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Crónicas veraniegas (XV) (Epí­logo)

Crónicas veraniegas (XV) (Epí­logo)

La Antigua 1846

Tal como le habí­a prometido a mi madre, me presento en casa a las 20: 15 del dí­a 4, sábado. La Ciudad celebra (mañana) el 65 aniversario (1945) de la Coronación de la Virgen de la Antigua (patrona de todo el Valle). La semana ha servido para desempolvar el Colegio, organizar el curso y preparar el cuerpo más o menos atiborrado de “holganza”. También hemos vuelto a practicar la “ruta del vidrio” aunque, de momento, notamos la ausencia del amigo Paco (ya en Cartagena). El paso por la Plaza denota un cierto ambiente festivo. Una cuadrilla, a la sombra, termina su larga sobremesa. Una hermosa cazuela preside la mesa. Luego me entero que ha habido concurso de marmitako. En el desmontable escenario frente al Balneario unos cuantos “operarios” preparan la “verbena” de la noche. Todo el lateral de calle Orruño se encuentra ocupado por “hinchables” para divertimento de los más pequeños. Tampoco hay demasiada gente. La fachada de la Iglesia de San Juan está totalmente cubierta por mecanotubo anunciando, por lo visto, una más que necesaria reparación. Saludo a un par de conocidos y me llego a casa. Me encuentro a mi hermano que ha trabajado de mañana. Charlamos hasta las 21:15, hora en que debe irse a echar una mano en el bar. Observo que la cosecha de tomate comienza a ser efectiva. ¡De algo habrán servido mis cuidados! Llama mi hermana para “quedar” mañana. Nos ponemos de acuerdo. Mi madre llega a las 21:45. Cena frugal, aunque caprichosa, y en torno a las 23:15 me voy a la cama. Como no he traí­do lectura me entretengo ojeando unas cuantas revistas “Natura”.

Amanece el domingo (dí­a 5, Aniversario de la Coronación) más fresco de lo previsto. Una densa nube se extiende a ras de suelo. Salgo a las 9:00 por el pan. De paso compro una docena de huevos y una buena botella de vino. He traí­do una buena cámara digital para obtener suficiente soporte gráfico destinado al trabajo realizado en las semanas pasadas. Hasta las 9:30 no levanta la niebla lo suficiente. Hago un rápido recorrido aprovechando la escasez de paseantes. Saludo a Andrés Robina. En torno a las 10:30 enfilo el paseo de la Antigua. Quiero participar en la Misa de 11. Oigo, a mi espalda, un sonido musical que siempre me emociona. Son los tambores y timbales que acompañan a la Corporación (acompañados de maceros y el pendón) hasta el Santuario. Cesa la música a mitad del paseo. La retomarán en las proximidades del Santuario. He subido por delante de ellos y ocupado un lugar en el más que lleno recinto. Algunas caras conocidas. Ceremonia sencilla acompañada por la “coral” y orquesta de “txistularis y trompetas”. Me emociona escuchar la instrumentación del “Agur Jaunak” tras la Consagración. Me extraña que el sr. Cura no salga revestido con “casulla”. ¿Para qué momento las guardamos? Buen ambiente en la explanada de la Iglesia. Saludo a varias personas. Entre ellas a Juanjo Villate, amigo de la infancia, y a Honorio Vélez, vecino de casa. Bajo con tranquilidad y a las 12:15 estoy en casa. Casi de inmediato suena el timbre del portal y me requiere mi hermana. Le pregunto por José Miguel (ya en EE.UU.) y me comenta que muy bien. Vamos a saludar a Marta (nuestra cuñada) que, vuelta de Vietnam ya ha abierto el bar. Rebosa la barra de “pintxos”. Bastante gente y, en ese momento, está sola. Casi no nos saludamos. Al poco llegan un par de chicas a la barra que hacen más tranquilo el trabajo. Nos juntamos con Eduardo (el padre de Marta) que nos paga la consumición. En tanto, charlamos un rato. Salimos a dar una vuelta. El ambiente festivo va creciendo, especialmente en la plaza donde encontramos a mi madre sentada, con unas amigas, en un banco (a la sombra). Pica el sol y amenaza tormenta. Bajamos por calle Nueva (nuestra calle de casi toda la vida) hasta “La Posada”. ¡Está todaví­a cerrada! Retornamos a la Plaza por calle Burgos, atravesamos la Plaza por el astial del Balneario y volvemos al Marrazki. Son las 13:50. La antes rebosante barra de pintxos está “esquilmada”. Justo nos quedan unas “piparritas” para asentar el “rueda”. ¡Nos asienta muy bien! A las 14:30 vamos hacia mi casa. Mi hermana se monta en el coche y se va a Delica. Subo a casa, en la que ya está mi madre afanada en poner a punto la comida, y charlamos un rato. Mi hermano llega, ha trabajado de mañana, antes de lo esperado. Son las 15:10 y comenzamos la comida. ¡Buena ensalada de huerta y excelente guiso de cordero! Larga sobremesa (en la sala). A las 18:40 me despido de ambos. Ha sido un buen epí­logo de las vacaciones. Me despido hasta el primer fin de semana de octubre. El martes comenzaremos el curso escolar y algunas otras obligaciones. ¡Pasó un mes!

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