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Fiestas de Primavera en Orduña

Fiestas de Primavera en Orduña

Una faceta a no ignorar en la historia de los pueblos y que forma parte de su idiosincrasia, es la manera de celebrar sus fiestas. El homo sapiens es también, como decía el historiador Huizinga, homo ludens.

Necesita divertirse y lo hace de formas distintas en el tiempo y en el espacio. Los festejos populares han existido siempre. Se trata de celebrar algo. Un acontecimiento, los milagros de la Virgen o de un Santo, una victoria militar, un éxito…. Se trata de recordar algo que sucede año tras año. La llegada de la primavera, el solsticio de verano, el del invierno.

Por no hablar de las fiestas que se celebran en el seno de la familia con ocasión de nacimientos, bodas o funerales en las que también existe un contenido social con participación de buena parte de la comunidad.

El tema, como se ve, es muy amplio y aquí nos vamos a limitar a analizar uno de esos ciclos -el de primavera- y usando con carácter preferente los datos que nos aporta el archivo municipal de la ciudad.

LOS MAYOS

«Mas largo que un mayo», expresión hoy en desuso que hacía referencia no al mes de mayo, mes tan largo como julio, octubre o diciembre, sino al árbol que se colocaba en las plazas de los pueblos a primeros del mes.

Esta es una de las fiesta desaparecidas y olvidada hace siglos, de la que solo conservamos ligeras huellas en los viejos papeles del archivo orduñés. Las dos noticias que hemos descubierto se localizan en la segunda mitad del siglo XVI y figuran en un libro de cuentas. En 1579 se encarga al Sindico Procurador General que traiga dos mayos, dos árboles para lo que se entrega 272 maravedíes.

En 1583 se precisa un poco más. «Me costó el mayo que se trajo para la plaza de esta ciudad 10 reales de costarle y traerle y gasté con la gente que le puso en la plaza de pan y vino y sardinas 7 reales».

La colocación y conducción del árbol de mayo que como se ve genera una fiesta comunitaria parece tener un carácter fertilizante y algunos viejos autores como Leopold Von Schroeder ven en ello una antigua costumbre aria.

La cruz de mayo tenía su veneración en la ermita de Santa Cruz de Burubio cuando menos desde el siglo XVI, ermita que se ubicaba en Mendeica, aldea de la Junta de Ruzabal, junto a la Tierra de Ayala. Año tras año, el ayuntamiento hacia acto de presencia tomando posesión de la ermita de jurisdicción conjunta con Ayala. Se pagaba una cantidad variable para que acudiese un sacerdote que celebraba la misa, un escribano que daba fe de la posesión y unos alguaciles a modo de protección. Las visitas acreditadas desde el siglo XV hasta el XVIII y las obras que exigía su mantenimiento suponían gastos y no pequeños para el Ayuntamiento, aunque por otra parte recibía unos pequeños ingresos de los donativos ofrecidos por los feligreses que se repartían entre Orduña y Ayala.

ROGATIVAS y BENDICIONES DE LOS CAMPOS

Era también el mes de mayo el indicado para la bendición general de campos y heredades. Esa bendición se realizaba a través de las llamadas Letanías, procesión solemne en la que participaba el pueblo y el clero, alternando oraciones y cantos, con pendones al viento y celebradas los tres días que precedían a la Ascensión.

El gasto en el pago de los sacerdotes y de las comidas que se sirven los asume el ayuntamiento en cantidades regulares que van de los 1.000 maravedíes en 1.570 a los 10.000 de 1.628 pasando por cantidades intermedias en las primeras décadas del siglo XVIII.

Aunque los ritos de las Letanías podían variar, hay una constante en citar ciertos lugares como San Clemente de Arbileta, Delica, Aloria y Tertanga, éstos últimos fuera de la jurisdicción orduñesa. Como los lugares a visitar eran muchos y las horas empleadas también, se daba a los asistentes un desayuno consistente en pasas y vino, un almuerzo y una comida. Además de la bendición general se realizaban otras bendiciones con ocasión de hechos extraordinarios. Esto sucedió, por ejemplo, en 1.5761 en que se gastó 912 maravedíes con los clérigos y regidores que fueron a bendecir los montes de la ciudad, afectados de la enfermedad de la oruga.

