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Artómaña

Artómaña

200px-Torre_de_ArtomañaEs una de las cuatro aldeas del valle de Arrastaria, emplazado al Este del enclave vizcaí­no de Orduña, y limitado al Norte por las tierras orientales del valle de Ayala, situadas tras de una cadena de lomas superiores a los 600 metros, y al Oeste por la comarca alavesa de Urcabustáiz. Lo riegan el curso alto del Nervión y varios afluentes de escaso caudal, entre ellos el Artomaña que cruza el núcleo del pueblo del mismo nombre.

Hasta que a mediados del siglo pasado se construyó el camino de Urcabustáiz a Orduña salvando las alturas de “la Barrerilla”, actual carretera de Zuya a la ciudad vizcaí­na, un camino viejo iba directamente de Orduña a Artómaña y de aquí­, por Unzá, Apreguindana, Ondona y Belunza en Urcabustáiz, a Amézaga y Murguí­a en Zuya, y la Llanada Alavesa.

Los Ayalas, señores de Ayala, Llodio, Urcabustáiz y Cuartango en el siglo XIV, pleitearon con el concejo de Orduña sobre la posesión de las aldeas de Arrastaria: Aloria, Délica, Tertanga, Artomaña y Arbieto; sucedí­a esto, sobre todo, en tiempos de Don Fernán Pérez de Ayala, el padre del Canciller Don pedro, deseoso de completar el bloque de las posesiones de su casa con “lo del valle de Orduña”, tras de haber recibido la herencia de Juan Sánchez de Salcedo, señor de Ayala mierto sin sucesión, quien, según fuentes ayalesas, “destruyó el solar” que Don Fernán trataba de reconstruir. En 1380 la Chancillerí­a de Valladolid sentenciaba que el concejo de Orduña “no probó haber tenido posesión justa de dichos lugares” y que debí­an pasar a Don Fernán, quien tomaba posesión de ellos para el mayorazgo de su casa y juraba los fueros del valle en el mismo año, siendo ya anciano y fraile dominico en el convento de Vitoria.

El Canciller firmó la posesión del valle y sus aldeas, y sus sucesores lo poseyeron a veces con quejas y protestas de sus vecinos, sobre todo ante Don Fernando y Doña Isabel, en tiempos del Conde de Salvatierra Don Pedro López de Ayala, el que después serí­a famoso comunero.

En su levantamiento contra Carlos I, el Conde se detuvo en Artomaña pocos dí­as antes de su derrota en Durana; y el 11 de abril de 1521 fechaba “en mi lugar de Artomaña” –dice la carta– una apremiante petición de dos barriles de pólvora a Lope Garcí­a de Murga y Juan Dí­as de Guinea. Como castigo a su rebeldí­a, fueron confiscados los bienes del levantisco Don Pedro, entre ellos el valle de Arrastaria, aunque después se restituyó a su hijo Don Atanasio de Ayala; y como señorí­o de los Ayalas figuran sus aldeas, entre ellas Artomaña, en la visita pastoral realizada por el licienciado Martí­n Gil en 1556.

Se conserva aún en Artomaña, hacia el Suroeste del pueblo, guardando el paso del antiguo camino a Unzá y Zuya, una torre medieval, fechable entre los años finales del siglo XIV y los primeros del XV. Es una de las dos que, unidas por un puente, se documentan en el siglo XVI con el nombre genérico de “las torres del lugar” –referido a Artómaña–, y en 1744 y 1800 como “las torres de Zárate”, aludiendo a sus primeros señores. Podemos documentar a sus poseedores, en relación con ciertas fundaciones en las iglesias de Artómaña y Délica, a lo largo de varios siglos.

Poco después de mediar el siglo XVI las torres de Artómaña pertenecí­an a Don Diego de Orúe, señor también de la torre de Délica y gran benefactor de su iglesia parroquial, hijo de Don Pedro Ortiz de Orúe y de Doña Marí­a Ortiz de Zárate, por quien seguramente llegó la posesión de las “torres de Zárate” al apellido Orúe. La viuda de Don Diego de Orúe, Dona Mariana de Arbieto, para cubrir una fuerte obligación con la iglesia de Délica, hipotecaba “ciertas torres y heredades sitas en el lugar de Artómaña”, que al fin vendí­a a Juan Bardeci, canónigo de Valpuesta. Así­ pasaron las “torres de Zárate” al mayorazgo de Bardeci, y en él continuaron hasta el siglo XVII; en 1764 pertenecí­a, en efecto, a Don Acensio de Eguiluz Bardeci, al extinguirse la lí­nea masculina de los Bardeci de Artómaña y, a comienzos del siglo pasado, las poseí­a el sobrino de Don Acensio, vecino de Vitoria, Don Manuel Troyano de Sojo, apellido que pasaron a los de La Cuadra y Lecanda en el mismo siglo.

