Origen y evolución del monasterio de San Clemente de Arbileta (II)
- LA SECUENCIA HISTÓRICO-CONSTRUCTIVA
FASE 1. El monasterio de San Clemente
LOS RESTOS CONSERVADOS.
La lectura de paramentos efectuada a la actual ermita de San Clemente puso de manifiesto que la práctica totalidad del edificio conservado se correspondía con una reconstrucción acontecida en época bajomedieval. No obstante, se pudo documentar un elevado número de materiales reutilizados que pertenecían, sin duda, a un templo anterior, a todas luces el primitivo monasterio de San Clemente. Tres son los elementos vinculados a este edificio que en el momento de levantar la obra gótica fueron reutilizados y remontados en diferentes ubicaciones.
- a) Sillares de carniola (toba). Distribuidos de forma aleatoria por los diversos paños, si bien con una mayor concentración al interior del muro de cierre norte, aparecían diversos sillares de carniola que contrastaban con la mampostería de caliza local (caliza margosa) empleada en la mayor parte de la obra.
- b) Sillares de calizas dolomíticas. Aunque menos representados que en el caso anterior, se documentaron también diversos sillares de calizas dolomíticas con labra de tallante y cincel de punta cóncava (azuela) salpicando el edificio. Un ejemplo claro es el remate superior de la ven-tana aspillera abierta en el muro oriental.
- c) Sepulcros exentos. En las jambas interiores que conformaban la puerta occidental exi-ten también dos grandes piezas de arenisca con labra a picón y/o puntero. Teniendo en cuenta la sección de ambas piezas, el remate en punta de su extremo occidental y el rebaje apreciable en la cara que da hacia el relleno interno del muro, se han podido identificar con la tapa monolítica de un sepulcro exento. En concreto, una cubierta de sección triangular a doble vertiente. Los mismos rasgos constructivos también se observaban en las jambas externas de una ventana abierta en la zona superior oeste de la fachada meridional. Se tratade dos piezas de morfología similar ejecutadas sobre arenisca que pertenecen a los laterales de un sepulcro.
Junto a estos restos diseminados por el alzado del actual edificio, la excavación arqueológica registró parte del cierre norte de un templo anterior, ratificando la hipótesis propuesta en la lectura de paramentos. La estructura documentada, con una orientación este-oeste, conservaba restos tanto de la cimentación como del alzado, registrándose en su extremo oriental un esquinal que marcaba el quiebro del muro hacia el sur y en su extremo occidental restos de otro esquinal que denunciaba un nuevo quiebro hacia el norte.
Su fábrica estaba compuesta por mampuestos de caliza margosa, extraídos muy probable-mente aprovechando las vetas naturales del entorno inmediato, trabados con un mortero de cal blanquecino que destacaba por su compactación y textura quebradiza. Al interior del edificio, en la esquina noroeste, se pudo documentar también una estructurade planta circular, construida con piezas de toba, que poseía un hueco central circular de 0,5 m. de diámetro y 17 cm. de profundidad. Se puede interpretar como la base para sustentar una pila bautismal, con encaje central para el pie. Su pertenencia a este templo viene avalada por la relación estratigráfica de anterioridad respecto al muro de cierre occidental de la posterior iglesia gótica, que apoya parcialmente sobre la citada estructura.
La excavación arqueológica puso también de manifiesto la presencia de un gran relleno de nivelación, adosado contra el muro, que en el área interna sirvió como cama de preparación para un desaparecido suelo y en la externa como superficie de enterramiento. Respecto a esta última superficie, debemos señalar que no podemos ofrecer información cerrada sobre las características generales de los enterramientos, y por ende de la necrópolis, al no haberse excavado el entorno completo del templo. No obstante, sí estamos en disposición de exponer los datos que nos han ofrecido las sepulturas exhumadas al norte. En concreto, se han registrado siete sepulturas de las denominadas de lajas o cista, consistentes en una fosa rectangular reforzada en sus paredes por lajas calizas verticales, cubiertas a su vez con otras losas del mismo material. Aunque algunas sepulturas carecían de paredes y cubiertas en determinadas zonas, parece lógico pensar que en origen debieron tenerlas, siendo desmanteladas o arrasadas posteriormente. Todas estaban canónicamente orientadas este-oeste, si bien algunas no presentaban individuo en su interior.
RECONSTRUCCIÓN ESPACIAL DEL EDIFICIO
Con los datos materiales registrados en el epígrafe anterior resulta plausible efectuar una reconstrucción, en forma de hipótesis, que permita “visualizar” el primitivo monasterio de San Clemente. En primer lugar, debemos señalar que debía ser un edificio de gran sencillez, tanto desde el punto de vista formal como técnico. Así, los restos de muro conservados permiten estimar una iglesia de planta de salón, con cabecera destacada de aproximadamente 4 m. de longitud por no más de 3 m. de anchura interior. Aunque la nave no ha podido ser documentada, el registro de las anteriores dimensiones y la existencia de algunos paralelos regionales -caso de San Román de Tobillas, Santa Lucía de Gerrika en Bizkaia y Santa Eulalia de Atiega o Ntra. Sra. de la Asunción de Valluerca en Álava permiten estimar unas medidas de ca. 6 m. de longitud por 4 m. de anchura.
