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San Clemente de Erbileta

San Clemente de Erbileta

San Clemente de ErbiletaLa ermita de San Clemente de Arbileta es la construcción religio­sa más antigua del valle de Orduña. En este lugar fue bautizado Fray Pedro de Bardeci y Aguinaco, el dí­a 6 de abril del año 1641.

Allá por el año 1948, doscientos cincuenta años después de la muerte de Fray Pedro -12 de septiembre de 1700-, la Diputación de Vizcaya y el Ayuntamiento de Orduña promovieron su reconstrucción.

Desde entonces, hace ya más de diez lustros, nada positivo se ha hecho por salvaguardar sus venerables piedras. Hoy dí­a, San Clemente de Arbileta está sumida en la ruina y el abandono. Lo poco que queda de ella corre grave riesgo de perderse entre la maleza o el expolio si no surge algún movimiento responsable que ampare o rescate esta peque­ña porción de «nuestro patrimonio histórico».

El presente trabajo de investigación en pro de Arbileta y de Fray Pedro de Bardeci persigue dos labores fundamentales: la primera es el reto de llevar a buen puerto la recuperación, protección y restauración de las centenarias ruinas del templo, hospederí­a y hospital de San Clemente y San Bernabé. La segunda nos lleva a procurar dar a cono­cer a los orduñeses y a los distintos poderes públicos la penosa situa­ción y abandono del cenobio de Arbileta.

Las fuentes consultadas que han ayudado a la elaboración de este documento son:

  • manuscrito del año 1785
  • Libros de Fábrica de los Hospitales Orduñeses
  • Libro de la Casa de Misericordia de la Ciudad de Orduña
  • documentos fotográficos de los años 1887, 1949 y 2000
  • diversas obras literarias datadas en el año 1798 y fechas posteriores que se citan o a las que se hace referencia en cada caso a lo largo del presente.

Los primeros datos históricos que hacen referencia a la ermita de Arbileta están fechados en Valladolid el 18 de marzo de 1192. Se docu­menta en ellos la donación del rey don Alfonso VIII (1158-1214) a la iglesia catedral de la Ciudad de Calahorra y a su obispo don Garcí­a.

Así­ se relata en el siguiente texto: «[…] ego Aldefonsus Dei gra­tia Rex Castellae et Toleti. […] dono et concedo Deo et Eclesial Beatea Mariae de Calgurra. […] illum monasterium Beati Clementis quod dicitur Harrureta quod situm es in Ordunia Furiguren com ovni jure suo, et omnibus derectionibus et pertinentiis suis tan heremis quam Populatis ».

Basándonos en el texto podemos concluir que, por la anteriormen­te citada donación, el monasterio de San Clemente de Arbileta -del que se reseña «cuyo sitio es en Orduña»- pasa, con todas sus pertenen­cias «tanto yermas como pobladas», a la órbita del obispado calagu­rritano.

No obstante, varios historiadores argumentan que el texto no reza que Alfonso VIII «funda» sino que «dona»; por consiguiente, datan la construcción de Arbileta en el año 1171.

Por otro lado, el orduñés don Cayetano Palacio y Salazar escribió en su crónica del año 1785 «Descripción de la Ciudad de Orduña»: «[…] su antigí¼edad se colige de una inscripción que se conserva en ella», refiriéndose a la ermita de Arbileta. El texto continúa: «1.1 estando el Santo Rey don Fernando sobre Sevilla se reedificó esta igle­sia…».

El Santo Rey al que hace referencia Cayetano de Palacio y Salazar es don Fernando I el Magno (1035-1065), rey de Castilla y León. Se encontraba en el año 1063 en Sevilla, donde derrotó la taifa de Al­Mutádid; dados estos datos, Palacio y Salazar remonta la fundación de Arbileta a la segunda mitad del siglo XI. Asevera «este dato nos lleva a especular que si se reedificó estando el Santo Rey sobre Sevilla, ya habí­a sido fundado anteriormente».

