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Historia de Bizkaia

Historia de Bizkaia

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Prehistoria y Antigí¼edad

En Euskal Herria hay constancia de la presencia de seres humanos desde épocas muy remotas; los restos más antiguos hallados en Bizkaia son los del Bajo Paleolí­tico (~120.000-100.000 a.C.), que aparecieron en la cueva Arlanpe de Lemoa.

Los restos del Paleolí­tico Medio, correspondientes al hombre de Neanderthal, son más abundantes, entre ellos los de Axlor (Dima). En el Paleolí­tico Superior (hasta 9.000 años a.C.) el clima se enfrió; los seres humanos de entonces, del tipo Cro Magnon, se acercaron más al mar. En Bizkaia a las cuevas de Bolinkoba (Abadiño), Arenaza (Galdames), Atxeta (Forua), Santimamiñe (Kortezubi), Lumentxa (Lekeitio). Parece que esas gentes se dedicaban fundamentalmente a la caza.

En el Neolí­tico (~3500 a.C.), comenzó la ganaderí­a y poco a poco sustituyó a la caza. Se han encontrado restos de animales domésticos en muchas cuevas. Los ritos funerarios se desarrollaron en aquel tiempo. También son de aquella época los abundantes dólmenes de Euskal Herria. Los cromlech de Euskal Herria pertenecen a la Edad de los Metales (~2000 a.C.). Los grupos que vení­an de Europa Central, en la primera parte de la Edad del Hierro, llegaron atravesando los Pirineos (~900-500 a.C.).

En Bizkaia no han sido hallados muchos restos celtas, aunque sí­ en otros territorios de Euskal Herrian En la época de los romanos, en las Encartaciones viví­an los autrigones y entre los rí­os Nervión y Deba los caristios. En Bizkaia se han encontrado pocos restos arqueológicos romanos.

En la época de los visigodos las actuales Bizkaia y ílava, pertenecí­an a la provincia de Cantabria. Junto a la actual Vitoria se construyó una ciudad, después de que Leovigildo tuviera una batalla en las proximidades del Gorbea (581).

Edad Media

La primera referencia histórica documental de Bizkaia es de la crónica de Alfonso III el Magno de Asturias (883); a pesar de todo es de suponer que a partir de la mitad del siglo VIII se usaba ese nombre para denominar a ese territorio, ya que ese pasaje de la crónica se refiere a hechos de reyes astures anteriores.

Es difí­cil saber qué estatuto y naturaleza tení­an en tan oscuros tiempos de la Edad Media temprana los territorios que luego constituirí­an el Señorí­o de Bizkaia. Entonces, lo que se llamaba Bizkaia lo componí­an las tierras comprendidas entre los rí­os Ibaizabal y Deba, es decir, el núcleo de lo que hoy es Bizkaia. El Duranguesado, Orduña y las Encartaciones figuraban como realidades distintas.

Este espacio geográfico adquirió significado polí­tico desde finales del siglo X: las fuentes citan a un conde de Bizkaia que, según parece, estaba en la órbita del reino de Navarra. Lo que será el Señorí­o se está formando: al principio era un dominio jurisdiccional, con un jefe nombrado por el rey de Castilla o de Navarra, aunque este cargo quedara con el tiempo, como era habitual, en manos de una familia.

En el caso de Bizkaia, el cargo estuvo sobre todo en manos de dos familias en la Edad Media temprana: los Haro y los Ladrón. Hasta el siglo XIII estuvo bajo dos influencias polí­ticas: la de Navarra y la de Castilla. El Duranguesado era sin duda territorio del reino de Navarra y, en cambio, las Encartaciones estuvieron asociadas a los reinos cristianos orientales, sobre todo a Castilla. Desde comienzos del siglo XIII, sin embargo, Bizkaia estuvo bajo la influencia de la corona de Castilla. Parece que hasta entonces los territorios de Bizkaia tení­an una economí­a basada en la ganaderí­a, en la explotación forestal y, en menor medida, en la agricultura. Siendo relativamente pobre, parte de la población se vio obligada a emigrar, por ejemplo a los territorios conquistados en la pení­nsula Ibérica a los musulmanes. La organización social giraba en torno al parentesco.

