelados de Toledo, que aparecieron después en sus chronicones. Las congeturas que como tales dio en su Historia manuscrita, las dio después por verdaderas, y fijas en su chronicon de Luitprando. Hizo injuria a las his­torias verdaderas de la Nación, y fingió diez discí­pulos al Apóstol Santiago: Arzobispos de Toledo, y también un Santo. Fingió una carta a San Eugenio, y inventó muchas fábulas a la parentela de este santo. Hizo Santo a Simón Cirineo. Hizo españoles a todos los Santos que no tení­an patria asignada en sus actas. Hizo mártires, a los que nunca lo fueron. Univocó a los mártires, con los gentiles: Y hace mártir a Plinio, que nació y murió gentil. Fue añadiendo Santos a Dextro, a medida que le iban ocurriendo. Atribuyó a sus Santos, inscripciones echas por los gentiles. Fingió la carta del Rey Silo de Asturias, a Cigila Arzobispo de Toledo, en la cual estriba lo de San Firso mártir, y el cuándo. Depositaba sus ideas, en el archivo de Santa Justa de Toledo, para que después se encontrasen en él, como se encuentran las escrituras, en los Protocolos originales. Fingió también, una revelación; además de hacer y deshacer mártires, con grande inconstancia en su proceder. Hizo que un Santo tuviese dos patrias, fingiendo cosas inauditas. Se tomó el privilegio de resucitar los muertos: y estancó a España la virtud de hacer milagros. De unas actas eclesiásticas, y de una inscripción gentí­lica compuso un mártir. Fingió autores, para univocar las historias. De las personas gentí­licas de que habla Marcial, supo hacer santos. Se burló de la Religión, y en fin (omitiendo lo demás) no conoció la verdadera antigí¼edad; y tuvo muy poco ardid en sus ficciones, aunque sí­ mucho arrojo, y temeridad en ellas”. Esta es la clave de la censura de Historias Fabulosas, obra póstuma inmortal de Don Nicolás Antonio, canónigo de Sevilla.

Don Gregorio Mayans y Ciscar, bibliotecario del Rey, escribió la vida literaria, y laboriosa del famoso bibliotecario español, vindicador y amante de sus glorias literarias. En ella dice de los falsos chronicones Fuldenses: “Que Don Nicolás Antonio, dudó al principio, su venida de Alemania, que no vinieron de allá; si no que los fingió Higuera, y da las pruebas. Que puso en ellos las conjeturas del aragonés Jerónimo de Blancas, los comunicó a varios autores y escritores para que los autorizasen, dio copias de ellos, distintas entre sí­: engañó en muchas cosas a Don Garcí­a de Loaysa, su amigo, en la cronologí­a de los prelados de Toledo. Que hizo notas al cronicon de Luitprando; cuando sus cartas, y cuando su Historia de la Ciudad y reino de Toledo, cotejada con los falsos cronicones. Por último, que este Jerónimo Román de la Higuera, murió el año de 1624, antes de publicar dicha Historia, la última obra que escribió.

DE LOS SANTOS, Y MíRTIRES DE LA ANTIGíœEDAD, ATRIBUI­DOS A LA CIUDAD DE ORDUÑA.

San Frofimo San Ovancio San Astorgio obispo

Mártires en la persecución del emperador Domiciano.

En Uxamabarca, pueblo de los Autrigones de España:

San Fortunato, Mártir, y sus 18 compañeros, en el mismo pueblo: mártires de la  octava persecución de la iglesia, en los imperios de Valeriano y Gallieno.

San Julián mártir, en Flaviobriga, siendo Marciano su presidente.

Veintitrés Santos, y mártires por todo, supuesto que Orduña sea a un mismo tiempo, Uxamabarca, como quieren unos, y éstos le atribuyen los primeros; y Flaviobriga, como quieren otros, y éstos le atribuyen el segundo. En cuanto a esta sus­titución de nombres, o reducción de aquellos pueblos antiguos, a los modernos, bas­tante queda dicho en las Apuntaciones anteriores de la topografí­a de Orduña. A ellas nos remitimos. Lo que ahora corresponde investigar, y poner en claro, si se puede, es ¿qué Santos Mártires son estos?. ¿Dónde, y en qué tiempo padecieron el martirio? ¿De qué martirologios, de qué autores consta? ¿Cuál sea su autoridad, y qué fe tienen o merecen en la historia eclesiástica?

