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Apuntaciones Históricas y Geográficas de la Ciudad de Orduña (II)

Apuntaciones Históricas y Geográficas de la Ciudad de Orduña (II)

Pico del Fraile 22.- Antigí¼edad Gótica y írabe

Antes de meternos en otro bosque lleno de obscuridades e incertidumbres como el pasado, para no andar a tientas o a ciegas, parece conveniente que conozcamos el terreno que vamos a pisar. Es preciso buscar la mejor carta del paí­s, una carta que nos guí­e con seguridad y nos muestre si fuere posible los caminos que hemos de tomar para el acierto, y nos indique las sendas tortuosas que hemos de dejar para no caer en el error. Conozcamos las luces que nos pueden alumbrar en la historia de España, des­pués de su pérdida por la invasión general de los moros en el año de 714 del naci­miento de Cristo, según la opinión más recibida, y siendo cierto que nadie nos puede suministrar estas luces, mejor que el erudití­simo, el juicioso y crí­tico Don Gaspar Ibañez de Segovia, marqués de Mondejar, recurrimos a su aplaudido censor crí­tico de nuestras historias, nuestros cronicones cortos y defectuosos, y nuestros autores de todas clases anteriores y posteriores a aquella memorable desgraciada época de España. Veámosle primero en el capí­tulo o párrafo VII al folio 107 de sus advertencias al P. Mariana, impresas por Mayans y Siscaren Valencia el año de 1746, que inscribió así­.

 PíRRAFO VII

Tropel de ficciones con que se ha obscurecido la verdad histórica del tiempo de que hablamos.

Duró el dominio de los romanos en España poco más de cuatrocientos años, después del feliz y dichoso nacimiento de Nuestro Redentor y luego que empezó a extenderse su sagrada Ley de Gracia, se armó contra ella el obstinado furor gentilico, intentando con inhumana crueldad él extinguirla, regando todo el Orbe con la sangre feliz de tantos mártires gloriosos como celebra la iglesia. Y sin embargo de que no omite en su historia nuestro Ambrosio de Morales, ninguno de los que con seguridad pertenecen a España con la memoria de los prelados célebres que florecieron en ella, y en las demás provincias que pertenecen a su religión y sagrado culto, empezaron algu­nos con credulidad indiscreta y supersticiosa a fraguar otras con que ennoblecer aque­llos primeros siglos, destituidos por el furor de los infieles que entregaban al fuego cuantos documentos pertenecí­an al honor y exaltación de sus célebres progresos. Con este fin, se fueron publicando los falsos chronicones de Lucio Flavio Dextro, Marco Maximo, Eleta, Braulion, Luitprando, Hugo Portugalense y Juliano, con ciertos frag­mentos de un San Atanasio, a quien después salieron en crédito de su engañosa mali­cia, Gregorio Betico, Auberto – hispalense, y Liverto de Girona, que se extienden a patrocinar igualmente los engañosos Reyes de Beroso, manchando con sus falsas noti­cias cuantas historias de nuestras ciudades se han ido formando después con sus enga­ñosas y falsas noticias.

Contra ellas no ha bastado el desengaño que de su patente ficción, comprueban y demuestran tantos doctos españoles y extranjeros que han emprendido dejarla indefensible. Serí­a ajeno de nuestro asunto repetir sus continuados engaños y osados arro­jos: su fingimiento de santos, cuyos nombres se ignoran; y el motivo que han dado, y todaví­a dan para que sin constar de su existencia les den culto los que se juzgan inte­resados en su honor; cuando por el contrario, ninguno de los santos que con entera fe se conservan en Prudencio, y en San Eulogio, merezcan que se haga la memoria que merecen los fingidos y desconocidos.