Ciento ocho años después de que la crónica «Descripción de la Ciudad de Orduña» fuera escrita y con el propósito de ratificar lo allá expuesto, el padre jesuita don José Eugenio de Uriarte inicia una inves­tigación que recoge en su libro «Historia de Nuestra Señora la Antigua», impreso en Bilbao en 1883.

En él leemos: «[…] no hemos podido dar con esta curiosa inscrip­ción póstuma, […] es fácil que el Sr. Palacio no la copiara a la letra en su Decreto de Proclamación de este Rey, no se dice que Su Majestad el rey don Fernando el Santo fundó o edificó estando sobre Sevilla, la parroquia de San Clemente de esta ciudad».

Uriarte, después de aclarar gran parte de lo expuesto por don Cayetano en su crónica, concluye con la siguiente reflexión:

«[…] ¿No serí­a ésta menor gloria, si pudiera bien probarse?…».

No obstante, el transcurso del tiempo y una nueva investigación nos han demostrado que don José Eugenio de Uriarte no llevó sus investigaciones hasta el lí­mite, llegando a zanjar algunas cuestiones con frases como «no hemos podido dar con ellas».

Claro ejemplo de esto resulta el hecho de que Uriarte no consiguie­ra encontrar dos grandes cruces talladas que, según expuso el Sr. Palacio, fueron labradas con la madera de una vieja morera situada junto al Santuario de la Virgen de Orduña la Antigua.

Estas cruces se hallaron en el año 1983. Don Txetxu Lambarri las descubrió ocultas en las bóvedas de la casa cural o «Viejo Santuario de Nuestra Señora la Vieja».

PRIMERO

El Sr. Lambarri ha realizado diversas investigaciones que pueden orientarnos respecto a la fecha de fundación de Arbileta.

Según él, es posible la aproximación en el tiempo de dicha funda­ción teniendo en cuenta diversos acontecimientos acaecidos durante las repoblaciones de «La Presura» en los siglos IX y X. Aparecen allá nuevos asentamientos como Astorga (en el año 856), la desaparecida Amaya (en el 860) y Burgos capital (en el 896).

Estos datos nos retrotraen a la tardí­a cristianización de las tierras al Sur de los austrigones, después de la dominación sarracena. Tal domi­nación hizo retranquear, a principios del siglo IX, la frontera cristiana al vecino valle de Valdegoví­a.

Precisamente en Valdegoví­a el obispo Juan fundó, en el año 804, el primer obispado de la Autrigonia Vasca. Lo pobló con gran número de monasterios que precedieron o coexistieron durante sucesivos siglos con el de San Clemente de Arbileta en rededor de la diócesis de Valpuesta.

Los acontecimientos precedentes a la aparición de estas poblacio­nes discurrieron como sigue: allá por el año 801, noventa años después de la derrota de don Rodrigo, último rey de los visigodos, en el rí­o Guadalete, el obispo Juan se ve forzado a fundar una nueva diócesis en el valle de Valdegoví­a. Fuerzan dicha fundación las constantes escaramuzas y pre­siones que los mal llamados «moros» ejercí­an a finales del siglo VIII sobre tierras de Pancorbo, Miranda de Ebro y el obispado de Oca, desde donde se desplazó la frontera cristiana hasta «Vallis Pósita».

Pues bien, el obispo Juan levantó su nueva diócesis sobre las ruinas del templo anterior -posiblemente Visigótico- en el vecino valle burga­lés de Valdegoví­a. Esto da a entender que la religión católica no estaba arraigada en ese momento en el lugar.

Esta falta de culto en Orduña se desprende también del privilegio fundacional del Obispado de Valpuesta, hecho por Alfonso II el Casto, rey de Oviedo (791-842). Tal privilegio dice donar las tierras de la pue­bla de Orduña, hasta las fuentes de Sanabria, al obispo Juan el dí­a 21 de diciembre del año 804, pero nada dice de sus iglesias: «así­ que podemos pensar que la puebla orduñesa no conquistada por los musul­manes, ni tampoco sometida a las repoblaciones de Las Presuras, tam­poco parece que tení­a culto alguno por este tiempo».

