ERMITAS DE SAN ROMAN (ZEDELIKA) y SAN PEDRO (LENDOÑO DE ARRIBA)
ERMITAS DE SAN ROMAN (ZEDELIKA) y SAN PEDRO (LENDOÑO DE ARRIBA)
Jose Luis Solaun Bustinza
- INTRODUCCIÓN
Las intervenciones arqueológicas efectuadas en la ermita de San Román de Zedelika y la iglesia de San Pedro de Lendoño de Arriba, ambas en el término municipal de Orduña, se enmarcan dentro de un proyecto más amplio que tiene por objeto determinar la génesis del poblamiento altomedieval en el valle de Orduña. En concreto, la mencionada intervención puede considerarse el arranque de un complejo estudio, promovido por el Servicio de Patrimonio Histórico del Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia y desarrollado por el Grupo de Investigación en Arqueología de la Arquitectura (UPV-EHU).
En este contexto, la elección de ambos templos corno inicio del proyecto vino motivada por diversas razones. Así, la intervención a ejecutar en la iglesia de San Pedro de Lendoño de Arriba pretendía servir de apoyo a la primera fase de investigaciones efectuada en este templo, en concreto al estudio de alzados realizado este mismo año 2005, que permitió identificar cuatro fases constructivas artífices del aspecto actual del edificio. El conocimiento de su evoluciónhistórico-constructiva posibilitó confirmar que la construcción del edificio, al menos los elementos que pueden observarse actualmente sobre cota cero, son fruto de las obras de reedificación que se realizaron en fechas modernas, a finales del siglo XVII.
Sin embargo, se desconocía la tipología del edificio que anteriormente daba servicio religioso a la
localidad de Lendoño de Arriba, aunque puede afirmarse -según la documentación manejada- que existió un templo en importante estado de ruina a principios del siglo XVII, emplazado en el lugar que hoy ocupa el actual. Quizás el mismo que pudo levantarse en esta aldea hacia el siglo XII, dado que la localidad aparece citada para 1123 en el Cartulario de Valpuesta.
En consecuencia, el objetivo de la intervención efectuada en el contorno de la iglesia de San Pedro era localizar los vestigios de una primitiva parroquia medieval, así como de la necrópolis asociada al templo que debiera desarrollarse por los alrededores de la actual iglesia.
Al mismo tiempo, se consideró necesario extender estas intervenciones a otro templo orduñés con el objetivo de obtener una mayor información sobre las posibilidades reales del mencionado proyecto. El edificio elegido fue la actual ermita de San Román en Zedelika, que para 1598 ya no tenia pila bautismal ni enterrorio, denotando su antigua condición de parroquia, quizás de origen altomedieval si atendemos al hallazgo hace años de un sepulcro de piedra.
Así, en el lado sureste de la ermita, al ampliar la carretera que va hacia Orduña, aparecieron restos
humanos y materiales funerarios, entre los que había una arqueta con una losa de piedra que podría datarse entre los siglos IX al XII.
Al igual que en la anterior intervención, los objetivos que debía cumplir esta nueva excavación eran
constatar o no la existencia de un primitivo templo medieval en el subsuelo del actual, así como su
necrópolis.
- LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA
2.1. LA IGLESIA DE SAN PEDRO DE LENDOÑO DE ARRIBA
La aldea de Lendoño de Arriba se sitúa al noroeste de la villa de Orduña, en un rellano de la ladera
oriental de Sierra Salvada y junto a una importante vía de comunicación de la Sopeña ayalesa. La iglesia, por su parte, se levanta al este del caserío actual, en uno de sus laterales, inmediata al camino que conduce al barrio El Portón.
Para cumplir con los objetivos marcados anteriormente se planteó la realización de un sondeo de aproximadamente 20 m situado aI exterior de la cabecera del templo (Sondeo I). Sus resultados fueron totalmente negativos ya que únicamente se registró una unidad estratigráfica que cubría directamente la roca natural, con fuerte buzamiento en dirección oeste-este. En ella se recogió una moneda de 5 céntimos del gobierno provisional de España, año de 1870.
exterior suroeste del templo, susceptible de acoger la necrópolis medieval y con una topografía más suave que en la cabecera, lo que hacía prever una mayor potencia estratigráfica. La superficie final a excavar se redujo a unos 10 m, documentándose tres fases históricas.