Además de las bendiciones, con similar carácter mágico, se practicaban los conjuros, éstos no exclusivamente por los beneficiados de las parroquias orduñesas. Aquí también participaban los miembros de la Orden franciscana presente en la Ciudad siglos atrás.

Conjuros que se realizaban tanto de día como de noche, cuando el mal tiempo y los malos temporales ponían en peligro la cosecha anual.

Contra la sequía se utilizaba la intercesión de la Virgen de la Antigua a la que se bajaba de su Santuario a la parroquia de Santa María por unos días. Otra fiesta de mayo relacionada con la bendición de los campos con agua reputada como milagrosa es la de San Gregorio. Como en muchos lugares del País Vasco-Balmaseda, Lekeitio, Salinas de Leniz- se traía agua procedente del famoso Santuario San Gregorio Ostiense en Sorlada, lugar del viejo Reino de Navarra, agua que había sido sometida al rito del paso por las reliquias del supuesto cuerpo del santo y de la que se creía tenia diversas virtudes agrícolas.

OCHOMAYO. LA VIRGEN DE LA ANTIGUA

Si una fiesta caracteriza a Orduña esa es Ochomayo. Cerca de 400 años de celebración la han convertido en la fiesta más popular de la ciudad.

A diferencia de otras, esta fiesta cuenta con una labor de investigación histórica que, aunque lejana en el tiempo, no deja de tener su mérito.

Nos referimos al libro del historiador jesuita Eugenio Uriarte que revisó con exhaustividad benedictina el archivo municipal para recopilar buen número de datos, sobre todo en lo que afectaba al Santuario, su obra y su nueva edificación finalizada en 1782.

Desde 1.639 adquirieron las fiestas una importancia tal que, prácticamente, todos los años el Regimiento Municipal dedicaba la cantidad más alta de las que se destinaba a fiestas que se celebraban en la ciudad a la virgen de la Antigua. Cantidades que excedían en mucho a esos 8000 maravedíes que pusieron como límite en los primeros tiempos (1.643 y 1.648) y que inexcusablemente superaban año tras año.

La importancia de la fiesta se extendía a toda la comarca. Al voto de Orduña se unía el del Valle de Arrastaria el nueve de mayo y el de Saracho el día doce. El primero da lugar a una fiesta de buena vecindad entre la Ciudad y el Valle cuyas autoridades son recibidas por el Ayuntamiento y acompañadas por sus calles y plaza, finalizando con sendos discursos y- la inevitable comida de hermandad. Con los vientos de la Ilustración en la segunda mitad del siglo XVIII, época crítica con ciertas celebraciones fue la única festividad que se mantuvo oficialmente y así figura en la Ordenanzas de 1789. En efecto, en el título V, capítulo XX los únicos gastos permitidos en festividades son los de la Antigua y aun éstos de forma limitada.

CORPUS CHRISTI

Es una fiesta de culto a la Eucaristía, de carácter movible, que nace en el siglo XIII y se extiende de manera extraordinaria en el XIV. La fiesta es de claro fondo religioso en la que se trata de honrar la presencia de Cristo en la forma consagrada, la llamada transubstanciación; aunque en ella se recogen una serie de elementos de origen diverso que no son necesariamente de contenido religioso. También se dan esas circunstancias en Orduña.

Las noticias son constantes desde la primera mitad del siglo XVI y, con gran diferencia, se trata de la más importante de las fiestas anuales hasta mediados del siglo XVII y aun después sigue teniendo una presencia solo, eclipsada por los Ochomayos.

La popularidad de la fiesta viene motivada probablemente por la variedad de actos que en ella participan tanto de carácter religioso como profano.

La danza es consustancial a la fiesta como veremos más adelante. La música y los toros forman parte inexcusable de su celebración y, aunque se cita en menos ocasiones, también tenemos noticias de comedias. Se cita un genérico «regocijos» o «mojiganga» que parece referirse a personajes o disfraces que acompañaban a la comitiva por las calles de la ciudad. Estas se habilitaban para que la procesión se desarrollase con todo decoro y pudiesen pasar las andas que se construían ex profeso para la celebración, como aquella que ofreció como obsequio desde Cádiz en 1564 el orduñés Sancho de Aguinaga.

