ARRASTARIA (Síntesis histórica) (VII)
8.- Asuntos Varios
8.1. Tradición agrícola y ganadera: Los de Artómaña tenían por costumbre dejar montones de remolacha azucarera, en la época en que se solía sembrar este tubérculo en grandes cantidades en la zona de Arrastaria, en el paraje de la zona del monasterio de Santa Clara de Orduña, para después, cuando se iban a dirigir desde la citada aldea con una carga a la estación de ferrocarril de Orduña, suplementar la misma, con otra carga de remolacha de dichos montones (ya que la carga desde su aldea venía a medias), para lo cual solían poner un juego de dobles cartolas de altura a los carros, para llevar más carga. Luego se transportaban los carros (2.000-2.500 kgs.) hasta la estación de ferrocarril de Orduña, haciéndose largas colas de carros cargados, en espera, en el Paseo de la Antigua. En la estación existía una báscula donde se pesaba la carga de cada carro. El administrador de todas las remolachas que se recogían en el valle, era Faustino Tellaeche, vecino de Artómaña, que era el delegado de la empresa “Azucarera de Miranda de Ebro”, que era a donde se transportaban finalmente los convoyes de remolacha. A mediados del siglo XVI nos encontramos con un importante objeto de especulación en las ferias de mayo y octubre que se celebraban en Orduña, que generaba sustanciosas ganancias. Llegaban desde lejanos puntos ganados de tiro, bueyes (Villaviciosa, diferentes puntos del principado de Asturias, Santillana, Reinosa, Mena, Angulo…), que ciertos personajes de Orduña compraban por partidas grandes, a precios interesantes, para más tarde venderlos, en pequeñas cantidades, generalmente de uno en uno, a labradores del entorno que podían permitirse semejante inversión (a mediados de este siglo un buey podía costar alrededor de 100 reales). Los compradores eran tanto vecinos de Orduña como labradores del territorio circundante, valle de Arrastaria, Losa, etc. Como no todos los pequeños agricultores podían permitirse la adquisición de un animal, cuyo recurso les resultaba imprescindible, los bueyes solían arrendarse; el tiempo de dicho arrendamiento solía oscilar entre 6 meses y un año, generalmente, y su contrapartida solía ser en grano; el precio habitual era una fanega y media de trigo al año, durante el cual el arrendatario debía mantener y cuidar al animal.
En el valle de Arrastaria compraron hacia el año 1936 una trilladora de la marca “Ajuria” una serie de familias de las aldeas del valle, como: Ugarte, Larrea (Artómaña ); Uzquiano, Larrieta, Mendibil, Arana, hermanos Ugarte (Delika ); Bardeci, Arana y Mendibil (Tertanga). Luego hacia el año 1951 se separaron de esta trilladora “comunitaria” algunos de sus antiguos propietarios y formaron otra agrupación para comprar una nueva trilladora, las familias: Larrea (Artómaña), los hermanos Lorenzo y Sebastián Apodaca, y Julio Uzquiano (Aloria ). Esta trilladora se dedicaba para trillar las mieses de dichas familias y luego hacían un recorrido, en sucesivos días, trillando para algunos labradores de las aldeas de Aloria, Artómaña, Delika y Orduña. En 1948 compraron una trilladora las familias de Mendívil (venta Arbin, Tertanga ) y Nicolás Basarrate (Delika), trillando sus cosechas y también las de algunos labradores del valle.
Remolacha azucarera: este artículo se empezó a cultivar en la zona de Arrastaria, en Delika y Artómaña, hacia el año 1945. La siembra se realizaba a primeros de marzo y se recogía la producción durante el mes de noviembre. Los trabajos que se realizaban entre la siembra y la cosecha eran: 1º) Cuando tenían unos 4-5 centímetros de altura, se entresacaban los pies, dejándoles unos de otros a una distancia prudencial, a mano. 2º) Se solían “sulfatar” echando “detano”, manualmente con un bote y una media de mujer, para prevenir el ataque de la “pulguilla”, que devoraba las plantas en su estado primigenio. 3º) Se sallaban con la “salladora”, de reja pequeña, tirada por el burro, fila a fila. Luego planta a planta, se sallaban a azada, manualmente.
Algunos labradores tenían un pequeño “truco”, del cual no solían informar a sus paisanos, para cosechar remolachas más hermosas. Este era que cuando las plantas eran muy pequeñas, a la vez que echaban el “detano desinfectante”, solían echar a los pies de las mismas una pequeña porción de “nitrato de Chile”, con el que las plantas desarrollaban mucho más.
Como no se sabía el tiempo que iba a hacer, tenían por costumbre, en tiempo de cosecha, y siempre que este fuera bueno, allá por los meses de octubre-noviembre, empezar a recolectar la producción y la iban acumulando en grandes montones en una zona que lindase con algún camino que fuera transitable, en la zona de Santa Clara (los de Artomaña) y en la zona de Landatas (los de Delika). Esto lo hacían de esa manera porque la recolección era bastante lenta y cuando la tenían que transportar al convoy ferroviario de Orduña, lo tenían que hacer en poco tiempo, con lo cual iban ganando tiempo. Para transportarla después a la estación de ferrocarril de Orduña, en los carros de bueyes, aún en las condiciones adversas del clima. Una vez en la estación del ferrocarril se descargaban los carros con remolacha en los vagones del mismo, aparcados en el andén de carga, desde donde era trasladada a la empresa “Azucarera de Miranda de Ebro “.