Para su construcción se emplearon diferentes técnicas y materiales, cuya variación responde principalmente a su funcionalidad. Las cimentaciones estaban integradas por mampuestos de caliza margosa, de grandes dimensiones que en los alzados para incrementar la estabilidad del conjunto. Los alzados presentaban una mampostería más homogénea, con algunas variaciones en los esquinales al emplearse piezas de mayor tamaño para reforzar la estructura. Además, es muy probable que tanto en estos esquinales como en el recerco de los vanos se emplearan las calizas dolomíticas documentadas anteriormente, reservando las piezas de carniola, bien para la parte alta de los muros, bien para una posible bóveda que cubriese el edificio. A los pies se emplazaba la pila bautismal, encargada de administrar el santo sacramento del bautismo a las mismas almas que más tarde poblarían la necrópolis existente al exterior del edificio, localizada por la ladera norte, este y oeste.
SU CRONOLOGÍA
Para la fecha de construcción y uso del monasterio es necesario analizar conjuntamente los datos que ha ofrecido la excavación con los de la lectura de paramentos y, como no, con las fuentes escritas. La primera referencia documental a San Clemente de Arbileta está fechada el 18 de marzo de 1192, día en el que Alfonso VIII de Castilla dona a la iglesia de Calahorra el “monasterium beati Clementis quod dicitur Haruireta, quod situm est in Orduña Suriguren, cum ovni suo iure et ómnibus directuris et pertinentiis suis, tam heremis quam populatis, que ad iam dictum monasterium petinet uel pretiñere debent iure hereditario imperpetuum habendum et irreuocabiliter possidendum”. Basándose en este dato aislado, ya desde el siglo XVIII, los distintos investigadores que han afrontado la historia de la zona han tratado de aventurar hipótesis sobre la fecha de construcción del templo, llegando a situarla en una horquilla que varía entre el 894 y el 1063. Asimismo, diversos eruditos de los siglos XVIII y XIX revelan la presencia en Arbileta de una antigua inscripción, hoy desaparecida, que demostraba cómo el rey Fernando el Santo reedificó la iglesia en 1248. En concreto, se podía leer lo siguiente: “Estando el Rey Don Fernando Santo sobre Sevilla se reedificó esta Iglesia”. Este dato fue ofrecido en1785 por Cayetano Palacio y Salazar en su “Descripción de la Ciudad de Orduña”, y confirma-do después por José Antonio de Armona y Murga en 1789, en su libro “Apuntaciones históricas de la Ciudad de Orduña”. Sin embargo, este último autor ya demostraba la falsedad de la inscripción, argumentando la imposibilidad que Fernando tuviera el apelativo del Santo en 1248, puesto que no se declaró su santidad hasta 1641. Esto implica que el epígrafe objeto de discusión, si existía, debía ser posterior o coetáneo al siglo XVII. De lo dicho anteriormente sólo podemos asegurar que el templo ya era una realidad física en el año 1192. No obstante, la lectura de alzados documentó la presencia de algunos materiales constructivos reutilizados en la reedificación del templo gótico, cuyos rasgos técnicos indican que su cronología podría retrasarse hasta la Alta Edad Media. En concreto, la talla con cincel de punta cóncava(azuela) que aparece en los sillares de caliza dolomítica deja de emplearse, al menos en el territorio alavés, en obras posteriores al siglo X, siendo uno de los rasgos más característicos de las iglesias altomedievales. A estos datos se añade la presencia de un sepulcro con cubierta monolítica a doble vertiente que, aún conscientes de los problemas que presenta su adscripción cronológica, pudiera fecharse entre los siglos IX y X si atendemos a algunas investigaciones efectuadas en el territorio. Asimismo, la presencia de una necrópolis constituida por sepulturas de lajas -tipológicamente idéntica a la registrada en la reciente intervención arqueológica de San Román de Zedelika (Orduña), fechada entre el siglo VIII y el siglo XI o comienzos del XII- permite sospechar una horquilla cronológica similar a ésta. Por último, algunos de los contextos asociados a la construcción del templo han aportado materiales cerámicos que permiten una aproximación cronológica, si bien con horquillas todavía muy amplias dado el escaso número de fragmentos recuperados en cada uno de ellos. El primero de los contextos corresponde a la Ue. 118, un relleno de nivelación empleado como superficie de enterramiento para la necrópolis, adosado a la cimentación del templo y cortado por la fosa del enterramiento 1. Este contexto aportó seis fragmentos informes de cerámica, de los cuales cinco corresponden al Grupo VI y 1 al Grupo V1. Pese a lo escaso de la muestra se trata de un conjunto homogéneo que en Orduña podríamos situar entre los siglos X y XII. El segundo contexto es la Ue. 202, perteneciente al relleno del enterramiento 6. En él encontramos ocho fragmentos cerámicos pertenecientes al Grupo VI, si bien sólo uno de ellos pertenece a una forma identificable, la Orza 1-VI. Respecto a la cronología de este conjunto, la homogeneidad del mismo nos llevaría a unas fechas similares a las propuestas para la anterior Ue. 118. Es decir, siglos X al XII. En síntesis, de los datos aportados por los diferentes estudios arqueológicos y documentales es posible presumir una cronología para esta primera fase situada entre los siglos IX o X.