SEGUNDO

La nueva diócesis vio la necesidad de reorganizar el territorio más inmediato. Ello dio lugar a una nueva actividad repobladora, comen­zando por la creación de monasterios y fundaciones de menor rango dedicadas a los primeros mártires de la cristiandad. Caben destacar las cinco edificaciones destinadas a la advocación del Santo Clemente. La más antigua de esas fundaciones es la gestionada por el obispo Fredulfo de Valpuesta en el pueblo alavés de Tobillas en el 894. No obstante, la que mayor atención puede provocarnos, por la posible conexión con la ermita de Arbileta, es la del monasterio de San Clemente y Santa Cecilia de «Obaldí­a».

Por otra parte, se documenta en el año 1135 la donación del rey Alfonso VII el Emperador al abad don ílvaro de «Obaldí­a» la villa de Gavinea o Gaviña que, según los historiadores, estaba situada en el territorio jurisdiccional de la puebla de Orduña. Gaviña pasó, pues, a formar parte del patrimonio del monasterio de San Millán de la Cogolla, al cual también pertenecí­a «Obaldí­a» por ese tiempo.

Respecto a esa fecha de 1135, escribe don José Joaquí­n Landazuri Romarate en su obra «Historia Esclesiástica de ílava» del año 1798: «[…] dice corresponder al año 1135: […] 4 de los Idus de enero feria 3, era de 1171».

Landazuri dice que «Gavinea» debí­a ser una puebla de alguna importancia dado que fue donada con su iglesia y sus pertenencias, heredades, tierras, montes de manzanales (montes pomí­feros), prados, pastizales, fuentes, arroyos y molinos. También nos indica sobre su ubicación: su localización exacta es incierta, «aunque no cabe duda que estuviera situada en el término de Ruzabal». «Para unos en Mendeica» y «para otros entre Belandia y Lendoño de Arriba».

Ante la incierta ubicación de Gavinea nos podemos preguntar lo siguiente: ¿no puede ser que la desconocida puebla donada por Alfonso VII, sea el lugar de Arbileta?, «y si así­ fuese, estarí­amos hablando de la existencia de San Clemente en 1133».

El erudito ayalés don Santiago de Mendia y Elejalde relata en su libro titulado «El Condado de Ayala», de 1892, que la villa de Gavinea fue donada al obispo ílvaro Alonso de Obaldí­a, por el rey Alonso llamado el Emperador, el año 1133.

Mendia coincide con Landazuri en la descripción de la posible situación del monasterio y dice en cuanto a su fundación: «[…] la igle­sia de San Clemente de Obaldí­a, en cuya escritura de fundación se dice haber sido consagrada dicha iglesia por don Rodrigo, Obispo najeren­se a 6 de los Idus de julio, en la era de MCLXXXVII (año de 1149), el cual es don Rodrigo Cascante, Obispo que fue de Calahorra y Nájera, y que la consagración se hizo en honor de San Clemente, San Miguel, San Andrés, San Tome, San Vicente y Lete, y Santa Cecilia, a cuyas reliquias añadió dicho Obispo las de San Dionisio y las de los vestidos se San Andrés…».

Podrí­a estar dándose un error de cálculo a la fecha señalada por el Sr. Santiago de Mendia respecto al año de fundación, teniendo en cuenta la diferencia de 44 años del calendario cristiano respecto a la era de Julio Cesar. Por tanto, al hablar del año de fundación de MCLXXXVII (año 1149) podrí­a ser más correcta la fecha de MCLXXXVII (año 1143).

Existen otras fundaciones monacales dedicadas al Santo Clemente: la del año 1189 en el pueblo alavés de Anúncita y la de Arbileta en Orduña que, aunque no se conoce el año exacto de fundación, «muy bien podemos encuadrarla entre los años 894 y 1063».