Aunque la descripción pormenorizada de la fiesta no aparece en la documentación burocrática de los libros de actas y de cuentas, contamos con unas escuetas referencias de 1.622 y 1630 que puede reflejar, siquiera sea muy levemente el color de esta celebración. Proveyeron y mandaron que para el día del Corpus Christi que viene y su víspera y octava se hagan fiestas y regocijos y haya danzas y se haga pregonar para que las gentes lo quisieren hacer se prevengan y ensayen en ello y mandaron al señor procurador general acuda a ello con mucha puntualidad y andando y lo que en ello gastare lo ponga por cuenta de la ciudad…y habiéndose hecho las dichas fiestas y regocijos el dicho procurador general presentó la cuenta por menudo de lo que en ello gastó que montó 26.190 maravedíes y vistas por sus mercedes se lo pasaron y mandaron dar las libranzas»(1.622) «Pague al procurador 33.822 maravedíes en las comedias y en las dos danzas del Santísimo Sacramento el Corpus en las partes por do anduvo la procesión…como mostró por cuenta de por menudo en que entran zapatos, cascabeles, pintar de palos de los troqueados y lo que se dio por su trabajo a los que los hicieron por su cuenta ansi para sus alimentos como para otros gastos de tablados y colgaduras que se pusieron» (1.630) Comedia, música, baile, adornos y religiosidad forman un conglomerado que, como vemos, abarcan a toda la ciudad.

JUEGOS, BAILES Y LUMINARlAS

Juegos de competición son también consustanciales a la fiesta. Aunque los documentos municipales no los describen, si se citan en ocasiones esporádicas.

Sabemos que en 1.549 el día de San Juan se celebraron los llamados’ juegos de placer» por los que se pagaron al espadero Juan del Campo 408 maravedíes. Acaso se trataba de una exhibición de lucha de espadas de posible origen medieval.

Algo más podemos concretar unos festejos acaecidos en 1.639. Entre los actos que tuvieron lugar en la plaza donde se colocaron maderos y postes para las luminarias, se citan las carreras de sortijas, actividad consistente en ensartar en la punta de una lanza o de una vara y corriendo a caballo una sortija pendiente de una cinta a cierta altura.

También se citan carreras de gansos y de gatos y aunque no conocemos en que podían consistir esos divertimentos, el destino de aves y felinos parece más bien oscuro.

El ruido y la luz a través de fuego y pólvora hacían acto de presencia especialmente el día de la patrona. Es casi una constante en todos los libros de cuentas que entre las cantidades a pagar aparezcan la correspondientes a los fuegos desde 1.639. AI fuego de artificio acompañan las hogueras que se encendían en la plaza con ocasión de festejos varios. En vísperas de Ochomayo se prendían hogueras nocturnas con la leña que acostumbraban a llevar los vecinos de la Junta de Ruzabal. Si a decir de Voltaire los vascos bailamos en lo alto de los Pirineos, los orduñeses lo hacen al pie de Sierra de Salvada. El baile y la fiesta del Corpus Christi están íntimamente unidos. Una de las noticias más antiguas que conocemos es de 1.577, año en el que se baila una danza de aros y espadas ejecutad por los criados del carpintero maese Ochoa a los que se paga 15 reales.

En ocasiones la organización de los bailes del Corpus se encomendaba al maestro de escuela. Por ese menester recibió Francisco Ugarte en 1.634 150 reales Preparó una danza de niños con sus troqueados y, además pagó al tamborilero. No fue algo esporádico porque en el documento porque en el documento analizado se dice que se hacía según costumbre.

TOROS Y NOVILLOS

Los toros, asunto de encrespado debate hoy en día, son festejos de los que tenemos noticias en Orduña desde principios del siglo XVI. Correr toros y novillos por las calles y plazas de la Ciudad aparece tanto en ordenanzas municipales como en documentos eclesiásticos. Éstos últimos no dejan de resultar curiosos. En efecto, el visitador del Obispado a las parroquias orduñesa comprueba, con sorpresa, que los curas del Cabildo se dedicaban como unos vecinos mas, al divertimento de correr toros por la ciudad. La reacción del visitador en 1.547 no se hace esperar y prohibe que los eclesiásticos en cuerpo de tal corran los toros como el resto de vecinos.