- Ocupación alto, medieval (siglos VIII-X)
Esta primera fase puede interpretarse como un nivel constructivo destinado a nivelar toda la zona, de cara posiblemente a preparar el terreno para una posterior construcción, En concreto, corrige y nivela el buzamiento norte-sur que presenta la roca natural en este costado del templo mediante aportes de tierra, en los que se mezclan materiales primarios del depósito con otros residuales, en este caso de origen romano. El estudio delmaterial cerámico depositado en fase permite datar
esta unidad entre los siglos VIII al X.
Desconocemos, sin embargo, la construcción levantada con ocasión de esta nivelación. Atendiendo
a la cronología del estrato y a la existencia actual de la iglesia parroquial cabría pensar en el primitivo templo altomedieval. Sin embargo, la ausencia de enterramientos en los dos sondeos ejecutados parece ir en contra de esta hipótesis. En todo caso, la conclusión más importante que podemos sacar de este contexto es la ocupación de la zona intervenida desde, al menos, época altomedieval.
- Bolera (siglo XX)
Esta circunstancia hizo que planteáramos un nuevo sondeo. Nada menos que un mínimo de diez
siglos separan la fase precedente de esta nueva etapa evolutiva, asociada a un antiguo juego de bolos. Sin duda, el terreno debió sufrir un importante arrasamiento que hizo desaparecer toda la estratigrafía acumulada hasta los anteriores niveles altomedievales, quizás en el momento de
construcción de la mencionada bolera. Esta bolera se situaba muy cerca del lateral sur de la iglesia y se componía de tres tablones paralelos de los que únicamente se ha conservado su impronta, de entre 30 y 40 cm. de anchura, en algunos casos calzados por una cama de piedras previo corte del terreno.
A pesar de no registrase ningún material arqueológico, noticias orales aportadas por vecinos de Lendoño que dicen haberla visto en funcionamiento, permiten fechar este juego de bolos en el siglo XX. Se trataría de un popular juego compuesto por 9 bolos repartidos entre los tres tablones,
también documentado en la comarca alavesa de Valdegovía.
- Amortización de la bolera (fines siglo XX)
Última fase constructiva que marca la desaparición de la bolera en un momento avanzado del siglo
XX.
2.2. LA ERMITA DE SAN ROMAN DE ZEDELIKA
El barrio de Zedelika se encuentra ubicado al norte de Orduña, a media ladera de la vertiente sur de la peña Kokutxa, protegida de los vientos del norte. Su ermita se encuentra ligeramente apartada del caserío, en el extremo suroeste, junto al camino que lleva a Lendoño de Abajo.
La excavación arqueológica programada en este templo consistió en la realización de un sondeo
arqueológico de aproximadamente 18m localizado al exterior del templo, en el espacio existente entre los pies de la ermita y la carretera que conduce a Orduña. Sin duda, los resultados de esta intervención cumplieron con creces los objetivos marcados, al documentarse una rica secuencia estratigráfica -gracias a la notable potencia registrada, superior al metro-, muy infrecuente en este tipo de intervenciones rurales donde, corno vimos anteriormente, apenas se registra estratigrafía.
La secuencia completa de la intervención queda como sigue:
- Preexistencias
Perforando el estrato geológico se han documentado varios detalles que, en el estado actual de la investigación, no permiten ser interpretados debido a su mal estado de conservación y a la circunstancia de extenderse por debajo de los cantiles norte y este del área excavada, impidiendo su completa visualización.
Su relación estratigráfica de anterioridad respecto al relleno de nivelación depositado hace de
estos restos los testimonios ocupacionales más antiguos documentados hasta la fecha, si bien se estiman necesarios nuevos estudios arqueológicos que amplíen su conocimiento y permitan una correcta comprensión.
