Algunas referencias al acopio del cereal
Algunas referencias al acopio del cereal
Antes de exponer y enumerar las referencias que ADRAtan Kultur Taldea ha recopilado acerca de la recolección del cereal y acopio del mismo en el valle de Orduña, Arrastaria, Junta de Ruzabal y otras aldeas de su entorno, es necesario, realizar un esfuerzo mental para situarnos en la época en la cual se desarrollaban estas labores agrarias.
La actividad agro-pecuaria, ha sido durante siglos el único medio de subsistencia del ser humano, y por tanto su principal preocupación. La tierra constituía el bien más preciado, pues de ella se extraía y extraen, los productos necesarios para la alimentación familiar y la de los ganados a su cargo.
Nuestro valle no fue una excepción, y hasta la aparición de las primeras naves industriales asentadas en Orduña a mediados del siglo XX, este valle era una frondosa y fértil vega agrícola, en donde se cultivaba todo tipo de productos hortícola, leguminosas y cereales, tales como el trigo, la cebada, avena, centeno, maíz, y la vid.
El mantenimiento y atención a esta actividad agrícola-ganadera corría a cargo de los miembros de una misma familia, sin distinción de sexo ni edad, distribuyéndose cada una de las funciones, de acuerdo a la importancia del trabajo y las posibilidades del que las realizase.
Pese a existir una responsabilidad común en el mantenimiento del caserío, normalmente las mujeres constituían el eslabón fuerte de la familia y sobre ellas, recaía el cuidado de la casa y la atención de los animales domésticos, gallinas, conejos, cerdos, y también el cuidado de la huerta. Los hijos menores, se encargaban del apacentado de los ganados en los prados, y el cabeza de familia y los hijos mayores, el labrado y cultivo de los campos.
Aun teniendo en cuenta esta distribución de funciones reseñada, era en la época de la “recolección de los cereales”, en donde se hacía necesaria la participación de todos los miembros de la familia en esta labor, dada la complejidad de la misma.
Los trabajos de recolección del cereal se pueden resumir en los procesos siguientes:
Siega de la mies.
Recogida de la mies segada agrupando “gavillas” y atado de “haces”.
Agrupación de “haces”, formando “hacinas” en la misma parcela.
Acarreo de la “mies” desde la parcela a la era.
Preparación de mantas, sacos y útiles necesarios para la recogida de la paja y el grano.
Trilla propiamente dicha. (separación del grano de la paja y el tamo).
Acarreo de ambos productos, desde la era hasta la vivienda familiar,
Siempre y de acuerdo al estado de maduración del grano, la recolección del cereal, (trigo, cebada, avena, o centeno) era realizada entre los meses de julio y agosto.
La siega.
Antiguamente, para la siega de los cereales se utilizaba la “hoz” como herramienta de corte. (Hoja metálica afilada con forma de arco con mango).
Con la mano izquierda, y a ras de suelo, el segador abrazaba la caña del cereal formando un manojo, y seguidamente con la mano derecha portadora de una “hoz”, realizaba el corte de la planta, depositando los sucesivos manojos cortados sobre el suelo, para su posterior atado y engavillado. La labor de atado, engavillado, y espigado, la realizaban las mujeres.
Aunque esta modalidad de siega con hoz, fue practicada en nuestro valle, no tenemos referencias ciertas del momento en que dejo de usarse dicha herramienta en estas labores, al ser sustituida en este cometido por la “guadaña” o “dallo”.
La “guadaña” o “dallo” al igual que la “hoz”, está formada por una pieza metálica y afilada de 50/70 cm. de largo por 10/12 cm. de anchura, que hace las veces de cuchilla, cuyos extremos, uno termina en punta, y el otro dispone de un apéndice sobre el que se acopla un mango largo de madera, el cual dispone de dos empuñaduras, una en el centro del mango, para ser asido con la mano izquierda, y el otro en el extremo superior, para asir la mano derecha.
Sobre este mismo mango, y a una distancia de la cuchilla de 15 cm., se disponían un par de varillas metálicas, con arco similar al de la curvatura de la cuchilla y separadas entre ellas 15/20 cm, las cuales hacían las veces de peine. De manera que, con el mismo impulso de brazada de siega, este peine, empujaba al mismo tiempo la mies cortada y la depositaba ordenadamente sobre el suelo.
