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	<title>admin | Ezagutu Urduna</title>
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		<title>Artomaña (de visita)</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2025 06:49:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="200" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=300%2C200" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?w=500 500w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="67" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/artomana/attachment/16866856/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" data-orig-size="500,333" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="16866856" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" /></div>Es Orduña un valle tipo «sartén». Bordeado totalmente por cumbres superiores a los seiscientos metros excepto por el estrecho corredor del norte. Por esta brecha discurren la carretera, el rí­o Nervión y el ferrocarril. Los tres con destino a Bilbao. Salir en otra dirección supone ascender los puertos de la Barrerilla (Vitoria), Orduña (Burgos) o [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="200" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=300%2C200" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?w=500 500w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="67" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/artomana/attachment/16866856/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" data-orig-size="500,333" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="16866856" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="67" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/artomana/attachment/16866856/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" data-orig-size="500,333" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="16866856" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?fit=500%2C333" class="alignleft size-full wp-image-67" title="" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?resize=343%2C228" alt="16866856" width="343" height="228" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?w=500 500w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16866856.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 343px) 100vw, 343px" /></a>Es Orduña un valle tipo «sartén». Bordeado totalmente por cumbres superiores a los seiscientos metros excepto por el estrecho corredor del norte. Por esta brecha discurren la carretera, el rí­o Nervión y el ferrocarril. Los tres con destino a Bilbao. Salir en otra dirección supone ascender los puertos de la Barrerilla (Vitoria), Orduña (Burgos) o Lendoño (Valmaseda). El valle está ocupado por la Ciudad y varias aldeas correspondiendo polí­ticamente a Bizkaia tanto la Ciudad como las aldeas de Lendoño Arriba, Lendoño Abajo, Mendeica y Cedélica. A ílava pertenecen Tertanga, Délica, Artómaña y Aloria que configuran la llamada Junta de Arrastaria.</p>
<p>La aldea de Artómaña se ubica a unos tres kilómetros dirección Vitoria. Se accede a ella desde la propia carretera general. Una carretera enmarcada por robustos castaños de indias que dan una refrescante sombra en los meses del estí­o. Sin embargo, no he accedido a ella por este vial sino por una de las pistas asfaltadas que tiene su origen en el Convento de Santa Clara. Una larga recta que me deja junto a la Iglesia. Aunque pueda extrañar es un paisaje agrario ocupado progresivamente por extensas viñas que llegan hasta la misma aldea. De su uva se produce un cada dí­a más apreciado txakolí­. Incluso en sus aledaños se está construyendo una moderna bodega.</p>
<p>Presenta la aldea dos pequeños y próximos núcleos poblacionales. Uno en torno a la Iglesia y un segundo con la vieja casa-torre como elemento más significativo. En total unas veinte casas habitadas que se han arreglado recientemente y de muy buen aspecto. La Iglesia, bajo la advocación de San Jorge, es de porte sencillo aunque debido al desnivel tiene unos gruesos muros en uno de sus laterales y una cripta totalmente colmatada aunque se aprecia en su ábside una ventanita que darí­a luz a la misma. Un sencillo pórtico sustenta la que fue casa-cural hoy abandonada. La torre (de los Ayala) se alza orgullosa en la parte más alta de la aldea. Está habitada y no ha sufrido excesivos cambios exteriores de su original sentido defensivo. Su altura, algunas ventanas rasgadas y un portón ojival muestran aún hoy dí­a un cierto sabor medieval. Un caserí­o-palacete, cuasi adosado a la propia torre, destaca por encima del resto, con algunos restos estructurales del siglo XV.</p>
<p>He recorrido la aldea con detenimiento. Las ciruelas aparecen por doquier esparcidas por el camino. Los perros detectan mi presencia de inmediato y sus ladridos rompen el silencio. Todos, cosa extraña en estas aldeas, están debidamente atados. Antes de abandonar la aldea me refresco convenientemente en la fuente-bebedero existente junto a la Iglesia. Recuerdo a mi «prima» Mundita, nacida en este lugar. También a su esposo, Manolo. Ambos fallecidos no hace muchos años. En la última de las casas descubro dos niños que me miran un tanto asombrados. Están enredando con unas gallinas y un burrito.</p>
<p>Vuelvo a Orduña por una pista paralela a la que he traí­do. Me deja directamente en el Convento de Santa Clara. Es este uno de los más antiguos edificios de la Ciudad. Construido extramuros de la misma (camino de Vitoria) tiene su origen en la Ermita de Santa Marina (considera «vieja» a finales del siglo XV) y cedida en 1469 a los franciscanos que levantan allí­ su convento hasta su posterior traslado el portal de Castilla ligeramente más cercano a la ciudad. Este convento franciscano estuvo activo hasta la funesta desamortización de Mendizábal en 1835. A finales del siglo XIX fue reconvertido en «Asilo y Escuelas» llegando a la Ciudad para regentarlo las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. En él permanecieron más de cien años. La Iglesia conventual desapareció pero no el sencillo Claustro. Hoy dí­a es una Residencia de ancianos. Mucho tiene que agradecer la población orduñesa tanto a los franciscanos como a las Hijas de la Caridad. Entre ellos&#8230;.yo mismo que aprendí­ mis primeras letras con ellas y que, gracias a ellas, estuve desde niño en la órbita vicenciana. ¡Gracias sor Natividad, sor Julia, sor Milagros&#8230;!</p>
<p>El «viejo convento franciscano» fue ocupado por una «comunidad» de «beatas», existentes ya dentro de las murallas, que asumirán la Regla de Santa Clara (Clarisas) y que han permanecido en él hasta hace tres o cuatro años. El edificio presenta una sólida estructura siendo lo más significativo su Iglesia de una sola nave con dos capillas en su lateral derecho. Una hermosa cubierta de crucerí­a nos revela su origen medieval aunque o es original. En una de las capillas se conserva una hermosa talla en madera de Cristo Crucificado de gran devoción para todos los orduñeses. Quizá esta capilla sea el único resto de la primitiva Ermita de Santa Marina.</p>
<p>Siendo niño solí­a acercarme, e incluso entrar, a este Convento ya que mi padre era un fijo a la hora de arreglar la electricidad y otras «chapuzas». Me consta el recuerdo agradecido que siempre mantuvieron hacia él. Hoy dí­a, mi casa está más cercana al Convento y, mientras estuvo abierta su Iglesia, me sirvió de descanso y de reflexión. Un espacio extremadamente limpio, con un cierto misterio inspirado por el contraste de luz y oscuridad, un silencio inspirador&#8230; Hoy, el Convento abandonado, su Iglesia cerrada&#8230; Sólo queda la fuente de la entrada con un agua excelente. Rezo el «angelus», me echo un largo trago y vuelvo a casa. Me espera la comida.</p>
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		<title>Orduña (Núcleo original)</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 06:53:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="195" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=300%2C195" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?w=690 690w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?resize=300%2C195 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="3819" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/aaaa-12/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=690%2C448" data-orig-size="690,448" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=690%2C448" /></div>Ha amanecido el dí­a un tanto tristón. Las nubes se han adueñado progresivamente del cielo. Nubes negras que no auguran nada bueno. De hecho me han desanimado a visitar los dos Lendoños. Lo dejaremos para otro dí­a y, quizá también, la subida al Tologorri por la «senda negra». Ello no ha impedido una ligera vueltecita [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="195" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=300%2C195" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?w=690 690w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?resize=300%2C195 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="3819" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/aaaa-12/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=690%2C448" data-orig-size="690,448" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="aaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/aaaa-3.jpg?fit=690%2C448" /></div><p>Ha amanecido el dí­a un tanto tristón. Las nubes se han adueñado progresivamente del cielo. Nubes negras que no auguran nada bueno. De hecho me han desanimado a visitar los dos Lendoños. Lo dejaremos para otro dí­a y, quizá también, la subida al Tologorri por la «senda negra». Ello no ha impedido una ligera vueltecita por la huerta y un detenido riego a las cuatro plantas existentes&#8230; ¡Soy de los pocos que está comiendo tomates recién cogidos de la planta!</p>