- Necrópolis altomedieval (siglos VIII-XI)
Cubriendo la estratigrafía anterior y nivelando todo el terreno se depositaba un potente paquete de relleno arcilloso (entre 25 y 30 cm. de potencia), muy compacto y con frecuentes intrusiones de gravas y pequeñas piedras.
Todo parece indicar que el objetivo de esta nivelación sea la preparación del terreno de cara a establecer la necrópolis documentada en las labores de excavación, aunque se podría pensar también en una nivelación previa a la construcciôn de la iglesia que necesariamente debía amparar este cementerio y de la que no se ha encontrado vestigio alguno, muy posiblemente por encontrarse bajo la actual ermita.
Siguiendo con la secuencia estratigráfica, tras la deposición del relleno arcilloso se realizaron las
sepulturas pertenecientes a la necrópolis altomedieval, a un sólo nivel. En concreto, se han registrado seis sepulturas de las denominadas de lajas o cista, consistentes en una fosa rectangular -excepción hecha de las sepulturas 2 y 3, de planta trapezoidal- reforzada en sus paredes por lajas calizas verticales de entre 4 y 12 cm. de grosor, cubiertas a su vez con otras lajas también calizas. Aunque algunas sepulturas carecían de cubiertas en determinadas zonas, parece lógico pensar que en origen debieron tenerlas, siendo desmanteladas posteriormente.
Todas estaban canónicamente orientadas E-O, si bien cuatro de ellas no presentaban individuo en
su interior. A continuación, describimos brevemente cada una de las sepulturas exhumadas.
SEPULTURA 1. Fosa de planta rectangular de 2,15 ni. de longitud, 0,70 nl. de anchura y 0,30 m. de profundidad. Paredes reforzadas por 9 lajas de piedra caliza, excepto a los pies donde aparecen dos pequeñas lajas horizontales pertenecientes, posiblemente, a la desaparecida cubierta.
En su interior se deposita el esqueleto de una mujer adulta, en posición de decúbito supino, con los brazos extendidos sobre la pelvis y las piernas juntas.
SEPULTURA 2. Fosa de planta trapezoidal de 1 m. de longitud, 0,62 m. de anchura máxima y 0,27 m. de profundidad. Paredes reforzadas por 6 lajas de piedra caliza. A los pies destaca una laja horizontal perteneciente a la desaparecida cubierta. En su interior se deposita un esqueleto infantil, en posición de decúbito supino, con los brazos y piernas en jarra. Presenta un estado de conservación deficitario.
SEPULTURA 3. Fosa de planta trapezoidal de 2,12m. de longitud, 0,70 m. de anchura máxima y 0,26 m. de profundidad. Paredes reforzadas por 9 lajas de piedra caliza. En su interior se deposita una mujer adulta vieja, en posición de decúbito supino, con los brazos extendidos sobre la pelvis y las piernas juntas. Sobre el omóplato derecho posee un cuchillo de hierro, en el que la hoja y la espiga comparten una misma línea dorsal recta. Presenta un filo apuntado y curvo. Long. total: 13,4 cm.; long. espiga: 0,6 cm.; long. hoja: 12,8 cm.; anch. base espiga: 0,7 cm.; anch. max. hoja: 1,6 cm.
Además, formando parte del relleno se ha recuperado una placa de broche de cinturón rectangular, en cobre o bronce con sobredorado. Conserva la sujeción a la hebilla mediante un sistema de bisagra con anillas. Se encuentra calada por dos orificios circulares dispuestos a lo largo de su eje axial.
SEPULTURA 4. Fosa de planta rectangular de 0,7 m. de longitud, 0,43 m. de anchura y 0,17 m. de profundidad. Paredes reforzadas por 3 lajas de piedra caliza, estando desaparecida la que cierra el lateral sur. Sepultura sin enterramiento.
SEPULTURA 5. Fosa de planta rectangular de 1,2 m. de longitud, 0,64 m. de anchura y 0,15 Im. de profundidad. Paredes reforzadas por 6 lajas de piedra caliza, encontrándose desaparecida una de las piezas que cierra el costado norte.
