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Así era la antigua ruta de los mercaderes entre el valle de Mena y la ciudad de Orduña

Así era la antigua ruta de los mercaderes entre el valle de Mena y la ciudad de Orduña

Así era la antigua ruta de los mercaderes entre el valle de Mena y la ciudad de Orduña

Cuando el mundo ni siquiera era capaz de soñar con carreteras lisas gracias al asfalto, en aquella época en la que encontrar menos piedras en el camino suponía una ventaja a la hora de tomar una dirección, en la que la gente se conformaba con sufrir menos baches para reducir incomodidades, la ruta que nos ocupa era celebrada como una de las más seguidas. Tan buena fama cosechaba que se convirtió en la de mayor apogeo comercial durante la Edad Media en la zona. Su uso cotidiano se extendería más, del siglo XVI al XVIII, hasta que la modernización de las carreteras y la llegada del tren desplazaron el transporte hacia otras direcciones.

Pero eso pasó años después. Antaño, el Camino Real de la Sopeña abrió paso a la actividad comercial, facilitó el intercambio de mercancías como ruta de herradura primero y de carretas más tarde, esencial entre el ahora burgalés valle de Mena y la vizcaína ciudad de Orduña.

La ruta descendió de su trono, mantuvo su esencia, pero no su practicidad, y adoptó el apellido de GR-284 para dejar claro que se destino había mudado hacia un carácter más deportivo y natural, su efectividad tenía ahora que ver con la salud física y el ocio, lejos de los antiguos trabajos. Con este propósito descubre tres etapas y una variante, 66 kilómetros que culminar completos o en los que elegir solo una parte. Son los siguientes.

Etapa 1: De Orduña a Añes

La variedad de productos llevados y traídos de un lado a otro era amplia. Trigo y harinas partían desde la meseta castellana hacia el norte. También corría por allí el vino, no a través del gaznate sino del trayecto. No faltaban productos agrícolas y ganaderos para los mercados de Orduña. Ni el hierro o sus productos manufacturados en las ferrerías.

La etapa inicial del camino muestra viejos pasos de mulas y mercaderes. Desde la antigua aduana de Orduña, ahora hotel-balneario, sale en busca del Santuario de La Antigua. Obedece dirección Txarlazo hasta la variante GR 284.1, que deberá evitar el caminante. Ahí ha de elegir, en el lado derecho, una pista de tierra hacia Lendoñogoiti. Entre bosques de hayas, pinos y robles acerca a la Fuente La Choza y sigue, gracias a una senda principal, hasta la carretera que va a Lendoñogoiti.

En el kilómetro 8,7 (Venta Fría), comienza el verdadero Camino Real de Sopeña. Distinguirás la pista de tierra en la media ladera, el antiguo rastro carretero. Superarás varios ramales que enlazan con pueblos sopeñanos. Si te gustan los árboles, vas a encontrar quejigos, hayas y pinos. También pastos donde come el ganado. Una pista ancha se tragará a la pequeña antes de acceder al paraje de Oletar.

Habrá firmado el andarín su kilómetro 15,7. El ramal a la derecha enlaza con Menoio, no lo cojas. El de la izquierda va hacia los altos de Sierra Salvada a través de la derivación GR 284.1, tampoco es el tuyo. Sigue de frente, dirección oeste. Habrá parte de ruta excavada en la roca, un toquecito aventurero.

Después podrás rubricar en el libro de la imaginación tu llegada a buen puerto. Añes cede su espacio por fin a tus ojos como una población antaño estratégica, pues unía los valles de Ayala y Mena. Los restos prehistóricos del Alto de las Campas dan la pista de que podría tratarse de la zona poblada más antigua de Ayala.

Información: 19,2 km. 6 h. Dificultad alta. Desnivel subida 703 m. Desnivel bajada 585 m.

Etapa 2: De Añes a Artziniega

Los Caminos Reales destacaban como lugar de tránsito principal, dotados de suficiente anchura, no eran gorditas todas las rutas disponibles entonces, por lo que este ‘sobrepeso’ facilitaba la labor en este caso, ventaja con la que no contaba la delgadez. Eran propiedad de la Corona, y nacían para conectar puntos estratégicos del reino. A menudo estaban empedrados y, además del comercio, por ellos solían mover el correo, esencial para comunicarse, y las tropas, esenciales para protegerse o atacar. Esa esencialidad obligaba a las autoridades a mantenerlos en forma. Así lo especificaba el ‘Diccionario de Autoridades’, elaborado por la Real Academia de la Lengua, y terminado en siglo XVIII: «Camino Real se llama el más ancho, principal, fácil y cursado de los pasajeros, y el más público: y por eso tienen obligación las Justicias de tenerle llano, y compuesto, y en partes empedrado. Llámase Real, porque es público, o guía a parajes grandes, y se camina por él con más conveniencia».

