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El escaparate de Orduña se apaga

El escaparate de Orduña se apaga

12874146La importancia del producto local en Orduña y el impulso que se le ha dado en los últimos años no han salvado el escaparate de las delicias agroganaderas de la ciudad y sus alrededores. La tienda abierta por el Ayuntamiento para acercar a pie de calle el trabajo de los baserritarras no encuentra quien la quiera. Tras más de medio año cerrada y dos licitaciones desiertas, su futuro está en entredicho.

Zaharra 12, local que albergó durante algo más de un año los productos más variopintos, se ha intentado ‘vender’ en dos ocasiones, en marzo y en mayo. Se ha sacado a concurso su gestión, pero las dos convocatorias han quedado desiertas. Concebida como «una aportación al comercio local, ofrece y da una oportunidad y salida a un producto elaborado y transformado en el municipio y sus alrededores», explicaba el Ayuntamiento.

En agosto del pasado año terminó el contrato con el primer adjudicatario, que atendió la tienda durante doce meses. Entonces, la asociación local de productores Urduñako Zaporeak se puso al frente del negocio. Desde el primer minuto avisaron de que aguantarí­an, «hasta diciembre» ya que cada uno tení­a su trabajo aparte y se turnaban para mantenerla abierta.

Ni por 195 euros al mes

Tras su marcha, ha permanecido cerrada a cal y canto. Y así­ seguirá una temporada. Portavoces municipales afirman que «de momento no va a volver a salir a licitación». Las mismas fuentes explican que «aunque se siguen haciendo actividades con Ekoizpen y la Oficina de Turismo, la tienda era un proyecto que poní­a en relación directa la producción con el comprador final». Sin embargo, no ha tenido el tirón esperando. La última licitación ofrecí­a a los interesados hacerse cargo de Zaharra 12 abonando mensualmente a las arcas locales 195 euros más IVA. Pese a que el precio «no es elevado», no ha conseguido que nadie tome sus riendas.

El local buscaba consolidarse como «punto de venta especializado» dentro de la Ruta del Txakoli de la comarca, ya que albergaba su enoteca. Además de la obligatoria venta de txakoli, licores, miel, dulces, mermeladas, queso, chacinerí­a y caracoles entre otros, se podí­a «ampliar la gama de productos con el fin de hacer viable la actividad». Eso sí­, garantizando criterios de calidad (que dispongan de certificación ecológica) y tras recibir el visto bueno de Urduñederra.

De hecho, se convirtió en escaparate de otro tipo de artí­culos como platos y carteras en exposición y obras del artista local ‘Porrilló’. Todo ello con el objetivo de «recuperar y poner en valor los orí­genes y la relación de las personas que producen, comercializan y consumen estos productos, aportando un valor a las relaciones sociales del municipio».

ALBA CíRCAMO. Tomado de EL CORREO.COM

 

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