Hay una fundación no monacal, y de menor rango, que se encuen­tra también en el cercano pueblo de Aborní­aco del valle de Cuartango, ílava, edificada sobre las ruinas de una ermita anterior dedicada tam­bién al Santo Clemente.

Para finalizar el polémico apartado sobre la fecha de nuestro monasterio de Arbileta, exponemos a continuación dos datos extraí­dos del libro de don Saturnino Ruiz de Loizaga Ullibarri «Monasterios Alto-medievales de ílava», 1982, y las conclusiones de las excava­ciones realizadas por el Gabinete de Estudios Histórico-Arqueológicos Wyngaerde de Burgos el año 2005 titulado «Memoria de la Intervención Arqueológica en el Monte de Santiago de Langreiz (Burgos)».

Se desvelan en estos estudios interesantí­simos datos sobre el monasterio Alto-Medieval de Santiago de Langreí­z «que muy bien pudo ser coetáneo del de San Clemente de Arbileta», situado a esca­sos 5000 metros de la Ciudad de Orduña, en el cercano Monte de Santiago. Estos estudios dicen lo siguiente: «[…] Su fundación de fecha incierta, se debe al señor López Sánchez, jefe militar de la coro­na de Navarra, a la que pertenecí­an estas tierras en el siglo XI Este pequeño cenobio de carácter familiar y privado es donado por su pro­pietario, el 29 de marzo de 1075, al Monasterio de San Millán, con sus posesiones, derechos de pastos del monte, viñas en Pobaja, treinta eras de sal en Salinas de Añana, unos manzanales en la Puebla de Orduña y decaní­as en Tertanga (valle de Orduña), Corcuera, Villamaderne y San Pedro de Ayuelas».

La donación de Sancti lacobi de Langreí­z al Monasterio de San Millán de la Cogolla aparece por primera vez referenciada en el año 1075 (Cartularios de San Millán). En otros documentos de los años 1079, 1090, 1124 y 1332 se mencionan una cesión al monasterio y refe­rencias de localización y confirmación de su donación con sus propie­dades (Cartularios de Valpuesta y San Millán).

EL HOSPITAL DE ARBILETA EN LOS SIGLOS XVI, XVII, Y XVIII

Encontramos un gran vací­o de datos en referencia a San Clemente desde el año 1192 hasta mediados del siglo XVI. De este tiempo apa­recen datos sobre el hospital de San Clemente y San Lázaro, ambos extramuros, bajo el patronazgo de Orduña en 1555.

Dos lustros después, en el Libro de Cuentas de San Clemente (1607-1710), se nos describe por primera vez el hospital de Arbileta. Se trata de la investigación inédita del padre Florencio Arza Alday. Se nos expone aquí­ un inventario con asiento el 5 de septiembre de 1607. Dice así­: “más la casa que está pegada a la dicha iglesia con su horno y caballerizas. […] Más la sala de la dicha casa, dos arcas viejas de roble vieja. […] Más cuatro camas de roble armadas, una en la sala y otra en la cocina, y otra en la cajera y otra en el aposento de atrás. […] Más en la cocina de la dicha casa unos lares de hierro buenos, la cuál dicha cocina está arrodiada de asientos de madera!”.

En el citado libro, con fecha de 9 de diciembre de 1608, se nos indi­ca que se arrendan las heredades de San Clemente de Arbileta, repar­tiendose los beneficios entre los pobres de la ciudad y las obras del nuevo convento de San Francisco, fundado en 1595 junto a la puerta de San Julián en Orduña. Quedan reflejados estos datos en el siguiente extracto: «[…] Más se les reciben cincuenta mil y setecientos marave­dí­s por tantos que pagó de contado hoy dí­a para pobres y para ayuda de los que se da de limosna que mayor suma para ayudar del reparo del edificio que se hace en la iglesia del convento de San Francisco de esta ciudad. […] Más se la a hen bueno tres mil y cuatrocientos maravedí­s que por mandado de los dichos señores, justicia y reximiento dio para repartirla entre pobres «envergonzados» las Pascuas, Dí­as de Reyes y señalados».

