CONVENTO DE SAN FRANCISCO

CONVENTO DE SAN FRANCISCO: la presencia en Orduña de los PP. Franciscanos data de 1469 fecha en la que se asentaron en la ermita de Santa Marina, donde construyeron su convento. Esta ermita se ubicó no muy lejos de la ciudad, en la salida este, camino de Vitoria. En 1522 era el superior (guardián) Rodrigo de la Quintana. En 1587 (disposición de Sixto V por Bula de 2-3-1686) se trasladaron los PP. Franciscanos a un nuevo emplazamiento (salida sur de la ciudad, camino de Burgos y junto a una de las puertas). Su antiguo convento fue ocupado por las Clarisas llegadas en su mayor parte del beaterio de San Julián, situado en calle Burgos (en la zona donde está situado actualmente el “Batzoki”), y otras llegadas desde  Vitoria. Establecida la comunidad femenina en el nuevo lugar, en 1601, tomando la orden de Santa Clara, vendían las casas de la c/Burgos donde habían vivido. Lo ocuparon hasta los inicios del siglo XXI. En recuerdo del antiguo, a este nuevo se llamó de “Santa Marina”. El 24-11-1588 el alcalde de Orduña, Baltasar de Gaona y el ministro general de la orden Seráfica, fray Tomás de Iturmendi, otorgaron en Vitoria las capitulaciones para la fundación del Convento de San Francisco de Orduña en cumplimiento de la concesión del papa Sixto V.  El ayuntamiento se convertía en patrono del convento, pudiendo colocar en él las armas de Orduña. En 1586 testaba doña Mencía Ortiz de Urbina legando 2.000 ducados al convento.  En 1641 Francisco de Llano Velasco donó 2.000 ducados y años después, en 1654,  su mujer María del Barrio y Angulo traspasaba al convento 825.503 mrvs. de un juro que ella había heredado.  Todas estas donaciones no eran a cambio de nada, sino para erigir capillas a nombre de los donantes o sus herederos[1].

El cambio de ubicación responde a la petición de los propios frailes que argumentan que el convento se encontraba distante de la misma con dificultad para los frailes en cuanto al ejercicio de su ministerio y para pedir limosnas a los vecinos. Así podrían sustentarse mejor. La ciudad aprobó la propuesta no sin una dura oposición inicial del Cabildo de las parroquias de Orduña, quienes veían en él una amenaza a sus funciones y, por tanto, a sus ingresos. Al mismo tiempo se obligó a dar el suelo para edificar la iglesia del convento. Entonces era alcalde de Orduña don Baltasar de Gauna y Juan de Urigoitia procurador general de la misma. La ciudad compró para ello tres fraguas y algunas casas en el arrabal de la c/Burgos, junto a los muros, en el lugar llamado Herrerías. En las obras (1591) se empleó cal de Tertanga[2]. El convento tenía a su lado una hermosa huerta, de una superficie de 12.500 m. cuadrados, estando tapiada en todo su perímetro por una alta pared. Lindaba con el camino real al oeste, al sur-este con el rio Quintana y al norte con la ronda hacia Urkabustaiz. Esta huerta estaba regada por el arroyo que nace en la curva del camino de la Paul (22). El convento tuvo en sus inicios 14 beneficiados (ocho enteros y seis medios).

En el convento de San Francisco vivieron los franciscanos de Orduña hasta 1834. Fue enajenado a los frailes y sus edificaciones y terrenos, así como sus propiedades, aparecieron en el Boletín de Ventas de Bienes Nacionales de fecha 30-11-1844. El 3 de junio de 1846 por real decreto se entregó el edificio al ayuntamiento para destinarlo a hospital[3]. Las operaciones del edificio de San Francisco para futuro Hospital se acordaron en el Ayuntamiento, el 16 de enero de 1870; se nombró una comisión para que se efectuase con la máxima rapidez y para desocupar los graneros del Arca de Misericordia, situada en el antiguo Colegio de los jesuitas. Una vez acomodado, la comisión trasladaría los enfermos y objetos del hospital y Casa de Misericordia de San Juan, situados en el Colegio, al edificio de San Francisco, preparando a su vez unas habitaciones para el personal que en breve comenzarán las obras del Colegio municipal en el antiguo edificio de los jesuitas. Entre agosto de 1937 y septiembre de 1938 se usó como “hospital de prisioneros“ en la guerra civil española[4]. Lo poco que queda de este convento se conserva dentro de la actual residencia geriátrica de la ciudad de Orduña.

[1] “Monografías de pueblos de Bizkaia, Orduña”, Ana Mª Canales

[2] “Personajes orduñeses”, Micaela Portilla

[3] Id

[4] “Prisioneros en el campo de concentración de Orduña”, Joseba Eguiguren

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