A este tipo de cultivo se dedicaban en aquellos tiempos, hasta el año 1955 aproximadamente, unos 30 agricultores de los pueblos antes mencionados, con una producción media de unos 15.000 kgs. por familia.
En 1951 se suspendieron las ferias de Orduña por motivo de la “glosopeda“ (enfermedad que afecta a las patas de los animales vacunos y no pueden andar). Hacia el año 1968, se repitió la epidemia de “glosopeda”, que afectó seriamente a los ganaderos de la zona. Desde esta fecha me parece que no se ha vuelto a repetir dicha epidemia entre la cabaña ganadera de los entornos.
En el período de los años 1950-1970 el cultivo fundamental y el que más superficie ocupaba en el valle de Arrastaria eran los cereales: trigo, cebada y avena, así como el maíz, sobre todo tanto de grano.
En esa época en el valle la ganadería de cada casa eran algunas vacas lecheras, para tener leche para consumo propio y para las centrales lecheras, y vacas de carne. Había algunos ganaderos que se dedicaban al cuidado de ganado ovino, tres exclusivamente. Las centrales lecheras, en aquel tiempo recogían la leche por las aldeas en grandes cantinas de aluminio de 40 litros, por medio de camiones que se desplazaban por la zona. Los que se dedicaban al ganado ovino solían vender la leche a algunas queserías, que se dedicaban exclusivamente a ese producto, y que tenían sus sedes un tanto alejadas, por lo que los ganaderos tenían que trasladar la leche a las mismas en sus propios vehículos.
Los terrenos dedicados a prados suponían, más o menos, una parte pequeña de la superficie que llevaba cada caserío, bien propia o arrendada, ya que la mayor parte se dedicaba a cereales.
Entonces se cultivaban productos que en general, hoy en día, año 2023, han desaparecido; estos eran: trigo, avena, cebada, maíz de grano, alfalfa, esparceta, remolacha forrajera, nabos, arolbas, ricas, habas, berza forrajera, etc. También se cultivaba mucha patata; cada caserío cultivaba sus propias patatas, vendiendo alguna cantidad sobrante, así como su propia huerta en la que se cultivaban las verduras y hortalizas más cotidianas: puerros, lechugas, acelgas, berzas, tomates, pimientos, etc.
La fuerza tractora de los caseríos era, normalmente, la pareja de bueyes; en algunos casos la pareja de vacas lecheras suizas, que hacían la doble función. Esta fuerza de trabajo era complementada por burros y ganado caballar o mular, que ayudaban a ejercer las tareas menores.
Hacia la mitad de la década de aproximadamente 1960, se empezaron a extender el uso de tractores de todo tipo: pequeños, medianos y grandes, aunque eran contados en la década anterior.
Las personas mayores cuando empezaron a ver los primeros tractores, se quedaban asustadas y sorprendidas al ver las ruedas tan grandes y anchas que tenían. Pensaban que aquello no hacía más que apelmazar la tierra y por tanto que allí donde anduviesen los mismos, las cosechas iban a menguar considerablemente.
El tiempo, por fortuna, no les dio la razón. Sin esta fuerza mecánica hoy en día no sería factible ejercer dichas labores, ya que cada vez se necesitan explotaciones más extensas para poder vivir en el medio, y el trabajo tal y como se ejercía entonces sería imposible hacerlo hoy en día.
A partir del año aproximado de 1970 la vida del campo sufrió un cambio considerable. La mayoría de los caseríos se dedicarían a la explotación del ganado de leche, aumentando considerablemente el número de cabezas en los caseríos.
Esto trajo consigo el cambio brutal en los cultivos que se ejercían con respecto a fechas anteriores. La mayoría de las fincas se fueron sembrando de pastizales y maíces forrajeros, que luego se procedía a cortar para forraje seco o para ensilar.
Las instalaciones de los caseríos se fueron adaptando a los nuevos tiempos, haciendo silos, almacenes, estercoleros, nuevas cuadras o reformando las existentes, etc. En estas facetas tuvieron mucho que ver las ayudas tanto económicas como técnicas, que para tal efecto destinó la Diputación Foral alavesa.
Hoy en día, año 2023, la agricultura-ganadería de la zona se maneja con técnicas puestas al día. Se siembran, casi exclusivamente, plantas forrajeras: maíz forrajero, “vallico” (ray-grass italiano) y pastizales (mezclas de diferentes especies de gramíneas). Estos en general se ensilan, aunque los pastizales también se “cortan para seco”.
El ganado existente hoy en día, es mayormente vacuno de carne, con algunas explotaciones grandes y otras más pequeñas, pero más numerosas. También existen dos granjas grandes de ganado de vacuno de leche, cuyas técnicas y medios están muy puestos al día.
