Origen y evolución del monasterio de San Clemente de Arbileta (IV)
FASE 3. El hospital de San Clemente
LOS RESTOS CONSERVADOS
Para el cumplimiento de las tareas hospitalarias fue necesaria la construcción de diversas edificaciones que, lógicamente, se emplazaron en las cercanías de la antigua iglesia. En concreto, se levantaron tres edificios, dos de ellos adosados al oeste del templo y otro exento, escasos metros al sureste. Las relaciones estratigráficas documentadas durante la intervención arqueológica han puesto de manifiesto la secuencia constructiva de las diferentes estructuras que integran esta fase.
Hospital. La primera obra acometida fue el edificio que hemos identificado como hospital, adosado por el oeste al primitivo edificio anexo. Pese a tener la posibilidad de aprovechar uno de los muros de este edificio como cierre oriental, el hospital se construyó disponiendo de sus cuatro alzados perimetrales. Completamente arruinado en la actualidad, sólo se ha podido documentar su planta cuadrangular, de 15 m. de lado, y algunos restos de muros en mampostería caliza dispuesta irregularmente.
Vivienda. La siguiente obra realiza-da corresponde a la edificación que hemos registrado como CF. 2A, al tratarse realmente de una reconstrucción del CF. 2. De hecho, sus artífices no demolieron este antiguo edificio anexo, sino que lo modificaron para adaptarse a las nuevas necesidades domésticas. Las obras consistieron en elevar su altura hasta la cumbrera del templo, muy posiblemente con la finalidad de añadirle un segundo piso superior, y en ampliar su planta hacia el sur, dotándole de una planta rectangular (22 m de longitud x 8 m de lado largo) y una nueva estancia.
Además, adosado al extremo noreste de la iglesia se levantó un horno que con el tiempo fue integrado en el edificio mediante un muro de cierre al norte, formando una nueva estancia por este costado.
Almacén. Al sureste del conjunto hospitalario se erige una nueva construcción, esta vez exenta y de planta rectangular, de 10 m. de longitud por 8,6 m. de anchura. Las técnicas constructivas empleadas en su edificación son prácticamente idénticas al hospital, si bien sus muros son de menor grosor. A pesar del deplorable estado de conservación que presenta se han podido registrar dos puertas en los laterales norte y sur, con sus respectivas rampas de acceso. La anchura de estos vanos, cegados en el siglo XX, ronda los 2,60 m., por lo que debían estar preparados para facilitar el acceso a carros o elementos de carga, quizá relacionados con el abastecimiento de las instalaciones.
En cuanto a la estructura del templo propiamente dicha, durante esta fase también se efectuaron una serie de obras para adaptarlo al nuevo contexto funcional en el que se enmarcaba. En primer lugar, se construyó un coro alto de madera a los pies de la iglesia, del que únicamente nos ha quedado la roza que servía de apoyo a los elementos lígneos. Además, como indicamos en páginas anteriores, en la zona superior de la fachada sur se abrió una pequeña ventana para dar luz al coro, que reutilizaba como alfeizar el dintel de un antiguo vano geminado.
RECONSTRUCCIÓN ESPACIAL DEL EDIFICIO
El edificio hospitalario, concretamente “la casa que está pegada a la dicha iglesia con su orno y caballerizas”, aparece parcialmente descrita en un inventario con asiento del 5 de septiembre de 1607. Sin duda, se trata del edificio registrado en este trabajo como CF. 2ª , identificado con una vivienda. Así se desprende de la descripción que hace de su contenido y distribución interna: “mas la sala de la dicha casa dos arcas viejas de roble con dos bancos también viejos de roble”, “mas otra arca pequeña de roble vieja”, “mas la sala de la dicha casa una armera de madera para poner platos y escudillas”, “mas cuatro camas de roble armadas, una en la sala y otra en la cocina, y otra en la cajera y otra en el aposento de atrás”, ”más la cocina de la dicha casa unos lares de yerro buenos, la cual dicha cocina esta arrodiada de asientos de madera” 4.Resumiendo, la casa disponía de cuatro camas distribuidas entre la sala, la cajera, el aposento de la parte trasera y la cocina. Este número tan bajo de lechos induce a pensar que este edificio no era el hospital donde se acogía a los enfermos y peregrinos, sino la vivienda habitada por el personal que se encargaba de su cuidado. Del hospital, situado inmediatamente al o este de esta casa, carecemos de más información que la ofrecida por la intervención arqueológica, la cual sólo permite apuntar que se trataba de una sencilla edificación de planta cuadrangular.