El linaje de Orúe, destacado en Arrastaria, tuvo también una importante lí­nea en Artómaña, a la que perteneció el presbí­tero Don Juan Ortiz de Orúe, muerto en 1577, beneficiado entero de Artómaña que figura en algunos documentos como “patrono de esta iglesia del Señor San Jorge”. Como beneficiado documentamos, también en el siglo XVI, a otro presbí­tero del mismo apellido, Don Martí­n Ortiz de Orúe, cura de la parroquia en 1556 y abuelo, por su descendencia antes de recibir órdenes del maestre de campo Don francisco de Murga y Ortiz de Orúe, Caballero de Santiago en 1629.

Artómaña estuvo presente en las primeras expediciones a tierras americanas: en 1539 un vecino de Artómaña, Don Juan de Ugarte, hijo de Pedro López de Ugarte y de Urraca Ortiz de Zárate, se enrolaba entre las gentes que el Adelantado alavés Pascual de Andagoya reclutaba para su expedición al Rí­o de San Juan; entre los muchos alaveses que acompañaron a Andagoya, se inscribí­an en sus filas el 14 y 17 de marzo de dicho año otros vecinos de Arrastaria, exactamente de Délica, como más adelante veremos.

Por su situación de encrucijada entre Orduña, Urcabustáiz, Zuya y Cuartango, cuando aún no se habí­a construido la actual carretera de Urcabustáiz, fue Artómaña lugar estratégico en la primera contienda carlista; destacó sobre todo en la llamada “acción de Unzá”, el 19 de marzo de 1836, con uno de los choques decisivos en Artómaña, “al pie de las mayores montañas de aquellos puertos”, entre las tropas del general Eguí­a y Espartero, según narra el propio general carlista que habí­a ganado hací­a dos meses la gran batalla de Villarreal; después de estos encuentros en Artómaña y Unzá, Espartero regresaba a Vitoria por Cuartango y Morillas.

La parroquia de San Jorge de Artómaña existí­a ya en 1257, integrada en el arciprestazgo de Orduña y en el arcedianato de ílava. En 1321 la atendí­an tres clérigos, el cura Pedro Sánchez y otros dos beneficiados, nombrados en el pleito que entonces mantení­an las iglesias del valle de Arrastaria con Armentia sobre la participación de la colegiata armentiense en los diezmos de vino, uvas, manzanas y sidra; este documento nos presenta a Artómaña como la iglesia más importante de Arrastaria, después de Délica, en el siglo XIV.

En 1556 serví­an su parroquia dos clérigos residentes en el lugar: un cura, el citado Don Martí­n, abad de Orúe, y un medio beneficiado, Juan abad de Orúe. En 1786 habí­a tres beneficiados –uno de ellos cura–, los mismos que al comenzar el siglo pasado; al mediar éste tení­a de nuevo dos clérigos servidores.

La población de Artómaña se ha mantenido sin grandes variaciones hasta tiempos recientes. En 1556 tení­a veinticuatro vecinos, que pagaban sus diezmos principalmente en grano y vino, las producciones mayores del lugar. El censo de Floridablanca arrojaba en 1786 una población de 125 habitantes, todos labradores e hidalgos. Al comenzar el siglo XIX tení­a Artómaña treinta vecinos y 140 habitantes, dedicados a la labranza de la que obtení­an anualmente 2.273 fanegas de trigo y 1.310 cántaras de chacolí­; en 1845 los vecinos eran veinte y los habitantes 100.

A comienzos de este siglo su censo de habitantes arrojaba la cifra de 129; este número se mantení­a in alteración casi en 1960, fecha en que viví­an en Artómaña 122 habitantes en veintisiete viviendas. El censo de 1973 indicaba ya cierto descenso en la población, entonces de 101 habitantes en veintidós viviendas. El censo foral de 1983 computaba sólo 82 habitantes, y el padrón municipal de 1986, 78 de hecho.

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