El ganado ovino casi ha desaparecido de la zona, quedando algún rebaño pequeño. La presencia del lobo en las sierras de Guibijo y Santiago, y algunas veces en las tierras bajas del valle, han ahuyentado a los ganaderos que se dedicaban a estos menesteres a dedicarse a otras ramas ganaderas.
En los últimos tiempos han surgido grandes extensiones de viñas, dedicadas a la producción de txakolí, unas 30-35 hectáreas. Las viñas están establecidas en “espaldera” y algunas tienen sistemas “anti-heladas”. Las variedades que se cultivan son: hondarribi-zuri y hondarribi beltza.
Algunos de estos productores venden sus uvas a bodegas locales o foráneas. En el valle existen dos bodegas destinadas a este fin, una de ellas es una gran bodega, la de Artomaña.
También últimamente hay algunas plantaciones, unas 8 hectáreas, de encinas microrrizadas con esporas de trufas, para la producción de este último producto, trufas.
En el valle, en Délica, existe una explotación agrícola de verduras (lechugas, tomates, pimientos, etc), bajo invernadero, de bastante extensión y muy bien instalada.
8.2. Las Minadas: Organizaciones de los vecinos para la defensa de los intereses económicos relacionados con el ganado de todo tipo. También se llamaba Hermandades de Ganado: “Conjunto de reses vecinas que se destinan a la labranza de un pueblo”. “Sociedad en la que se aseguran las reses de la minada”. Eran asociaciones voluntarias. Tenían un reglamento que lo aprobaba el Gobernador Civil, teniendo además Junta Directiva y hasta cuatro libros oficiales para anotar lo que acontecía: libros de actas, libros de socios, libro de cuentas y libro de animales asegurados. Todas tenían diferentes marcadores para identificar el ganado. En el valle de Arrastaria existían varias “minadas”: Minada de Aloria-Artómaña: sólo bueyes. Cada año elegían nuevos tasadores, como en las demás. Una vez al año, el 1 de marzo, se reunían todas las parejas de bueyes de Aloria-Artómaña. Minada de Délica-Delika: Minada de bueyes: se reunían en el campo del pueblo unas 50 parejas de bueyes. Minada de vacas: se reunían en el mismo campo del pueblo. Tenía menos importancia que la de bueyes. Se marcaba el ganado que se subía al monte, con la palabra Délica en el cuerno o con una placa que se ataba al cuello del animal. Minada de ganado de cerda: para el control y tasación. Los tasadores iban por las casas (se marcaba con un agujero en la oreja con una especie de alicate especial). Minada de Tertanga: Minada de ganado vacuno (bueyes y vacas). También marcaban el ganado que se subía a la sierra, con la palabra Tertanga en el cuerno o en una tablilla colgada al cuello de los animales. El ganado vacuno se marcaba con un número en el cuerno, del 1 al 10. Cuando moría algún animal el veterinario hacía un certificado para el posible aprovechamiento del animal o si no para su enterramiento.
8.3. Los Molinos: Aloria: Molino de cubo con 2 pares de piedra para molturar de 1,30 m. de diámetro y 6 cv. de potencia. Tiene cubierta a un agua. Fue restaurado totalmente en el año 2000. Toda su maquinaria es nueva (incluso los árboles, tolva, puerta, etc.). Se alimenta con las aguas del arroyo “de la Fuente” que nace en una peña cercana. Es propiedad de socios viqueros. Se halla ubicado justo debajo de un puente del ferrocarril Bilbao-Miranda. Ya existía en 1851, cuando menos. Después de la guerra civil es solicitada su inscripción, en 1941. A primeros de la década de 1970 se hallaba en activo. Artómaña-Artomaña: Parece que existieron dos molinos en este pueblo, el de Arriba y el de Abajo, propiedad ambos de socios viqueros. El actual: molino exento con cubierta a un agua y dos pares de piedra. Represa el caudal en un cubo muy largo, alimentándose con las aguas del arroyo Artomaña. Es propiedad de socios viqueros. Está situado al lado de un puente del ferrocarril Bilbao-Miranda. Ya existía en 1815. En 1909 se hicieron algunos arreglos con la venta de una “corta de árboles del común” (se compraron dos piedras blancas, un rodete de hierro de 180 mm de diámetro y un árbol) Se solicita su inscripción en 1941. Actualmente año 2023 ya no se utiliza. Délica: Además de los dos molinos aquí descritos, hubo otro anterior al de Ripatxo (Ripabe), del que aún se conservan huellas. Se trata de un agujero situado a unos 50 metros del caserío llamado El Cubo, muy cercano al actual molino de Ripabe. Molino de Berracarán: este molino data de hacia el año 1630. Molino de Ripabe o Ripatxo: utiliza las aguas del río Nervión. En el dintel de la puerta data el año 1818. Estaba en perfectas condiciones de moler en el 2001. Es propiedad de socios viqueros. Tenía unas ordenanzas de 13 capítulos, fechadas en 1895-7. Parece que fue el sucesor de otro molino más antiguo, situado en sus cercanías (el de El Cubo). Actualmente ya no se usa. Molino del Cubo: se situaba un poco más arriba que el de Ripabe, cercano a un pozo y salto de agua, a la entrada del cañón del Nervión, del que se surtían los dos molinos. El del Cubo era de propiedad particular y solo se usaba para moler maíz y otros tipos de granos bastos, es decir de “piedra negra”. Todavía quedan algunos restos del mismo. Parece que hubo otro molino que se situaba en el río Nervión a la altura aproximada del restaurante Uzkiano, en el barrio de Uriondo. Era propiedad de varios socios viqueros y de sus restos solo queda hoy en día una piedra de moler en el caserío de la familia Larrieta, de esta aldea. Tertanga: Este molino se denomina “Ubiros” y está situado en el cauce del río de Tertanga, a medio tramo entre el pueblo y el puente del ferrocarril. Se supone, según los lugareños, que este molino pudo edificarse hacia los años 1810-15. En 1941 solicitaban sus propietarios su alta, aunque no se les concederá hasta años después. Dejó de funcionar hacia el año de 1968. Posteriormente se fue abandonando su mantenimiento, limpieza de la presa, etc. En la riada de 1983 se anegó completamente de fango la parte inferior del mismo, los rodetes y los desagües de la presa, quedando un poco abandonado. Su paulatino decaimiento acabó por hundir el tejado. En el año 2013 se comenzó la limpieza y desescombro del edificio, presa y entorno, por medio de un “campo juvenil de trabajo” con la colaboración de varios vecinos, para restaurarle. Estos campos de trabajos prosiguieron durante los años 2014-15, hasta completar la restauración del edificio del molino y de la presa. En 2016 estaba a falta de instalar toda la maquinaria interior, pendientes de alguna subvención de la Diputación alavesa o del Gobierno Vasco.