Al principio las relaciones entre grupos humanos se basaban en la propiedad comunal de la tierra, pero a medida que fue avanzando la Alta Edad Media, se fue instaurando la propiedad familiar. Como consecuencia de ello, fueron formándose grupos o rangos sociales: en el superior los senniores, dueños de las tierras más importantes; los denominados milites y homines, vasallos de los anteriores, que seguramente eran hombres de armas; y, por fin, los collazos que cultivaban las tierras. Estos dependí­an de los anteriores y habí­a distintos niveles de dependencia.

Aunque se conoce poco de todo esto, se puede decir que se trataba de una sociedad feudal. El siglo XIII fue decisivo en la configuración histórica de Bizkaia. A principios de ese siglo Bizkaia se asoció definitivamente al reino de Castilla; este ví­nculo se estrechó totalmente en 1376, cuando el rey de Castilla (Juan I de Castilla) adquirió el tí­tulo de Señor de Bizkaia. Mantuvo la naturaleza de reino y los reyes de Castilla (y luego los de España) unieron a sus numerosos tí­tulos el de Señor de Bizkaia.

En esos siglos de la Edad Media, además, se unieron al Señorí­o el Duranguesado (1212), algunos pueblos de las Encartaciones (poco a poco; el último, Balmaseda, lo hizo al final del siglo XIV) y Orduña (definitivamente en el siglo XV).

Sin embargo, estos territorios conservaron sus instituciones y peculiaridades. En ese tiempo se fijó la estructura territorial de Bizkaia, puesto que se configuraron entonces las villas y las anteiglesias. La primera villa se fundó al final del siglo XII (Balmaseda, 1199), pero la mayorí­a obtuvieron sus cartas puebla a lo largo de los siglos XIII. y XIV (siete lo hicieron en el siglo XIII y trece en el siglo XIV). Por lo tanto, en comparación con el proceso de urbanización de los territorios próximos, el de Bizkaia (al igual que el de Gipuzkoa) fue tardí­o.

Esto era indicativo del retraso económico. La situación geopolí­tica de Bizkaia, entre los reinos de Navarra y de Castilla, no terminó de fijarse hasta el principio del siglo XIII.

Fundar una villa significaba que el rey o, como en el caso de Bizkaia, el señor concedí­a a un núcleo de población un fuero o conjunto de derechos. Normalmente, junto al fuero que regulaba la vida de la villa se le concedí­a un territorio y una serie de derechos o privilegios, por ejemplo el de organizar un mercado. Las villas eran espacios vinculados directamente al Señor de Bizkaia (y, por lo tanto, más tarde al rey); en cambio la Tierra Llana era territorio de influencia de los nobles y señores, estando ambos espacios separados por murallas.

Las villas de Bizkaia fueron fundándose por diversos motivos. Aunque no fue el único factor, las fundaciones de los siglos XIII y principios del XIV tuvieron que ver con el establecimiento de los puertos y las ví­as comerciales, o sea que fueron consecuencia del desarrollo del nuevo eje de comercio dirigido de la Pení­nsula Ibérica hacia el norte de Europa. Algunas del siglo XIV, no obstante, son consecuencia de la falta de seguridad originada por las guerras de banderizos: fueron una forma de proteger a sus habitantes.

Aunque todas las villas tení­an tendencia a convertirse en ciudades, todas no llegaron a desarrollar plenamente las actividades urbanas. Estos son los ejemplos y las fechas de ese proceso: Bermeo (1236), Orduña (1299), Durango (1290-1300), Bilbao (1300), Gernika (1376).

Frente a las ciudades se crearon las anteiglesias que estaban bajo la influencia de los linajes, es decir, las que formaban la Tierra Llana. Surgió la necesidad de delimitar los dos espacios, por lo que para la primera mitad del siglo XIV, los habitantes de las tierras no amuralladas se organizaron en anteiglesias

Al parecer esto indica que las villas no tuvieron suficiente fuerza como para dominar las tierras agrí­colas de sus alrededores. Por lo tanto, Bizkaia se convirtió en un territorio formado por villas y anteiglesias; sin embargo, el Duranguesado y las Encartaciones mantuvieron su organización municipal, sus peculiaridades e instituciones propias, como fueron las Asambleas de Gerediaga y Urrestieta.

En el siglo XIII se estaban estableciendo en Bizkaia nuevas estructuras económicas. La creación de las villas suponí­a el impulso de actividades como la pesca, el transporte y el comercio. Los productos que se exportaban de Castilla hacia Europa del norte (sobre todo lana) y muchos de los que se importaban de esos paí­ses hacia el interior de la pení­nsula Ibérica pasaban por Bizkaia y en aquella época los bizkainos se dedicaban básicamente al transporte. Los privilegios de tráfico concedidos a Bilbao se sitúan en este contexto. No obstante, junto a estos productos, los bizkainos comenzaron a explotar y exportar otro, que era el hierro.

