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Cronicas veraniegas (IV) (8 y 9 de agosto 2010)

Cronicas veraniegas (IV) (8 y 9 de agosto 2010)

Foru-Plaza2Amanece el Domingo un tanto tristón. Tras comprar el pan he subido a La Antigua. La vuelta ha sido cortita porque habí­a quedado con mi hermana a las 13:00. Más o menos a esa hora se ha presentado en casa y hemos salido a dar una vuelta. Mi madre ya volví­a a casa tras la misa de 12. Nos hemos tropezado con algunos conocidos (¡más bien de mi hermana!) en la plaza: Tito Murias (pariente), Pedrajas…. El comentario es el funeral de ayer que ha causado cierto impacto por la rapidez del desenlace. ¡Descanse en paz el amigo Rufino! Hemos entrado en una cafeterí­a y tomado un txacolí­ y un marianito. En el recinto hemos saludado al “hijo de Urí­a”. Mi padre trabajó durante muchos años en la cantera de yeso propiedad de su familia. Si no recuerdo mal su padre se llamaba Luciano. La parte exterior de la cantera todaví­a se observa desde la estación de RENFE. De la fábrica (ubicada poco antes del reciente puente sobre las ví­as) ya no queda ningún resto. Entre una y otra circulaba un “mini-tren” arrastrado por un sencillo tractor. ¡Buenos ratos pasé enredando por aquel entorno!

A las 14:30 hemos recogido a mi madre e ido a Délica. Allí­ hemos comido junto con mi sobrino ya que su padre (Txema) tení­a algún compromiso festivo. Buena comida y excelente sobremesa. Tanto mi hermana como mi sobrino (supongo que también Txema) están haciendo los últimos preparativos para el inicio de los estudios de grado que va a iniciar en breve en Seattle (EE.UU.). Creo que es una Ingenierí­a relacionada con “videojuegos” que promociona la Cámara de Comercio y que, por falta de alumnos, no se impartirá este curso en Bilbao. ¡Gran cambio en su vida!

A las 18:30 nos hemos venido a Orduña. Mi madre se ha quedado en la Plaza y yo me he bajado del coche al finalizar calle Bizkaia. Por “tras Santiago” (signo inequí­voco de una ramal peregrino), bordeando el buen lienzo de muralla que aun se conserva, he llegado a mi casa en tanto mi hermana ha proseguido hacia Amurrio. De paso me he traí­do una buena bolsa de pimientos.

Ya en casa, puesto cómodo, he visto un rato la televisión e introducido algunos datos en el ordenador. Mi madre ha llegado a las 22:00. Tras la cena y un rato de cháchara, nos hemos ido a la cama a eso de las 23.30. ¡Pasó el primer Domingo!

Un nuevo dí­a (9) que amanece no sólo cubierto sino con alguna amenaza de lluvia. A eso de las 10 he ido a la huerta y abierta la llave de riego. En el camino me he encontrado con Santocildes (amigo de la infancia y, ambos, del difunto Rufino). Todos los recuerdos de mi infancia están, de alguna manera, ligados a estas personas que viví­an en la calle de mis abuelos (Kantarranas). Al poco rato se ha acercado el “amigo” Pedrajas para interesarse por el agua de los bidones, etc… Hemos charlado un rato sobre diferentes asuntos. He recogido algunas “cosas” de la huerta, cerrado la caseta y abierta el agua. Con una cierta prisa me he encaminado a Cedélica. Hoy es San Román y, por ello, la fiesta de esta pequeña aldea ubicada a la entrada del valle. He subido por el camino asfaltado de Getxa que, tras una rampa en zeta, conecta con la carretera. Los cohetes tienen a los ya de por sí­ ladradores perros bastante asustados. Creo que, a la Misa, ha asistido un poco más gente que el año pasado. Una fiesta simpática que tendrá su colofón a la tarde en la Calle Orruño. Hablar de Cedélica es recordar a mi padre que, junto a otros amigos, restauró en los años cincuenta, la ermita (antigua Parroquia rural) subiendo los materiales en burro porque no sólo no habí­a, entonces, carretera sino tan siquiera un camino amplio. Lo recuerdo muy bien porque siendo niño subí­ con Don Pedro (el Párroco) a recoger un cadáver con la cruz al hombro. Bajamos hasta Getxa, donde estaba esperando la gente. Posiblemente esta sea una de las aldeas más antiguas del valle dada su ubicación. De hecho, en las proximidades de Santa Cristina (hoy sólo un caserí­o semiabandonado) está localizado un poblado celta.

Tras charlar un rato con algunos conocidos he descendido por el mismo lugar. Me he acercado a la huerta y recogido lo dejado en la caseta. Como tení­a tiempo he leí­do un buen rato el segundo de los libros. A las 14:20 he llegado a casa.  

La tarde ha sido un tanto anómala porque he salido a dar una vuelta a las 16:15. Poco más tarde llega a casa una señora para hacer un poco de limpieza extraordinaria. De este modo, dejo libre la casa. Con el libro a cuestas he ido por detrás de Santa Clara y dando un buen rodeo, leyendo, he pasado por la huerta y cerrado el riego. Estaba en casa a las 19:15. Continúo mi trabajo acerca de Barakaldo. Veo algún Informativo. A las 22:05 llega mi madre. Me comenta lo bien que ha estado la fiesta de San Román. También que han pasado por casa mi hermana y su marido. Cena sencilla, un rato de charla y  a las 23:45 a la cama. Con este tiempo se duerme de maravilla o, al menos, se descansa. ¡Mañana será otro dí­a!

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