<p>He comprado el periódico, y con toda la tranquilidad posible, me he decidido a recorrer, una vez más, la parte más antigua de la Ciudad. Me refiero a la que fue aforada en 1229 por Lope Dí­az de Haro, señor de Vizcaya. Fuero de Vitoria que recoge el de Logroño. Según algún autor el origen del poblamiento orduñés habrí­a que situarlo en el entorno donde hoy se asienta el Santuario de la Antigua, ubicado a mayor altura y más protegido que el actual. Tendrí­a que ver con el siglo VIII y la amenaza de invasión musulmana. Finalizada esta circunstancia la población se trasladarí­a a un lugar más próximo al valle, de orografí­a más benévola, con cierta facilidad para la defensa de los nuevos intereses nobiliares y con más posibilidades económicas.</p>
<p>El primer núcleo urbano constaba de tres calles: dos laterales (calles del Hierro o Arriba y Carnicerí­a o Abajo) y una central (calle Medio).Tení­an una disposición Este-Oeste siguiendo el eje, fundamental en aquel momento, Vitoria-Costa (por Valmaseda y Castro). De la entonces villa orduñesa saldrí­a, siguiendo la estela del rí­o Nervion, otro importante camino proveniente de la Meseta hacia la Costa (primero hacia Bermeo y, luego, hacia Bilbao). Todo el recinto estaba protegido de una cerca o muralla (en algunos casos las propias viviendas) que tení­a sus puntos clave en las dos torres almenadas (la actual junto al Ayuntamiento y una segunda en el inicio de la calle Carnicerí­a) y en la Iglesia de Santa Marí­a (fortaleza sobre la propia muralla). Extramuros de la calle Carnicerí­a, sobre una suave colina, se levantaba el castillo de San Martí­n que llegará a ser con el tiempo la más imponente de las fortalezas del señorí­o. Levantado, seguramente, en el siglo VIII acabó siendo punto extremo de fricción entre la villa y el poderoso linaje de los Ayala que, desde la fortaleza, hací­an la vida imposible a la población. Derrotados los Ayala en la Guerra de las Comunidades (siglo XVI) pasará a ser propiedad de la ciudad. Poco después, los propios orduñeses la incendiarán y la arrasarán para evitar que nadie volviese a las andadas. El solar pasará, posteriormente, a formar parte del Colegio de la Compañí­a de Jesús y gran parte de su canterí­a será utilizada en la construcción de la Aduana. En el propio Castillo existí­a una de las «neveras» de la ciudad encontrándose otra en Goldecho.</p>
<p>He iniciado el recorrido desde mi propia casa. Está ubicada detrás de la Iglesia de Santa Marí­a, construida en su mayor parte en el siglo XV en planta de cruz latina y cinco naves, de las que las exteriores están ocupadas por «capillas». Desde el balcón de mi cocina puedo observar su rectangular ábside, los potentes contrafuertes y los poderosos muros que no sólo sustentan el edificio sino que formaron parte de la primera muralla prolongándose hasta cerrar completamente las tres calles por su lado Este. La única puerta en este lado se abrí­a en el extremo de la calle Carnicerí­a (Puerta de Santa Marina o Portal de Don íñigo) por donde entrarí­a en la ciudad el camino proveniente de Vitoria. Sobresalen, en dicho ábside, varios ventanales ojivales, en unos casos con vidrieras y en otros cegados (aquellos que se corresponden interiormente con el retablo). Por debajo de estos ventanales y a una altura respetable se vislumbra el hermoso «paseo de ronda» al que se accede desde el brazo derecho del crucero. El lugar que ahora ocupa mi casa eran unas «eras» (eras de Perí­n) del barrio de las «adoberí­as», muestra de la actividad «zapatera» que se desarrollaba en las inmediaciones. La presencia del arroyo «Quintana» o, popularmente, «Matapulgas» favorecerí­a esta importante actividad al igual que la de un molino allí­ existente, utilizado por el gremio de los zapateros (muy potente en aquel entonces) La «tradición» molinera no se perdió porque, hasta no hace demasiados años, existió una de tales instalaciones, bien que eléctrica. Este arroyo tiene su origen en la «Fuente de la Teta» y desagua, a pocos metros de mi casa, en el Nervión. Adosado a la Sacristí­a (construida en el siglo XVI) se levanta hoy dí­a un edificio habitado que, me contaba mi padre, quiso ser una especie de «cooperativa» de zapateros. Desconozco lo que hay de verdad en ello pero, el lugar, era, históricamente, el adecuado. Curiosamente entre la trasera de la iglesia y las tres o cuatro casas de Adoberí­as discurre un camino llamado «tras Santiago». Algunos datos de presencia de «romeros», referentes a que no se les cobre impuestos, nos indican que por este lugar discurrí­a un camino transversal que poní­a en contacto el «camino costero» con el «interior o principal».</p>
<p>Paso el «puentecillo» sobre el «Matapulgas» y dejo a mi derecha el moderno ambulatorio. Siendo niño aquí­ habí­a una hermosa huerta y junto a ella una «centralita eléctrica» (mi padre solí­a atenderla de vez en cuando) y dos o tres casas «herederas» de las adoberí­as. Bajo el imponente muro de la Iglesia busco, una vez más, algún resto que permita suponer la existencia de «cripta». ¡Vano intento!&#8230;. El importante desnivel de la Iglesia respecto a la calle debe estar superado con relleno&#8230; ¡Pena de excavación!&#8230; ¿Existirí­a algún templo anterior?  Bordeo el ábside hasta tropezarme con los restos, igualmente impresionantes, de la segunda muralla. Apenas dos cubos cuadrados (en el  primero de ellos aún se aprecia una ventana rasgada cegada) y sendos lienzos bastante bien conservados y cuyo interior, perdida la función defensiva, acogió el cementerio extraeclesial a finales del siglo XVIII (aun se conserva la entrada desde el pórtico de la iglesia). Esta muralla tiene aproximadamente cien metros. No hace muchos años se excavó el espacio interior descubriendo abundantes enterramientos en diversos niveles. Quizá antes de ser cementerio (ubicado en un principio dentro del mismo templo) fue una especie de «patio de armas» de la vieja puebla.</p>
<p>La construcción próxima a esta muralla de unas modernas viviendas sacó a la luz unas estructuras de forma cuadrada realizadas en ladrillo que, por lo visto, corresponden a depósitos u hornos de alguna antigua alfarerí­a. Bordeo la calle del «Hierro» por su exterior utilizando un nuevo «vial» que me lleva hasta la única torre almenada existente. Las actuales traseras de las casas muestran algunos restos de la primitiva cerca sobre la que o bien están construidas o bien han aprovechado algunos de sus materiales. La citada «torre almenada» alberga, hoy dí­a, algunas dependencias municipales. Junto a ella el Ayuntamiento, un hermoso edificio barroco, remodelado en 1771, realizado en piedra en sus dos primeras plantas y en ladrillo en la tercera, con su fachada cerrando uno de los ángulos de la actual plaza. En sus bajos, dentro de la papelerí­a allí­ existente (cuando yo era niño aquí­ habí­a una tienda de telas y la señora que la atendí­a se llamaba Conchita), unos impresionantes arcos pétreos ojivales nos muestran la solidez del edificio. Observo su fachada desde la plaza. Un amplio balcón corrido recorre toda la planta primera. En su interior, el Salón de Plenos. La segunda planta presenta tres ventanas sencillas que, en su tiempo, fueron vivienda del alguacil. La tercera planta, toda en ladrillo, se compone de un friso continuado de ventanas que, hasta no hace mucho, serví­a de Biblioteca Municipal. En la parte de la torre, se ubicaba la «cárcel o calabozo» municipal. Recuerdo todo ello con mis ojos de niño. Me era un edificio muy entrañable porque solí­a ir a la Biblioteca (entonces pasábamos allí­ varias horas de la tarde) y, sobre todo, mi «tí­o» Esteban, que era alguacil, vivió allí­ algunos años.</p>