8.4. Las Ventas: de ARBIN–HARBIN –NARVIN (ARANA): La más antigua de todas las documentadas; estaba situada en el caserío actual de su nombre, junto al camino de herradura que subía la Peña de San Bartolomé. Del HAMBRE o del “Ornillo-Hornillo” : Su verdadero nombre era “Venta del Hornillo-Ornillo“, también llamada “venta del hambre”. Antigua venta situada en Tertanga (valle de Arrastaria), en el puerto de Orduña o de San Bartolomé, junto al camino real, en la curva donde está el mirador. Era una humilde choza colgada en la pared del precipicio, que había “prestado a la humanidad más servicios que todas las posadas del camino de Pancorbo juntas”. Todavía existía en 1872. VENTA, La (municipal): El actual caserío de la familia Quincoces, en Tertanga (valle
de Arrastaria), parece que data de los últimos años del siglo XVIII. (En dicho tiempo los Señores Justicia y Regimiento del lugar de Tertanga, establecen las condiciones para ejecutar la casa mesón municipal que intentan hacer de nueva planta, cerca del “camino nuevo”). Está situado al lado de la carretera general Bilbao- Pancorbo, en la subida al puerto de Orduña. Es el último caserío del pueblo. VENTA DE LA FAMILIA BARDECI: Situada al lado de la carretera general Bilbao-Pancorbo, ha estado en funcionamiento como bar y casa de comidas hasta unos años.
8.5. Las Yeseras: Tertanga: en 1591 se documenta por primera vez la existencia de una “yesera”: el señor Pedro Urtaran autorizaba a sacar todo el yeso que fuera preciso para edificar el convento de San Francisco el Real de Orduña (actual “Residencia de Ancianos“) de una “yelsera” que tenía en la aldea de Tertanga. En 1738 se documenta la existencia de otra yesera en Tertanga: Manuel Francisco de Herrán Zuazo Ochoa de Lupidana incluye entre los abundantes bienes del mayorazgo que poseía, una “yelsera” que da en arrendamiento y que se halla en el término de San Cristóbal o la Butrera, en el límite jurisdiccional entre Orduña y Tertanga. A finales de la centuria esta cantera de yeso aparecerá en manos de Bernardo de Cazaña y Aznar, vecino de Madrid (este propietario da en renta a Lucio García Villoslada, vecino de Orduña, una heredad en el sitio de San Cristóbal, “donde existe desde antiguo una mina o cantera de yeso“. La renta ascendía a 6,5 pts el vagón extraído, y el plazo contratado era de tres años. A finales del siglo XIX esta cantera será el inicio de la fábrica de “Yesos de Basaldúa”, teniendo años después varios propietarios diferentes. Basaldúa (Tertanga): esta yesera, como ya se ha señalado, comenzó a funcionar a finales del siglo XIX. Dicha explotación contaba en estos años con un “cable aéreo movido por una máquina de vapor”, que transportaba “las piedras de yeso” hasta las instalaciones fabriles. Este sistema de transporte de materiales de la cantera hasta la fábrica, se sustituyó años después por una vía férrea, que comunicaba ambas instalaciones. En estos primeros años trabajaban en la cantera unas 30 personas. La cantera de yeso estaba situada en el término de San Cristóbal, en el límite entre Tertanga y Orduña, en territorio de Tertanga. La cantera, a cielo abierto, tenía unos 50 metros de profundidad, unos 100 metros de largo y unos 25-30 de anchura. Constaba, además, de una galería principal subterránea, con orientación Suroeste, de unos 3 metros de altura y otros 3 de anchura, con una longitud de unos 100 metros. A unos 20 metros de la entrada, partían dos ramales laterales, uno con orientación Sur y otro con orientación Oeste, con unas longitudes cada uno de unos 50-100 metros. En estas galerías había bóvedas donde se encontraban vetas más grandes de yeso, por lo que sus dimensiones eran más grandes tanto en anchura como en altura.
