Campos de concentración franquistas (ORDUÑA)
Campos de concentración franquistas (ORDUÑA)
De acuerdo con datos aportados por Carlos Hernández, provenientes de archivos municipales y militares y que ha plasmado en su obra “Los campos de concentración de Franco”, durante la dictadura se pusieron en marcha un total de 296 campos de concentración.
Según los datos aportados por este autor, casi un millón de personas, pasaron por esos campos, lo cual supone la reclusión forzosa de personas, por motivos fundamentalmente ideológicos, que sufrieron todo tipo de penalidades como hambre, torturas o enfermedades.
¿Cuál era el objetivo principal de la dictadura franquista con la creación de estos campos de concentración?
Principalmente acoger a prisioneros, siendo considerados como tales, todos aquellos que no eran afines al Régimen.
Para ello el primer paso era investigar a estos “prisioneros”. Pero ¿cómo se hacía este proceso?
Pues a través de toda una serie de redes que se crearon dentro de la misma sociedad civil y que mediante informes de alcaldes, curas, o vecinos eran la base a partir de la que las autoridades clasificaban a los prisioneros.
El franquismo va a llevar a cabo esta clasificación en torno a 3 tipologías:
• Los «forajidos” que iban directamente a juicio
• Los «hermanos forzados
• Los «desafectos» que no tenían una ideología firme y las autoridades consideraban eran «recuperables».
Van a ser principalmente estos últimos los que van a constituir la masa de prisioneros de los campos de concentración.
Entre 1937 y 1939, el régimen de Franco pone en marcha el Campo de Concentración de Orduña.
Cada campo tuvo sus propias particularidades condicionadas por su situación geográfica, clima y muy especialmente dependiendo del personal de custodia y del carácter de los mandos y oficiales de cada uno de ellos. Orduña era en este sentido, una localidad emplazada de forma estratégica, haciendo frontera con Álava y Burgos, y con una estación de tren, que permitía que la línea de ferrocarril llegara hasta el centro del pueblo.
Y es que el traslado de los prisioneros a Orduña se realizada principalmente por ferrocarril, en trenes de mercancías utilizados normalmente para el transporte de ganado, que iban y venían a cualquier hora del día o de la noche. El trabajo más completo desarrollado a este respecto ha sido el realizado por el periodista Joseba Egiguren (Laudio, 1964), autor del libro Prisioneros en el campo de concentración de Orduña (1937-1939) y que hemos tomado como referencia, dada la exactitud de los datos que proporciona.
El campo, se habilitó en la sede del colegio de los Jesuitas, que es precisamente donde habían estudiado desde Sabino Arana hasta el Lehendakari Agirre.
Y es que este centro había llegado a ser el colegio más importante de Euskadi, de hecho, toda la burguesía vasca iba a estudiar a los padres Jesuitas de Orduña. Además, estamos hablando de un edificio que ocupa casi la cuarta parte del casco histórico de Orduña y se halla situado en el mismo centro de la localidad. Estuvo operativo hasta 1932, fecha en la que los Jesuitas fueron expulsados.
Aproximadamente 50.000 prisioneros de guerra fueron recluidos en ese campo como enemigos del Régimen, siendo obligados a trabajar y convivir en condiciones deplorables que aumentaban el riesgo para su salud e incluso para su propia vida.
El principal motivo para que el régimen franquista utilizara los campos de concentración fue que en las cárceles no había suficiente sitio para acoger a todos los prisioneros, y de ahí que se optara por edificios como seminarios, universidades, plazas de toros o colegios que eran utilizados como campos de concentración.
Como hemos señalado, el principal objetivo de estos campos era la reeducación, a diferencia del de los campos que tradicionalmente conocemos como los de la Alemania nazi, cuyo objetivo a diferencia de estos, era el exterminio.
¿Por qué se elige Orduña como localización para el campo?
Como hemos comentado, Orduña contaba con las instalaciones del colegio, que tenía muros altos e infraestructuras ya construidas que podían empezar a utilizarse de inmediato, sin necesidad de realizar grandes adaptaciones que relentecerían el proceso.