La característica principal de la “guadaña” radica en la mayor longitud del mango y de la cuchilla. Estos permiten, que, sujetando el mango con las dos manos, y llevando esta cuchilla de mayor dimensión a ras de suelo, permitía al segador trabajar a cuerpo erguido, dando brazadas de derecha a izquierda, y abarcando una superficie de segado entre 1’5/ 2 m. de anchura. De esta manera, un buen segador era capaz de segar entre 30/40 áreas diarias.
La cantidad de cereal cortado en cada brazada se le denominaba “gavilla”, y estas iban quedando ordenadas en el suelo formando calles con las espigas en una misma dirección.
El engavillado y el hacinado
Esta operación consistía en, ir agrupando varias “gavillas” para dar forma a otro conjunto más abultado y manejable denominado “haz”, de manera que, una vez formado y atado el haz, resultase más cómoda su manipulación tanto en el hacinado, el transporte, o durante las labores de trilla. Para realizar las mujeres los “haces”, una de ellas, se encargaban de ir agrupando las “gavillas” suficientes como para completar un haz de contorno aproximado a los 30/40 cm.
Detrás de esta, le seguía otra que procedía al atado de los “haces” que había formado la anterior. Para el atado de los “haces”, se utilizaba la propia caña del cereal, con la cual, y mediante la unión de dos tramos de un indeterminado número de hebras de esta caña, y previamente unidos por el lado de las espigas, se conseguía los llamados “vencejos” o “madeja” de caña del cereal, con largura suficiente para circundar y atar el contorno de los “haces”.
Una vez atados los “haces”, se procedía a agruparlos en “hacinas” o “cargas”, formadas estas por 24 “haces” puestos de pie formando un circulo (con las espigas hacia arriba), siendo a su vez estas cubiertas a modo de tejado por otros 6 “haces” en posición inversa (con las espigas hacia abajo), para facilitar un posible escurrido en caso de lluvia fortuita. Para la recogida de las “gavillas” eran utilizados unos manguitos para proteger los brazos de arañazos y pinchazos.
Una vez agrupada la mies en “cargas”, se podía considerar que la labor de la siega había concluido, pero no era así. Faltaba hacer un “espigueo” en toda la parcela, para recoger las espigas que habían quedado caídas y esparcidas por el suelo durante las labores de siega y atado.
Hasta no ser realizado el “espigueo” y ser retiradas las “hacinas” de la parcela, no se permitía la entrada de ningún tipo de ganado a pastar en ella, siendo sancionado con la multa correspondiente.
Durante varios días, las “cargas o hacinas” permanecían en la finca, siendo estas retiradas la víspera de la fecha asignada para realizar la trilla. Ese día, la mies recogida en las distintas parcelas eran transportadas en carros tirado por bueyes hasta la era, en donde se volvían a apilar en enormes “hacinas”, dispuestas para iniciar la trilla, tan pronto como hubiese acabado el turno precedente.
Con el paso del tiempo y gracias a la inventiva humana, fueron surgiendo otros instrumentos y máquinas que desplazarían a la “guadaña” en estas labores de la siega. Estas máquinas, dadas sus características, necesitaban el concurso de una fuerza bruta para realizar su cometido, normalmente se solía emplear una pareja de bueyes para su arrastre.
La denominada “guadañadora” era una segadora de tipo ligero y sin mucha complicación. Disponía únicamente de un sistema de engranajes para mover el peine de las cuchillas de corte, y estaba dotado de un asiento para transportar a una persona, la cual, provista con un rastrillo, iba formando a su criterio el tamaño de las “gavillas” a medida que el cereal era cortado.
La denominada “agavilladora” era más completa que la anterior, pues segaba el cereal y ella misma formaba las “gavillas” al tamaño deseado. La denominada “segadora atadora” era de tecnología más avanzada, ya que, además, de segar el cereal, formaba la gavilla, la ataba y la deposita en el suelo mientras continuaba trabajando. Esta última, dado a su peso, requería dos parejas de bueyes para su arrastre.
Estas máquinas ya eran utilizadas desde 1880 en el Reino Unido, Alemania, y Estados Unidos de América, no haciendo su aparición en el valle de Orduña hasta los años 1930.
La fábrica de maquinaria agrícola Casa Ajuria S.A. de Vitoria-Gasteiz, fue la principal abastecedora de maquinaria agrícola de nuestra comarca.
La trilla
Antiguamente la trilla, se realizaba en un espacio anejo al mismo caserío denominado “era”. Prácticamente todos los caseríos disponían de su propia era.
Las “eras” solían considerarse como la antesala del caserío. Era el lugar en donde se realizaban diversas labores relacionadas con la recolección de las diferentes cosechas que se daban en el transcurso del año, y también como lugar de encuentro en las fiestas familiares y locales.