SU CRONOLOGÍA
Aunque desconocemos la fecha concreta deconstrucción de este establecimiento, la propia secuencia estratigráfica del conjunto edilicio -recordemos cómo el hospital es posterior al templo gótico, al que se adosa- y la existencia de la primera noticia escrita del hospital en el año 1555, inducen a pensar en un momento tardío del siglo XV o la primera mitad del siglo XVI.
SU INTERPRETACIÓN HISTÓRICA
La importancia del conjunto de San Clemente está directamente relacionada con su ubicación en una de las vías de comunicación más transitadas de la zona a partir de mediados del siglo XV, cuando desde la Corona se impulsaron diversos decretos que hicieron obligatorio el paso de mercancías por Orduña, convirtiéndola en un importante enclave para la comunicación del comercio de la lana castellana con el mar. Seguramente en relación con este contexto de incremento del tránsito y la conversión de la ciudad de Orduña en un enclave comercial estratégico, Arbileta se transformó en un conjunto hospitalario, muy posiblemente por iniciativa municipal. De hecho, la primera noticia que tenemos de su existencia es de 1555, año en el que se menciona que tanto este hospital como el de San Lázaro estaban bajo el patronazgo de la ciudad de Orduña. Para esta fecha, San Clemente ya había perdido su condición de parroquia, mencionándose como ermita dependiente de las iglesias de Orduña, si bien mantenía algunos sacramentos y prerrogativas según indicábamos páginas atrás. Así, en 1599 los vecinos de Aquesolo seguían pagando sus diezmos a las iglesias de Orduña y a “la ermita de San Clemente de Arbileta”, aneja y sufragánea de aquellas. Por ello se decía misa en la ermita para el casero que vivía en la casa aneja y para los vecinos del barrio de Aquesolo que, aunque se enterraban en Lendoño de Abajo, cuando morían, sus familiares tenían que entregar al templo de Arbileta “la mitad del pan añal”. Como indica M. PORTILLA el casero que vivía en la casa de Arbileta “era el rentero de la casa hospital que, aparte de acoger a los enfermos que recorrían el camino de Angulo a Vizcaya, cada vez menos transitado al quedar suplantado por el Camino del Señorío, pagaba, como arrendatario de la casa, diez fanegas de trigo en 1717 y once en 1722”.
FASE 4. Reparaciones en el hospital
Las obras que se realizaban en Arbileta eran sufragadas con los fondos propios del templo, provenientes fundamentalmente de la renta que pagaba el rentero del hospital, de los ingresos que aportaban los vecinos de Aquesolo y de los diezmos que producían las propiedades del templo, arrendadas desde1608. La historiadora M. PORTILLA recoge algunas de las referencias escritas que, a partir del siglo XVIII, hacen alusión a las obras que se efectuaron en el conjunto, varias de las cuales han sido documentadas también durante el estudio arqueológico. Veamos cuales son.- En 1722, los carpinteros Antonio y Prudencio de Berrio y Andrés de Mugirá efectuaron importantes trabajos. La iglesia contaba en ese momento con una campana y tres altares frontales.- José de la Encina, albañil y cantero, arregló en 1739 las puertas de la iglesia y el hospital, su escalera, la caballeriza y la tarima del altar mayor.- En 1750, Miguel de Iruegas, también albañil y cantero, y un tal Francisco de Berrio, hicieron reparaciones en el hospital y en la “torrecilla de la Iglesia”, de la que no hemos hallado rastro físico alguno en su fábrica actual.- Otras obras de las que no hemos documentado restos son la efectuada en 1753 por el albañil Francisco de Aguirre, que abovedóla sala del hospital, y la de 1778, año en el que se fundió una campaña para la torre.- En 1753 se procedió a pavimentar con losas de piedra el templo. Las obras corrieron a cargo de Francisco de Aguirre y Venancio de Villar, quienes también abrieron una ventana en la iglesia. Su encuadre de madera fue ejecutado por Tomás de la Peña, la vidriera la ejecutó el latonero Juan Duque y los herrajes los hizo Miguel de Antoñano. Dicha obra se corresponde con el óculo emplazado actualmente en la parte alta de la cabecera del templo. El enlosado efectuado en 1753 fue ejecutado con losas de caliza local bien escuadradas y con el piso labrado con puntero. Entre ellas destacaban algunas piezas con marcos labrados a cincel.