«Fue informado el dicho señor visitador que algunos clérigos de la dicha ciudad cuando corren toros, andaban los clérigos en cuerpo de correrlos dichos toros lo cual es rotundo y cosa muy deshonesta para la orden sacerdotal por ende mandó el dicho señor visitador que de aquí adelante ningún clérigo de la dicha ciudad ha de correr toros en cuerpo ni en ninguna manera so pena de suspensión y de dos ducados de oro».

Las referencias a compras de toros para fiestas lo suelen ser para Ochomayo y Corpus Christi. En ocasiones parece que se compran toros para ser utilizados en las fiestas de todo el año. Quiero esto decir que se corría el toro sin matarlo, quizás al modo que hoy se corren en las fiestas de san Fermín

n otras ocasiones el correr los toros va acompañado del uso de lebreles, perros de caza, que dejaban al animal en condiciones lamentables. Lo conocemos de la venta de los despojos de los toros de la fiestas de Ochomayo de 1.656. Ese año se adquirieron tres toros del vecino de Astobiza, entre Aiala y Orozco, Domingo de Goya. Pues bien, del último de los toros se dice en el libro de cuentas que no se aprovechó ni vendió la carne por acabar «tan maltratado de los lebreles y otros malos tratamientos». Sus restos acabaron repartidos entre los pobres de la localidad.

Datos muy posteriores del siglo XIX atestiguan un cambio sustancial de entender la fiesta de los toros. Sin llegar a desaparecer la actividad de correr toros se celebran corridas con toreros mas o menos profesionales. En el libro de cuentas de la Hermandad de San José en 1.829 aparece el pago de 40 reales a un torero, al tiempo que se gastaron 40 reales por colocar un cierre de barreras para correr los novillos. El espectáculo taurino culminó con la construcción de una plaza de toros en los primeros años del siglo XX.

MÚSICA

La música siempre ha acompañado a la fiesta. Orduña, como es sabido, ha tenido una afición especial con las actividades musicales y así se ha reflejado en la documentación municipal. Una de las referencias más antiguas de los libros de actas es la que se refiere a un tal Alonso Garcia, tañedor de dulzaina. A este músico se le paga en 1546 la cantidad de 10 reales por tocar en las fiestas del Corpus y en las de San Juan. Años después conocemos a un tal Pedro Urbina al que se paga 50 maravedíes porque se ocupó de tocar en un día de fiesta. Este Urbina debía ser el tamborilero municipal porque poco después le vemos recibir 8 reales por tocar en alardes y procesiones. En estas mismas fechas también se cita como tamborilero a Juan Ugarte por lo que debían de ser dos los músicos que contrataba el Regimiento Municipal.

La música iba acompañada de un cierto realce y boato. Así lo pretendía el Ayuntamiento orduñés en 1621 cuando adquirió para los tamborileros unos vestidos de paño vistoso, bien guarnecidos, con sombrero , medias y zapatos de forma que salgan muy lucidos. Es evidente que se pretende que los músicos aporten una nota de color y sabor a la fiesta.

A la música festiva de dulzaina, txistu y tamboril en calles y plazas hay que añadir una mas culta que se escuchaba en fiestas religiosas dentro de las iglesias y conventos. El organista era uno de los muchos oficios municipales que el ayuntamiento contrataba, normalmente por un tiempo de nueve años.

Ya a mediados del siglo XIX se consolida la tradición musical con la constitución de una banda municipal que con la de txistu y la Coral han cogido el testigo de una actividad que ha sido testigo permanente en las fiestas de Orduña a lo largo de toda su historia.

A través de este breve recorrido hemos visto fiestas que hoy perviven con fuerza y que tienen una tradición de siglos, otras que tuvieron gran esplendor y que hoy apenas sobreviven o languidecen, otras que se perdieron años atrás y hoy son solo conocidas de oídas y aun otras que solo son conocidas a través de los viejos legajos. Todo ello nos lleva a la reflexión del historiador Fustel de Coulange para decir con él que el pasado nunca muere y que de alguna manera el hombre es producto y resumen de todas las épocas anteriores.

 

JOSÉ IGNACIO SALAZAR ARECHALDE

Aztarna 2014

 

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