De hecho, este centro funcionó a pleno rendimiento hasta 1932, fecha en la que fueron expulsados los Jesuitas. El campo de concentración de Orduña, a diferencia de otros que eran mixtos, se concibió desde un inicio como un campo solo para hombres.
La capacidad máxima del campo era de 5000 personas, pero de acuerdo con diferentes testimonios se superaba muchas veces ese aforo permitido. Los presos que fueron allí internados provenían fundamentalmente de Bizkaia, Aragón y Cataluña.
Además del Colegio de los Jesuitas había otros edificios que se utilizaron que fueron el Balneario de Orduña, el Hospital Municipal que se utilizaba como Hospital de prisioneros e incluso el edificio de la aduana.
Por Orduña pasaron unas 50.000 personas entre las que había personas mayores y menores de edad.
Lo normal es que estuvieran allí retenidos varias semanas, el tiempo para que les clasificaran. Cuando llegaban esos informes era cuando se decidía su futuro. Los prisioneros llegaban hacinados al campo de concentración de Orduña en trenes de mercancías que normalmente se utilizaban para el transporte de ganado.
EL DÍA A DÍA EN ORDUÑA
Los prisioneros llegaban hacinados al campo de concentración de Orduña en trenes de mercancías
que normalmente se utilizaban para el transporte de ganado. Estamos hablando de traslados en los que se movilizaba a un gran número de personas que eran apresados nada más llegar al campo.
Las condiciones obviamente deplorables, a lo que se unía la incertidumbre de que muchos de ellos ni siquiera sabían a donde eran trasladados, tenían graves consecuencias a todos los niveles.
El día a día, lleno de rutina y falta de actividad, se limitaba a deambular por el patio. El ritmo estaba marcado por el ingreso o la salida de prisioneros, el reparto del rancho, los discursos, las palizas y las formaciones.
La vida en el campo de concentración de Orduña era de una dureza tal que afectó a los internos tanto a nivel físico como psicológico. A los prisioneros no se les permitía entrar al edificio del colegio, debían estar siempre fuera, a la intemperie, independientemente del tiempo que hiciera.
Mal vestidos, mal alimentados y hacinados, debieron hacer frente a dos inviernos especialmente duros en aquella época, inviernos en los que se alcanzaron además temperaturas excepcionalmente bajas.
Dormían en el suelo con ventanas sin cristales, sin espacio y sobrellevando enfermedades altamente contagiosas como la sarna. Fueron obligados a trabajar en obras para el ayuntamiento, para diputación, arreglaban calles, caminos y edificios públicos.
El día a día de los internos se centró en las tareas propias de una mano de obra barata que se veía forzada a realizar trabajos de reconstrucción tanto de carácter público como privado.
Sin embargo y a pesar de estas duras condiciones, el número de fallecidos que aparecen en los registros fueron solamente 24, de lo cual se deduce que probablemente muchas de estas muertes no fueron registradas.
Nombre y Apellidos de fallecidos en el campo de concentración de Orduña.
Los cuerpos de los presos muertos registrados fueron enterrados en la parte exterior del cementerio de Orduña
En septiembre de 1939 termina la guerra Civil y como consecuencia de ello, el campo de concentración de Orduña pasa a convertirse en la Prisión central de Orduña, destinada a presos que no eran afines al régimen. Esta prisión, tenía carácter civil y por ello estaba pensada para que ingresasen reclusos que tenían a sus espaldas diversos delitos, a pesar de que fueron los presos políticos los que continuaron siendo mayoría en la misma.
La prisión de Orduña estuvo abierta durante año y medio, entre 1939 y el verano del año 1941, y en la misma fallecieron más de 200 personas, fundamentalmente de hambre, lo cual da una imagen de las extremas condiciones que se perpetuaron a pesar de abandonar la condición de campo de concentración.
Tomado de www.https://juandelostoyos.com