Don Nicolás Antonio, tomó por su cuenta el siglo pasado, la heroica empresa de desterrar de la Historia Eclesiástica de España, y aun así­ de su Iglesia, tantos Santos, y tantos mártires fabulosos como sacó de su confusa y tenebrosa testa, el Padre Jerónimo Román de la Higuera, jesuita de Toledo, que fraguó y publicó los falsos chronicones, llenos de patrañas. Pondremos más adelante, un compendio, una corta idea histórica de lo que pasó entonces, para que remontando hasta el origen de las cosas, se conoz­can mejor los errores, y las fuentes sospechosas de donde manan. Ahora nos limitare­mos a deducir del mismo Don Nicolás Antonio, lo que sea bastante a aclarar los cuatro asuntos propuestos.

¿Qué Santos Mártires son éstos? ¿Dónde y…?

“El texto del Padre Román de la Higuera dice: En Uxamabarca de los pueblos Autrigones de España, los Santos Trofimo, Obancio, y Astorgio, obispo, mártires en la misma persecución. Y cita a Flavio Dextro (su chronicon) en el año 91 de Cristo”.

La persecución de este año, es la del emperador Domiciano, que fue muy severa. Ella envió al cielo muchos mártires como San Ignacio, obispo de Antioquia, San Cleto

o Anacleto, tercer Pontí­fice romano, en Roma, antipapas en Pérgamo de Asia, y otros. Y no menos glorioso que estos mártires, el evangelista y apóstol San Juan, en el tor­mento de fuego que padeció en la Puerta Latina de Roma, y en su relegación a la isla de Patmos. Esta persecución se debe leer en Tertuliano, en el capí­tulo cinco de su Apologí­a (hay una excelente traducción de ella, en castellano), y Eusebio Cesariense, en su grande obra de martyribus, libro tercero, cap. 13.

Mas por lo que toca a los tres mártires de Uxamabarca en España, es ocioso hablar de ellos en el concepto de ser mártires de Orduña, porque Orduña sea la Uxamabarca del tiempo de Domiciano. Y ocioso de todo punto, porque está demostrado al folio 138 de la Censura de historias fabulosas, que San Eustorgio (es el que se llama Astorgio) obispo, celebrado en el dí­a 14 de las calendas de octubre, a 18 de septiembre, es el obis­po de Milán; no mártir como le hacen en el apócrifo texto citado; sino confesor como le llama San Ambrosio, y el Cardenal Baronio en las notas que puso a este dí­a. También se alega con otros A. A. el testimonio de las tablas, o papeles antiguos de la iglesia de Milán, donde floreció San Eustorgio, cuando viví­a el Santo Cardenal y Prelado suyo San Carlos Borromeo; haciendo mención de este obispo confesor, y no mártir el martirolo­gio de Beda, que es el más antiguo, y el romano más moderno, en el mismo dí­a 18 de septiembre, que se alegan como última prueba, en el lugar citado.

De los otros dos mártires, San Trofimo y San Oceano (que se llama Ovancio) hacen mención algunos martirologios antiguos, y uno moderno, que les señalan a Roma por lugar de su martirio, en el mismo dí­a 18 de septiembre. El docto y graví­si­mo Arzobispo de Maguncia Rabano Mauro, en su martirologio dice: XIV Kal. Mediolano depositio Eustorgii Episcopi, et satyri. In Chalcedonia natale Trophimi: et en Nicomedia natale Lociani: Y asi parece que esta grave autoridad del Arzobispo Moguntino, debe prevalecer sobre el dictamen anterior, que los pone en Roma. El Venerable Beda (dice nuestro censor) no supo tanto como Rabano Mauro, de los luga­res; y así­ todos los atribuye a Milán: Mediolani depositio B. Eustorgii Episcopi, et Satyri, Trophami, Lociani, que no parece ser lo más seguro. Pero si, que estos dos mártires, Trofimo y Lociano, son los que otros autores llaman Trophino Océano, y Ovancio. Que de alguno de ellos (añade) le tomó el inventor del chronicon de Flavio Dextro (El Padre Román de la Higuera) y con esta escasa luz, se arrojó a ponernos todos tres en tinieblas, trayéndonos a España, un Arzobispo de Milán, y dos mártires con él, que son tan nuestros como el Santo Arzobispo.