 PíRRAFO VIII

Empezaron las naciones septentrionales a invadir el Imperio Occidental, a cuyo dominio pertenecí­a España, como sujeta a su cabeza romana: y le invadieron con tan  crecido número de bárbaros que consiguieron con su furor y su horrible estrago, no solo humillar la grandeza romana, sino extinguirla enteramente. Entre otras naciones que vinieron a infestar nuestra España, fueron tres las que particularmente se fijaron al principio en ella. Los vándalos que dieron el nombre a la provincia de Andalucí­a (la Bética entre los romanos) dejándola por la de ífrica, de que se hicieron dueños; los suevos que permanecieron más tiempo en Galicia; y los godos, que apoderándose de sus estados, consiguieron con su fortuna y su valor, establecer su monarquí­a en España. En ella se conservaron más de 200 años, hasta que motivó la Providencia Divina la acelerada no temida violencia de los írabes para castigar con ella sus graves y execrables pecados.

San Isidoro formó tres Chronicones distintos de cada una de las tres naciones: Así­ como se tiene por de San Ildefonso (aunque muy interpolado) el primero con que empieza el suyo atribuyéndosele Don Lucas, obispo de Tuy.

El arzobispo Don Rodrigo Ximénez de Rada, natural de Navarra, cuya historia se conserva con tanta veneración como se sabe, y el tí­tulo: De Rebus Hispana, en todos los manuscritos antiguos, solo tiene el de chronica gothica; porque habiendo referido la primera población de nuestra provincia y algunos sucesos fabulosos de Hercúles, pasa a tratar del origen de los godos y de sus acciones, y continuado domi­nio en España, hasta su total ruina, y sigue con el Imperio de Pelayo y restablecimien­to que fueron logrando sus sucesores. De estos y de otros monumentos antiguos, formó su historia de los godos Juan Magno, arzobispo Upsalense natural de la misma provincia.

 PíRRAFO XI

Principios de la Restauración y origen de los Reinos Católicos

Apoderados enteramente los írabes de casi toda España, y refugiadas las reli­quias de los Católicos suyos naturales, a la aspereza de las montañas, se animaron a elegir cabeza a quién fiar su defensa. Pusieron los ojos en Don Pelayo, nieto de la casa real de los Godos, a quién dieron primero el tí­tulo de Prí­ncipe suyo, y después de Rey, que reconocieron como tal, cuantos fugitivos y asegurados en las asperezas de las montañas…

Reyes de Oviedo, Asturias y León. La primera Dinastí­a o Reino que se empezó a establecer en España después de su infeliz invasión írabe, fue en las Asturias de Santillana, en que fue restablecido, como ya hemos dicho el Prí­ncipe Don Pelayo y fue continuada en ellos, con diferentes Prí­ncipes electivos sin interrupción. Esta dinastí­a según iba sacudiendo a los infieles de los dominios inmediatos al suyo, fueron variando el nombre, llamándose al principio, Reyes de Asturias, después de Oviedo, y últimamente de León y Galicia, hasta que se incorporó en la de los Reyes de Castilla, por el casamiento de la Reina Doña Sancha, hermana del Rey Don Bermudo tercero, su últi­mo varón, hijos entrambos del Rey Don Alonso el quinto (en 1028) la cual casó con Fernando el Grande, a quien dan algunos el tí­tulo de Emperador, primer Rey de Castilla.

De este largo espacio de tiempo en que lograron nuestros Prí­ncipes cristianos victorias y gloriosí­simos sucesos contra los infieles, se conservan (aunque cortas) algu­nas noticias obscuras en los breví­simos chronicones de Don Alonso el Tercero Rey de León, llamado el Magno, que publicó fray Prudencio de Sandoval, obispo de Pamplona por obra de Sebastián, obispo de Salamanca. En el suplemento del mismo Sebastiano en el chronicon de Albelda o de San Millán que sacó a la luz Don José

Pellicer con el nombre de Dulcidio, obispo de Salamanca. En Sampiro, obispo de Astorga y Don Pelayo, obispo de Oviedo, porque aunque Ambrosio de Morales cita también el chronicon de Isidoro Pacense, este no se ha impreso hasta ahora y es preci­so que sea distinto del que estampó Sandoval, porque éste no pasa del año 753, y el de que se vale Morales es muy posterior, como se ve en las noticias para que le cita.