<p>Paso por el arco de Santa Marí­a o Portal Oscuro (única Puerta que se conserva de la vieja puebla) y me dirijo hacia la Iglesia de Santa Marí­a (única Parroquia hoy existente). Es la calle del Hierro. No aprecio ninguna casa blasonada aunque algunas tienen su parte baja construida en piedra bien tallada y unos airosos miradores. Algunas fachadas han sido reconstruidas y, por ser todo el casco declarado de interés monumental, han debido respetar esta piedra y ser pintadas con colores predeterminados que, por lo que dicen, son aquellos que tení­an originalmente. Debemos decir que la ciudad sufrió un incendio en 1451 (que afectó a cuatro calles) y otro, más voraz, en 1535 que afectó a gran parte del casco urbano. Nada tiene de extraño la ausencia de edificios notorios. Cuando era niño en esta calle existí­an dos «sillerí­as» (Fuentes y Lecanda) y una «panaderí­a» (Melitón). Una «coplilla» decí­a «Melitón tení­a tres gatos, a los tres les puso zapatos, a la gata le daba turrón, vivan los gatos de don Melitón». Además existí­a la «fábrica de hielo y gaseosas»  de Eduardo Olabuenaga (primo de mi padre). Hoy dí­a todas ellas han desaparecido. En la sillerí­a de los Lecanda pasé muchos ratos enredando con clavos, martillos, formones, maderas y puntas. Incluso aprendí­ a tejer con cuerda los asientos de las sillas. Mi tí­o Guillermo era uno de los Lecanda. Recuerdo que, a veces, les acompañaba a llevar sillas en un carromato a la estación de RENFE y, posteriormente, siempre «caí­a» algo en el Bar próximo (hoy dí­a desaparecido).</p>
<p>Llego a la Plazoleta que da acceso a la Parroquia. Fue inexistente en los primeros años cuando el caserí­o llegaba hasta sus inmediaciones. El Pórtico que ahora se ve es de finales del siglo XVIII. Cerrando la plazoleta permanece en pie el edificio de las Escuelas Municipales (hoy Casa de Cultura).  Se levantaron en 1882 sobre los terrenos de una huerta comprados por el Ayuntamiento. Yo no asistí­ a ellas (mi escuela fue la que regentaban las Hijas de la Caridad en el Hospital) pero sí­ recuerdo que en su «altillo» viví­a el sr. Juan (el Sacristán).Accedo por allí­ a «calle Medio» (o Santa Clara) y asciendo hacia la Plaza (única salida de esta calle en sus inicios y donde existirí­a una segunda puerta). La actual salida hacia las Adoberí­as (moderno Ambulatorio) es de 1911 y se hizo derribando un «martinete» que los Ortés de Velasco tení­an allí­. Junto a la Parroquia existió un pequeño Hospital o, más bien, una casa para asilo de pobres e indigentes. Debió estar situado en el espacio existente entre la actual «casa cural» y la Iglesia. Fue una fundación privada, si no recuerdo mal, de un tal Echegoyen.</p>
<p>Ningún edificio tiene especial significado aunque abundan las plantas bajas de canterí­a. Sí­ que hay algo que me llama la atención: la cantidad de balcones de labradas rejas que tienen todos lo edificios. ¡Merece la pena entretener la vista!  Recuerdo que, separadas por la estrecha calleja funcionaban las «zapaterí­as» de Murias y de Eguiluz y, casi al final se encontraban la tienda de «ultramarinos» Laibarra y, enfrente, según me dicen, el Bar de Higinio. Hoy dí­a han desaparecido todas estas actividades. Una moderna «pescaderí­a» se ubica donde estuvo el Bar. Antes de girar a la izquierda (por seguir mi ruta)  anoto que en el hastial de la derecha se ubicaban la «ferreterí­a» de Cristóbal, la «alpargaterí­a» de Olazarán, el «electrodomésticos» 0.95, la «barberí­a» del Chato, la «tienda de telas» de Acebedo y el «estanco» de Macán. Siguen vigentes algunos de ellos. Giro, pues, a mi izquierda por el «hastial» y paso delante del afamado comercio de «Mantecadas Badillo» y la más moderna «Oficina de Turismo». Siendo niño, por aquí­ estaba la «barberí­a de Cacun» y una tienda de ropa. En la esquina de este hastial debió estar ubicada la segunda de las torres que protegí­an el flanco Oeste de la Ciudad, llamada del «reloj». En sus bajos existí­a la carnicerí­a pública y, posiblemente, el matadero, de ahí­ el nombre de la calle.</p>
<p>Antes de entrar a la «calle Carnicerí­a» contemplo la fachada de la Iglesia de San Juan (hoy de la Sagrada Familia) de la que, quizá,  hablaremos algún dí­a. La Iglesia no es sino la cara de uno de los más prestigiosos Colegios (junto con el de Chamberí­ de Madrid) que tuvo la Compañí­a de Jesús en España. El establecimiento se ubicó ocupando parte del caserí­o de calle Burgos, parte de la calle Carnicerí­a y todo el espacio del Castillo. El Colegio era, siendo yo niño, «juniorado» de la propia Compañí­a hasta su traslado a Villagarcí­a de Campos en Palencia. Hoy dí­a, la  Iglesia está en desuso y con su fachada en lamentable estado debido al deterioro de la piedra. El reloj y varios nidos de cigí¼eñas son sus «moradores». Un buen puñado de orduñeses se formaron en este Colegio-Seminario y, no pocos, ingresaron en la Compañí­a, entre ellos mis familiares José Antonio e José Ignacio Ruiz Olabuenaga. Los «certámenes bí­blicos», las «expediciones  pastorales a las aldeas» y la participación en las procesiones de los «Cruzados de Cristo» son algunos de los recuerdos que se mantienen en mi mente. El Colegio, hoy dí­a, es regentado por los PP. Josefinos de Murialdo. La «vieja torre» del inicio de la calle recibió, en su momento, el nombre de «torre del reloj». Me pregunto si el reloj que aún funciona (¡vaya si funciona!),  ubicado a  pocos metros del lugar, tendrá algo que ver con esta historia.</p>
<p>Desciendo por dicha calle (aún sin urbanizar) dejando a mi derecha, hasta su final, un desigual muro que encierra algunas instalaciones del propio Colegio. A finales del siglo XVIII, en el arranque de la misma, se ubicaba el «Juego de Pelota» y, el resto de su lateral derecho, estaba ocupado por huertas cultivadas. Aquí­ permaneció este espacio deportivo y de ocio hasta su trasladado a la calle San Lucas. En 1931 se construyó un nuevo frontón (tras la venta del solar de San Lucas) en el campo de San Juan, lugar donde hoy dí­a sigue existiendo aunque haya sido remodelado integralmente no hace muchos años. Entre estas huertas y el castillo se extenderí­a la muralla. Tengo la impresión de que el actual «muro» (al menos hasta el portón de entrada a los campos de deportes) reutiliza muchos de los materiales de la vieja muralla. El lateral izquierdo, muy poco ocupado durante años, va, poco a poco, colmatándose con viviendas. Frente a la citado «portón» del Colegio contemplo algunos restos de una edificación que debió ser importante. Lo muestra un fuste de alguna portada palaciega y un escudo nobiliar totalmente erosionado que ha sido respetado por las nuevas edificaciones. Tras la «calleja» correspondiente me sorprende un frondoso «jardí­n» que da acceso a uno de los varios «palacios» que aún se conservan en la ciudad: el de Ortés de Velasco. Es una edificación  de traza militar aunque, en el siglo XVI, fue modificado para vivienda. Formaba un todo continuo defensivo con la Parroquia y únicamente se abrí­a en su lateral el «portal de Santa Marina» o «Arco de Don Iñigo» (derribado en 1912  y con alguna leyenda referente al hallazgo de una tinaja con monedas de oro. Uno de los arranques aún puede verse. El palacio está labrado totalmente en piedra y de una elegancia destacable. Tiene tres fachadas y dos puertas, una de las cuales (que da a la calle) está cegada y, sobre ella, se distingue un hermoso escudo pétreo. La ampliación del palacio en el siglo XVI  sobrepasó la muralla y añadió un cuerpo porticado que aún se conserva. A esta ampliación debe hacer referencia la fecha 1598 que se encuentra en una cenefa sobre el arco izquierdo. Un poquito más a la izquierda de esta fecha existe otra «inscripción» que no me es posible descifrar dado el grado de deterioro de la piedra. Sobre una de las ventanas se conserva otro escudo que, al parecer, está tallado en madera. Esta arquerí­a y palacio era la primera visión de la Ciudad cuando se accedí­a a ella por la carretera de Vitoria, obra que fue realizada en 1854. El cuerpo porticado (tres arcos de medio punto) se ve enmarcado por un potente cubo de muralla con el que da inicio «calle Medio».</p>
<p>Llegado a este punto he completado el recorrido. A pocos metros se encuentra mi casa. Un buen paseo urbano que me acerca a la más antigua traza de la ciudad pero que los incendios y una cierta desidia institucional de años anteriores han hecho desaparecer elementos más significativos, especialmente la puerta de Santa Marina y la torre del Reloj. Sin embargo la traza «gótica» y algunos elementos del alzado pueden aún contemplarse en los modernos edificios. Quiera Dios y la voluntad vecinal que lo que aún podemos ver pueda ser conservado racionalmente.</p>
