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Los ladrones dejan sin manto y corona a la Virgen de la Antigua de Orduña

Los ladrones dejan sin manto y corona a la Virgen de la Antigua de Orduña

asdAmparados por la oscuridad, la madrugada del martes los ladrones forzaron las históricas puertas de madera del santuario de la Antigua de Orduña para robar la corona y el manto de la Virgen, junto a la corona del niño y un crucifijo. «Creemos que vení­an a robar dinero y, al no encontrar nada, decidieron llevarse el manto y el resto de piezas», aseguró ayer el párroco de la ciudad, José Luis Rodrí­guez. «Estaban todos los papeles por el suelo y los cajones abiertos», añadió. La Ertzaintza ya ha abierto diligencias para esclarecer los hechos y, según fuentes de la investigación, analizado el modo de ejecución del robo «se sospecha de un grupo de delincuentes habituales en la zona».

La primera persona que se percató del robo a las 9.30 horas fue la señora que se encarga de abrir y cuidar el santuario. Avisó al párroco, que acudió rápidamente y se encontró el interior del templo «muy revuelto», especialmente la sacristí­a, que se encuentra cerca de la imagen de la Antigua. Instantes después se percató de lo robado entre lamentos por el estropicio montado para el reducido beneficio que obtendrán los ladrones. «Se han llevado piezas con un gran valor sentimental, pero de muy poco dinero», desvelaba el párroco, que aclaró que «la corona original y el manto de gran valor, reservado para las grandes ocasiones, están custodiados en el Museo Diocesano de ílava».

El manto sustraí­do, el de color verde, «es uno de los menos valiosos» de la colección de capas que, de forma aleatoria, colocan a la Virgen a lo largo del año. El sacedorte insistió en que, para él, los cacos sólo querí­an efectivo, pues se dejaron «piezas de plata más valiosas que lo que se han llevado». En cualquier caso, el religioso reconoció que la decisión adoptada por la Diócesis de Vitoria de sustituir las piezas originales por otras de menor valor en previsión de robos como éste fue todo un acierto.

En estos momentos, la santa está sin su manto, ya que las únicas personas que pueden vestirla son las “˜Camareras’, un grupo de mujeres orduñesas que se encargan de hacer este trabajo en exclusiva. De hecho, es muy raro poder ver la estatua sin sus prendas, ya que este grupo de mujeres nunca permite que se exponga «desnuda». Solo ellas pueden verla así­. El manto verde desaparecido era un regalo que entre 1939 y 1940 hicieron los requetés orduñeses a la Antigua y que está bordado en hilo de plata sobre terciopelo de color verde.La corona auténtica, por su parte, está considerada de «alta protección», ya que está valorada en cerca de medio millón de euros. Por ello, solo vuelve a Orduña una vez al año: el 8 de mayo, la principal fiesta local. Entonces la trae la Policí­a foral de ílava, que la custodia desde Vitoria y la vigila durante todo el tiempo que dura la romerí­a y la misa, para devolverla de inmediato a la capital alavesa. Sin embargo, ese dí­a tan importante para los orduñeses, este tesoro suele pasar inadvertido para muchos ya que realmente se ubica en una vitrina frente a la Virgen, que sobre su cabeza sigue manteniendo la réplica que robaron la madrugada del martes.

«Como la corona original tiene mucho peso y la madera de la santa está dañada por una enfermedad, durante los últimos años no se ha colocado la pieza original», explican los vecinos. La tiara fue creada en 1.931 por los orfebres del taller de Félix Granda en Madrid. Fabricada en plata bañada en dorado, incorpora diferentes piedras preciosas, perlas y esmaltes y fue custodiada durante muchos años por las Madres Carmelitas que residí­an en el convento anexo al santuario de La Antigua.

El traslado de las monjas en 2008 dejó el histórico edificio -uno de los más importantes del patrimonio local- vací­o y sin vigilancia. Por eso la Diócesis de Vitoria -responsable del convento- decidió hacerse cargo de la corona y de otras obras de arte que allí­ guardaban y trasladarlas a su Museo de Arte Sacro. Entre las reliquias orduñesas también hay varios crucifijos de marfil, una makila de mando donada por Alberto Alcocer, cálices y un trí­ptico flamenco de la Virgen con el Niño, Santa Catalina y Santa Bárbara del siglo XV.

Asier Andueza. Tomado de www.elcorreo.com

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