Un siglo después encontramos las reseñas extraí­das del tomo VI del «Catálogo de la Diócesis de Vitoria», escrito por Micaela J. Portilla el año 1988. Se relata que el hospital de Arbileta realizaba prés­tamos al de San Lázaro en los siguientes términos: «[…1 No obstante en 1768 el hospital de San Lázaro, concedí­a empréstito al de San Juan del mercado con mayor afluencia de enfermos y mejores posibilidades de atención, por encontrarse dentro de la ciudad».

La ermita de San Lázaro aparece documentada ya por el año 1270 con el tí­tulo de «La casa de San Lázaro» y, junto a ella, existió el Hospital Real del Señor San Lázaro, ambos situados junto al portal de San Miguel de la ciudad orduñesa.

El historiador José Ignacio Salazar Arechalde nos nana en su libro «Urbanismo e Historia de la Ciudad de Orduña>> del año 1995, las pésimas condiciones que atravesaba el hospital de San Clemente de Arbileta y los otros tres hospitales situados en la ciudad en ese siglo XVIII. Dice así­: «[…] las escasas y poco importantes intervenciones municipales en los hospitales de la ciudad, movió al Ayuntamiento a tratar de reunir las rentas de dos de ellos, el de San Clemente y San Lázaro, para aplicarlas al de San Juan del Mercado.

Intento frustrado que tuvo lugar el año 1764».

Se realizarí­an más tarde diversos estudios para la edificación de un hospital de nueva planta. Se pretendí­a ubicar en un solo edificio los ser­vicios ofrecidos hasta ese momento en San Juan del Mercado, San Lázaro, San Clemente de Arbileta y Santa Marí­a. «Este último recons­truido por don Bernardino de Echegoyen el año de 1555» después de haberse abrasado en el incendio de 1535. Constan donaciones encaminadas a este fin. Estas son:

«[…] un legado de 300 ducados dejado para el hospital por Margarita Garbiras y […] del hijo de la legataria que ofrece otros 300 ducados más».

Tras varios años de crisis, el municipio de Orduña marcó una serie de requisitos que deberí­a cumplir el nuevo hospital. Serí­an los siguien­tes: «[…] La disposición del hospital debe tener en cuenta el sol, los vientos, la altura y las humedades».

No obstante, el nuevo edificio no llegó a buen fin, según se relata en el siguiente extracto: «[…] aunque el nuevo edificio no se ejecutó, se llevaron a cabo obras de importancia en el de San Juan para las que se destinaron, además del legado referido, las rentas del hospital de San Clemente de 1100 reales, y los fondos del de San Lázaro por una can­tidad de 2000».

Para finalizar su recorrido histórico sobre los hospitales de la Ciudad de Orduña, José Ignacio Salazar escribe un alegato que dice: «[…] esta tendencia de reagrupar todos los centro asistenciales para poder dar un servicio mejor, es común a otros lugares y deriva de la polí­tica ilustrada sanitaria, que en Orduña concluirí­a con la fundación de la Casa de Misericordia’ en 1783».

Sólo pasaron tres años desde el último dato dicho por Salazar, cuando vemos el hospital de San Clemente de Arbileta arrendado, según consta en el «Libro de Caja de las Casas, Censos Redimibles, Perpetuos y demás efectos de la Casa de Misericordia de la Ciudad de Orduña», inscrito según cédula datada en Madrid, el dí­a 20 de marzo del año 1786.

«Quiere decir que por este tiempo el hospital de Arbileta no fun­cionaba como tal», sino como un bien arrendado, según inventario censuario de los hospitales de San Juan del Mercado, intramuros de la ciudad, y de los de San Lázaro y San Clemente, extramuros, durante el año 1795.