SEPULTURA 6. Sepultura parcialmente excavada, ya que continúa por debajo del cantil oeste
de la excavación, que ha sufrido un robo o desmantelamiento. Parece tratarse de una fosa de planta rectangular de 0,83 m. de anchura y 0,35 m. de profundidad que sólo conserva dos lajas «in situ» reforzando sus paredes, habiendo desaparecido el resto. Varias de estas lajas verticales, así como otras pertenecientes a la primitiva cubierta, se encuentran amontonadas sobre la tumba.
Sepultura sin enterramiento.
- Abandono de la necrópolis (siglo XI a mitad siglo XII)
Sellando toda la necrópolis se extiende un nuevo relleno arcilloso de aproximadamente 10 cm. de
potencia que marca el abandono del mencionado cementerio, consumado en el siglo XI o a la
mitad del siglo XII a juzgar por el estudio efectuado al abundante material cerámico recuperado en este contexto.
Si atendernos a las características propias del estrato y al cuantioso material cerámico recogido es
posible deducir que se trata de un nivel constructivo, más que de un nivel de abandono propiamente dicho.
Es decir, la formación del estrato de amortización de la necrópolis no parece producirse lentamente, en un proceso de abandono gradual en el que intervengan elementos de origen antrópico (aportes de tierra) y natural (sedimentaciones), sino más bien por un relleno homogéneo y sincrónico cuya finalidad es la de nivelar, regularizar o preparar el terreno para otro uso o construcción que, en el estado actual de la investigación, desconocemos.
- Construcción de la ermita (2ª mitad del siglo XVI)
La siguiente actividad en la secuencia estratigráfica analizada es la construcción de la actual ermita de San Roque, cuya cimentación por el oeste se apoya directamente sobre el anterior relleno, sin ningún tipo de cajeado. Las características técnicas de esta cimentación no difieren en demasía de los alzados superiores, al aparejarse con mampuestos calizos de diferente tamaño, dispuestos en hiladas irregulares.
Junto al muro y la cimentación oeste de la ermita, adosado contra él, se registra un nivel de obra con numerosos restos de piedra caliza desbastada, esquirlas de piedra, algún fragmento de teja, etc. que puede asociarse a la construcción de este edificio. La ermita es un sencillo edificio de mampostería, con planta rectangular y cabecera recta iluminada por una estrecha saetera. Su actual portada, adintelada, carece según la historiadora de interés artístico, pudiendo estar levantadá en la fase siguiente.
Una vez terminada la obra se procede a nivelar todo el espacio exterior con un depósito de tierra arcillo-arenosa, en el que se recogió un importante volumen de material cerámico, un colgante de
cobre o bronce dorado con una estrella de ocho puntas rodeada por un circulo y seis monedas fechadas entre los siglos XV y XVI. La moneda más tardía, un cortado de Felipe II fechado entre 1561 y 1598, aporta la fecha postquem para la construcción de este edificio, mientras que un documento de las ordenanzas del cabildo orduñés del año 1598 —según el cual la ermita de San Román no tenía pila bautismal ni enterrorio- sugiere la fecha antequem. En consecuencia, cabría fechar la construcción de esta ermita entre los años 1561 y 1598.
Además de la propia construcción de la ermita resulta necesario recalcar otro aspecto que conside-
ramos, cuando menos, de cierta importancia. Nos referimos a la ausencia de estratigrafía documentada entre el abandono de la necrópolis y la construcción de esta ermita. Es decir, desde
mediados del siglo XII hasta mediados del siglo XVI. O lo que es lo mismo, 400 años de vacío informativo que entrañan una fuerte alteración del terreno motivada, muy probablemente, por la propia obra de la ermita.
- Reconstruccíón de la ermita (último tercio del siglo XIX)
Los trabajos arqueológicos han registrado una última actividad que puede describirse como un nivel constructivo compuesto por tierra, gran cantidad de piedra, teja y arena, identificable con los restos de obra originados por una reconstrucción o refacción efectuada en la ermita.
