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El Castillo de Orduña

El Castillo de Orduña

Iglesia de los Jesuitas 1El carácter fronterizo de Orduña, cruce de caminos y lugar de encuentro entre poderes en conflicto, le otorga un indudable carácter de plaza militar. Sin estar de acuerdo con la explicación exclusivista de Zamacona, que afirma que “en su origen fue una fortaleza del protector de aquel paí­s”, si hemos de remarcar este carácter. La primera prueba documental del castillo nos la da la crónica de Sancho IV de fines del siglo XIII. En el siglo XV, son abundantes las citas que se hacen del mismo, sobre todo en relación con la situación de enfrentamiento entre la Ciudad y el Señor de Ayala, a su vez Alcaide del Castillo desde el cual pretendí­a, consiguiéndolo a veces, dominarla Ciudad. La situación del Castillo en una leve colina dominando el núcleo urbano y el valle, era ideal para controlar a la población. Vigilaba por un lado, el portal de la calle Burgos, por otro, la puerta que conducí­a al entonces Convento de San Francisco. Además la existencia de dos puertas, una con salida hacia el sur al campo, otra con comunicación al interior de la Ciudad, permití­a a sus ocupantes gran maniobrabilidad de entradas y sa­lidas. Así­ lo afirma un testigo en el pleito mantenido entre Orduña y el Señor de Ayala “porque vio este testigo que la dicha fortaleza tení­a sus puertas por la parte de fuera de la dicha Ciudad e asimismo tenia las puertas por la parte de dentro por donde desde la misma fortaleza pudieran entrar en la dicha ciudad”. Es harto difí­cil tratar de describir el tipo de este edificio, único en Bizkaia, pues como sabemos fue quemado en 1523 y utilizados sus restos en la construcción de la Aduana en 1787. A pesar de ello, y a través de un extenso pleito entre Orduña y Atanasio de Ayala, podemos entresacar alguno de sus elementos más interesantes. La dimensión de la planta debí­a de ser considerable pues, aunque consideremos exagerado el testimonio de un vecino que manifestaba que en él se podrí­an reunir del orden de 4.000 a 5.000 hombres, son constantes las referencias a su gran tamaño. Existí­a una torre del homenaje donde se encontraban los principales aposen­tos. También se menciona una capilla, la de Santa Lucí­a, y cuatro aposentos en las cuatro esquinas del castillo utilizadas para vigilancia. Igual función cumplí­an las barbacanas y corredores que daban a la Ciudad, lo mismo que las cavas y paredes de las huertas en la parte baja. Es posible incluso que existiese doble lí­nea de defensa, pues se indica en el documento citado que el de Ayala hizo levantar una cerca “mas abajo de la primera cerca que la dicha fortaleza tení­a” en la calle Carnicerí­a y, posiblemente, en las traseras de calle Burgos. Derrotado el Señor de Ayala en la guerra de Comunidades, se dicta Provisión de Carlos I el 5 de marzo de 1521 para que la Ciudad pueda tomar el Castillo. Tras un tira y afloja entre las autoridades municipales y el Alcaide del Castillo se entrega el edificio al Sí­ndico General el 4 de mayo de 1521. Comprado posteriormente por la Ciudad, fue quemado para im­pedir que en el futuro pudiera ser utilizado por el Señor de Ayala en una mejor, o peor, según se vea, coyuntura histórica.

José Ignacio Salazar

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