Parece pues, que con este corto extracto, quedan suficientemente satisfechas las cuatro interrogaciones antecedentes y demostrado que estos tres Santos Mártires de la  antigí¼edad, no son, ni pudieron atribuirse a Orduña, tomada por Uxamabarca de los autrigones de Vizcaya. Vamos ahora a San Fortano, o Fortunato, con sus compañe­ros, que tambien se le aplicaron a Uxamabarca.

Don Nicolás Antonio, a la pagina 212, no pone mas que este párrafo. “En Uxamabarca de los pueblos autrigones, el Santo Mártir Fortano, y sus 28 compañeros, se ha de leer (dice) Fortunato, como así­ lo reconoce el Padre Bibar*. Así­ lo imprimió Rodrigo Cazo** y por el número de los mártires, se saca ser los mismos que padecie­ron a 26 de febrero, de los cuales se acuerdan los martirologios, sin señalarles lugar del martirio. Sólo en el martirologio de San Nakero, se halla en este mismo dí­a la nota siguiente. Item en Alexandria, Foelicus cum socies suis, que son los mismos Santos: Porque también el martirologio romano, puso el nombre de San Felix, con el de San Fortunato; y el chronicon de Dextro, le pone al año 360. Pero digamos que San Nakero, cederí­a de buena gana al verdadero cronicon de Dextro: Al falso no querrá ceder, ni se lo podemos contar por soberbia”.

Hasta aquí­ el sabio censor. Mas allá veremos al Padre Gabriel Henao, y cuanto se afina en la defensa de su ropa.

“En Flaviobriga, San Julián mártir, siendo presidente Marciano. El cronicon de Dextro, fundido por el Padre Román de la Higuera, le pone en el año 270; y después pone la muerte de Galieno, con lo que da a entender que el martirio pertenece a la persecución del Emperador Galieno. Pag. 213 de la Censura de Historias Fabulosas”.

Ponemos a San Julián mártir, en el número de los santos que se atribuyen a Orduña, porque como ya se notó al principio de las Apuntaciones históricas de su anti­gí¼edad y nombre, hay autoridad, y opinión al abrigo de ella, de que Orduña es la Flaviobriga romana. Si no fuera por esto, no vení­a al caso para aquí­.

El Padre Bivar monje cisterciense puso en sus Comentarios a Flavio Dextro, por confirmación del martirio, el capí­tulo 141 del libro 5 del martirologio del obispo Equilino, cuyas palabras copia a la letra, con la advertencia de que por ser singular, y no encontrarse en otro autor hace esta memoria. El obispo, da y refiere el martirio, da señas de la Ciudad en que sucedió, nombra el presidente que le mandó dar los lugares a donde milagrosamente fue a parar el Santo Cuerpo, del Santo Mártir.

Dice pues el obispo en su martirologio, que la Ciudad del martirio, se llamaba Flavias, y el presidente que le mandó ejecutar se llamaba Marciano. Y que habiendo   El maestro Fr. Francisco de Vivar, monje cisterciense, en sus comentarios públicos el año de 1627. El Licenciado Rodrigo Cazo, en sus notas al Chronicon de Dextro arrojado al mar el cuerpo del Santo, cosido en un saco lleno de tierra, y serpientes, aportó a una isla llamada, Roconero, y desde ella, pasado algún tiempo, fue trasladado milagrosamente a Arimino, donde se le hizo templo. Pone el dí­a del triunfo, que fue el 23 de junio, y señala el Imperio de Decio. Esta es la suma de cuanto refiere el obispo.

“El padre Bivar, no usó mucho en este caso (dice el sabio, y juicioso censor) de su diligencia. Esto es, de aquella ordinaria diligencia que pone, y ejercita en buscar las fuentes de estas noticias eclesiásticas y sagradas. Sin duda le hizo errar el mismo obispo Equilino, señalando por dí­a propio de este santo mártir el 23 de junio, por que en él, no hacen memoria de este Santo los demás martirologios. Pero la hacen muy notable y expresa en el dí­a 16 de marzo con tales señas, que irrefragablemente acusan la temeri­dad de esta memoria. El Menologio de los griegos que vertido al latí­n por el Cardenal Sisleto, publicó Henrrico Canusio en su 2º tomo de Las antiguas lecciones,  pone el martirio con suma claridad en todas sus partes.

