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Preparando Otxomayo

Preparando Otxomayo

Ivan FandiñoDel Domingo, Dí­a 2 de mayo.

Tomado de ABC.

Toda la vida, en Madrid, una gran estocada ha valido una oreja, si se ejecuta como mandan los cánones y la muerte es espectacular.

Así­ consigue la oreja del quinto Iván Fandiño: el momento culminante de la tarde. Ha sido el único toro que se ha movido un poco y le ha permitido ligar algunas series con gusto. Pronto se acaba, embiste con la cara alta. El diestro se perfila, juega bien la mano izquierda, se vuelca y sale trompicado: el toro cae rápidamente y la petición es unánime.

Los otros cinco toros de Guardiola han estado cortados por el mismo patrón: bien presentados, astifinos, salen con alegrí­a, pero se apagan en varas y se quedan muy cortos, en la muleta; en seguida, se paran por completo. «No se puede torear a los toros de Guisando», decí­an certeramente los castizos.

Con esos toros, Eduardo Gallo está simplemente correcto, no transmite ilusión: demasiado poco para venir a Madrid, en su situación.

David Mora está valiente de verdad y con buenas maneras, sufre varias volteretas y se justifica. No mata bien.

Mi amigo Alfredito Corrochano asombró en Madrid con una larga serie de naturales. í‰l me lo explicaba: «Es que no me podí­a ir, el toro no paraba. Ahora, en cambio, tienes que gritar ¡je! siete veces para que el toro embista. Es la diferencia del toreo de antes al de hoy». Lo he recordado esta tarde.

También me he acordado de la preciosa estocada de Benlliure, «La estocada de la tarde», por una que dio Machaquito: a punto de rodar, el toro luce en el asta el adorno de la pechera del diestro… Iván Fandiño nos ha hecho vivir hoy un momento semejante: la hora de la verdad y la verdad del toreo.

Tomado de LA RAZí“N

Entró a matar Fandiño al quinto como si se le fuera la vida. No miró por su integridad, arrojó valor a raudales y se fue derecho al toro, sin buscar salida ni escape ni refugio. Y le pudo salir caro. Al mismo tiempo que hundí­a el acero a fuego se hartaba el toro de él. Vuelta en el aire seca, violenta. Brutal. Pareció sonar la caí­da en esos tendidos semi despoblados y calentó más esa oreja, que habí­a fraguado desde que el toro abandonó la puerta de chiqueros. Fue el único astado que ofreció opciones de la tarde y con esa estocada rodó  el animal en décimas de segundo. El torero vasco le habí­a buscado las vueltas y con el capote firmó verónicas con cadencia y sabor. No digamos una media para dejar al toro en el caballo. Quiso el astado embestir con más casta que toda la corrida de Guardiola Fantoni junta. Y encontró seriedad y solvencia en la muleta de Fandiño, que se entretuvo en el toreo asentado, dando sentido a las nobles embestidas del burel.

No se volvió a repetir en toda la tarde. El remiendo de corrida que saltó al ruedo de Guardiola Fantoni (vino a sustituir a la Adelaida Rodrí­guez, que le echaron para atrás) fueron toros de foto. Nada más. A ninguno le dio por embestir y agonizaron siempre en esa lí­nea donde la falta de casta se convierte en un problema para el toreo.

Ya lo vivió Fandiño en el segundo, que acudí­a a la muleta del torero vasco con el ánimo de quitarse el trapo de en medio sin más. Fandiño anduvo despejado en el camino de la voluntad.

1 comentario

  1. soraya

    goraa 8mayooo !

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