La segunda etapa abandona los verticales relieves de Sierra Sálvada para viajar hacia la villa de Artziniega. Obliga a cruzar el río San Miguel para conquistar el peculiar valle de Sojo. El barrio de Soañes será el primer objetivo, después toca encontrar la mencionada humedad. Una vez vista, habrá que pasarla para emprender el ascenso hacia las campas de Mogiza, que dividen los valles San Miguel y Ayaga. La idea es acercarse a Sojo por una senda visible a medida que el caminante se acerca al barrio de Orbilla. Déjalo atrás y accederás a la carretera A-4624 y, pocos metros más tarde, al que durante el Medievo se distinguió como uno de los pueblos más importantes del valle de Ayala Sojo, donde lucen hermosas sus casas-torre.

Estás en el kilómetro 5, desde donde seguir hacia la carretera local, pasando junto a Berrones. Busca una ligera curva de la carretera hacia la derecha, y a tu izquierda aparecerá un camino jalonado por muros de piedra seca. Acerca al cauce del arroyo. La ruta toma la derecha, sin pérdida, hasta Sojoguti.

La localidad marca el kilómetro 7,5, muestra un molino dedicado hace tiempo a machacar el cereal. Para un rato para conocerlo. Más tarde, un paseo sencillo pisa hierba junto a la vega del arroyo Sojo. Cuando cruces el cauce del Herrerías acabarás en Artziniega.

Habrán sido solo 8,7 kilómetros los necesarios para conocer esta bonita villa medieval nacida en 1272 por mandato de Alfonso X ‘El Sabio’. Como parte del Señorío de Ayala se mantuvo desde 1371 hasta 1817. Una estructura en forma de almendra da volumen a su casco histórico, donde todavía hoy se pueden contemplar las puertas que servían de acceso, las mismas que atravesaban aquellos mercaderes a los que llevas horas siguiendo el paso.

Información: 8 km. 2.45 h. Dificultad media. Desnivel subida 191 m. Desnivel bajada 416 m.

Etapa 3: De Amurrio a Oletar

En un mundo no tan bien comunicado como el actual, contar con vías de acceso de este tipo facilitaba no solo el comercio, sino la interconexión administrativa. Los caminos, ayudaban a prevenir el desgobierno, a ordenar la sociedad. En esta tercera etapa, el Camino Real que nos ocupa se interna en la naturaleza y también en la zona rural de Izoria y Menoio. Suma al lienzo una buena carga de historia gracias a la presencia del Conjunto Monumental de Quejana, dotado de preeminencia arquitectónica y arqueológica.

Desde Amurrio utiliza el camino vecinal de Aresketa hasta la carretera que conduce a Etxegoien. Es la carretera A-624 la que accede a los barrios de Larrabe e Izoria, a la última se entra después de cruzar el río que luce idéntico nombre. Estás en el kilómetro 3,6. Debes salir de este núcleo, caminar al norte. Evita, a la derecha, el trazado de la parcelaria que va a Respaldiza. Lo que nos interesa, en este caso, es el viejo camino que bordea el Pico de los Asnos bajo la sombra de robles, pinos y algunas hayas. Prepárate para un tramo más duro, un repecho que asciende hasta el cruce del arroyo Serralde. Después, el serpenteo conecta con un camino forestal alrededor del monte Eskoritas. Hay un portillo, pásalo. Marca los límites de los montes municipales. Lo mismo que hace un rato tocó desagradecida subida, ahora llega la agradecida bajada hasta la carretera A-4618. Sigue, pero girando a la derecha; en medio kilómetro aproximadamente distinguirás la impactante Quejana.

Si te preguntas cuánto llevas andado, responderemos que 8,6 kilómetros. Así que puedes darte una tregua, descansar. Colmar los ojos con el placer arquitectónico que regala esta cuna del linaje de los Ayala. No era moco de pavo el clan durante la Edad Media. Fue, además, hogar de uno de los personajes más brillantes en esa época si nos ceñimos a Álava y a Euskadi, don Pedro López de Ayala. Poeta y cronista de cuatro reyes, trabajó como diplomático, guerrero y consejero real, además de ser considerado un precursor del Renacimiento.