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		<title>Orduña (Núcleo Sur)</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Nov 2024 14:45:23 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="222" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/AAAA.jpg?fit=300%2C222" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/AAAA.jpg?w=690 690w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/AAAA.jpg?resize=300%2C222 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="3809" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/la-muralla-de-orduna-ganara-esplendor-junto-a-la-parroquia/aaaa-9/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/AAAA.jpg?fit=690%2C510" data-orig-size="690,510" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="AAAA" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2021/04/AAAA.jpg?fit=690%2C510" /></div><p style="text-align: justify;">Vamos a terminar los recorridos «urbanos» de la ciudad. En este caso nos centramos en el «núcleo Sur». En su origen comprendí­a tres calles: Burgos, Nueva y Cantarranas aunque muy recientemente se ha configurado una cuarta extramuros («Zagueras», popularmente, «Estajeras», exterior a la muralla). Todas ellas nacen en la Plaza y confluyen en una única puerta que es la salida hacia Castilla. «Cantarranas» hace referencia a algún «arroyuelo» que circularí­a por ella, «Burgos» a la salida hacia la meseta y «Nueva» seguramente al momento de la construcción de este núcleo, en relación al anterior, donde existe calle «Vieja». Pudiera ser, sin embargo, que su denominación hiciese referencia, como en otras villas, al establecimiento en dicha calle de la pequeña comunidad judí­a existente.</p>
<p style="text-align: justify;">Iniciamos el recorrido por calle Burgos, vial clave de la ciudad por ser el entronque con la Meseta. Por ella entraban en la «Plaza» y, por ende, en Vizcaya multitud de productos tanto para el consumo interior como para la exportación, especialmente vinos y lana. La imponente mole de la Iglesia «de la Compañí­a de Jesús» y parte de su «Colegio» ocuparon la mitad izquierda de las viviendas existentes en un principio. Con ello, igualmente, el paño de muralla correspondiente. Esta ocupación del espacio desconfiguró ligeramente la trama de esta núcleo. La fundación del Colegio se debe a la generosidad del militar orduñés Juan de Urdanegui, que firma la escritura el año 1678, y a la cesión benevolente de algunos terrenos por parte de la Ciudad. El Colegio sufrirá las vicisitudes varias que siguió la propia Compañí­a en los siglos XVIII y XIX siendo, en sus ausencias, Parroquia, Casa de Misericordia e, incluso, arsenal. Así­ pues la embocadura de la calle está ocupada por el lateral de la Iglesia y un edificio, recientemente restaurado, que ocupa el solar de lo que fue el «palacio de los Luyando»  que, aunque algunos lo remontan a tiempos de Pedro el Cruel (siglo XV) parece que debe datarse en el siglo XVI. Posiblemente entre ambos edificios existirí­a una puerta que cerrarí­a la calle a la propia plaza. En mi recorrido observo que aún conserva algunos edificios interesantes (cual corresponde al «camino real») destacando los números 4 y 6 (con interesantes miradores), 7, 9 (con un hermoso escudo pétreo) y 10 (reconstruida siguiendo la tí­pica fisonomí­a de planta baja en piedra y dos pisos en ladrillo. Tiene, además, un hermoso escudo tallado en madera a la altura del piso primero). En este mismo tramo se encuentra el afamado «Bar» Llarena y poco más adelante «La Unión». En este trama conocí­ un «bazar» (Cefem) y la tienda de ultramarinos Yarritu. Cierra la calle una pequeña «plazuela», que comparte con las otras dos calles, donde existirí­a una de las puertas «clave» de la ciudad: la de Burgos o San Julián. Esta puerta fue derribada en 1807 por la estrechez que presentaba y las dificultades que conllevaba para el tránsito de los carruajes. Extramuros de ella se encontraba la Ermita de San Martí­n. Llegado a esta «plazoleta» dos edificios llaman la atención: el bar «La Posada» (de reminiscencias medievales y comerciales) y el Palacio renacentista de Velasco, aunque las múltiples transformaciones y añadidos desfiguren, en gran medida, su origen. Está directamente asentando sobre la muralla viéndose aún uno de los cubos semicircular. Tras haber eliminado algunas construcciones adosadas se aprecia su lado sur y un hermoso escudo. Aquí­ tuvieron su «almacén de piensos» los Zárate. Enfrente de este «palacio» (que merecerí­a una digna restauración) está la «Residencia de ancianos». Es un sólido edificio que, en su origen, fue Convento de Franciscanos. ¡Un excelente lugar para los «mendicantes»! La desamortización de Mendizábal acabó con la comunidad franciscana. El edificio tuvo varios usos (entre otros el de escuela tanto para niños como para niñas) hasta que las Hijas de la Caridad fueron llamadas (en el último cuarto del siglo XIX) para regentar un «Asilo-Escuela». En él permanecieron hasta finales del siglo XX en el que, por diversas razones, se retiraron. Uno siente cierta nostalgia y mucho agradecimiento a la labor de estas mujeres que cuidaron durante más de cien años a nuestros ancianos y educaron a los niños y niñas (entre ellos, uno mismo). Junto a este Asilo estaba el «Ambulatorio» rodeado de una «murallita» por la que jugábamos cuando í­bamos a la escuela. Adosado a él existí­a un hermoso escudo que desconozco dónde ha ido a parar. A continuación de este edificio habí­a una construcción alargada y tenebrosa donde viví­a Adorina y sus hijos. Creo que por esos lugares estuvo la Ermita de San Lázaro que se utilizarí­a, en época de epidemias, como «lazareto».</p>
<p style="text-align: justify;">Visto lo descrito vuelvo a la Plaza por  «calle Nueva». Aquí­ nací­, cuando se llamaba «General Molina». Mi casa se vendió y, en su lugar, se ha levantado un nuevo edificio. Una calle (quizá la antigua juderí­a) con un elevado número de labradores. Quiero recordar, con todo mi cariño, a Julián,  a los «Pelagayos», los de «Pilatos», a Andrés, a Cachorro, a Pisplanos, a Chipi, Gindolay&#8230; Negocios como la «herrerí­a» de Pifas (al lado de mi casa), la «carpinterí­a de La Presillera, la «panaderí­a» de Ibarrola, la «herrerí­a» de Sotero, la «barberí­a» de Donato, la «bodega» de los Hermanos Fernández, la «hojalaterí­a» de Ramón Lafuente, «muebles» Guinea, el Bar de Pruden, una minúscula tiendecita de comestibles a la que se accedí­a desde el portal (hoy ocupada por algún servicio municipal) y, ya en la esquina con los hastiales, la «tienda de ultramarinos» de Pepita. En medio de la calle existí­a un amplio solar sin edificar. Por la visto fue ocupado, anteriormente, por una «fábrica de gaseosas» de los Llarena. El trasiego de carros tirados por bueyes o vacas era una escena común. Nuestra afición futbolí­stica la saciábamos en la calleja que uní­a calle Nueva con calle Cantarranas. Que recuerde no habí­a (ni hay) ninguna casa con escudo nobiliar.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegado, de nuevo, a la Plaza he girado a la izquierda por los hastiales. Entonces estaban la tienda de «Pepita Betolaza», la pescaderí­a de las «Gotxas», la carnicerí­a de los «Macanes», la barberí­a de Vildósola y una bodeguilla. Además existí­a una «fonda» (llamada de los «macanes») ubicada en un primer piso sobre la tienda de «Pepita». De estos «negocios» no queda ya ninguno aunque han sido sustituidos por otros. Accedo al arranque de la calle «Cantarranas» y tropiezo, a mi derecha,  con un hermoso edificio pétreo de finales del XIX asentado sobre el «viejo palacio de Herrán», seguramente del siglo XVI. Recuerdo su espectacular aldaba, hoy dí­a desaparecida. Tema éste de las aldabas curioso y que, hace treinta años, me entretuve en fotografiar y que conservo como «oro en paño». Tiene en la fachada que da a la propia calle dos escudos. Creo que la casa fue propiedad del Marqués de Olaso. No deja de ser interesante cómo este marquesado, cuya «torre» se conserva en Trapagaran (hoy casa de cultura), acabó en Orduña. Por lo que sé, el marqués quedó arruinado en sus inversiones y sólo salió a flote casándose con una rica heredera orduñesa. Tanto en Trapagaran como en Orduña los escudos que se conservan son similares.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta calle era totalmente «labradora». Tres bares ayudaban a la diversión: «El  Pimiento», «Los Maños» y «La Parra». Además la «Bodega de Cerrillo». Creo que en el inicio de la calle, frente a Cerrillo, existió la tienda de «piensos» Oteo. Pasada la calleja estaba la trasera de la Panaderí­a de Ibarrola y, ya en la circunvalación que hace en su final la calle, el Bar La Posada. Aunque viví­a en la calle paralela, mi vida se hací­a en ésta. Aquí­ viví­an mis abuelos, mis tí­os, mis primos, mis amigos (Santocildes, Pinedo, «Pontoni», mis primos Chelico y Goita, Mari&#8230;). Aquí­ también viví­an «Rufino el maletero» y «Marí­a la recadista». ¡Cómo recuerdo el tráfico de los carros, las dificultades para atravesar el último de los tramos que daba  a La Posada, el llevar las vacas y bueyes al bebedero del «hospital», el subir la hierba a los «payos» a base de manta y polea, el cortar las «manadas» para el ganado, el desgranar la borona, el ordeño nocturno, la partida de brisca de las «mujeres» en los portales, la matanza del cerdo, el parir de las vacas&#8230;!