Sobre todo basado en las minas de los alrededores de Somorrostro se estableció la importante industria siderúrgica vasca.

Aunque la ganaderí­a todaví­a era importante, la agricultura avanzó y en las villas se desarrollaron las actividades secundarias y terciarias citadas. Como consecuencia de todo ello, fue surgiendo, junto a los grupos de agricultores y a los hidalgos asociados al sector primario, una pequeña burguesí­a asociada a la economí­a urbana, que poco a poco irí­a adquiriendo mayor importancia.

La depresión de la Edad Media tardí­a (siglos XIV-XV), como en toda Europa occidental, provocó la congelación del crecimiento demográfico y la crisis económica. A pesar de todo, en Bizkaia parece que la recuperación de la economí­a y de la población fue bastante rápida, por lo que indican la recuperación de la siderurgia y del comercio.

En el ámbito social, como consecuencia de los profundos cambios que se produjeron, ocurrieron largos conflictos, que tuvieron mucha importancia en el ulterior desarrollo de Bizkaia. En el centro de estos conflictos estuvieron las luchas entre banderizos, es decir, entre los linajes de hidalgos que se uní­an a los oñacinos y los gamboí­nos y que se prolongaron durante los siglos XIV y XV. Para los hidalgos y los nobles que eran jefes de éstos fueron una manera de redistribuir los ingresos económicos que se les estaban mermando a causa de la crisis producida por la guerra; incrementaron la presión sobre los agricultores y atacaron a las villas que se estaban enriqueciendo. Como reacción contraria a la guerra entre nobles y bandos los pequeños nobles y los grupos de campesinos y habitantes de las urbes se crearon las hermandades (las más importantes fueron la de Bizkaia y la de las Encartaciones, de 1394, aunque antes de eso hubo otros intentos).

Con ayuda de la Corona, lucharon contra los abusos de los linajes, limitaron totalmente la influencia de los parientes mayores y fueron la base de las nuevas instituciones y la organización de la provincia. Para finales del siglo XIV se estableció la paz. Sin embargo, las guerras de bandos y las hermandades no fueron las únicas consecuencias de la crisis de la Edad Media tardí­a: la herejí­a de Durango, que surgió en el segundo cuarto del siglo XV y duró hasta el XVI y los conflictos que se generaron como consecuencia de la misma se deben situar en el mismo contexto.

La Edad Moderna

La nueva organización social que salió de la Edad Media tardí­a, aunque sufrió modificaciones, comenzó a fraguar aproximadamente en la segunda mitad del siglo XV y perduró hasta el siglo XIX. Sus principales soportes fueron los fueros y las instituciones forales, la hidalguí­a universal y la excepción fiscal.

Los Fueros son la recopilación de los usos y costumbres que regulaban en gran medida la vida de los bizkainos, aunque incluí­an privilegios concedidos por el Señor y la Corona. Fueron fijados por escrito en el tiempo entre la Edad Media y la Edad Moderna: El Fuero Viejo (1452) y El Fuero Nuevo (1526). La institución suprema de la provincia eran las Juntas Generales.

Antes de las hermandades ya se debí­an celebrar en Bizkaia asambleas semejantes, pero fueron las asambleas de las hermandades, las que a partir del siglo XV se transformaron en las Juntas Generales de Bizkaia. Aunque al principio se celebraban en otros lugares, en el siglo XV se fijó Gernika como sede de las mismas.

Las Juntas Generales, junto a las demás instituciones de la provincia, obtuvieron cada vez más poder y competencias a lo largo de la Edad Moderna. Otra de las consecuencias de la crisis de la Edad Media tardí­a, al igual que en Gipuzkoa, fue la “hidalguí­a universal”: gracias a este concepto, todos los bizkainos eran iguales jurí­dicamente, es decir, todos eran hidalgos. Esto junto a la prohibición de acudir a las Juntas Generales, indica el fracaso de los parientes mayores. Aparte de constituir una base teórica estupenda para establecer las excepciones y peculiaridades para Bizkaia, a los bizkainos con estudios les daba una buena oportunidad para ingresar en la administración de España.

