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El cambio climático adelanta el regreso de las cigüeñas a Orduña

El cambio climático adelanta el regreso de las cigüeñas a Orduña

Han sido ellas mismas las que, en los últimos años, han dejado desfasado el refrán de «por San Blas, la cigí¼eña verás». Es cierto que el 3 de febrero estas aves están ya en los nidos, pero cada vez regresan antes. Al menos a Orduña. El cambio climático y la facilidad para obtener comida en las proximidades de los núcleos poblados, según los expertos, han cambiado su rutina, y en algunos lugares, como la localidad vizcaí­na, donde se asienta la mayor colonia de la provincia, comenzaron a llegar el pasado noviembre, cuando aparecieron tres machos para estudiar el terreno y ocupar los nidos en los que después se asentarí­an con su pareja. El goteo se ha convertido ya en un regreso masivo. De momento son 26 los adultos que han recalado en la ciudad, el mismo número que el pasado año, aunque en Orduña confí­an en superar ese registro en los próximos meses.

José Marí­a Pedrajas, de la Sociedad de Caza y Pesca local, uno de los colectivos que trabaja en la preservación de las picudas, confí­a en que 2018 sea un año de récord. El pasado año, entre los adultos y las crí­as –suelen tener entre dos y tres por pareja–, se superaron el medio centenar de ejemplares antes de la migración. Además, crearon cuatro nuevos nidos que se sumaron a los 11 ya existentes. «Las crí­as que suelen tener en primavera vuelven al año siguiente», señala Pedrajas para explicar esta tendencia al alza.

Problemas «de seguridad»

Y es que, además de tener siempre la misma la pareja, también son fieles a su hogar. Un ejemplo de ello es que los esfuerzos de la Diputación para trasladar en 2011 el asentamiento de la iglesia de los Josefinos a un nido colocado en el patio del colegio para que no estropearan la fachada cosecharon un estrepitoso fracaso. Los siguientes años regresaron al mismo lugar, en el que se multiplicó la población, hasta las 7 parejas que anidaban en el templo en 2017.

El Ayuntamiento, el Obispado –propietario de la Sagrada Familia, el edificio de los Josefinos– y la Diputación han tenido contactos en los últimos años para buscar una solución al aumento de cigí¼eñas, que generan problemas «tanto de seguridad como de mantenimiento de edificios», aunque no alcanzaron ningún acuerdo. En su opinión, «el actual asentamiento de estas aves –también están instaladas en el tejado del Consistorio– no es el más adecuado por el peligro de caí­da de nidos».

Para Pedrajas, sin embargo, resolver esos problemas es muy sencillo: «Lo que hay que hacer es limpiar bien los tejados cuando se marchan». El experto también pide a la Administración local que solicite a Iberdrola colocar unos avisadores en los tendidos eléctricos, «ya que todos los años alguna fallece» al chocar contra los cables. Y es que la electrocución es la causa de muerte no natural más importante entre este tipo de aves, que se han convertido en el sí­mbolo de Orduña, donde incluso la revista municipal se llama ‘Zikoina’, cigí¼eña en euskera.

Fue en los años ochenta cuando algunos ejemplares comenzaron a acercarse a las piscinas. «Recuerdo que se posaban en un viejo nogal de aquella zona», apunta Larrea antes de destacar que fue Fili Larrieta, de la Sociedad de Caza y Pesca, quien está detrás de la proliferación de estas aves. «Se le ocurrió hacerles un nido y ponerlo en el Ayuntamiento», de manera que, en 1983, consiguieron que anidara la primera pareja después de una larga etapa de ausencia. «Fue una muy buena noticia ya que Orduña llevaba 28 años sin ellas», rememora.

Tomado del www.elcorreo.com

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