¡Sabores de la comida de mi tí­a Visi!&#8230; Es una calle, como su paralela «la nueva», cuyos edificios han sido profundamente transformados. Quizá lo de «cantarranas» se deba a que, hasta tiempos no muy lejanos, el agua que discurrí­a por el actual Paseo de la Antigua salí­a de la ciudad por medio de la calle. Yo recuerdo que, cuando lloví­a torrencialmente, seguí­a ocurriendo, a pesar de existir recogida de aguas.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegado a La Posada giro a la derecha (dejando frente a mí­ el Barrio de San Francisco) y recorro las antiguas «estajeras» (hoy Zageras). Era, entonces, un andurrial de tierra trasero de las casas de la calle Cantarranas asentado sobre la misma muralla y reutilizando sus materiales. Allí­ habí­a un bebedero para el ganado y un pequeño «instalache» para errar a las caballerí­as. Hoy dí­a está urbanizada y las antiguas huertas han sido sustituidas por viviendas. A punto de llegar al Paseo de la Antigua existí­a un «pasadizo-mirador» que comunicaba la casa de los «Herrán» con su huerta. En este punto existí­a una puerta que llevaba hacia la Antigua. La puerta, cuando llegó el ferrocarril, se hizo pequeña para determinados tránsitos y fue derribaba en 1888. Desde aquí­ me voy a la Plaza, me detengo un momento contemplando la «espectacular» fachada del Balneario y, por la calle Santa Clara o Medio, me llego a casa.</p>
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		<title>Orduña (Núcleo Norte)</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Nov 2024 06:52:38 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="225" height="300" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/Calle-Vizcaya.jpg?fit=225%2C300" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/Calle-Vizcaya.jpg?w=300 300w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/Calle-Vizcaya.jpg?resize=225%2C300 225w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" data-attachment-id="56" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/orduna-nucleo-norte/calle-vizcaya/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/Calle-Vizcaya.jpg?fit=300%2C400" data-orig-size="300,400" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Calle Vizcaya" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/Calle-Vizcaya.jpg?fit=300%2C400" /></div><p>La «vieja» puebla de las tres calles (1229) pronto se quedó pequeña. Por delante de su muralla principal (ubicada entre dos poderosos torreones) discurrí­a el «camino real» que comunicaba la Meseta con la Costa (reforzado con la fundación de Bilbao en 1300). Este importante vial (con una orientación Sur-Norte) será el eje de la ampliación que se hizo estableciendo dos nuevos «núcleos urbanos» separados por una amplia plaza. De este modo se configurará, a finales del siglo XIV, la Orduña de tres «núcleos» en torno a una plaza que ha permanecido «cuasiintangible» hasta nuestros dí­as.</p>
<p>El núcleo Norte comprende cinco calles: Vieja, Francos, Orruño, San Juan y Zapaterí­a (o San Lucas). Nacen en la Plaza y finalizan en el paseo de Ronda próximo a la nueva muralla norte. Hacen referencia a determinadas actividades (Zapaterí­a, Francos), proximidad a un nuevo templo (San Juan) o antigí¼edad (Vieja). Esta última correspondí­a a la salida hacia Bilbao. Existí­an dos puertas al final de las calles Vieja y Orruño que de una u otra forma daban salida hacia la costa o las próximas aldeas.</p>
<p>El núcleo Sur comprende tres calles: Burgos, Nueva y Cantarranas aunque en los últimos años se ha configurado una cuarta extramuros («Zagueras» y, popularmente «Estajeras»). Las tres nacen en la Plaza y confluyen en una única puerta que es la salida hacia Castilla. «Cantarranas» hace referencia a algún «arroyuelo» que circularí­a por ella, «Burgos» a la salida hacia la meseta y «Nueva» seguramente al momento de la construcción de este núcleo, en relación a la calle «vieja» del núcleo norte. Pudiera ser, sin embargo, que su denominación hiciese referencia, como en otras villas, al establecimiento en dicha calle de la pequeña comunidad judí­a radicada en la ciudad, suficientemente datada, aunque nunca llegó a la importancia de las de Vitoria o Valmaseda.</p>
<p>Como hemos dicho, con anterioridad, entre ambos nuevos núcleos se instaló una «enorme» plaza, de traza rectangular, cerrada por viviendas en sus lados Norte y Sur y sendas murallas en sus lados Este y Oeste. Posteriormente (finales del siglo XVIII, en uno de los mejores ejemplos del neoclasicismo vasco) adquirirá forma cuadrada con la construcción en el lado Oeste de un macizo edificio pétreo (la mayorí­a de este material procedí­a del viejo castillo) cuyo objetivo será el de servir de Aduana para el Señorí­o. Este edificio, tras perder su función con la eliminación de las aduanas interiores en el siglo XIX, tuvo diversas ocupaciones hasta ser utilizado como «cuartel militar». Así­ lo conocí­ durante unos cuantos años y recuerdo los «desfiles» de la tropa, los toques de trompeta&#8230; Hoy dí­a es un prestigioso Balneario a donde llega el agua desde La Muera. La «Plaza» cumplirá una importante función comercial tanto en el propio espacio abierto como en los «hastiales» y en los comercios existentes insertos bajo las casas. También en ella se celebraban las corridas de toros y otros festejos. Una fuente, con su bebedero para los animales, se ubicaba en su centro. La fuente que hoy dí­a contemplamos fue levantada en 1862 utilizando, seguramente, materiales de la primitiva. La urbanización de la Plaza (a comienzos del siglo XX) supuso una importante reducción del espacio comercial reducido a los viales, hastiales y comercios. Con ello ganó el espacio de ocio que hemos y seguimos conociendo. Esta obra de inicios del siglo XX aportó los árboles, bancos de piedra, quiosco, verjas de hierro&#8230;Recientemente se ha remodelado de nuevo utilizando parecida estética y muchos de sus materiales anteriores. El mercado que se realizada en ella los sábados o dí­as de feria suponí­a para el Municipio un importante aporte económico mediante los arbitrios. Recuerdo que, siendo niño, los alguaciles (entre ellos mi «tí­o» Esteban) iban cobrándolos, según la importancia, repartiendo a cada vendedor unos «escuditos» con la aportación correspondiente. Detrás de la Aduana (sobre la vieja muralla) estaba la Alhóndiga Municipal con una «báscula» en plena calle que nos serví­a para balancearnos. En el mismo edificio estuvo ubicado Correos. Junto a él se construyó el hoy desaparecido Mercado. En el espacio ocupado hasta hace bien poco por la Alhóndiga y la casa de Olaso existí­a la correspondiente «puerta por la que se salí­a hacia la Antigua, Lendoños, Belandia, Goldecho.</p>
<p>Voy a recorrer el «núcleo norte» o «viejo». Para ello, asciendo desde mi casa por la calle del Hierro o Santa Marí­a y salgo a la Plaza por el «portal oscuro» (único que hoy dí­a se conserva y que muestra una gran austeridad). Allí­ mismo arranca «calle Vieja» o «Vizcaya». Su inicio (ligeramente más amplio que el resto de la calle) se ve enmarcado por la «torre del Ayuntamiento» (de la que ya hemos hablado) y por el «palacio barroco de Dí­az Pimienta» que ocupa todo el frente de fachada entre esta calle y la siguiente (Francos). Un palacio de piedra de gran severidad rematado por dos torrecitas. Entre ellas se construyó, posteriormente, una vivienda eliminando su escudo de armas. En el lateral del palacio que da a «calle Vieja» permanece vigente la tienda de ultramarinos «Luengas». La entrada a este comercio está flanqueada por dos amplias bandas que, sin duda, muestran alguna actividad del propio palacio, como cocheras  o algo similar. Todos los restos de la antigua actividad comercial han ido desapareciendo. Aún recuerdo la existencia de «confecciones» Machacón, de la «zapaterí­a» de Guaresti, la «farmacia» de Almarza, la «alpargaterí­a» Zubizarreta, «curtidos» Rico, la «panaderí­a» de la Rusa, la «panaderí­a del Riojano», el «bar» La Flor, la «sucursal» del Banco Bilbao, la «zapaterí­a» de Satur, el «bar» Iza, «electricidad» Izaga  y, al final, el «estanco» de Iturrino y la «carpinterí­a» de Cosme Llanos y ¡cómo no!&#8230;el cine. Todo ello ha desaparecido excepto la panaderí­a del Riojano (más moderna que el resto). Unos pocos comercios (mí­nimos) los han sustituido. Dos edificios muestran la significatividad de esta calle en tiempos pasados: el número 21 (con un hermoso alero) y la siguiente a la calleja (ocupada por la Panaderí­a Riojana) con dos pequeños escudos a la altura del primer piso y una trama tí­pica de los edificios antiguos: planta baja en piedra y dos pisos de ladrillo.¡Merecerí­a la pena su restauración!</p>