Finalmente, entre la Edad Media tardí­a y el comienzo de la Edad Moderna, se estableció firmemente la naturaleza que Bizkaia tení­a de antes en lo que se refiere a las peculiaridades y privilegios fiscales respecto de la Corona, es decir, en Bizkaia la presión fiscal era menor que en otros lugares del reino de Castilla. Esto no quiere decir que los bizkainos no pagaran impuestos: además de los que habí­a que pagar para financiar las necesidades cada vez mayores de las instituciones de la provincia, le pagaba al fisco de la Corona ciertas cantidades y cuando las necesidades de la Corona crecí­an daban lugar a una mayor presión.

Por otro lado, después de haber conseguido diversas excepciones en el ámbito de los aranceles (las aduanas se establecieron en Balmaseda y Orduña, es decir, en el camino hacia el interior), Bizkaia fue considerada zona de libre cambio de la Monarquí­a española.

Por eso, en la Edad Moderna, al igual que a ílava y Gipuzkoa, se le nombró Provincia exenta de impuestos. A partir del siglo XV, al ser la agricultura del territorio bastante pobre para hacer frente al crecimiento de la población, parte de ésta tuvo que emigrar. Igualmente parte de los recursos y materias habí­a que importarlos. Para ello era muy beneficiosa la libertad para exportar e importar productos. Las exportaciones consistí­an en hierro y servicios (transporte y comercio).

Durante los siglos XV y XVI se intensificaron la minerí­a y la producción de hierro, como consecuencia del crecimiento económico que se estaba produciendo en Europa; en Bizkaia creció el número de ferrerí­as, pero no se avanzó mucho desde el punto de vista técnico.

En el campo comercial Bilbao destacó entre los puertos vascos en la Edad Media tardí­a y se convirtió en importante núcleo comercial del norte de la pení­nsula ibérica. Como consecuencia de todo ello se creó el Consulado de Bilbao (1511) para defender los intereses de los comerciantes de la villa. Este desarrollo liberó a Bilbao de la dependencia que tení­a hasta entonces respecto de los comerciantes de Burgos. Los productos de exportación más importantes seguí­an siendo la lana y el hierro, pero, seguramente, debieron entrar en el sector productivo y en el crediticio. Algunos de ellos adquirieron tierras y se fueron uniendo poco a poco con los terratenientes de la antigua nobleza.

Por lo tanto, la burguesí­a urbana que resultó vencedora al final de la guerra de bandos se estableció definitivamente. Sin embargo, la economí­a seguí­a estando basada en la agricultura y en la ganaderí­a principalmente; por lo tanto, el control de la tierra era el factor más importante en el aspecto social. Los campesinos bizkainos, aunque no fueron perdedores en términos absolutos, no se puede decir que fueran ganadores claros en los conflictos sociales de la Edad Media tardí­a. La mayorí­a de los campesinos eran arrendatarios de las tierras que cultivaban y el caserí­o era la unidad económica principal. Los verdaderos vencedores, junto con los comerciantes, fueron los terratenientes grandes y medios; éstos eran los propietarios de la mayorí­a de las tierras y las ferrerí­as, y colocaban a sus hijos en la Administración española.

Así­ mismo, ellos mismos fueron los que a lo largo de la Edad Moderna fueron detentando el poder polí­tico y controlándolo cada vez más estrechamente. Aunque jurí­dicamente todos los bizkainos eran iguales, a partir de entonces, la riqueza fue principalmente el factor determinante de la escala social, es decir el dinero y sobre todo la tierra. Esta hegemoní­a alcanzó también a la polí­tica, porque limitaron la entrada en los cargos municipales y forales, lo cual acarreó la monopolización de los cargos públicos por parte de las clases enriquecidas.

Dos eran los mecanismos que daban lugar a la monopolización de los cargos. El primero era el que obligaba a saber hablar y escribir en castellano para poder acceder a un cargo público. Esta limitación discriminaba a la mayorí­a de la población (en las Juntas Generales se exige por vez primera en 1613). El segundo era la exigencia de poseer un nivel económico mí­nimo. Por otro lado, la Tierra Llana obtuvo la mayorí­a de los escaños de las Juntas, en perjuicio de las villas con más población como Bilbao. Dicho de otro modo, a lo largo de la Edad Moderna fue adquiriendo fuerza una nueva oligarquí­a, muy vinculada al Estado, que tuvo en sus manos la mayorí­a de los cargos municipales y provinciales hasta el siglo XIX, que a nivel ideológico proclamaba la igualdad y la pureza de sangre.