Del hospital de Santa Marí­a, «reconstruido» por don Bernardino de Echegoyen el año 1555, no se dice nada.

LA ERMITA DE SAN CLEMENTE DE ARBILETA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

Llegan hasta nuestros tiempos datos que nos hablan de la vida de la iglesia de Arbileta en el siglo XVIII.

Los citados datos reflejan las reparaciones, visitas pastorales y ornamentos del templo. Estos son:

  • la restauración de la torrecilla de la iglesia realizada por Miguel de Iruegas y Francisco de Berrio, en 1750. Luego el año 1753 pavimentado, con losas de piedra, del suelo de la iglesia
  • tras el enlosado, los canteros orduñeses, Francisco de Aguirre y Venancio de Villar, abrieron una ventana en la cara Este del templo.

En lo tocante al ornato, encontramos un pago al orfebre Pedro de Armentia quien, en el año 1771, cobró un cáliz de plata que habí­a labrado para la iglesia.

Más tarde, en 1778, se funde una campana de bronce para la torre­cilla del campanario.

Dando un salto en el tiempo, situamos los acontecimientos tocan­tes a San Clemente de Arbileta pasada la «Guerra de la Independencia».

En el año 1818 el obispo don Atanasio Puyal y Poveda realizó una visita pastoral a la ciudad de Orduña incluyendo en ella la iglesia de Arbileta. Tachó al templo de: «[…] indecente para celebrar en ella los oficios divinos y el bautismo de los fieles».

Ordenó su urgente restauración.

Durante la desamortización de Mendizábal del año 1834, las tierras de Arbileta fueron vendidas a un particular que, a su vez, las revendió a un segundo. í‰ste último construyó, próxima a la ermita y con piedra del hospital, una cabaña para utilizarla como redil y almacén de piensos.

Por este tiempo, el abandono y deterioro de la ermita llegó al máxi­mo permitido.

Se refleja este hecho en las conclusiones realizadas tras la visita pastoral del año 1854: «[…] su pila bautismal está rota y dos de las imágenes sin cabeza, mandando el Obispo se retiren las imágenes, y se coloque una nueva pila bautismal».

Aunque las visitas pastorales forzaban la restauración y cuidado del templo, datos posteriores demuestran que esos cuidados no se llevaron a cabo. Tal situación se nos muestra en un inédito manuscrito autorí­a del señor Zugazaga, secretario del Ayuntamiento de la ciudad de Orduña. El señor Zugazaga lo depositó en el año 1858 en la bola de la veleta de Santa Marí­a de la Asunción de Orduña. Leemos así­:

«[…] la iglesia de San Clemente extramuros de la ciudad, es una mala iglesia».

También el padre José Eugenio de Uriarte se pronuncia sobre la situación de San Clemente de Arbileta en su libro del año 1883, con las siguientes frases: <<[…] La ermita de San Clemente, a distancia como de cuarto de legua de la Ciudad, está hoy arruinada».

SAN CLEMENTE EN EL SIGLO XX

Tras arruinarse la casa hospital, la iglesia de Arbileta se abandonó al culto a principios del siglo XX.

En tiempos de la Segunda República Española, el arcipreste de Orduña alquiló Arbileta como almacén de los materiales y herramien­tas utilizados para las obras que la Diputación de Vizcaya realizaba en el firme de la carretera de Lendoño de Arriba el año 1932.

En este perí­odo desapareció la pila bautismal del templo.

La crí­tica situación de San Clemente de Arbileta duró hasta el mes de enero de 1948, momento en el cual la Junta de Cultura de Vizcaya y el Ayuntamiento de la Ciudad de Orduña, decidieron dedicar un homenaje al venerable Fray Pedro de Bardeci. Se conmemoró así­ el 250 aniversario de su muerte y, durante el acto, se colocó una lápida de mármol.