Las dimensiones de las eras, estaban condicionadas al espacio de terreno disponible junto al caserío, no tenían medidas concretas.
Normalmente su figura podía representar una circunferencia de 10/15m. de diámetro. Su piso, era de tierra apelmazada totalmente liso. Algunas, disponían de una cerca o muro de protección.
Eran estos espacios, en donde nuestros antepasados realizaban la labor más esperada del año: La trilla, o recolección del cereal. La cual consiste en separar el grano de la paja y del tamo, para posteriormente guardarlo en los graneros.
Para proceder a la trilla, el primer paso a dar, es el acarreo de la mies desde las parcelas hasta la era.
Una vez allí, la siguiente operación consiste en la correcta colocación de los haces sobre ella. Para ello, se tomaba como referencia el centro de esta, y a partir de él, se iban colocando los “haces” uno tras otro, con las espigas hacia dentro, formando sucesivos círculos concéntricos, hasta llegar a ocupar todo el espacio de la era.
Posteriormente con una hoz, se procedía a cortar los “vencejos” (atadura vegetal) con los que estaban amarrados, permitiendo de esta forma, que el cereal quedase suelto y extendido sobre el suelo de la era.
Seguidamente, con la intervención de algunas caballerías debidamente dirigidas con un ramal desde el centro de la era, se les hacía trotar varias horas sobre la mies extendida, con el fin de hacer desprender el grano de las espigas. Cuando se consideraba conveniente, se retiraban las caballerías y se daba paso al trillo.
El “trillo” es un artilugio de madera de forma trapezoidal con unas dimensiones aproximadas de 2m. largo x 1´5m. de ancho, en cuya parte anterior, muestra un frente curvado (a semejanza de un esquí) de unos 10cm de altura, el cual facilitaba el deslizamiento del trillo sobre la “parva”.
En su parte inferior y debidamente alineadas en filas, este artilugio llevaba incrustadas en su madera una infinidad de fragmentos de pedernal de filo cortante, alternando estos con otra serie de cuchillas afiladas de acero, las cuales, pasando sobre la “parva” cortaban y separaban la paja del grano. Este trillo era arrastrado por una pareja de ganado bovino, motivo por el cual, disponía de una vara de tiro, que a veces era reemplazada por unas cadenas.
Al iniciar el trabajo con el trillo, se colocaba sobre el mismo, un taburete, o un cesto vuelto, en donde poder ir sentada la persona que dirigía las maniobras del ganado de tiro. También se cargaba sobre el trillo un contrapeso, con el fin de hacer más persistente la acción de las cuchillas sobre la paja. No faltaba tampoco sobre el trillo, una pala y un cubo, cuya misión era la de recoger “sobre la marcha” las boñigas de los animales de tiro y evitar que cayesen sobre la “parva”.
Dispuesto de esta forma el trillo, se procedía a su deslizamiento sobre la mies tendida en la era de forma persistente y constante, hasta lograr un eficaz desgrane de las espigas y un aceptable corte de la paja.
Durante este proceso de trilla, era necesario cada cierto tiempo, dar un volteo con las “horcas” a la mies, para cambiarla de posición y situarla en la zona de influencia de las cuchillas del trillo.
Normalmente la labor de trillado se prolongaba durante uno o dos días, y era la labor más aceptada por los pequeños de la casa o del barrio, ya que la rotación interminable de los trillos sobre la paja y la posibilidad de montarse en ellos, les suponía un motivo de relajación y diversión.
Selección del producto de la trilla
Una vez terminado el proceso de trillado, se procede a la separación de sus componentes.
Para ello es necesaria la utilización de las herramientas de labor siguientes:
Horcas.- (de dos, tres, y cuatro dientes) Para la separación de la paja)
Turrutelo.- (especie de pala-rastrillo de madera ) . Para recoger el grano
Cedazos.- Para aventar el grano al aire y eliminar el tamo.
Mantas.- Para recoger la paja y llevarla al pajar o “payo”.
– Sacos.- Para guardar el trigo, cebada, avena, etc.
Escobas de brezo.- Para labores complementarias.
La primera operación era la separación de la paja, la cual era extraída de la “era” con las “horcas”. La disposición de los dientes de la “horca” permitían, atrapar con facilidad hasta la más pequeña brizna de paja, y a la vez, facilitaban, el desprendimiento de los granos de cereal que pudiesen estar mezclados en ella.
La paja retirada, era depositada sobre grandes mantas de tela de saco, las cuales, eran atadas entrelazando sus cuatro puntas, para posteriormente ser transportadas y almacenadas en el “payo” o pajar.