En el siglo XVII las epidemias y la crisis económica detuvieron el crecimiento de la población. Fue particularmente grave la crisis de la producción de hierro y del comercio que estaban quedando muy obsoletos. La situación de inestabilidad de aquellas actividades que equilibraban la balanza comercial trajo nuevos cambios: la economí­a de Bizkaia volvió hacia el sector primario, perdiendo importancia los sectores secundario y terciario. Una mayor proporción de la población quedó vinculada al caserí­o.

En medio de este proceso se afianzó la producción de una planta nueva traí­da de América, de gran productividad, que fue el maí­z. Las dificultades del siglo XVII tuvieron también otra consecuencia: el incremento de los conflictos sociales. El ejemplo más claro fue la Rebelión de la Sal (1631-34). Los principales causantes fueron dos: por un lado la presión de la Monarquí­a para aumentar los impuestos y por otro el enfado del pueblo llano porque sus condiciones de vida estaban empeorando mientras el poder polí­tico de las clases dominantes iba aumentando.

En el siglo XVIII el valle de Orozko se integró definitivamente en Bizkaia (1785). Por lo menos hasta el último cuarto de siglo fue una época de crecimiento, tanto en la agricultura, como en la manufactura y el comercio. La siderurgia, que continuaba utilizando técnicas tradicionales, respondió al incremento de la demanda internacional y el comercio también se volvió a dinamizar. La acumulación de capital de los propietarios agrí­colas y de los grupos de comerciantes fue importante: los ricos se hicieron más ricos y la monopolización del poder polí­tico fue a más. Las contradicciones internas de las estructuras de Bizkaia, en cambio, se agravaron.

La cada vez mayor tendencia centralizadora del Estado que estaba en manos de los Borbones, las limitaciones del crecimiento basado en bases tradicionales, los cambios en la economí­a internacional y sobre todo la Revolución Industrial de la Gran Bretaña, las dificultades de final de siglo y las guerras, etc. llevaron el modelo del Viejo Régimen a una profunda crisis en Bizkaia. Las contradicciones entre la oligarquí­a, la burguesí­a y el pueblo aumentaron. Los exponentes más claros son los alzamientos que se produjeron: los más importantes, la Matxinada de 1718 y la Zamakolada (1804-07).

Desde finales del siglo XVIII, las instituciones de ílava, Bizkaia y Gipuzkoa y, sobre todo, las Diputaciones actuaron de manera cada vez más coordinada para hacer frente a los problemas comunes que les aquejaban.

Edad Contemporánea

La crisis del Antiguo Régimen condicionó el inicio de esta era. Desde el punto de vista económico, la siderurgia tradicional sufrió un grave declive, a causa de la competencia extranjera y la consecuente pérdida de mercados. El crecimiento del sector agrí­cola también hizo tope.

La guerra de la Convención (1794-95) y la de Independencia (1808-13) agravaron la situación. Aunque después de estas guerras se observa un crecimiento débil de la agricultura, condicionado por la desamortización, en el campo de la manufactura la crisis era muy importante, aunque se realizaron intentos de modernizar la siderurgia. Los primeros impulsos a la industrialización fueron demasiado débiles y no dieron resultados importantes, porque durante los dos primeros tercios del siglo las condiciones no eran favorables.

Los acontecimientos polí­ticos no ayudaron nada en estos dos primeros tercios de siglo. Las Guerras Carlistas fueron condicionadas por las contradicciones sociales (la primera en el perí­odo 1833-39 y la segunda entre1872 y 1876). Aunque fue el principal objetivo de los carlistas, Bilbao se mantuvo en manos de los liberales, mientras que la mayor parte de Bizkaia era dominada por los carlistas.

Si bien tras la primera guerra se mantuvieron los fueros y en algunos aspectos incluso se reforzaron, la naturaleza de los mismos comenzó a cambiar. El ejemplo más significativo fue el desplazamiento de las aduanas (1841), tal y como pedí­an los industriales y los comerciantes burgueses; no obstante, esta medida no fue suficiente para impulsar un desarrollo económico continuado. El resultado de la segunda Guerra Carlista, en cambio, fue la pérdida de los fueros (1876), aunque quedaron como rastro de éstos los Conciertos Económicos (1878). La integración de Bizkaia en España era casi total.