La placa dice: «EN ESTA ERMITA DE SAN CLEMENTE FUE BAUTIZADO FRAY PEDRO DE BARDECI Y AGUINACO EL DIA 6 DE ABRIL DEL Aí‘O 1641» – «LA EXMA. DIPUTACIí“N DE VIZCAYA Y SU JUNTA DE CULTURA RINDEN HOMENAJE A LA MEMORIA DEL VENERABLE VIZCAINO 12 DE SEPTIEMBRE 1948».

El dí­a 13 de noviembre de 1949, se inauguró la reconstruida ermi­ta de San Clemente de Arbileta. Asistieron a los actos el Excmo. Sr. presidente de la Diputación de Vizcaya, don Javier de Ibarra y Bergé, el diputado provincial don Hilario de Bilbao y Eguí­a, el comandante don Cosme Garcí­a Ballesteros del Regimiento de Infanterí­a n.° 45 de Orduña, el alcalde de la ciudad don Dámaso de Uriarte y Dí­az de Olarte, el Sr. Juez de Paz don José Rafael de Madaria Arberas y el arci­preste párroco de Santa Marí­a de la Asunción don Miguel Urbina Uzábal.

El R. P. Jesús José de la Cámara Solaguren, devoto orduñés, apoyó este acto desde Chile. El padre Cámara escribió varias novenas a su Virgen de la Antigua y un libro en pro de la causa de beatificación de Fray Pedro de Bardeci; llevó este libro a Roma, a fin de conseguir que se iniciara la apertura del proceso para llevar a los altares al posible pri­mer Santo orduñés iniciado a principios del siglo XVIII.

Tras más de mil años de trayectoria histórica del templo de San Clemente de Arbileta, transcurridos con vicisitudes, grandezas y olvi­dos, nos topamos hoy dí­a con la iglesia más antigua de Orduña. Nada se ha trabajado a su favor; al contrario, desafortunadas gestiones o des­propósitos se llevaron a cabo por el Ayuntamiento de Orduña, allá por el año 1948. Más tarde, durante la recalificación parcelaria hecha en la década de los años setenta del pasado siglo XX, un gran «despiste municipal» puso en manos privadas la iglesia de los Santos Clemente y Bernabé, que desde finales del primer milenio habí­a sido patrimonio de todos los orduñeses.

SITUACIí“N GEOGRíFICA Y DESCRIPCIí“N DEL TEMPLO EN LA ACTUALIDAD

Situamos la conocida Arbileta -«lugar de guijarros»- en el emblemático alto de «Las Campas de la Choza»? Guarda el paraje las ruinas de su iglesia, horno y hospital.

Este lugar se sitúa junto al camino medieval de la Sopeña, muy cerca de la carretera que une la ciudad de Orduña con la pedaní­a de Lendoño de Arriba, en su kilómetro 44100. Desde el altozano a 440 metros de altitud, sobre el que localizamos Arbileta, se divisa parte de los pueblos de la Junta de Ruzabal.4

Sus coordenadas son 0° 38′ 22″ de longitud y 43° 00′ 21″ de lati­tud Norte.

DESCRIPCIí“N

Las minas que hoy podemos ver en Arbileta no se corresponden con las de un gran monasterio, sino con las de una ermita Bajo Medieval de planta rectangular de 11,60 x 7,35 metros.

Sus muros de mamposterí­a están rematados en sus cuatro esquinas con piedras de sillerí­a bien canteadas, en la actualidad desmoronándo­se paulatinamente por efecto de la hiedra, la maleza y la intemperie.

De su tejado, que fue a dos aguas, no quedan sino algunas tejas, cuartones y vigas podridas sobre el suelo interior y exterior. Parece que corresponden a la restauración del año 1948-49.

Vemos en una fotografí­a del año 1887 una cubierta primitiva de madera con formas ojivales de estilo Gótico. Aparece pintada con motivos vegetales policromados de gran belleza. Posiblemente se des­truyó en la restauración, antes citada, del año 1948-49.