La cantera tenía una vía de comunicación con las instalaciones fabriles, que, a poca distancia de la misma, transcurría por un túnel de 200-300 metros de longitud, el cual tenía unas medidas muy ajustadas a las vagonetas que usaban, de tal forma que cuando bajaba alguna de éstas, casi no había espacio para una persona. Esta vía, una vez salía a cielo abierto, transcurría unos 60 metros hasta llegar a una bifurcación situada a unos 8 metros de distancia de la vía férrea Bilbao-Miranda de Ebro. Uno de esos ramales llegaba hasta la escombrera situada al Norte, al otro lado de la vía férrea, pasando para llegar a ella por un puente de hormigón que salvaba la misma. El otro ramal se dirigía a las instalaciones fabriles, donde estaba la zona de cocción y fabricación del yeso, situada a unos 200-300 metros, en las cercanías del paso a nivel existente en el antiguo camino que se dirigía a Tertanga[1]. Las vagonetas con las piedras de yeso o con escombros bajaban hasta las instalaciones fabriles o a la escombrera (ambas situadas en terrenos del municipio de Orduña), de una en una, por una ligera pendiente, por su propio peso, al mando de un operario que las iba frenando, con un freno manual, en función de la velocidad que tenía prevista. Una vez la vagoneta en éstas, se descargaban mediante un volquete lateral, manual, que tenían las mismas, por ambos lados. Para subirlas desde las instalaciones fabriles a la escombrera o hasta la propia cantera, las subían empujando por operarios, de una en una, durante todo el trayecto. Hacia el año 1950 el gerente de la empresa yesera, denominada, “Artículos de la Construcción”, era una persona llamada Teodoro Arregui Goraygordobil. Dicha sociedad tenía en Bilbao dos almacenes-depósitos. Hacia el año 1954, esta sociedad vendió la cantera de San Cristóbal a otra sociedad, formada por Fidel Ascabide y Agustín Aguirrebengoa, que a su vez tenían otra yesera en la zona de Amézaga (Zuya). Estos dueños vieron que la cantera de San Cristóbal se estaba agotando, por lo que trajeron a unos zahoríes, que detectaron que en la zona de “abajo” (en la zona de una finca próxima a las instalaciones fabriles y a la vía férrea Bilbao-Miranda, al Oeste de la misma), término de San Vicente, ya en el municipio de Orduña, existían buenas vetas de yeso, por lo que decidieron empezar a horadar la zona, a mano y con explosivos, dando con éstas. A partir de entonces el yeso lo extraían de dicha zona, abandonando la antigua cantera de San Cristóbal. Esta fue la última veta yesera de esta empresa, que se agotó aproximadamente hacia el año 1970[2]. A partir de esta fecha aproximada, las piedras de yeso las traían de una cantera-yesera existente en la localidad de Amézaga (valle de Zuya) por medio de camiones. La empresa que regentaba esta yesera, cuya última razón social desconocemos, cerró definitivamente sus instalaciones hacia el año 1978.
a.- La yesera de Basaldúa en las actas del ayuntamiento de Orduña: 1889 (16 de junio): Daniel de Basaldúa, dueño de la fábrica de yesos “la Antigua” solicita del ayuntamiento de Orduña la reposición del camino de la Paúl hasta dicha empresa, disponiéndose a poner toda la mano de obra que hiciese falta, de su cuenta. (20 de octubre): reitera su petición anterior y, también, que se arregle el otro camino, el de Rondina, con lo que iba a gastar el ayuntamiento en el arreglo del primero de ellos. 1890 (17 de noviembre): se da permiso a Daniel Basaldúa para arreglar el camino de la Paúl con escombros de las ruinas de la antigua iglesia de San Francisco. 1892 (5 de junio): el alcalde pedáneo de Tertanga envía una instancia sobre los caminos de Basaldúa y varios. Se pone el asunto en manos del perito municipal. 1894 (17 de septiembre): en esta fecha vivía la viuda de Gerardo Basaldua (padre de Daniel) el de la yesera), doña Manuela Abadiña, orduñesa, que era la dueña de la misma. 1900 (8 de agosto): en el ayuntamiento se debate la posibilidad de dar una corta de leña para los vecinos, con el permiso de la Diputación, ya que ésta era escasa y cara, ya que las dos yeseras[3] de Orduña consumían mucha y había demanda. 1906 (14 de febrero): el camino de San Cristóbal a Tertanga se hallaba obstruido por algún corrimiento de tierras de las propiedades de la yesera de Basaldúa (algunas personas decían que dicha obstrucción existía desde hacía años y que ése camino se usaba poco, ya que los vecinos de Tertanga utilizaban la carretera provincial). Se acordó que se despejase el mismo por la propietaria de la yesera de Basaldúa. La viuda de Basaldúa, con este motivo, construyó, con sus medios, un puente sobre el río Tertanga, muy cerca del molino del pueblo, para solventar dicho problema y que los vecinos de la aldea pudiesen acceder a Orduña. 