No obstante, la principal obra realizada durante esta etapa consistió en abovedar la cabecera de la iglesia con una estructura lígnea apoyada sobre ménsulas, como podemos apreciar en una fotografía de principios del siglo XX. Se trata de una bóveda ojival organizada en cuatro franjas delimitadas por un moldura sogeada. En la rosca frontal hay pintados una sucesión de arcos semicirculares entrecruzados y en el intradós se aprecian, sobre lo que parece un fondo blanco, una serie de líneas que representan motivos vegetales.
FASE 5. La decadencia del hospital y su ermita.
La agrupación en 1783 de los antiguos hospitales de Orduña (San Juan, San Lázaro y San Clemente) en la Casa de la Misericordia, así como la lejanía de Arbileta respecto al núcleo
urbano, fueron algunas de las razones que motivaron la progresiva decadencia del con-junto hospitalario y su iglesia. Prueba de ello son las palabras que recogen la visita pastoral al templo efectuada por el obispo en 1818, en la que afirma que “es indecente para celebraren ella los oficios divinos y el bautismo de los fieles”. La situación del conjunto empeoró aún más tras las actividades de desamortización efectuadas en 1834 por Mendizábal. En concreto, todas las propiedades de San Clemente, tanto las tierras como los edificios que conformaban el hospital, fueron vendidos a particulares, que-dando únicamente el templo en manos del cabildo orduñés. Como fue usual durante el proceso desamortización de bienes eclesiásticos, los compradores que participaron en las subastas dela Corona los vendieron al poco tiempo o efectuaron las modificaciones que consideraron necesarias para su nuevo uso. En nuestro caso, según T. LAMBARRI el “segundo comprador” construyó con piedra del hospital una cabaña próxima a la ermita para utilizarla como redil y almacén de piensos, lo que parece indicar que parte del hospital estaba ya arruinado para mediados del siglo XIX y que los restos que se conservaban en pie fueron reutilizados para un uso ganadero. Estas obras, paradójicamente, devolvieron grosso modo el aspecto que tenía el conjunto en los siglos bajomedievales, al desmantelarse buena parte de los edificios asociados a la obra del hospital, fundamentalmente el CF. 2A. No obstante, el abandono de las actividades religiosas en el templo durante las prime ras décadas del siglo pasado y la pérdida de recursos económicos tras la desamortización, comportaron la ruina del templo y la expoliación de aquellos elementos más destacados(ventana del muro oeste, pila bautismal, etc.).
FASE 6. La recuperación de la ermita.