De aquí­ mismo lo tomó el nuevo Martirologio Romano del Cardenal Baronio, en el dí­a 16 de marzo. Mas el Padre Román de la Higuera quizá no vio otro martiro­logio que el del obispo Equilino (copiado del de Adón), y sobre el nombre que da en él, de la Ciudad Flavias como allí­ se lee, le pareció que podí­a fundar muy bien, la adju­dicación que hizo de este mártir a España, y en ella al lugar de Flaviobriga”.

“Así­ permite Dios que el que huye y se esconde deje rastros para poderle dar casa por ellos mismos. Quien quiere o desea engañar, ha de ser muy vigilante, porque a la verdad todo le ayuda, y al contrario, la mentira no haya quien le haga espaldas. Y si nuestro afecto, no se hubiera puesto de por medio, desde luego (muy desde luego) se le hubiera quitado o caí­do el rebozo, y parecido lo que siempre fue.

Ya querrá Dios que creamos al mismo artí­fice de la invención cuando así­ nos desengaña, y se confiesa; porque a otro ninguno, no parece que le creerí­amos. Y no se desví­a de la noticia del Menologio, la que da Equilino, por que solo se diferencian en el nombre del lugar del martirio, no de la provincia: pues como aquel dice Anararbo, y este otro Flavias, sepa el Padre Higuera (si cree que no habí­a más Flavias que en España) que también hay lugar Flavias en Cilicia donde también está Anararbo.

Ptolomeo sitúa en esta provincia el lugar llamado Flaviopolis, y es el mismo que se llama Flavias en el concilio Antioqueno. Y es muy de reparar, que siendo el primer  término, y puerto que tomó el Cuerpo de este Santo mártir la costa de la isla Proconeso que es en la Propontide cerca de Constantinopla quiera nuestro Gran Taumaturgo Dextro (este famoso Román de la Higuera, su redactor) que así­ como hubo un milagro para llevar la nao, y las reliquias de San Forpete, desde las costas de Italia por el estrecho de Gibraltar, hasta las de Galicia, haya otro segundo milagro como de retorno: esto es un milagro que desandando parte del mismo camino por el océano, y desde Vizcaya (donde estaba Flaviobriga) embocase por el estrecho, hasta dar en el Canal de Constantinopla, y la Proponide, con las reliquias del mártir Juliano. ¿Y por esto no se ve clara, y descubiertamente la afectación, y cuidado que se puso en cuanto se escribió en este lugar del cronicon aplicado a Flavio Dextro? No contento su autor con decir que el mártir San Juliano, padeció en Flaviobriga, que es la población que Ptolomeo sitúa en España, quiso quitar al instante cualquiera equivocación o duda que pudiera nacer de llamar el obispo Equilino en su martirologio, Flavias al lugar en que sucedió el martirio, y así­ añadió inmediatamente: Hoc civitas aliis dicitur Flavias, que esta Ciudad se llamó también Flavias. ¿Qué se dirá pues a todo esto?”

El Padre Gabriel Henao, que fue hombre erudití­simo, de un genio conciliador amante de la verdad, sin olvidarse de la ropa que vestí­a, dice en varias partes (y lo dice y repite con cuidado) de sus Averiguaciones Cantábricas, que él precisa de los chroni­cones de Dextro, y de Luitprando (porque los cita muchas veces) lo mismo que pensa­ban los autores antuerpienses de las Actas de los Santos, los Padre Bolando, Daniel Papebroquio, y Federico Henschenio. Al fol. 313 del primer tomo los cita en las Actas de San Fortunato al dí­a 26 de febrero, y a la pag. 324 en las actas del 13 de abril por los santos mártires Máximo y Dadas que se suponen o se creen Cántabros, en los años 290 de Cristo, que dice Flavio Dextro padecieron estos santos su martirio.