Consultando la documentación existente, podemos observar cómo la ermita fue destruida por los
franceses en el año 1808. Pocos años después, en 1818, el obispo manda reedificar el edificio para la celebración del culto en servicio de los habitantes de Cedélica y Ripa, al seguir cobrando el cabildo los diezmos de estos barrios. En cualquier caso, hasta 1826 las obras no parecen estar en marcha ya que este año el mayordomo de fábrica del cabildo reconocía que el ayuntamiento de la ciudad había promulgado «varios socorros de maderamen, teja y ladrillos» de cara a la reconstrucción de San Román, así como que el cabildo tenía «proporcionado y pronto todo lo
necesario para la celebración de la misa». Casi tres décadas más tarde, concretamente para la visita del año 1854, ya se encontraba construida. En consecuencia, y atendiendo a la documentación examinada, la reconstrucción de la ermita debió acometerse entre 1826 y 1854.
Considerando estos hechos, parecía casi imperativo asociar el dato arqueológico (nivel constructivo) con los datos escritos (reconstrucción de la ermita entre 1826 y 1854). De hecho, esta fue nuestra primera reacción.
Sin embargo, la aparición de una bayoneta en este nivel, fechada con total seguridad a partir (le 1871, nos hizo ver la excesiva dictadura a la que, en ocasiones, sometemos la asociación evidencia arqueológica/dato textual. Por razones que expondremos a continuación, la bayoneta recuperada corresponde a un modelo español o americano fabricado en 1871 ó siguientes. Por consiguiente, resulta imposible mantener que el contexto arqueológico documentado pertenezca a la reconstrucción de la ermita acontecida antes de 1854, siempre y cuando esta referencia
documental no sea errónea.
En síntesis, de lo dicho hasta ahora podemos entresacar que en el último tercio del siglo XIX la
ermita va a sufrir una nueva refacción o reconstrucción, causada quizás en el contexto de la tercera y última guerra carlista que, con tanta virulencia, afecto a Orduña.
Una vez efectuadas estas reflexiones pasaremos a describir la mencionada bayoneta. Se compone de un cilindro metálico hueco (cañón) al que se adosa, en ángulo recto, una característica hoja de sección triangular, fracturada en su extremo. Sus medidas son 17mm. de diámetro interior del cubo; 230 mm. de longitud de hoja conservada; 76 mm. de longitud de cubo y 285 mm. de longitud total conservada. Estas características, fundamentalmente sus dimensiones, permiten identificarla con una bayoneta de cubo modelo 1871 o siguientes, posiblemente español, para fusil Remington. Un modelo, por otra parte, muy utilizado en la última de las guerras carlistas (1872-
1876) que sacudieron a nuestro territorio. El escaso diámetro interior del cubo es el elemento determinante para datar esta arma portátil, ya que con anterioridad a 1871 todos los modelos de bayonetas (mds. 1859, 1857, 1854, etc) presentan un diámetro mayor, como mínimo de 20 mm.
3.- ZEDELIKA Y LENDOÑO DE ARRIBA EN LA CONFIGURACIÓN DEL POBLAMIENTO ALTOMEDIEVAL
El proyecto de investigación iniciado en San Román de Zedelika y San Pedro de Lendoño de Arri-
ba puede y debe considerarse un impulso más en el estudio que sobre la configuración del poblamiento altomedieval se está desarrollando en el País Vasco.
Un estudio en el que la arqueología -junto a otras fuentes corno las documentales, toponímicas, etc.- muestra una gran potencialidad, en tanto que las iglesias, y con ellas sus necrópolis, son una de las manifestaciones más fáciles de identificar y de mayor información hermenéutica de cara a reconocer otras realidades más complejas como la fijación del poblamiento dentro de las estructuras feudales.