1907 (19 de julio): Daniel Basaldúa se compromete, a finalizar las obras del monumento a la Virgen, en el Charlazo, por 10.000 pts., poniendo como condición que se le entreguen 5.000 pts., después de acopiar al pie del monumento los materiales, instalar los andamios y empezar las obras; el resto, hasta las 10.000 pts, después de terminadas las obras y certificadas, por José M.ª Basterra, arquitecto de la misma, y Juan de Eguidazu (ingeniero), responsables técnicos de las mismas. Se aprueba lo ofrecido por Daniel Basaldúa. 1915 (8 de septiembre): la empresa “Artículos de la Construcción”, propietaria de la yesera de Basaldúa, solicita permiso al ayuntamiento para desviar en sus terrenos y otros adyacentes el camino de Tertanga, para mejorarle. 1923 (11 de abril): la Sociedad Anónima de Artículos de la Construcción recurrió el acuerdo del ayuntamiento, por el impuesto al consumo de leña y carbón, que usaba en su fábrica de yeso, en Basaldúa. 1925 (14 de septiembre): se cita el paraje Lendugulo (¿Lendujuelo?), en la zona de Basaldúa. (23 de septiembre): Ángel Linacero Recalda, era mandatario de la Sociedad de Artículos de la Construcción, empresa que regentaba la yesera de Basaldúa. 1941 (26 de febrero): Alberto de Goiri y Ruiz de Aguirre solicita permiso de una serie de “pertenencias” para ampliar la yesera de Basaldúa con una nueva galería, “La Esperanza”.
b.- El puente del molino de Tertanga y su relación con la yesera de Basaldúa: El actual cementerio fue construido a unos 200 metros de la antigua parroquia, en el término de Los Caños, en 1878, por Manuela Abadiña, natural de Orduña, viuda de Gerardo Basaldúa, de acuerdo con el cura y el Concejo de Tertanga, por el que se le cedió el terreno de la antigua iglesia de San Cristóbal, en las cercanías de la cantera en explotación, para seguir explotando la vena yesera allí existente.
El puente del Molino lo debieron edificar los herederos de Basaldua al desprenderse parte de la escombrera que tenía la cantera al lado del camino que se dirigía al puente de La Venta de la familia Bardeci (el de Renfe) y tapar dicho vía de comunicación. Para ello se construyeron el actual puente del molino, y el camino antiguo pasó a discurrir por la orilla del río, contraria a la anterior (al estar ésta inhabilitada), hasta que vino la Concentración Parcelaria, al no tener ésta en cuenta el antiguo camino.
8.6. Comunicaciones: parece posible que una derivación de una calzada romana, Astorga-Burdeos, partiese desde tierras burgalesas, en los primeros siglos de nuestra era, atravesando en dirección Sur-Norte el extremo occidental de Álava (valle de Valdegobía) y por la zona de Arrastaria-Orduña alcanzase el territorio vizcaíno, siguiendo el curso del Nervión. La situación del territorio orduñés y las aldeas de Arrastaria, entre la Vieja Castilla y la costa del Cantábrico, propició el tránsito secular de gentes por sus pasos, a veces difíciles, a lo largo de la historia.
El camino de la Peña de San Bartolomé, hoy puerto de Orduña (900 metros de altitud), es el antiguo camino de herradura, sólo transitado por personas y caballerías[4]. Está situado en el territorio alavés del pueblo de Tertanga (valle de Arrastaria). Tenía dos ramales, uno que se dirigía al monte Santiago, para descender luego hacia Aprikano; y otro que se dirigía hacia Berberana. Subía por el puente de la Torre, venta de Arbín, ermita de Santa Lucía, haciendo un zig –zag, bajo el pico del Hornillo, donde había una venta (la del Ornillo-Hornillo, conocida como “la venta del hambre”), saliendo justo arriba del puerto, en la línea con Burgos, en el sitio donde se levantó la ermita de San Bartolomé. Pero al prosperar el comercio en la baja Edad Media (especialmente las ferias de Orduña) no bastaron estas rutas. Algunas se potenciaron para olvidar otras, y así se despoblaron aldeas y barrios mientras crecían las villas y los pueblos situados en los nuevos caminos.
Entre estos caminos medievales siempre alcanzó primordial importancia el que, siguiendo el curso del Nervión desde Arrastaria y Orduña, comunicaba el valle del Ebro y Castilla con el mar. Por ello fue objeto de especial atención y cuidado. Así, en 1491, cuando Orduña acababa de salir totalmente de la debatida prepotencia de la casa de Ayala, estudiaba el Consejo Real un proyecto de reparación del camino de Orduña, mediante el cobro de los 3.000 peajes previstos cada año. En 1492 el Consejo del Norte de los Puertos autorizaba a un vecino de Luyando el cobro del impuesto a los acemileros que pasaban por dicho pueblo para reparar la calzada o “Camino Real de Orduña”.
Reinando Carlos I (1516 a 1556) continuaba la atención hacia esta ruta, con el proyecto de una ampliación del camino de herradura que desde la ciudad de Orduña subía el puerto por la ermita de San Bartolomé.