Cuando Henao escribí­a esto en 1689 ya habí­a visto al Marqués de Mondejar en sus Disertaciones Eclesiásticas, y a Don Nicolás Antonio en su Biblioteca Antigua. Cita sus censuras, y impugnaciones a Dextro y los demás chronicones de Román de la Higuera, y cita como amigos suyos contemporáneos, y sabios escritores, al Cardenal José Saenz de Aguirre, benedictino, y a Don Juan Lucas Cortés, del consejo de Indias, amigos entre sí­, que también lo eran de aquellos dos respetables distinguidos sabios de la nación. No le gustaron sus censuras; pero no defendió los cronicones. Solo quiso vindicar a Román de la Higuera (tomo 1 al fol. 324 y siguientes) de las notas de falsa­rio, y invencionario que le pusieron, sacando el Caballo lo mejor que pudo, con mucho estudio. Esto se verá después en los falsos cronicones. Citó pues a Bolando sobre Dextro, y San Fortunato atribuido a Orduña por Uxamabarca en los Autrigones. Véase aquí­ todo lo que dijo el Padre Bolando.

ACTAS DE LOS SANTOS POR LOS R. P. JUAN BOLANDO Y GODE­FREDO, THEOLOGOS DE LA C. DE J. TOMO 5º, MES DE FEBRERO, DESDE EL DíA 17 HASTA EL 29 DEL MISMO.

EN ANTUERPIA POR JACOVA MEURVIO. Aí‘O DE 1658.

COMPENDIO HISTí“RICO DEL MARTIRIO DE SAN FORTUNATO Y 32 COMPAí‘EROS, MíRTIRES EN ANTIOQUIA.

De los antiguos mártires San Fortunato y compañeros, como también de San Feliz, de quienes damos noticia en este, y el siguiente párrafo, no hicieron mención en sus martirologios impresos Beda Usuardo, el Arzobispo Rabano Mauro, ni Adon. Otros los juntaron después, como si hubiesen padecido su martirio en un mismo lugar, aunque no le dijeron. Estos otros son Belino, Molano, y Greven en los Auctarios, o Adicciones a Usuardo como igualmente algunos ejemplares Manuscritos de este mismo, para el uso de las Iglesias Belgicas. Además el martirologio impreso en Colonia, año de 1490. El Manuscrito Florario Maurolisco y Canisio. Siguiendo a éstos, Baronio asegura en sus notas al martyrologio romano: Que fueron sacados de los cita­dos códices Manuscritos y con los mismos términos que aquellos, dice también de los santos mártires Fortunato, Feliz, y otros veintisiete.

No se hace ninguna mención de éstas en el martirologio Manuscrito de San Ciriaco, de que se valió mucho Baronio. Pedro Natal los nomina en su libro 11 del catálogo, capí­tulo 11, número 77 y comprende a Fortunato Presbí­tero.

En otros martyrologios se llama obispo, en un antiguo MS. ultrayectino de la iglesia de Santa Marí­a, sin designación de lugar, ni compañeros, y también Fortunato

Obispo. En un MS. Coloniense de Santa Marí­a ad gradius, se dice así­: San Fortunato mártir y otros 35. Véase aquí­ como varí­a en estos martirologios, el número de compa­ñeros, 32 o 35. Acomoda el primer número, porque éste se halla en el martirologio de San Jerónimo, y porque en el Centulense se expresa la palabra de dos. Y así­, el error de los otros se enmienda más fácilmente, mediante que del número 11 alguno hizo 5, y al contrario los posteriores, que dicen ser los compañeros 27 del tercer X, se ha de decir que formaron un V.

Galesino, siguiendo otro camino que los demás, dice estas palabras. En Roma los Santos Mártires Fortunato Presbí­tero, Feliz, Theon y otros 26. Después anota que lo saca de un martirologio MS. Romano, y que el nombre de Theon, lo extrajo de un código MS, pero que pertenece a la Corona, antes citada de los ocho mártires. El mar­tirologio, que se supone Romano, es de Belino, en él, no se hace mención alguna de la Ciudad de Roma en la edición veneciana del año 1498, y en la parisiense del de 1521, según Pedro Natal, se le supone Presbí­tero.