Su padre, Fernán Pérez de Ayala, había mandado construir, en la segunda mitad del siglo XIV, el conjunto integrado por el palacio fortificado, el convento de las Madres Dominicas, la iglesia de San Juan Bautista y el torreón capilla de la Virgen del Cabello. Colocarlo dentro de un idílico paraje entre prados y suaves colinas verdes le pareció una buena idea, y desde luego lo fue. Ahora ostenta la distinción de Bien Cultural Calificado por su valor histórico y artístico, se considera uno de ejemplos de patrimonio civil y nobiliario mejor concebidos y conservados. Aplauden la planta baja del Torreón Capilla, que acoge los sepulcros tallados en alabastro de los Señores de Ayala, así como la copia de un retablo gótico del siglo XIV, cuyo original se encuentra nada menos que en la Galería de Arte de Chicago.

Disfrutado el lugar con calma, sigue la caminata por el camino que remonta el barranco del Molino. Otra subida, esta vez cómoda, hermana con el núcleo de Menoio, situado en un promontorio con panorámica sobre el valle de Ayala y las tierras al pie de Sierra Sálvada.

Habrás llegado exactamente al kilómetro 9,7, para adorar en esta esta población la iglesia medieval de San Pedro, así como casas y palacios. ¿Te fijaste bien? Sigue, pues, hacia Oletar a través de un camino jalonado por un quejigal que cede su puesto, más tarde, a un pinar. Andas por la vía conocida como Camino de Menoio a Angulo, por la divisoria de aguas que riegan los ríos Izoria e Itzalde.

Al kilómetro 13,8 puedes ponerle nombre, Oletar. Antes de alcanzar sus campas, a la derecha, invitamos a desviarse para descubrir los restos de un túmulo dispuesto en esta zona, cruce de caminos entre Salmantón y Menoio, por un lado, el camino que asciende al Portillo de Aro por otro, y el Camino Real de la Sopeña, como añadido a tanta variedad.

Información·13,8 km. 4:40 h. Dificultad media. Desnivel subida 730 m. Desnivel bajada 395 m.

Variante GR 248.1

Etapa 4: De Oletar a Txarlazo

La variante que toca ahora busca cimas, anhela las montañas. Transcurre a través de un paisaje kárstico desde las campas de Oletar. Asciende hacia la imponencia de Sierra Salvada para divisar el mundo desde arriba, bordeando antes las faldas de los montes Eskutxi (1.187 m.) y Aro (1.127 m.). Superado el histórico portillo de Aro, encuentra las cabañas pastoriles de Kobata y se adentra en un paisaje de cumbres. Se hermana así con la Senda del Pastoreo para acceder al antiguo Camino del Txarlazo y bajar luego por él a Orduña.

Desde Oletar pasa un bosque con pinos y quejigos, sirve de contenedor para un denso sotobosque. Según asciende el senderista, llegan los claros, hasta acabar en el límite inferior de la zona de pastos. Estás al pie de laderas labradas sobre margas, de cantiles calizos encima de verticales relieves. Bordea el espolón de la Peña Aro, supera un repecho donde faltará el aire hasta la cota de mil metros… ahí aguarda el paso de Portillo de Aro.

Es el kilómetro 4,7, un puerto histórico durante el Medievo. Un altar erigido a San Vitores ocupa el lugar donde, en el siglo VIII, debió haber una ermita. El hayedo siguiente, plagado de sombras, guarda formas kársticas, simas y dolinas;las zonas despejadas muestran un extenso lapiaz.

Kobata aparece en el kilómetro 6,1. Allí, la pista sigue a través de claros para coincidir con la Senda del Pastoreo en el entorno de las chabolas de Kobata. Por la traza del amplio camino de Llorengoz llegarás a las inmediaciones del Pozo la Lastrilla y los altos de Loma Zacorta para correr al encuentro del barranco La Ponata, que desemboca en un bucólico hayedo con cabañas pastoriles.

El kilómetro 12,4 se traduce como Monte Bedarbide. Sigue subiendo, abandonando a la derecha una amplia pista de tierra. El camino se vuelve estrecha senda enseguida, hasta coronar la cima de esta montaña. Avanza por cantil rocoso, por sendero borroso para superar las cimas de Solaiera y Txolope.

Nueva cifra, kilómetro 17,8, traducido, enlace con la GR 284. Persigue la silueta del monte Txarlazo hasta descubrir, a la izquierda, la trocha abierta en la roca que marcará la ruta. Tras zizaguear a través de una pista dentro de un hayedo, conectarás con el Camino de la Sopeña, donde elegir acabar en Orduña o en Lendoñogoiti.

Información: 17 km. 6:15 h. Dificultad media. Desnivel subida 854 m. Desnivel bajada 817 m.

Tomado de www.elcorreo.com

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