De estos materiales y de muchos privilegios antiguos que se conservan en varias iglesias y monasterios, dados por los Prí­ncipes de que se compone esta dinastí­a, formó Ambrosio de Morales el tomo 3º de su chronica, con el mismo acierto que los dos antecedentes, si no tuviera el defecto de no haber percibido la nota en ellos, de la X con la virgula en el brazo derecho, que en el guarismo castellano, equivale diez sin ella, y donde se ofrece distinguido con esa nota X. Cuarenta, como así­ lo notaron fray Antonio de Yepes primero y después fray Prudencio de Sandoval…

Hasta aquí­, el Marqués de Mondejar. En el número 14 de su chronicon, refiere que los Vascones montañeses cristianos, no reconocieron vasallaje a los mahometanos hasta el reinado de Don Alonso el católico. Y añade que cuando este Prí­ncipe guerrero pobló las montañas, la Bardulia, y la Galicia con los cristianos que habí­a sacado con sus  victorias de la servidumbre musulmana, no tuvo que enviar pobladores a ílava, Vizcaya, Aycona, Orduña, Pamplona, Deyo y la Berrueza, porque siempre habí­an sido poseí­das de sus antiguos moradores.

Don Alonso el católico por estar casado con Hormisinda hija de Don Pelayo, y hermana de Favila, (siendo el hijo de Don Pedro, Duque de Vizcaya) entró a reinar en los años de Chisto de 738. Reinó 18 años, hasta el de 757 en que murió. Conque resulta que en estos 18 años, desde 738 hasta 757, hizo este famoso guerrero, todas las admirables conquistas que historió como cien años después Don Alonso 3º el Magno.Y de estos hechos averiguados y ciertos sale en claro que Orduña, antes de mediar el siglo octavo ya se llamaba Orduña, y suponí­a todo lo que acredita aquel soberano texto.

Sentada esta antigí¼edad de nombre (sea gótica o sea árabe; esto es del tiempo que a unos y a otros corresponde) no será cosa difí­cil encontrar la sucesión del mismo nombre en documentos y privilegios auténticos, en escritores y crónicas posteriores de indubitable crédito, y reconocida autoridad. A mediados del siglo décimo se halla dado el privilegio de los votos del Conde Fernan González (que se intitulaba como sobera­no de Castilla, Conde por la gracia de Dios) a favor del monasterio de San Millán, y en él se menciona a Orduña. Del siglo decimotercio es nuestro historiador Don Rodrigo Arzobispo de Toledo, que siguiendo los antiguos chronicones la pone en su lugar.

Don Lucas, obispo de Tuy, en Galicia, que hizo viajes al oriente para instruirse en la Religión, a principios del siglo XIII escribió a su vuelta una historia de España  desde Adán hasta el año de 1236 en que la acabó. Está justamente notado de algunos defectos, de inexactitud en los hechos, de equivocaciones, y desarreglo entre lo que escribe, y lo que halló escrito en los chronicones más antiguos que tuvo entre manos para desnivelarse, u olvidarse de la puntualidad en sus copias. Así­ lo nota Ambrosio de Morales al libro, y capí­tulo 13 de su historia, apartándose de él, cuando le pareció justo. Habló de los tiempos y las victorias de Don Alonso el Católico como el Arzobispo Don Rodrigo, sigue el chronicon de Don Alonso el Magno (que antes se llamaba de Sebastiano) nombra a Orduña; y no dice de ella con exactitud lo que dice el mismo chronicon, y le notó o advirtió Morales.

El Rey Don Alfonso el Sabio, que reinó 32 años desde 1252 hasta el de 1284, en la chronica general de España que el mismo nos dejó escrita, habló de Orduña como sus predecesores. Al capí­tulo 4 de la tercera parte en que habla de las conquistas de Don Alonso primero el Católico, dice: “Ganó de los moros a Transmiera, Sopuerta, Garnica, Bardulia, que ahora dicen Castilla la vieja, Alava, Orduña, Vizcaya, Ayco, Pamplona e Besera: esta es la que ahora llaman Vitoria, e Navarra e Ruconia, Pancorbo, Carracio, bien fasta los montes Pirineos. E aun sin estos lugares que aquí­ hemos dicho, tomó otros muchos, e retubo muchos de ellos, e basteciólos mui bien, e retornó a la tierra muchos christianos captivos de los moros, e pobló la tierra de ellos, e mandolos morar en aquellos lugares que él pudo librar e retener”.

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