Hasta aquí­ hemos separado a Fortunato de Feliz, y a éste le hemos asignado por ilustre Palestra del martirio, a Antioquí­a, dándole después a Fortunato Alexandrí­a. Pero el empeño de que estos mismos deben juntarse, le sostienen los españoles, con Don Juan Tamayo de Salazar, que los exorna con este elogio, en su Martyrologio Hispánico, en el dí­a 26 de febrero. En Uxamabarca, en los Autrigones, San Fortunato y San Feliz con 27 compañeros, que en la persecución de Galieno, emperador padecieron varios tormentos por la fe, y finalmente agonizaron intrépidos por la corona del marti­rio. El lugar de él, se saca del cronicon dado a luz, bajo del nombre de Flavio Lucio Dextro, en el cual al año 360, se leen estas expresiones, en el Padre Bivar: Uxamabarca en los Autrigones, pueblos de España, San Fortunato, insigne mártir de Cristo, y 28 con él. Creyeron después, que fuesen éstos los mismos que en más antiguos se separan; y a San Feliz se le asigna Alejandrí­a por Palestra de su martirio. Pero Antioquí­a a Fortunato y compañeros, la cual sin embargo, se expresa dudosamente, en el antiquí­si­mo martyrologio Romano, o de San Jerónimo, que ha de mil años, se escribió, y está en nuestro poder. Se leen en él estas palabras: En Anthiochia Fortunato, y otros 32. En Alexandrí­a, Feliz. En un manuscrito Richenoviense, también muy antiguo, brilla alguna mayor luz con estas palabras: En Anthiochia, Fortunato y otros 35. Estos com­pañeros se notaban entre otros mártires; pero no en su lugar como arriba advertimos. En el Martyrologio manuscrito Centulense o de San Richario que en el tí­tulo se dice, según Beda por el cí­rculo del año, se deslizó alguna equivocación por descuido del Amanuense, como cualquiera que leyese las palabras siguientes, fácilmente lo conocerá. En la Ciudad de Pergen en Pampliilia, el martirio de San Fortunato obispo y mártir, y de otros 32, cuyas palabras nos parece deben enmendarse de este modo. En la Ciudad de Pergen, el de San Nestor obispo y mártir, de que ya hemos tratado. Juzgamos igualmente, que lo demás debe suplir así­. En Anthiochia San Frotunato mártir y otros .

Fortunato también en este dí­a se leí­an en el martyrologio Romano, sin añadir el testimonio del lugar, y tiempo en que padecieron; por el cual hemos dado y mostrado, que Fortunato y sus 32 compañeros, padecieron en Anthiochia. Los Autrigones, fue­ron los pueblos de España, vecinos a los Cántabros, o tal vez sujetos a ella, en donde fue conocida Uxamabarca, o Uxamabarea, lugar de que hablan Ptolomeo y otros. Este pueblo, dicen algunos ahora, que es la célebre Ciudad de Vizcaya, Orduña, y otros que Laredo. Y por lo que hace a esto, si hubo allí­ algún Fortunato mártir, con 28 compa­ñeros, parece ser otros de los que hemos dado más arriba.

*En el mismo chronicon de Flavio Dextro, al año 360, núm. 8 se lee lo siguien­te: Caprea en Vetonica, se reverencian los Santos Mártires, Feliz, y Fortunato. Tamayo

Salazar añadió en el Martyrologio Hispánico, que estos mártires, fueron llevados de Uxamabarca a la Ciudad de Capara, y que merecieron culto célebre, hasta que destrui­da la Ciudad, fue trasladada la cabeza de San Fortunato a Plasencia, donde se conserva honorí­ficamente en el Sagrario de su Iglesia Catedral. El mismo Don Juan Tamayo en la Historia de San Epitacio, describe todas las reliquias de la iglesia de Plasencia, y en la página 400, asegura que en el primer orden del Relicario, como parte del Sagrario, se custodian las cabezas de San Fortunato mártir, San Fridelino confesor, y de alguno de los mártires Tebeos con cuatro partes de reliquias desconocidas. Mas entre tantos Santos mártires, que tuvieron el nombre de Fortunato, no consta, que la sagrada cabe­za conservada en Plasencia sea de aquel Fortunato, que se dice tuvo culto célebre en Capria; ni tampoco del Fortunato que padeció en Uxamabarca, bajo del Imperio de Galieno. Mucho menos de aquel otro Fortunato, de quien dijimos que a 26 de febre­ro, se hací­a mención en los antiguos martirologios, de que habí­a sido martirizado por Cristo en Antiochia.

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