En el caso concreto que nos ocupa, la Tierra de Orduña, los primeros datos referentes a este territorio se mencionan en la Crónica de Alfonso III de Asturias, escrita a finales del siglo IX, pero que nos relata la actividad repobladora de Alfonso I (739-757) y lo innecesario de conquistar y volver a poblar «Alaba, namque Bizcai, Alaone et Urdunia» ya que siempre estuvieron poseídos por sus propios habitantes. La aparición por primera vez en las fuentes escritas de Orduña y del resto de topónimos mencionados no significa que esta comarca estuviera desierta hasta entonces, sino más bien que se estaba transformando y deshaciendo de las inoperativas estructuras políticas, económicas y sociales del mundo antiguo, desarrollando nuevas realidades y personalidades geográficas. Una nueva realidad expresada en la aparición de nuevos asentamientos estables, dotados de personalidad propia y agrupados en pequeños núcleos muy cercanos unos de otros, reflejo del crecimiento demográfico y económico experimentado en Álava, Bizkaia o Navarra.
Aunque algunos de estos asentamientos pudieran identificarse con las i>illcas que menciona la documentación del siglo X en Orduña», es la arqueología quien mejor puede rastrear su existencia como ha quedadodemostrado en las excavaciones realizadas en Zedelika y Lendoño de Arriba. Una existencia representada fundamentalmente en sus iglesias y necrópolis. Así, la necrópolis altomedieval registrada en la ermita de San Román de Zedelika debe interpretarse como la prueba palpable de uno de estos asentamientos, en concreto de la aldea de Zedelika, dotada de una iglesia parroquial que, sin embargo, acabará convertida en simple ermita hacia el siglo XI o la la mitad del siglo XII, momento evidenciado por el abandono de esta necrópolis. Con posterioridad, un vació en el registro estratigráfico nos impide conocer la evolución histórica del edificio hasta la 2ª mitad del siglo XVI, fecha en la que se levanta el templo que, a grandes rasgos, podemos observar actualmente.
La secuencia estratigráfica mostrada puede interpretarse en unas coordenadas históricas muy similares a las planteadas por I. García Camino sobre la configuración de la sociedad feudal en Bizkaia». A grandes rasgos, establece que desde finales del siglo VIII, pero fundamentalmente en los siglos IX y X, se produce una transformación en la red de poblamiento materializada en la presencia de nuevos templos y asentamientos fundados, en la mayoría de ocasiones, por iniciativa campesina, de modo que los excedentes productivos escaparan del control de las aristocracias
locales, revirtiendo en la propia comunidad aldeana al ser entregados a sus propias iglesias. Uno de estos nuevos asentamientos se emplazaría en Zedelika, cuyo origen podríamos retrasar hasta el siglo VIII. De hecho, cada vez existen mayores evidencias materiales que invitan a pensar en este siglo VIII, no como un periodo de transición hacia el siglo IX sino, como una centuria de suma importancia en la configuración del poblamiento altomedievaI, caracterizado por la aparición de nuevos asentamientos estables.
En la segunda mitad del siglo XI surgen, sin embargo, nuevas formas de dominio señorial plasmadas en la progresiva apropiación por parte de las clases dirigentes del derecho sobre las iglesias. Dirigida por los grupos nobiliarios como medio de exacción del trabajo de las comunidades campesinas, el mecanismo empleado radicó en concentrar las rentas que recogían los pequeños templos de las comunidades en unas pocas iglesias, generalmente aquellas de las que los propios señores eran copropietarios. Todo ello se tradujo en una reorganización de la red eclesiástica,
desde mediados del siglo XI a fines del XII, sustentada en la fundación o refundación de determinadas iglesias que adquirieron la función de centros económicos y de culto. Las iglesias menos favorecidas quedaron fosilizadas pasando a convertirse en simples ermitas y su población en barriadas o despoblados alrededor de los nuevos centros parroquiales. Es el caso de San Román de Zedelika y muy posiblemente de Santiago de Nanclériz -monasterio donado por D.Lope Sánchez a San Millán de la Cogolla en 1075- o San Clemente de Arbileta -donado en 1192 por Alfonso VIII a la iglesia catedralicia de Calahorra-, todas ellas simples ermitas en 1257, ya que no aparecen en la relación de parroquias del arciprestazgo de Orduña efectuada por el obispo Aznar'».