En el siglo XVII se facilitaba el paso de este camino por la Peña de Orduña[5]. Tras una tentativa frustrada en 1664, años más tarde, en 1681, se rompía la Peña, ampliando el camino de Goldecho, al Poniente de la mole orduñesa, con contribución de Bilbao, Orduña y el consulado bilbaíno.
El tránsito de esta arteria vital era frecuentado sobre todo por arrieros portadores de lanas. Aparte de Orduña, Luyando era uno de los puntos más importantes de este camino porque llegaban a él no sólo las sacas que bajaban por el puerto de Orduña, sino las que, según numerosos protocolos del siglo XVIII, llegaban en “carros herrados” desde Vitoria y Lezama hasta Luyando. Aquí se descargaban y “alojaban” en los portales de las casas del lugar “para conduzirlas en cauallerías a la villa de Bilbao”.
En 1752 se había planteado el trazado de cuatro posibles rutas desde la Meseta y el valle del Ebro al mar, entre ellas la de Orduña. Ante tan serio problema se activó el proyecto del llamado “Camino del Señorío” por Orduña; se realizaron numerosas gestiones para mantener la prepotencia de la arteria Nervión-Bilbao sobre las otras rutas de Castilla al mar, y en 1764 se conseguía la autorización para construir el nuevo Camino bajo la dirección de Don José Santos Calderón. Orduña y algunos pueblos del camino acrecentaron entonces su fuerza económica. De los cuatro posibles caminos en su ruta hacia el mar, triunfó el de Orduña[6].
Este camino, en el año 1767[7], se transformó en camino real, entre Burgos y Bilbao, y más tarde en la actual carretera nacional Bilbao-Pancorbo (Burgos). Parece que existieron otros dos caminos complementarios, uno que subía por Artómaña hacia La Salve y el pueblo de Unzá; y otro, por Aloria, hacia Uzquiano y la zona de Lezama.
En el año 1855 se abrió la carretera de Vitoria, hasta donde empezaba la jurisdicción de Álava, en Artómaña, para dar trabajo a los jornaleros que quedaron en la miseria a causa del cólera. En dicho año la Diputación abona al ayuntamiento de Orduña, una cantidad anual con el nombre de “subvención del camino de Vitoria a Orduña”.
En dicho año la Diputación abona al ayuntamiento de Orduña, una cantidad anual con el nombre de “subvención del camino de Vitoria a Orduña”.
El 3 de noviembre de 1958 el ayuntamiento de Tertanga solicita permiso para el paso del ramal de otra carretera que va a construir, por una finca del ayuntamiento de Orduña, en el término de Las Bandas. El ayuntamiento de Orduña, accede. Esta carretera es la actual de acceso al pueblo de Tertanga. Este permiso le es concedido eñ 6 de julio de 1960.
Cada aldea, hoy día, tiene su propia carretera local que confluyen en otras vías más importantes, como son las carreteras generales Bilbao-Pancorbo y Orduña-Vitoria, y algunas más locales que comunican algunas aldeas entre sí. .
El ferrocarril Bilbao-Miranda transcurre por su territorio, con una sola vía, teniendo una estación en Artómaña, que se suele usar como nudo viario en el tramo Artómaña- Izarra, aunque no admite pasajeros.
8.7. Instalaciones deportivas: las boleras
Las únicas instalaciones deportivas conocidas son las boleras o bolatokis[8], que han existido o existen, y algún frontón de pelota vasca. En la actualidad, 2023, Tertanga es la única aldea que tiene bolatoki, pero también existieron en tiempos no muy lejanos en las demás aldeas. Delika: hacia el año 1970 existían tres bolatokis de remonte. El municipal, al aire libre, estaba situado en la plaza del pueblo y el suelo era de arcilla. Existía otro, privado, cubierto y suelo de arcilla, en el antiguo bar de la familia Uzquiano, y otro también cubierto y privado, en el bar de la familia Loyo. El suelo era de madera. Artomaña: existió uno, municipal, en la zona situada frente a la iglesia. Aloria: hubo uno, municipal, situado en la zona de la casa de Laña. Era descubierto y estaba situada en frente de la fuente o lavadero. Estuvo hasta los años 1960. Tertanga: hubo uno en la plaza situada frente a la casa de los Oqueranza. Posteriormente se hizo el actual que es cubierto.
8.8.- Fiestas: Aloria: la fiesta principal es el día 24 de agosto, San Bartolomé. También suelen hacer fiesta el día 9 de mayo, en que acuden al Santuario de la Virgen de la Antigua, en Orduña, en procesión, desde la ermita del Buen Suceso, con los demás vecinos del Valle de Arrastaria. Artómaña: la fiesta principal es el día 23de abril, San Jorge. También suelen hacer fiesta el día 9 de mayo, en que acuden al Santuario de la Virgen de la Antigua, en Orduña, en procesión, desde la ermita del Buen Suceso, con los demás vecinos del Valle de Arrastaria. Délica: la fiesta principal es el día 28 de junio, San Pedro. También suelen hacer fiesta el día 9 de mayo, en que acuden al Santuario de la Virgen de la Antigua, en Orduña, en procesión, desde la ermita del Buen Suceso, con los demás vecinos del Valle de Arrastaria. Antiguamente, la fiesta principal era el día 15 de agosto, Nuestra Señora La Virgen. Tertanga: la fiesta principal es el día 10 de julio, San Cristóbal. También suelen hacer fiesta el día 9 de mayo, en que acuden al Santuario de la Virgen de la Antigua, en Orduña, en procesión, desde la ermita del Buen Suceso, con los demás vecinos del Valle de Arrastaria.