<p>Llegado al final de la calle, dejo el Barrio San Miguel (extramuros de la ciudad y donde estuvo ubicada la Ermita del mismo nombre) y giro hacia la izquierda por al «paseo de ronda». En este corto espacio (50 metros) conocí­ varias actividades hoy desaparecidas: las «ebanisterí­as» de Gamboa y Salvador (que me hací­a unos «trompos» temibles), la pequeña y curiosa «bodeguilla» de Iturritxa, la «carpinterí­a»  de Orueta y la «herrerí­a» de Olabuenaga (mi familia). ¡Qué tiempos de niño!&#8230; Quizá porque mi abuelo Sebastián, mi propio padre y, finalmente, mi tí­o Sebas fueron sus propietarios y usuarios aquel fue un espacio que visitaba muchos dí­as y donde uno convivió con fuegos, fuelles, mazos, martillos, yunques, limas&#8230; Hoy es un edificio abandonado y en ví­as de extinción. Además del edificio existí­a un huertecillo que daba directamente a la muralla y al arroyo que le serví­a de foso. Este arroyo proviene de la zona llamada del Agua Salada. En este entorno mis tí­os Lorenzo y Visi tení­an una, entonces para mí­, inmensa finca con una buena cabaña donde se trillaba y guardaba el grano. Por medio de la finca discurrí­a el citado arroyo en el que, ¡quién lo dirí­a!, se podí­an pescar cangrejos. Tras servir de «foso» a la muralla norte, está magní­ficamente canalizado en el barrio San Miguel con una par de puentecitos muy bien trabajados y un firme enlosado de lo más curioso. Junto a la herrerí­a existí­a (y existe) una plazoleta con su correspondiente fuente y la «sillerí­a» de El Majo. Desde este lugar asciendo hacia la plaza por calle Francos.</p>
<p>Su nombre hace referencia a sus primitivos moradores («francos») normalmente dedicados al comercio. Sorprende el hecho por cuanto no es una calle en la que yo haya conocido que abunde esta actividad. Hasta la primera «calleja» han sido rehabilitadas todas las casas que, siendo yo niño, eran de labradores. Hacia la mitad se encuentra una casita «retrancada» respecto al alineamiento general con un pequeño jardí­n. Aquí­ vivieron mis abuelos paternos y, actualmente, lo hace mi tí­a Micaela. Creo que, con anterioridad, fue una cochera. Enfrente estuvo la «hojalaterí­a» de Alberto y en la casa aneja (totalmente de piedra y limitando con la calleja de arriba) nacieron los Salas Larrazabal. Frente a esta casa también existí­a la tienda de «muebles» Rico. Pasadas las callejas que dan acceso a las calles paralelas (Vieja y Orruño) estaban (enfrentadas) las «pescaderí­as» de Inés y Benita. Yendo a la casa de mis abuelos siempre me llamaba la atención los, para mí­, enormes bloques de hielo que utilizaban. Próximo a una de ellas estaba el Bar Elcoro, luego llamado de la Arratiana y, ahora, Taberna Marrazki (estupendamente atendida por mi cuñada Marta). Poco más arriba (ya en los bajos laterales del palacio Dí­az Pimienta)  existí­a la «sastrerí­a» de Dueñas. Hoy sólo queda la Taberna Marrazki.</p>
<p>Llego a los «hastiales» y giro a mi derecha. Sobre el arco que da a esta calle se encuentra una «lápida» que dice: «Aquí­ nació Gregorio San José. 1921&#8243;³. De hecho, durante muchos años esta calle se denominó con dicho nombre. Como en el resto de la Plaza los comercios son abundantes. Entre ellos sobresale, por su clasicismo y sus magní­ficos dulces, la tienda de «ultramarinos Larrea. También la tienda de «ropa» de Javiera y una de las Farmacias. Junto a esta Farmacia conocí­ un «Estanco». Llegado al Bar «X» desciendo por la calle Orruño. La embocadura izquierda está ocupada por el lateral del Palacio Mimenza. Antes de iniciar la bajada me detengo ante su fachada. De estilo renacentista asentado sobre seis arcos rebajados cuya función, como en el resto de los hastiales, es ubicar en ellos las ferias y mercados. En la fachada tiene dos plantas y un desván. Todo ello en ladrillo. Destaca una galerí­a alta muy frecuente en ciudades del valle del Ebro (Corella, Tudela&#8230;) pero extraña en nuestro entorno. En el centro del piso superior destaca un hermoso escudo. En una franja pétrea que recorre de arriba abajo su lateral izquierdo existe un segundo escudo (labrado únicamente en su mitad) con un lazo en la parte superior («No lo hagas») y un recuadro, en la inferior, que dice: «Esta casa hizo Pedro Mimenza año 1529&#8243;³. Parece, no obstante, que el edificio es de 1555 habiendo reutilizado materiales de las anteriores construcciones. El palacio tiene una gran profundidad ocupando parte de la primera mitad de la calle. En sus bajos estuvo el «obrador» de Lezana. Recuerdo que, los domingos, abrí­a una «portezuela» en la calle Orruño donde podí­as comprar sus afamadas «pastas».</p>
<p>Por lo demás no hay edificios destacables en esta calle habiéndose renovado bastantes de ellos en los últimos años. Merece destacarse la vivienda «número 6&#8243;³ con una amplia balconada en su piso primero. Por aquí­ tuvieron la «consulta médica» los hermanos Larrea. Es una calle fundamentalmente residencial, salvo su último tramo con alguna actividad agrí­cola. Pasada la primera de las callejas tuvo un bar (La Cabaña) mi «primo» Manolo. Termina la calle en un espacio semiabierto (que no llega a plazuela) teniendo en cuenta que en dicho lugar se asentaba una de las puertas de la ciudad con el mismo nombre de la calle: Orruño. Esta puerta llevaba a Santa Cristina y Cedélica, previa subida a Getxa donde los «carlistas» en su última «asonada» construyeron un fuerte. Aún se pueden ver los restos del apoyo de dicha puerta en la casa colindante.</p>
<p>Giro hacia la izquierda para subir por la calle San Juan. Ocupando la «ronda norte» encuentro un edificio de piedra bien tallada conocido con el nombre de «el palacio» (casa de Tirso). Tiene dos plantas con balcones airosos. Por su parte trasera discurre el arroyo «Agua Salada» a modo de foso. Esta calle es casi exclusivamente residencial. Quiero destacar los números 23 y, sobre todo, el 17. Es ésta una casona de planta baja y dos pisos. El segundo, de ladrillo, con un balcón enmarcado por dos ventanas. Su cara sur dispone de una amplia galerí­a cuasicerrada que da a un extenso patio. Es uno de los escasos solares que restan por edificar dentro del casco urbano. Algunas de las casas conservan su planta baja de piedra y aleros dignos de un estudio. Superada la calleja se ha construido recientemente el Bar Lapurdika sobre una vieja casona con aire de «antigí¼edad». En esta casa vivieron José Mª y Felisa, matrimonio muy amigo de mi padre y «padrinos» de mi hermano (que por algo se llama José Mª). Con ello llego al lateral del actual Balneario donde existió una de las puertas de la ciudad camino hacia el Santuario de la Antigua, paso de Goldecho y a las aldeas de la Junta de Ruzabal. Giro a mi derecha para terminar mi recorrido por la actual calle de San Lucas (¿zapaterí­a?). Al menos en el entorno yo conocí­ dos de estos establecimientos: el de Luis Vitoria y el de Roiz. Junto a la zapaterí­a de Luis Vitoria (actualmente carnicerí­a) estaba la «sillerí­a» de los Viguri. No puedo menos que recordar a Mª Jose (de esta familia) que, actualmente, trabaja conmigo en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo. Me detengo, antes de recorrer la calle, observando las viviendas que se están haciendo en el antiguo mercado y que, a mi modo de ver, rompen bastante la armoní­a del entorno. En este espacio se ubicó la Iglesia de San Juan del Mercado que fue la Parroquia para la «villa de fuera», es decir, para los habitantes de los dos ensanches. Desapareció en el siglo XVIII y, aunque se construyó una nueva, no tuvo mucha permanencia. Nada tiene de extraño que en el arranque de la calle se puedan encontrar (excavando) restos humanos del adosado cementerio. Junto a ella también existió un hospital (existí­an otros tres en la ciudad: San Clemente, San Lázaro y Santa Marí­a). La calle está, en su gran mayorí­a, sin edificaciones. Cuando yo era niño sólo existí­a, hacia la mitad, el «taller zapatero» de los Roiz. Igualmente contemplo la «casona» de los Larrea, una curiosa construcción tanto por su lateral, ocupado totalmente por miradores, como por su fachada cubierta de baldosines con decoración geométrica. Presenta, además, entre las ventanas de las plantas segunda y tercera cuatro «rectángulos» con escenas vascas igualmente de cerámica vidriada.</p>
<p>Recorro toda la calle recordando haber leí­do en algún libro que al final de la misma debió existir una torre defensiva, lo cual parece bastante lógico. Por el paseo de Ronda, salgo al final de calle Vieja. Unos metros más adelante está la «travesí­a tras Santiago». Por ella, viendo los restos de las murallas y la Parroquia, salgo al ambulatorio y, de allí­, a mi casa. El recorrido ha merecido la pena.</p>