De lo dicho hasta ahora se desprende, en todo caso, que el modelo interpretativo propuesto por I. García Camino en Bizkaia parece resultar valido también en Zedelika y por extensión en Orduña. Esta aportación, que ya de por sí resulta un claro avance en la investigación, se ve enriquecida por otras cuestiones relacionadas con el registro arqueológico que incorporan nuevos elementos de estudio y reflexión, a la vez que plantean nuevas preguntas. Nos referimos a la excavación efectuada en San Pedro de Lendoño de Arriba que, a diferencia de Zedelika, no constató la presencia de un templo y/o necrópolis altomedieval, si bien sí registró un nivel de ocupación fechado entre los siglos VIII al X. Estos datos permitían fijar la existencia de un asentamiento en Lendoño de Arriba desde época altomedieval, aunque no de una iglesia, al menos en las inmediaciones del actual templo de San Pedro, lo que inevitablemente llevaba a formular una pregunta: ¿contaba la aldea de Lendoño de Arriba con una iglesia en época altomedieval?, o lo que es lo mismo ¿todos los asentamientos altomedievales poseían iglesia?
Ya en el año 2002, I. García Camino se preguntaba qué fue antes, la iglesia o el asentamiento. Para este autor, por lo general, el establecimiento humano precedió a la iglesia o fueron coetáneos, hipótesis que sostiene basándose en tres indicios: el nombre de los lugares documentados que raramente se correspondían con un hagiotopónimo; la propia ubicación de la iglesia, en una posición descentrada respecto a las viviendas y espacios productivos; y la constatación escrita de algunos topónimos que no se han podido asociar físicamente a lugares de culto.
Tras la intervención efectuada en Lendoño de Arriba podríamos añadir que algunos asentamientos, además de ser anteriores a la iglesia, es posible que no llegaran a tenerla hasta bien avanzado el medioevo.
Las fuentes documentales manejadas también permiten apuntar hacia esta idea. La primera referencia escrita de Lendoño aparece en el año 1123 y hace mención al origen de un tal Alvaro Muñoz -Alvaro Munnioz de Lendonio- que desea ser enterrado en Santa María, muy posiblemente de Valpuesta, a la que dona todos sus bienes, sin que en ningún momento se haga alusión a una iglesia en Lendoño». Más significativa es la ausencia de esta iglesia en la ya mencionada relación de
parroquias efectuada por el obispo Aznar en 1257, posiblemente al quedar incluida la aldea dentro de la parroquia de Belandia: Belandia y sus aldeas». Esta ausencia podría interpretarse en los mismos términos que los expresados, líneas más arriba, para Zedelika, si no fuera porque tres siglos más tarde, en 1542 y posteriormente en 1556, se menciona por primera vez la iglesia parroquial de Lendoño de Arriba, concretamente en el Censo de las rentas y fenssos y en la Visita pastoral realizada por el Lic. Martín Gil respectivamente. Es decir, Lendoño de Arriba posee parroquia entre 1257 y 1542, quizás en algún momento del siglo XV, centuria en la que se asiste a un aumento importante del número de parroquias, íntimamente ligado al crecimiento demográfico
experimentado en Bizkaia y a lo acordado por Roma en el año 1410. Este año, Diego de Zúñiga, obispo de Calahorra, determina que cuando las aldeas servidas por clérigos de su villa próxima tuvieran 10, 15, o 20 pobladores casados o más y de los diezmos de ellas se pudiere sostener un clérigo, según la comarca, los clérigos de la villa habían de poner en la tal aldea un servidor que residiera de manera permanente. Allí donde se carecía de un templo, la llegada de un cura servidor se tradujo, consecuentemente, en la erección de una nueva iglesia.
En el estado actual de la investigación, resulta aventurado pronosticar si el momento de concesión
de una parroquia a Lendoño de Arriba coincidió con la construcción del primer templo religioso en la localidad o si por el contrario ya existía uno anterior que asumió las funciones de parroquia. En cualquier caso, a partir de lo mostrado en estas páginas resulta necesario abrir nuevas vías de debate o de reflexión crítica que examinen la pretendida consustancialidad existente entre iglesia y asentamiento, aportando otros enfoques al complejo fenómeno del poblamiento medieval en el País Vasco.