Los principales acontecimientos de final de siglo fueron la aceleración del proceso de industrialización y el nacimiento del nacionalismo. Cuando se inventó el procedimiento Bessemer de obtención de acero, la Gran Bretaña empezó a demandar mineral de hierro sin fósforo, precisamente el tipo de mineral que se extraí­a en Somorrostro. Esto impulsó la minerí­a de Bizkaia y estableció las bases para implantar la siderurgia moderna, cosa que ocurrió a partir de 1876.

Este impulso no solamente hizo que se desarrollara la siderurgia pesada, sino que alcanzó también a otros subsectores: metalurgia, transportes, construcción naval, fabricación de papel, industria quí­mica, etc. Una de las consecuencias fue el aumento de la inmigración: al principio los trabajadores procedí­an principalmente de los pueblos agrí­colas de Bizkaia, pero pronto comenzaron a llegar del resto de los territorios vascos y de zonas más alejadas del Estado: en Bizkaia se fue formando un proletariado.

El malestar producido por el fracaso de los carlistas y la abolición de los Fueros, así­ como el conjunto de cambios producido por la industrialización y la inmigración hicieron surgir un nuevo movimiento polí­tico: el nacionalismo. No es extraño, por lo tanto, que este movimiento impulsado por Sabino Arana en un principio tuviera como ámbito Bizkaia; el primer nacionalismo bizkaitarra pronto se convirtió, sin embargo en nacionalismo vasco. Aun así­, las primeras fuerzas las reclutó en Bizkaia, mediante el PNV (fundado en 1895), que llegó a ser una de las principales fuerzas polí­ticas de Bizkaia a principios del siglo XX.

Otra de las consecuencias de la industrialización es el desarrollo del socialismo. En un principio cuajó en el movimiento obrero de las minas, pero pronto se extendió a la clase obrera que estaba creciendo sin parar. Las primeras manifestaciones de este movimiento fueron las huelgas que hubo, primero en las minas y más tarde en las fábricas (la primera huelga importante fue en 1890); rápidamente se convirtió en un movimiento polí­tico importante. El nacionalismo y el socialismo fueron, junto con los partidos monárquicos que defendí­an los intereses de los terratenientes de la gran burguesí­a los tres polos que condicionaron la vida polí­tica de Bizkaia a lo largo del primer tercio del siglo XX.

El primer tercio del siglo XX tuvo estas caracterí­sticas desde el punto de vista económico: por un lado la continuación del proceso de industrialización; por otro los grandes beneficios obtenidos por los capitalistas bizkainos a causa de la Primera Guerra Mundial y, por fin, las dificultades creadas por la crisis de los años 30.

En el campo polí­tico, como en todo Hegoalde, el nacionalismo fue la principal fuerza. Una consecuencia de ello fue la aprobación durante la II República Española del Estatuto de Autonomí­a de 1936 que, a causa de la guerra (1936-1939), no se pudo poner en vigor más que en Bizkaia. Bizkaia salió a favor de la República, pero la guerra (a pesar de que el bombardeo de Gernika, que se convirtió en sí­mbolo de los horrores de la guerra ocurriera en Bizkaia) en este territorio duró poco tiempo, ya que para mediados de 1937, después de que los rebeldes tomaran Bilbao, se puede considerar ya terminada.

El Régimen de Franco abolió el Estatuto y las otras peculiaridades de Bizkaia. Declararon a este territorio “Provincia traidora”. Después de los duros tiempos de la posguerra, a partir de los años 50 comenzó de nuevo el crecimiento económico y en la siguiente década se aceleró éste: los empresarios bizkainos acumularon importantes capitales a costa de los trabajadores, amparados por las condiciones impuestas por el franquismo. Ahora bien, en Bizkaia hubo respuesta a esa situación de explotación: una de las más destacadas fue la huelga general de 1947. Aunque en las décadas siguientes estos conflictos fueron más frecuentes, en la década de los 60, al igual que en el resto de los territorios de Hegoalde, se aceleró el proceso de reafirmación del nacionalismo vasco y para cuando murió el dictador Franco (1975) estaba muy desarrollado. La fundación de ETA y la violencia polí­tica se sitúa en este contexto. Bizkaia con ílava y Gipuzkoa constituyó la Comunidad Autónoma Vasca de acuerdo con el Estatuto de Gernika de 1981 y se restablecieron las Juntas Generales y el Concierto Económico.

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