Esta última fase de la evolución constructiva de San Clemente integra las obras llevadas a cabo a mediados el siglo XX por la Diputación Foral de Vizcaya, con las que pretendían recuperar parte del conjunto y rendir homenaje a Fray Pedro de Bardeci. Las autoridades dejaron constancia de las labores efectuadas en una placa conmemorativa situada en la fachada principal, en la que se dice: “EN ESTA ERMITA DE SAN CLEMENTEFUE BAUTIZADO FRAY PEDRO DE BARDECI YAGUINACO EL DÍA 6 DE ABRIL DEL AÑO1641” – “LA EXMA. DIPUTACIÓN DE VIZCAYA Y SU JUNTA DE CULTURA RINDE HOMENAJE ALA MEMORIA DEL VENERABLE VIZCAINO 12DE SEPTIEMBRE 1948”. Las actividades llevadas a cabo se dirigieron, por un lado, a la recuperación y consolidación de la ermita y por otro, al acondicionamiento del entorno.
4.- CONCLUSIONES
El estudio efectuado en San Clemente de Arbileta destaca fundamentalmente por el procedimiento metodológico empleado. Una metodología que engloba el estudio integral del conjunto arqueológico, articulado en las tres etapas descritas al inicio de este trabajo (valoración, documentación y estudio), y que considera el edificio como un yacimiento arqueológico único donde aplicar las mismas herramientas estratigráficas, tanto sobre como bajo cota cero. Todo ello ha permitido obtener una dilatada secuencia histórico-constructiva que supone una nueva e importante aportación
al conocimiento de la génesis y evolución del hábitat en el valle de Orduña. Desde su aparición en torno al año mil, el conjunto de Arbileta se caracteriza por su adaptación a las circunstancias de los diferentes contextos políticos, sociales y económicos. De este modo, la pequeña comunidad aldeana de San Clemente surge en un emplazamiento elevado, a media ladera, protegido por Sierra Salvada, en una zona desde la que se controlaba visualmente gran parte del valle. Junto a ella, en posición excéntrica, se ubicaba la iglesia de la comunidad, de patronato real, conformada por una sencilla edificación de fábrica. En este centro se impartían los sacramentos a los habitantes de esta aldea: casar, enterrar o bautizar. Los dos últimos han quedado confirmados durante la excavación arqueológica al documentarse la pila bautismal y la necrópolis, donde debían destacar enterramientos privilegiados dispuestos en sarcófagos exentos. El fenómeno de la reestructuración del poblamiento documentado en Bizkaia entremediados del siglo XI y finales del XII afectó tanto a Arbileta como al resto de las comunidades del valle. En el caso de San Clemente sabemos que en 1192, por donación real, pasó a formar parte del obispa-do de Calahorra lo que, lejos de significar su decadencia, parece que acrecentó su importancia al apropiarse quizás de las rentas de otras iglesias, convirtiéndose en una de las cabezas receptoras. Una de las consecuencias de este contexto fue la sustitución de la antigua iglesia altomedieval por una nueva edificación acorde a los nuevos tiempos, cuyos restos se corresponden en gran parte con el templo que podemos ver en la actualidad. Los importantes cambios que sufrió el territorio de Orduña a partir del siglo XV, con la con-versión de la zona en un enclave geoestratégico del tránsito del comercio castellano, hicieron que Arbileta se transformara nuevamente. En este caso, el lugar fue convertido en conjunto hospitalario, para lo que fue necesario la adaptación de las estructuras preexistentes y la construcción de nuevos recintos (casa del rentero, almacén, caballerizas, hospital y horno). No obstante, y a pesar de ser citada en la documentación como simple “ermita”, el templo de San Clemente siguió manteniendo su importancia, debido principalmente a que todavía era receptor de rentas. Rentas relacionadas con la impartición de algunos sacramentos, de las actividades propias del hospital y, sobre todo, de los diezmos que producían sus bienes territoriales. Sin embargo, debido a diversas razones, como pueden ser la agrupación en el año 1783de los distintos hospitales del territorio en la Casade la Misericordia, su alejamiento de las nuevas vías de comunicación y de la propia ciudad de Orduña, así como el proceso desamortizador llevado a cabo por Mendizábal, provocaron el rápido deterioro del conjunto, hasta el punto de desaparecer todos los vestigios que indicaban que en este lugar se enclavaba uno de los centros religiosos más importantes del territorio.