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¡Qué burrada!

¡Qué burrada!

¡Qué burrada!

Unos días antes de la Navidad de 1930, 18 jóvenes de Arrastaria mataron un burro de cuatro meses, que fue cocinado en el establecimiento de un tal José Iza en Orduña, donde se dieron un banquete, al parecer celebrando el santo de uno de ellos. Nada digno de mayor atención si no fuera porque los comensales, sin duda un poco -o muy- “beodos”, causaron ciertos “escándalos” en el camino de regreso a su pueblo, motivo por el cual fueron detenidos y pasaron la noche en el calabozo.

La tarde del día 23 de diciembre, el corresponsal de El Heraldo Alavés en Bilbao informaba a la central de su periódico de este suceso. “Los pedazos del pollino entraron a fuerza de pan y vino, éste en gran cantidad y salieron a la calle después en el estado que es de suponer gritando viva la República”. Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, España era aún una monarquía, si bien tambaleante ante el auge del republicanismo.

De las páginas del periódico alavés, la historia saltó a otras rotativas peninsulares, que el día 24 informaban del suceso de formas diversas y seguramente quitando y añadiendo ingredientes a la noticia a su completa voluntad. Así, La Voz de Aragón decía que los comensales cometieron “fechorías sin cuento”; el diario salmantino El Adelanto tuvo la ocurrencia de decir que los muchachos habían hecho “burradas” produciendo escándalos; el Diario de Burgos hablaba de gritos subversivos; La Correspondencia de Valencia se mantuvo bastante fiel al relato original; el Diario de Córdoba empezó a jugar con el lenguaje (“Terminado el banquete, los comensales emprendieron el regreso al pueblo y por el camino, por lo visto, se les puso el burro en pie en el estómago y comenzaron a hacer el asno, promoviendo gran escándalo”); y sus paisanos de El defensor de Córdoba hicieron lo propio aunque alejándose de la verdad (“Para probar que eran más bestias que el animal que comieron, entre trozo y trozo de asno blasfemaban. Era el rebuzno natural”).

Aprovechando la vis cómida a la que daba pie la historia, y yendo más allá de las primeras exploraciones que hicieron de esta vía los diarios recién citados, el 25 de diciembre Las Provincias: diario de Valencia comentaba que “durante el camino iban dando gritos y haciendo toda clase de manifestaciones propias del alimento que habían ingerido hasta que la Guardia Civil los detuvo y los encerró en la cárcel”, desnudando así a la historia de cualquier tinte político. El día 27 un redactor de El avisador numantino cerraba su artículo con una coletilla digna de Matías Prats: “Si los dejan solos hubieran sido capaces de cometer alguna burrada”.

Y la historia incluso dio pie a curiosos pareados desde las hojas de la revista humorística Flores y Abejas:

 

Y es que esos mozos tan cultos

Patentizar han querido

Que son mucho más jumentos

Que el que se habían comido

 

O, al comentar que en Sevilla la Guardia Civil había detenido a un hombre que trataba de introducir 18 kilos de burro para venderlo como si fuera ternera, comentaban que:

“¡Es natural! Después del banquete que se dieron pasados días en Orduña varios mozos, se ha comprobado que la carne de jumento es un bocado exquisito.

Y eso que aquel que la prueba

Siente unas ganas atroces

De rebuznar, comer paja

Y soltar al aire coces”

Claro que menos gracia les debió hacer a los muchachos cuando en enero de 1931 fueron condenados a un día de arresto y a pagar una multa de 15 pesetas.

De modo que no faltaba razón a quien, desde las páginas de El Adelanto: diario político de Salamanca, cuestionaban todas las chanzas anteriores a costa del banquete omitiendo el hecho noticioso en sí, que fue la algarabía prorrepublicana. Y lo hicieron con estas palabras:

¿Qué tendrá que ver, pregunto,

en el caso que comento,

los vivas a la República

con la carne de jumento?

Tomado de www.cronicas del alto nervion

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