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Un plato de loza de Zaharra 2-4 (II)

Un plato de loza de Zaharra 2-4 (II)

DESCRIPCIÓN DEL PLATO DE LOZA

La pieza que nos ocupase corresponde tipológicamente con un plato: “recipiente simple o compuesto, cuyo diámetro máximo es al menos cinco veces mayor que su altura. El diámetro máximo es menor de 20 cms. Suele presentar un ala o labio destacado”.

Se conserva al menos un 80 por ciento del recipiente original, repartido en ocho fragmentos de diverso tamaño. el escaso material perdido afecta a una parte del cuerpo y borde del recipiente, lo que no impide reconocer la forma de su perfil y los caracteres dimensionales de la pieza. La base se ha mantenido de manera casi íntegra, salvo dos faltas de índole menor, que afectan principalmente al fondo (parte interior del plato), sin repercusión idéntica sobre el asiento.

el diámetro máximo es de 20,5 cms. y la altura del plato oscila entre 44 y 48 milímetros, quedando el perfil general del recipiente en ligero desnivel. El asiento, de 60 mm de diámetro, se presenta ligeramente rehundido y delineado externamente por una acanaladura de 5 mm, con lo que se simula, allí donde se encuentra más marcada sobre la pasta, un brevísimo pie. Desde el asiento, el perfil exterior del plato se abre progresivamente en ligera divergencia, flexionándose en la cima para proyectar un borde horizontal levemente volado. El labio tiene un remate redondeado.

el perfil interior del plato modifica esa forma en el fondo del recipiente, tendiendo a crear una cubeta poco profunda (7 mm aproximadamente) y más amplia (11 cms) que el reducido asiento externo. El límite de ese fondo crea entonces un punto de intersección respecto al cuerpo, no muy marcado.

La pasta cerámica aparece enmascarada en todo el recipiente bajo una cubierta estannífera, si bien su tonalidad suavemente rosada se revela en algunos puntos del plato, bien por pérdida de la cubierta, bien por el carácter poco cubriente del esmalte, como queda de manifiesto en la solera del recipiente. La coloración del esmalte es blanquecina, pero carente de cualquier tonalidad lechosa y tendiendo más a lo marfileño claro.

En el reverso del plato la cubierta queda salpicada de abundante burbuja, especialmente concentrada en la mitad inferior del cuerpo y zona del asiento. La superficie, por otra parte, no es suave y uniforme al tacto, sino que queda marcada por la rugosidad de pequeños granos, previsiblemente derivados de una mala trituración de los componentes del esmalte. Tales granos se acusan de manera más evidente en la superficie exterior del plato, en la zona del borde.

Sobre esa cubierta, en la zona interior del objeto, se desarrolla una decoración exclusivamente en azul, de un tono algo apagado. Dos líneas concéntricas se instalan sobre el borde, apenas separada la exterior uno o dos milímetros del labio. es esta línea

la que acusa una mayor anchura, alcanzando el trazo valores medios de 4 mm. Sus bordes, especialmente el interior, no muestran siempre una definición regular. En un punto de su trazado, la línea pierde su unicidad y se abre en dos trazos más finos separados por la blancura del esmalte, quizá revelando la posición inicial y final donde el pincel tocó la superficie del plato para trazar el motivo. La carga de color es desigual en la línea, con zonas donde los bordes se aclaran respecto a la mayor intensidad del

pigmento en su parte media.

La línea interior es más estrecha (2 mm de valor medio), separada de la exterior por una distancia de 1 a 2 mm. El fondo del plato constituye la segunda superficie con decoración del recipiente, quedando cubierto en su totalidad por dos motivos. el primero de ellos, reproducción del que recorre el borde, se compone a partir de dos líneas concéntricas que remarcan con su presencia el perímetro del campo, encontrando su límite sobre el punto de intersección que distingue el fondo del arranque del cuerpo. La regularidad de su trazo resulta más lograda que en las líneas del borde, así como también es más regular su anchura o la distancia intermedia que las separa. Enmarcan un motivo vegetal de tallos y ramas, que se van abriendo divergentes desde su base. el tema no se muestra bien centrado sobre la superficie del fondo, quedando ligeramente desplazado hacia la derecha del mismo. en esta zona el motivo queda comprimido contra la línea interior que delimita el campo decorativo, mientras por la izquierda adquiere mayor distancia respecto de aquella.

Dos gruesos trazos horizontales (6-7 mm), parcialmente superpuestos entre sí y encabalgados sobre la circunferencia interior que limita el campo decorativo del fondo, sirven de base al despliegue de tallos y hojas del motivo. Ambos trazos no son coincidentes en su posición, quedando desplazado el superior hacia la derecha respecto a la situación del inferior.

Sobre dicha base asienta, perpendicular, una fina línea recta de 77 mm de longitud, trazada en dos segmentos de desigual desarrollo, que actúa como eje divisor de la superficie decorativa y del motivo vegetal. completa ese eje su longitud, hasta el límite del campo decorativo, con un grueso trazo a modo de hoja.