Una vez retirada la paja, quedaban a la vista los granos del cereal mezclado con el “tamo” (pelusas, cáscaras, y ramplas de las espigas).
Por tanto, nuevamente procedía el hacerse una nueva separación del grano y el “tamo”.
Esta operación se llamaba “aventado”, esto es, valerse del aire para conseguir la separación de ambos.
Con el “turrutelo” se agrupaba el conjunto del “grano-tamo” en una pila, y en un lugar próximo a esta, aprovechándose de la brisa, se volteaba éste al aire, y por efecto de la brisa existente, al ser el grano más pesado, caía directamente al suelo, mientras que el tamo, al ser más ligero, era arrastrado por el aire a otro lugar más distante.
Normalmente la operación de “aventado” había que realizarse varias veces, hasta conseguir una limpieza total del grano. En cuya ocasión, se utilizaba el “cedazo”.
Una vez separado el grano, se procedía a su cotejo con el medidor de áridos denominado “celemín”, a fin de determinar el resultado de la cosecha antes de ser introducido en sacos para su traslado al granero.
Igualmente era recogido el tamo, el cual era empleado para las camas del ganado.
La labor de “aventado” se vio gratamente aliviada tras la aparición de una maquina específica para esta operación llamada “aventadora”.
Esta máquina, estaba dotada de una serie de cribas superpuestas y en movimiento permanente, las cuales coincidían con la boca de un compartimiento que alojaba en su interior un rotor provisto de aletas. Con el aire producido por estas aletas, se conseguía la separación de la paja del grano.
La carga de esta máquina se efectuaba manualmente a través de una amplia tolva situada en la parte superior de esta. La salida de la paja lo hacía por una ventana situada en el frente opuesto al ventilador. Y el grano era recogido en sacos a través de unas bocas de salida situadas en uno de sus laterales, coincidentes con la posición de las cribas. El funcionamiento de esta máquina era manual, haciendo girar un voluminoso manubrio.
Este tipo de máquinas ya fueron fabricadas en Orduña a finales del siglo XIX, y su construcción era totalmente de madera.
Muchos años después, entre 1940/1970, una nueva firma local orduñesa denominada “La Vizcaína” la cual fue regentada por el Sr. Dn. José De Miguel, perfeccionó el mecanismo de este tipo de máquinas, incorporando el motor eléctrico para su funcionamiento, logrando con él, triplicar la capacidad productiva de esta máquina. Los productos de esta fábrica no solamente fueron utilizados por los agricultores de la comarca, sino que su mayor producción era absorbida por agricultores de las distintas comarcas de Castilla-León.
Como se ha podido entender, esta máquina fue solamente un complemento en las labores de la trilla, pues solamente se limitaba a limpiar el grano conseguido en la misma, no teniendo nada que ver, con el desgranado de las espigas y la transformación de la caña del cereal en paja.
Pero afortunadamente, al igual que ocurrió con la siega, del mismo modo, la capacidad creativa humana ideó otra máquina que dio una solución completa a todo el proceso de la trilla.
Esta nueva máquina denominada “trilladora” era de grandes dimensiones y estaba movida a través de largas correas e impulsadas por un enorme y ruidoso motor de gasolina.
Para los desplazamientos de la máquina, era necesario el concurso de una buena pareja de bueyes. La máquina estaba dotada de una cinta transportadora para la introducción de los “haces”. Al aproximarse éstos a la boca de la máquina, eran atrapados por unos brazos mecánicos que los golpeaban para desprender el grano de la espiga, al mismo tiempo que les introducían en un compartimiento de cuchillas en movimiento, en donde la caña del cereal era cortada y convertida en paja.
Un juego de cribas de diferentes calibres en movimiento, eran las encargadas de separar y seleccionar el grano, la paja, y el tamo, siendo posteriormente dirigido cada uno de estos elementos, a su boca de salida correspondiente.
Para la recogida del grano, la maquina disponía de dos o tres bocas con un dispositivo de cierre en uno de los costados de la máquina, lugar en donde se fijaban los sacos, los cuales eran repuestos por otros, a medida que estos se iban llenando.
Tanto la paja como el tamo, eran desalojados de la maquina a través de una amplia abertura en su parte posterior, y situada a un metro del suelo. En este espacio, se colocaban un número indeterminado de mantas de tela-saco superpuestas una sobre otra, sobre las que caía la paja.