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		<title>El Puente de Ibazurra (Recuerdos)</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Aug 2024 06:52:12 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: justify;">La casa de mi madre está en lo que hoy se llama Plaza de Juan de Garay. Quiero suponer que su dedicación hace referencia al conquistador y fundador de la actual Buenos Aires. Bien es sabido que algunos historiadores «patrioteros» le hacen nacer en Orduña aunque esta probabilidad es la misma que la mí­a de ser lehendakari de los dominios de don Sabino (Arana). El hecho es que estoy aquí­, en el balcón que da a la silenciosa plaza de don Juan. Frente al balcón, un segundo edificio me impide la visión de la no lejana montaña por donde asciende la sinuosa carretera de Vitoria dejando a su vera las aldeas de Artómaña y Aloria. Buen recuerdo de mis viajes al Seminario que los Paúles tení­an en Murguí­a. Buen recuerdo del lento autobús de un piso y medio que proveniente de Arceniega llegaba hasta la capital alavesa. Autobús de «chofer» y cobrador. Buen recuerdo de uno de estos cobradores que, creo, se llamaba Vitor.</p>
<p style="text-align: justify;">Está ubicada la casa en el barrio de las «Adoberí­as» del que parte un viejo camino hacia Bilbao denominado «Tras Santiago». Términos ambos que nos retrotraen a tiempos medievales cuando la villa (posteriormente ciudad) era un poderoso enclave comercial y militar, asentamiento de ferias, artesanos y romeros. Como espacio central del entorno la imponente trasera de la no menos imponente Iglesia-Fortaleza de Santa Marí­a. Entre la Iglesia y la barriada se ubica hoy dí­a el ambulatorio y el riachuelo denominado «Matapulgas» proveniente de la «Fuente La Teta». La primitiva carretera a Vitoria y el antiquí­simo camino hacia Aloria han sido cortados por la reciente circunvalación. Atravesada ésta por un angosto túnel podemos acercarnos al hoy abandonado Convento de Santa Clara.</p>
<p style="text-align: justify;">Como casi todo el entorno periurbano ha sufrido este de Adoberí­as una profunda transformación en los últimos cincuenta años. La huerta de los «Mendí­a», la centralita eléctrica, la casa de «Rebus» y otra cuyo nombre no recuerdo (¿Marí­a?) están hoy dí­a ocupadas por el Ambulatorio y un pequeño parquecillo. El riachuelo «Quintana o Matapulgas» ha sido canalizado y un par de huertas y las Eras de Perí­n han sido sustituidas por la barriada donde escribo estas lí­neas. Bordeando las casas, un camino asfaltado nos lleva hasta el rí­o Nervión aunque para ello hayamos de atravesar «a lo loco» la peligrosa circunvalación que corta el camino.</p>
<p style="text-align: justify;">Muchas veces lo recorrí­,  sin asfaltar y sin carretera por medio. Antes de llegar al rí­o, a la izquierda, tení­an mis abuelos una hermosa y amplia huerta. Atravesado el rí­o accedí­amos a algunas de las fincas rústicas donde se sembraba trigo o alfalfa. Jornadas de siembra, cosecha y acarreo. Siempre con carros tirados por lentos bueyes que, a duras penas, cabí­an por los estrechos caminos en la mayorí­a de los casos descuidados y con la vegetación lateral dificultando el tránsito. ¡Así­ eran las cosas! Apenas dos o tres sencillas casas se encontraban una vez pasado el rí­o. Algunas han sido hoy dí­a remodeladas. En la lejaní­a, el altozano sobre el que se ubica la aldea de Aloria, posiblemente de los primeros asentamientos del valle. A un tercio de camino las ruinas del viejo y abandonado cementerio. Posiblemente este fue el más antiguo de los caminos que poní­an en contacto la meseta con el valle orduñés y, una vez en él, con el Cantábrico bien por Bilbao (siguiendo el Nervión) o por Castro (Valmaseda). Tres datos pueden avalar esta afirmación: la existencia en las inmediaciones de Aloria de un suficientemente datado establecimiento romano, la confluencia de este camino en el Puente de Ibazurra y la disposición este-oeste de las tres primeras calles de la villa. En otras palabras: este camino descenderí­a por las laderas del valle hasta Aloria, de allí­ entrarí­a en la villa (atravesando el puente de Ibazurra) por la puerta de la calle «Carnicerí­a» saliendo de la misma por la puerta del «reloj». Atravesada la muralla tomarí­a rumbo a Bermeo (posteriormente a Bilbao) siguiendo el cauce del Nervión o a Valmaseda por la «Fuente de la Choza».</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los puntos clave de este camino serí­a el «Puente de Ibazurra» en cuyas inmediaciones se conserva el topónimo de «Las Calzadas». Lo conocí­ como una sencilla construcción de dos ojos de una bien trabajada canterí­a. Muy similar al que se conserva en La Muera. Tan estrecho en todo su tramo que dificultaba el paso de los carros tirados por bueyes cuando se trasportaba hierba o trigo. Especialmente con la hierba por ser más el volumen que se cargaba. La salida en curva era un auténtico problema porque, para proteger la embocadura habí­a en el suelo unas grandes piedras que, con gran dificultad, sorteaban los carros. En su momento debió mostrarse con cierta altivez. Cuando yo lo conocí­ estaba su cauce excesivamente colmatado y a merced de las correspondientes riadas que hací­an discurrir el agua por uno u otro ojo. No era infrecuente ir a su entorno a pescar loinas o cangrejos. En su lugar se ha construido un puente-paso que no reviste ninguna importancia. En mi opinión debiera haberse conservado el viejo puente dada la importancia arqueológica que representó no tanto desde una perspectiva arquitectónica sino histórica.</p>
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		<title>Un Santuario Mariano (La Antigua)</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jul 2024 06:54:18 +0000</pubDate>
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<p style="text-align: justify;">He accedido a «La Plaza» por la calle Santa Clara. Dí­a caluroso y, por ello, muy poca gente en el pulmón social de la ciudad cuando el reloj de los «Josefinos» da las nueve y media. Provisto del periódico recorro tranquilamente el Paseo de la Estación. Es un kilómetro hermoso, con dos amplias aceras, doblemente ajardinado y sombreado que articuló el primero y más emblemático de los ensanches de la ciudad. A ambos lados una serie de «chalets» muestra el inicial «pedigrí­» de sus primeros dueños. En su mitad el imponente Colegio de la Enseñanza que durante muchos años fue lugar preeminente en la educación vizcaí­na. Hace tres o cuatro años dejó su función docente y hoy sólo acoge a una pequeña Comunidad de Religiosas de la Compañí­a de Marí­a.</p>
<p style="text-align: justify;">Atravieso el puente sobre las ví­as de RENFE. Construido no hace muchos años supone una barrera infranqueable para tantas personas mayores que subí­an andando al Santuario a rezar a la Virgen. ¡No han estado acertados sus constructores! Quizá cuando se abra la nueva ví­a del AVE (que no pasa por este lugar) habrá que derruir el dichoso puentecito. Desde su punto central se divisa el remate airoso de la fachada del Santuario. Un bosque bastante tupido cubre la primera parte del acceso. Tras unos escalones, con la visión completa de la fachada, entramos en los jardines propios del Santuario a los que preceden dos impresionantes sequoias.</p>
<p style="text-align: justify;">Entro en el Santuario. El contraste de luz y temperatura es intenso. Me siento en uno de los últimos bancos en tanto mi cuerpo se habitúa a la situación. Es un templo airoso en planta de cruz latina. El ábside se ve ampliado con un amplio adosado o camerí­n que acoge la imagen de la Virgen. Una cúpula de hermosas proporciones y diáfanas pinturas cubre el crucero. Rezo unos instantes con la plegaria que mi padre me transmitió: «Que eres Madre del amor, todo el mundo lo atestigua; Madre amada de la Antigua, no nos niegues tu favor». Tengo presente a mi familia, a los orduñeses, a mis alumnos y alumnas.</p>
<p style="text-align: justify;">Siento que el sol, en la salida, agobia mis ojos. Me resguardo en el sencillo porche que da acceso al Convento Carmelitano. En él se ubica una gallarda portada gótica resto de la antigua Ermita. Se me encoge un tanto el corazón en el recuerdo de las Carmelitas que este mismo año han abandonado el Convento y, con ello, el cuidado del Santuario. Absorto en este pensamiento contemplo la centenaria morera que se recuesta sobre el propio edificio. La leyenda afirma que sobre ella se encontró la imagen. Aún hoy da abundante fruto para satisfacción del paladar. Tras probar media docena de moras voy a la fuente que se levanta a pocos metros. Acogida en una cueva artificial sorprende por el curioso vaso que permite beber con suma tranquilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordar costumbres siempre es una buena terapia para reflexionar acerca de la historia. Mis padres me subieron de niño a este lugar. La fuente, los numerosos exvotos que colgaban de su nave, el peso de los niños poco después de nacer, el rezo&#8230;. ¡Todo ello es parte de lo que hoy dí­a soy!&#8230; Bien dicho está aquello de que el noventa por ciento somos agua y el resto Historia&#8230; ¡El Santuario es parte de mi Historia!</p>
