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Desde la fuente

Desde la fuente

Paseo La Antigua 1950Diré que desconozco el origen del nombre. Las personas mayores de Orduña siempre la han denominado así­. Quizá porque en ella se encuentra una de las “tomas seculares de agua” de la ciudad. Está ubicada carretera arriba del Santuario de la Virgen de la Antigua. En sus alrededores existe una zona de esparcimiento y un albergue del Gobierno Vasco. Un entorno bien cuidado y arbolado.

He subido por el empinado camino de “casas blancas” dejando a mi derecha la abandonada cantera de “Yesos Urí­a”. Posiblemente es uno de los viejos caminos que unieron durante siglos las importantes poblaciones de Vitoria y Valmaseda con la amurallada Orduña como punto central y conexión con Bilbao. Hoy es una más de las pistas asfaltadas del sinigual valle.

La “corta” de la cantera de Urí­a aún sorprende por su magnitud y sus colores rojizos. Un profundo y amplio boquete da luz a las altas galerí­as de las que durante muchos años se extrajo un excelente yeso que se exportaba a media España. Desde esta cantera discurrí­a un curioso “trenecillo minero” de unos dos kilómetros que trasladaba el mineral desde la cantera hasta la fábrica ubicada en las proximidades de la Estación de RENFE. Hoy dí­a las instalaciones mineras están anegadas de agua, el trenecillo abandonado y la fábrica desaparecida. Muchos recuerdos personales se agolpan en mi mente con la observación de la mina. La conozco entrañablemente desde niño porque mi padre fue su último capataz y con él viví­ muchas experiencias relacionadas con ella. Barrenar, colocar las cargas de dinamita, encender las mechas, salir tranquilamente, escuchar las detonaciones…. Luego los rompedores a mazo o hidráulico… La carga en las vagonetas…. El traslado a la fábrica…La carga de los hornos….El encendido… La molienda… ¡uffff!…Yo….¡jugando muchas tardes con las vagonetas y jugándomela atravesando el túnel que daba acceso a la mina, pescando cangrejos con mis reteles, enredando con ruedas abandonadas en las numerosas galerí­as!…¡Aventuras de niño!

El paraje conocido como “Casas Blancas” aparece en la más antigua documentación orduñesa. Ubicado en un lugar estratégico acogí­a una poderosa “casa-torre”, posteriormente transformada en vivienda, de la que hoy dí­a únicamente se mantienen, en gran parte cubiertas de maleza, las cuatro paredes. Creo que sus últimos habitantes fueron los abuelos maternos de mi buen amigo Andrés Ibáñez. No obstante los siglos y las numerosas reformas aún se aprecian tres o cuatro ventanas rasgadas que nos recuerdan tiempos más difí­ciles y complicados en todos los sentidos.

Próximos a la “Fuente” (que no es tal sino un sencillo caño) aún se conservan restos pétreos de la antigua conducción que abastecí­a de agua a la Ciudad. Junto a la fuente se oyen ruidos de recogidas de agua en el depósito próximo. Es un excelente lugar para un descanso. Posiblemente durante siglos alivió el caminar y el trabajo de los pobladores del entorno y de los transeúntes camino de Valmaseda. Muy próxima se ubica la antiquisima Iglesia de San Clemente de Erbileta con su Hospital. Esto será otro dí­a.

Me he sentado en una de las mesas habilitadas en el entorno de la fuente. Escucho las voces despertantes de quienes están en el amplio albergue de la Diputación. Al poco, se convierten en términos ingleses por lo que deduzco que es una colonia de aprendizaje lingí¼í­stico. No deja de ser curioso que yo venga hasta este lugar tratando de distanciarme del Colegio y aquí­ esté recordando a Santiago y Rosa (profesores de inglés en mi Colegio) y a tantos alumnos y alumnas. ¡Manda gí¼evos…pero así­ es la vida!

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