A medida en que se iban llenando, la manta era retirada, y la paja caía en la siguiente. Mientras tanto, un par de personas, ataba la manta llena retirada, entrelazando sus cuatro puntas y seguidamente las colocaban sobre un carro, para su posterior traslado al pajar.
El año 1933, un ejemplar de este tipo de máquina-trilladora fue adquirida por el Sindicato Agrícola de Orduña “Nuestra Señora de la Antigua” a la Casa Ajuria S. A. de Vitoria, con el fin de aliviar y facilitar las labores de la trilla a sus asociados. Esta máquina fue denominada “trilladora nº 0”.
Con la adquisición de esta revolucionaria máquina, los labradores orduñeses inexcusablemente se vieron obligados a modificar sus hábitos y normas mantenidas hasta ese momento, en lo tocante con la trilla.
Ya que, esta máquina era capaz por sí sola, de absorber en poco más de un mes, todas las labores de trilla de los labradores locales. Lo cual quería decir, que, no hacía falta tantas eras. Con una o dos, bastaba. Asimismo, precisaba, el crear un nuevo sistema de turno de trilla, en evitación de tiempos inactivos de funcionamiento de la máquina.
También había de asignarse personal competente para ejercer de responsable de la maquinaria y manejo de la misma, así como, establecer un calendario rotatorio para realizar los trabajos de acondicionamiento de la era.
Y por supuesto, se hizo necesario, asimismo, el establecimiento de una tarifa pecuniaria por utilización de la máquina.
El lugar para realizar la trilla, continuó siendo la era de Perín (hoy plaza de Juan de Garay) y la era del campo de San Juan (tras el Frontón Jai Alai) lugar en donde hasta entonces se realizaba la trilla con trillo. Para la confección de turnos de la trilla, se acordó realizarla anualmente por sorteo entre los socios del Sindicato, cuyo resultado, había de ser escrupulosamente respetado.
Se hace constar, que los trabajos de la trilla habían de realizarse sin interrupción alguna durante el día y la noche. De ahí la necesidad de tener que saber de antemano el turno que correspondía a cada cual, a fin de poder efectuar el acarreo de las mieses desde las fincas a la era, para dejarla hacinada próxima a la máquina y dispuesta para iniciar su turno, tan pronto como terminase el anterior usuario.
En cuanto a la tarifa por utilización de la máquina se establecieron dos tipos:
12cm. de peseta por kg recogido. Si se trillaba en la era sin mover la máquina.
17cm. de peseta por kg recogido. Si la máquina había sido desplazada a una era particular, caso de las aldeas y barrios.
Asimismo, hubieron de ser responsabilizados diferentes socios para la atención y mantenimientos de la maquinaria, así como para realizar los trabajos propios para el acondicionamiento de las eras, a los que se les gratificaba con 4 litros de vino por era.
Algunos años después, el Sindicato Agrícola adquiere otra trilladora de mayor tamaño, que fue denominada “trilladora 1”
Para la ubicación de esta máquina, se decidió fuesen las eras de Polanco (espacio hoy ocupado por el edificio del Sindicato Agrícola), al tiempo que la “trilladora 0” continuaría ubicándose en la era del campo de San Juan.
Cuando estas dos máquinas habían acabado con la trilla de Orduña, estas eran desplazadas a las aldeas del entorno, respetando el orden asignado en el sorteo y comenzando por el barrio de la Antigua, Cedelica, Arbieto, etc.
El desplazamiento de estas máquinas se hacía por medio de una o dos parejas de bueyes de acuerdo a la dificultad del camino y al volumen de las máquinas.
Cabe reseñar, la importancia que se le daba oficialmente a estos trabajos de recolección de la cosecha del cereal. Pues estando aún vigente en aquellas fechas la prohibición de realizar trabajos en día festivo. Para estos trabajos de recolección, se concedía dispensa para trabajar en domingos y festivos, excepto en las festividades de Santiago (25 de Julio) San Ignacio (31 de julio) y La Asunción (15 de agosto). Dichos días, habían de ser respetados.
Nota.- Las maquinas aquí descritas, pese a lo completas que se consideraban, fueron evolucionando con el tiempo y ofreciendo nuevas prestaciones, tales como el disponer de una gruesa tubería para el traslado de la paja directamente de la maquina al pajar.
Hoy en día, es tal el desarrollo conseguido en la maquinaria agrícola, que una sola máquina de última generación hace por sí sola y a la vez, todas las labores descritas anteriormente: realiza la siega, la trilla, recoge el grano, y empaca la paja.
Xabier de Egiluz Isusi
ADRAtan Kultur Elkartea