Dos pinceles de desigual grosor sirvieron para trazar los dos elementos que componen el motivo vegetal. Uno fino para los tallos (1,5 mm representaría la anchura mayor); otro grueso para las hojas (7 mm el valor más regular para la anchura de los trazos). Los tallos casi siempre con menor carga de color, más difuminados y apagados en el conjunto, salvo aquellos extremos en los que se acumula de manera puntual el pigmento. Las hojas más cargadas de color, más intensas y destacadas sobre la cubierta estannífera del fondo, si bien ello no impide que, en ocasiones, la pincelada se difumine y permita revelar el extremo del tallo sobre el que ésta se ha superpuesto. el motivo vegetal se abre divergente sobre el eje central, pero la divergencia no es simétrica, ni para los tallos, ni para las hojas. Aquellos arrancan de la base del motivo para algunas de las hojas inferiores, pero se elevan aéreos para las superiores, sin mostrar contacto con el tronco central o con los trazos de la base. En ocasiones sus extremos cimeros quedan libres, sin

rematar directamente en hojas; en otros, el contacto que se establece con aquellas no es centrado, sino lateral, algo forzado.

Las hojas presentan diversa longitud y trazado, en un intento, suponemos, por rellenar la superficie del campo decorativo y dar “veracidad” al tema. Cortas pinceladas, de apenas 9 mm de longitud, se combinan con otras más largas de hasta 37 mm. trazos rectilíneos, los menos, alternan con otros ligeramente curvados. Hojas con ambos extremos rectos se combinan con otras que aguzan uno de sus remates, el que queda más próximo al tallo, mientras los bordes laterales inician una progresiva divergencia hacia el extremo opuesto, donde el cierre se hace curvado y se evidencia una mayor carga del color. Unas veces la pincelada es suelta y segura, en otras los bordes pierden regularidad; en ocasiones, dos trazos se superponen para componer el motivo o hay zonas donde la cubierta es menos espesa y revela irregularidades de la pasta que

hacen quebrar ligeramente el trazo.

En general, y esto es sólo una impresión subjetiva, si bien la composición parece lograda, no revela un alto grado de cuidado en la obtención de lo decorativo, quizá por la rapidez aplicada en la ejecución de los temas, especialmente notorio en las líneas que bordean el labio del recipiente. Se aprecian además algunas manchas del azul sobre la cubierta, tanto al interior, como al exterior del plato, zona donde se acusa algo más el efecto, tanto por puntos sobre el esmalte, como por manchas difuminadas donde los dedos del artesano quizá tocaron la obra. quedan, por otra parte, restos apreciables de dos de los puntos en los que descansó un atifle para separar esta manufactura de la que coció sobre ella en el horno.

Un plato emparentado con el ejemplar de Orduña que centra nuestra atención, debió ser aquél del que procede un fragmento de fondo recuperado durante la actuación arqueológica acometida en el solar número 37 de la calle correría de la villa vizcaína de Valmaseda. Comparten ambos objetos caracteres similares en la manera de definir el asiento de la forma del plato, en la tonalidad marfileña de la cubierta estannífera que enmascara la totalidad de las superficies -salpicada de abundantes burbujas-, en la coloración rosada de la pasta -quizá algo más rojiza en el ejemplar de Valmaseda- y, por supuesto, en el modo de organizar y dibujar el motivo vegetal en azul que ocupó el fondo

del plato.

Hay rasgos diferenciadores, evidentemente. La base que soporta el despliegue de la vegetación, por ejemplo, se organiza con tres trazos rectilíneos, en lugar de los dos que exhibe el ejemplar de Orduña, más cortos además en su longitud y ordenados en superposición decreciente. Pero ante todo se imponen las poderosas similitudes, tanto en el concepto general que domina la organización del tema, como en la manera de trazar el 5. La sigla correspondiente al objeto es: bM-XvII.Ue213.8 motivo o incluso en la apagada coloración del azul, algo agrisado en ocasiones y más cargado de color en el ancho pincel que dibuja las hojas. En ambos ejemplares, tallos y hojas se despliegan de manera divergente como “fuegos de artificio”, los tallos inferiores con nacimiento en el motivo que sirve de base al tema; los superiores, aéreos y despegados del posible tallo central. Similar parece en ocasiones la curvatura que adquieren algunas de las hojas, a veces de extremos inferiores aguzados, con divergente apertura de sus bordes laterales hacia el extremo opuesto, o los tallos que quedan en ocasiones sin asociación física con las hojas que debieran rematarlos o que enlazan con ellas lateralmente. Incluso la sucesión ascendente de los cortos toques de pincel que simulan breves hojas en el eje central del motivo, más evidentes en el ejemplar de Valmaseda que en el de Orduña, por las pérdidas que afectan a éste en tal lugar, parecen emparentar estrechamente a ambos platos.

En la actuación arqueológica realizada en el año 2008 en los solares 3-5-7 de la calle el cubo, también en la villa de Valmaseda, se recuperó un fragmento de un producto alfarero asimilable a los dos que venimos describiendo6. el tamaño del fragmento permite un menor número de observaciones, pero lo conservado es suficientemente expresivo para identificar los rasgos compartidos.

José Luis Ibarra Álvarez

 

 

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