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Historia del cine en Orduña (III)

Historia del cine en Orduña (III)

ADRAtanLA CENSURA ECLESIASTICA

Fue una época un poco complicada para la Sociedad en materia de censura, pues era difí­cil hacer coincidir la Calificación Oficial de su programación, con la estricta censura que aplicaba la Iglesia Parroquial desde su tablón de anuncios. En este sentido, el criterio de la gerencia era claro, todas las pelí­culas vení­an provistas de su correspondiente Calificación Oficial, por la cual debí­a regirse la Sociedad Cinema Orduña, pero ocurrí­a que la censura de la Iglesia siempre era un grado mas estricta, lo que suponí­a que continuamente desde la Iglesia se pusiera en causa la moral de la Sociedad, lo cual a uno de los socios la causaba escrúpulos. Todo ello a pesar de que los socios de “motu propio”, en sus Estatutos, se habí­a comprometido a la observancia de la moralidad en su actividad; era inútil, se topaba con el Nacional-Catolicismo existente. Afortunadamente nunca llegó la sangre al rí­o.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA PRIMERA SALA

De la existencia de la primera sala de cine en Orduña, se podrí­an hacer varias consideraciones, unas positivas y otras no tanto:

La inauguración fue todo un acontecimiento público, pues al fin Orduña disponí­a de una sala de cine y los orduñeses respondí­an fielmente a dicha aspiración.

La sala adolecí­a de graves defectos: aforo reducido – nefasta disposición de las butacas desde el punto de vista de la seguridad, solo disponí­a de un pasillo lateral – carecí­a de sistema centralizado de calefacción, razón por la cual se colocaba una estufa en el pasillo de acceso a la sala, la cual aportaba escasas calorí­as y abundantes malos olores y a veces humos – la acústica no era muy buena, a pesar de haber recubierto las paredes verticales con placas de corcho para su insonorización.

A pesar de todo, estas deficiencias, quizás por la precariedad de le época, por ser la única alternativa de ocio o por la afición de los espectadores, fueron perfectamente aceptadas por el público, que acudí­a al cine de forma incondicional.

 ANECDOTAS CURIOSAS

Al terminar la función de las 10, se apagaba la luz de la sala desde la cabina y, debido a la hora avanzada del fin de la proyección, el operador y el acomodador se apresuraban a cerrar el cine. Una noche, a eso de las tres de la madrugada y cuando uno de los responsables del cine se encontraba en el mejor de sus sueños, el sereno llamó a su puerta para decirle que una persona estaba dentro del cine dando golpes a la puerta. Se trataba de un cliente habitual que se habí­a quedado dormido y al cerrar nadie se percató de su presencia.

A la citada función de las 10, habitualmente acudí­a una cuadrilla de veteranos que tení­an por costumbre la de, aprovechando los momentos de silencio o suspense de la pelí­cula, rasgar el silencio con un estruendoso pedo seguido de una sonora carcajada, lo cual provocaba las protestas del respetable y la desesperación del acomodador.

 SERVICIOS INTERNOS:

EL OPERADOR.- Puesto clave, pues de el dependí­a la proyección de la pelí­cula, y esforzado, pues debí­a superar el tedio que suponí­a el soportar tres proyecciones de una misma pelí­cula.

El primer operador del “Cinema Orduña” fue JESUS ROIZ DIEZ, hijo del socio Germán Roiz Aldama, el cual desapareció en el grave incendio en la madrugada del 30 de septiembre de 1952.

A su lado se inició en la especialidad, XABIER DE EGILUZ ISUSI, hijo del socio Jacinto Egiluz Ornes, el cual, a la desaparición de Jesús Roiz, se responsabilizó del puesto de operador hasta el cierre de la Sociedad.

También ejerció como Operador-Ayudante, durante muchos años, GERMíN ROIZ DIEZ, otro de los hijos de Germán.

Durante un tiempo colaboraron en la cabina de operador, los jóvenes Ricardo Tellerí­a Larrea y Javier Mendieta Zárate.

LA TAQUILLA.- Esporádicamente varios hijos de los dos socios, pasaron por la taquilla, sobre todo cuando era necesario abrir las dos taquilla, pero la persona que se mantuvo en el puesto hasta el última dí­a del cierre del cine, a fina les de 1985, fue ESTHER DE EGILUZ ISUSI, hija mayor de Jacinto.

PORTERO.-Las dificultades de este puesto solí­an evidenciarse cuando se concentraba ante la puerta gran cantidad de público intentando entrar, a las localidades no numeradas, en primera posición.

Otra de las dificultades se generaba cuando la pelí­cula era “solo para mayores de 18 años”. Los porteros recibí­an la presión derivada de las criticas existentes, por la discrepancia sobre la calificación que mantení­an los órganos parroquiales con la censura oficial, lo cual suponí­a que fuese el portero quien acabase siempre con la responsabilidad de dar la solución al problema.

EL ACOMODADOR.- Por esta función, pasaron alternativamente todos los hijos de los dos socios.

La mayor dificultad consistí­a en acomodar al público a través de la filas que solo tení­an entrada por el lado del pasillo, sobre todo a las parejas que ocupaban las dos últimas butacas contra la pared, conocidas popular y jocosamente como “las filas de los mancos”.

Durante la proyección se ubicaban, sentados en una silla, al lado de una columna de la sala, donde estaba instalado un pulsador desde el cual, haciendo sonar el timbre, comunicaban a la cabina cuando fallaba el sonido, aparecí­a “cuadro” en la pantalla o se apagaba la luz. Con ello se intentaba evitar los pataleos y silbidos con que estas anomalí­as eran recibidas por el público.

Realizado por Kepa de Egiluz para ADRAtan.

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