[1]Parte del trazado de estas vías las aprovechó, años más tarde, la empresa que regentaba “La Cerámica”, que se instaló en unos terrenos cercanos a las instalaciones fabriles de la yesera.
[2] Esta instalación, a diferencia de la de Uría, utilizaba para la cocción del mineral hornos eléctricos.
[3] Además de esta yesera de Basaldúa existía la de Luciano Uría y Torre ubicada (la fábrica) al final del Paseo de la Antigua.
[4]El trabajo de “guía de la Peña”, según documento de 1506, lo sacaba a renta, cada año, el ayuntamiento de Orduña, quedándose con el mismo el vecino que más dinero y mejores condiciones ofertaba en la puja. El mismo se obligaba a contratar a 3 vecinos como ayudantes, uno que portara la ballesta y dos que portaran lanzas. Previo pago de una cantidad estipulada de dinero, tanto por personas como por mercancías, el guía tenía la obligación de acompañar y defender a arrieros y caminantes, en caso de asalto de malhechores, desde la ermita de Santa Lucía hasta el monasterio de Corcuera (en Luna), ya en el valle de Kuartango, después de atravesar el monte Santiago y de pasar junto al nacimiento del río Nervión en Urita. Los vecinos de Orduña, Villalba de Losa y Berberana estaban exentos de pagar el peaje, así como los frailes que iban en peregrinación a Santiago de Compostela.
[5]Para la gente nacida en Orduña, la inmensa cortina de piedra que se yergue al Sur de la ciudad, es conocida como la Peña. Con el tiempo se empezará a distinguir entre la Peña Vieja y la Peña Nueva. Según algunos autores, en este caso Salvador Velilla, la Peña Vieja correspondería al boquete donde el actual puerto de Orduña se abre camino hacia Castilla y que en los escritos aparece denominado como Peña de San Bartolomé, es decir que sería la llamada Peña Vieja, hoy en día Puerto de Orduña. De modo que se comenzó a conocer como Peña Vieja a aquella zona de la peña en que primeramente se había abierto paso hacia las tierras de Castilla, y como Peña Nueva a la zona de la peña que se había abierto camino posteriormente (Goldetxo).
[6]Puede verse los avatares de este asunto en www.ezagutuurduna.net
[7]La autorización es del 5 de junio de 1765. Básico es el excelente trabajo de Mª Ángeles Larrea “Los caminos de Vizcaya en la segunda mitad del siglo XVIII” LGEV, 1974, Apéndice II.
[8]Descripción del “juego de bolos” o “bolatoki” en Ruzabal: Calva: es picar la bola en tierra por delante de las tablas. La tirada sería 0 bolos o tirada nula. Morra: es la jugada en la que la bola no llega al madero de la parte final del carrejo. Equivale a 0 bolos o tirada nula. Campa: es cuando la bola pasa por fuera de los bolos, entre el remonte y una de las manos, sin tocar ninguno, por lo que sería 0 bolos o tirada nula. Calle: es cuando la bola pasa por el medio de los bolos, sin tirar ninguno y llega al madero del fondo; cuenta como un bolo y los que tire en la bajada. Tirada a medio: es el inicio del juego, cuando todos los bolos están plantados con el “txiki” en medio. Muda: es cuando los participantes han tirado a medio y uno saca ventaja al otro, por ejemplo, si uno tira a medio 8 bolos y otro tira 9 bolos, el de 8 bolos tiene que “mudar” el “txiki”. Bolo muerto: es cuando el viento tira un bolo o se cae por mal plantado, sin que le toque ni la bola ni los bolos que tira la bola, por lo que no se sumaría. Jugada máxima: denominada la “jugada de chepa”, que consiste una tirada en “muda”, en la que la bola sube “calle” y da al “txiki”, y en la bajada tira los 9 bolos grandes, sumando 14 bolos de tirada, ya que al subir el bolo pequeño más “calle”, sumarían 5. Zarrazina: jugada que consiste en una “muda” de mano, en la que se tira, templando los bolos cuando los planta, sin que el culo del bolo no se salga del “cas” de la losa, inclinando los bolos hacia fuera, echando un poco de arcilla en el “cas”, para que tomen cierta inclinación, sin que se caigan, para cuando tire esos bolos “birlar” y tiren toda la jugada para arriba, sin tener bolos en la bajada, que serían los 13 bolos tirados hacia arriba. Obtención de un juego: para obtener un juego, había que ganar en la suma de la “tirada a medio” y de 2 “mudas”, y para ganar la partida había que ganar 3 o 4 juegos, dependiendo de cómo se haya quedado de acuerdo entre las partes o parejas, pero casi siempre, el que ganaba daba la revancha.