La puerta principal se mantiene en pie. Conserva sus dovelas de piedra sillar en buen estado. í‰stas forman una bella ojiva que, por su factura, puede datarse entre los siglos XIV y XV.

En el extramuros de su cara Sur encontramos una pequeña puerta con un dintel ojival de una solo pieza. En  el intramuros de esa misma cara Sur luce un arco adovelado de medio punto rebajado. Da acceso a las ruinas del horno y el hospital que se dejan ver entre la maleza.

Situados en el interior de la nave encontramos, en su lado derecho, una aspillera que vigila el camino medieval de acceso desde Orduña y una pequeña ventana cuadrada, abierta el año 1753 a fin de que el recinto tuviera más luz y claridad.

En la cabecera del trasaltar mayor tenemos otra aspillera que mira hacia Lendoño de Arriba y un gran óculo en lo alto del muro. Este último amenaza ruina.

En el lado exterior izquierdo del muro hallamos una placa conme­morativa de mármol (su contenido ha sido descrito con anterioridad) y cuatro ménsulas bien labradas que soportaron algún tejadillo a modo de pórtico.

También hubo en el interior del templo otra placa metálica grabada y esmaltada. Fue enviada desde Chile. Hoy dí­a se encuentra en poder del secretario del Comité pro Fray Pedro de Bardeci de Orduña.

De los altares, tallas y otros bienes que tuvo el templo solo tenemos algunas referencias fotográficas del año 1887. Apreciamos en ellas la existencia de un altar muy simple dedicado a San Clemente, situado en el muro Norte o cabecera del templo.

Al lado de Los Evangelios queda situado otro altar, éste de esqui­na, ocupado por una talla de San Bernabé. Ambos altares son de estilo Barroco del siglo XVII, aunque el último descansa sobre un murete de mamposterí­a revocado, con una peana que parece ser de piedra. La peana lleva una inscripción gótica que habrí­a que investigar si es la que Cayetano de Palacio apunta en su manuscrito del año 1785.

Las tallas que se nos muestran en el citado material fotográfico son de pequeño tamaño y no superan, aparentemente, los 60 centí­metros de altura. Una representa al Santo Clemente en estilo Gótico; se puede situar en el siglo XIV. La otra corresponde a San Bernabé; es barroca del XVII.

El confesionario de la fotografí­a parece ser de madera de nogal. Tiene dos celosí­as laterales para la confesión. Se encuentra situado en el lado de La Epí­stola.

La pila bautismal se halla junto a la puerta trasera del templo. Vemos también un peculiar recipiente cilí­ndrico de piedra oscura, con su bota-aguas, apoyado sobre un tambor circular más claro. í‰ste des­cansa, a su vez, encima de varias piedras que forman un cí­rculo en el firme.

En la iglesia parroquial de Santa Marí­a de la Asunción de Orduña se guardan dos tablas pintadas en grisalla datadas a principios del siglo XVII. Representan a los dos Santos del templo que nos ocupa. Sus medidas son 92 x 28 centí­metros. Parece pertenecieron a otro retablo anterior del cual no tenemos ninguna referencia histórica.

TXETXU LAMBARRI UGARTE

2 Comentarios

  1. Gontzal

    Por un casual he leido este artí­culo trabajo y lo que me ha animado a escribir es el cómo es posible que si la ermita fue restaurada en 1949, pueda estar ahora en ruinas y cómo que no se haga nada para mantener lo que queda en pie.
    Inconcebible

  2. mitxel

    Es una lástima. Hace dos dí­as pasé por allí­ y, cada dí­a, está peor. De hecho sólo quedan cuatro paredes. Se medio rehabitlitó con motivo de “Bardeci” pero, a partir de entonces…¡nada de nada!… Es de propiedad privada (todo el terrono). Me consta que hay (o ha habido) algún intento de recuperarla para la ciudad pero….

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