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		<title>Aloria (de visita)</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Mar 2024 06:47:46 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?w=500 500w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="73" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/aloria/attachment/16509576/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?fit=500%2C375" data-orig-size="500,375" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="16509576" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?fit=500%2C375" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="73" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/aloria/attachment/16509576/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?fit=500%2C375" data-orig-size="500,375" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="16509576" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?fit=500%2C375" class="alignleft size-full wp-image-73" title="" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?resize=348%2C261" alt="16509576" width="348" height="261" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?w=500 500w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/16509576.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 348px) 100vw, 348px" /></a>Primer dí­a de vacaciones. Tení­a ganas de volver a mi huerta. ¡Vaya semidesolación! Casi toda está hierba (¡bien cuidada, por cierto). En un rincón doce plantas de tomate y otras tantas de pimiento. En el lateral asoman unos pepinos y, en medio, algunas fresas. Este año no hay más. ¡Por lo menos me evito tener que regar demasiado! Los dos bidones están llenos. A su vera el pozo rodeado de una decena de pequeños frutales.</p>
<p>Tras el riego correspondiente, y una mí­nima recolección de tomates y pimientos, me he sentado sobre la cubierta del pozo. La motobomba ha extraí­do hace unos dí­as el agua necesaria para llenar los depósitos. Una hermosa higuera alivia el intenso calor a pesar de ser aún las nueve treinta. Me regalo una docena de fresas y un buen puñado de grosellas. Se dejan comer dejando en mi paladar el sabor de lo natural.</p>
<p>Esta huerta la cuida mi hermano en las horas que le dejan libre sus trabajos. Por eso no hay mucho que rascar pero la tiene bonita. Mejorará cuando crezcan un poco los frutales que ha plantado. Además está cerca de mi casa y con una caseta de obra donde se guardan los aperos. Anexo tiene un sencillo cobertizo bajo el que se puede disfrutar de una reconfortante sombra.</p>
<p>Cuasi limí­trofe con mi huerta hay una finca a la que podemos llamar el «arca de Noé». Tres burros (uno de ellos de pocos meses); una veintena de gallinas; unas conejeras; seis ovejas; varios pavos, algunos gatos que van y viene, dos perros&#8230; Todo ello junto a una caseta hecha de «remiendos», una aventadora de los años cincuenta, un remolque con las ruedas destrozadas que sirve a las gallinas para tomar el sol, una vieja sulfatadora&#8230;y ¡un pozo con su higuera!</p>
<p>A la vera del pozo me he acordado de «mis» alumnos y alumnas de 2º de Bachillerato, especialmente de la sección «A». ¿Dónde estarán en este momento?&#8230; ¿Habrán asentado su próximo año?&#8230; ¿Habrán desertizado Sestao?&#8230; A la vera del pozo veo no menos de seis rebaños de ovejas dispersos por las laderas del inigualable entorno del valle de Orduña. La mayorí­a de ellos en las inmediaciones de los Lendoños aunque vislumbro alguno en la zona de Santa Cristina. No puedo menos de recordar a Irantzu ¡bien sabe ella porqué! Me pregunto si harán un mí­nimo esfuerzo por leer algún librito en tan largas vacaciones; si serán juvenilmente responsables en sus diversiones; si, tras varios años en el Colegio, habremos sido capaces de ayudarles a caminar&#8230;</p>
<p>A la vera del pozo contemplo no muy lejos la silueta de la Parroquia de Santa Marí­a. Pongo en sus manos de la Virgen la vida de todos ellos, tanto de quienes iniciarán nuevos estudios como de aquellos que tendrán que repetir curso. Procuro recordarlos uno a uno. Laura, Borja, Jon, Maider, Imanol, Diana, Lidubiñe, Endika, Marí­a, Irune, Miren, Pablo, Rosa&#8230; A la vera del pozo de mi huerta he comenzado mis vacaciones.</p>
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		<title>Un recorrido nostálgico</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Jun 2021 06:54:02 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?w=1600 1600w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=1024%2C768 1024w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="43" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/un-recorrido-nostalgico/attachment/22013567/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?fit=1600%2C1200" data-orig-size="1600,1200" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;8.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;u10D,S300D,u300D&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1240404423&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;5.8&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;80&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.005&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="22013567" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?fit=1024%2C768" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="43" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/un-recorrido-nostalgico/attachment/22013567/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?fit=1600%2C1200" data-orig-size="1600,1200" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;8.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;u10D,S300D,u300D&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1240404423&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;5.8&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;80&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.005&quot;,&quot;title&quot;:&quot;OLYMPUS DIGITAL CAMERA&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="22013567" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?fit=1024%2C768" class="alignleft size-medium wp-image-43" title="" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/10/22013567-300x225.jpg?resize=300%2C225" alt="22013567" width="300" height="225" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=1080%2C810 1080w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=768%2C576 768w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?resize=1024%2C768 1024w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/10/22013567.jpg?w=1600 1600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>He subido, sin más, hasta el Santuario de La Antigua. En un lateral, fuera del recinto religioso, he visto un reciente panel informativo señalando una ruta por el piedemonte. No tení­a intención de ir por ese lugar pero, dado el buen tiempo que hace, me he animado a ello.</p>
<p>De momento he iniciado el camino que asciende hasta la cumbre del Txarlazo. En su cima se encuentra el Monumento a la Virgen de la Antigua. Una réplica en cemento de la imagen que se conserva en su Santuario. Este «monumento» es uno de los primeros del Estado en ser construido en cemento armado. El «tronco» oculta una amplia escalera de caracol que permite ascender por la imagen (hueca en el interior) y salir a un hermoso balcón desde el que se percibe una vista no sólo del valle sino de amplias distancias. Acaba de cumplir los cien años. Me decí­an, cuando era niño, que en dí­as muy claros se veí­a el mar&#8230;</p>
<p>Pasada la «barrera del tranco» he tomado un camino a la izquierda y me he adentrado en el frondoso bosque de robles. Sobre mí­ se alza el imponente Txarlazo por cuyas inmediaciones discurrió el primer camino carretil de ascenso a la Meseta. La intransitabilidad del mismo, especialmente el paso de Goldetxo en invierno, motivo la construcción de lo que ahora es Puerto de Orduña, aprovechando, en parte, el camino de herradura ya existente con anterioridad. Este camino partí­a de la desaparecida ermita de San Bartolomé ubicada en lo alto de las peñas. Si hoy dí­a es una ruta difí­cil, quiero imaginar bajar por allí­ las reatas de mulos&#8230; Aún recuerdo el accidente ocurrido en los años cincuenta del pasado siglo cuando un autobús con la Orquesta Compostelana se salió en una de las primeras curvas y se precipitó al vací­o. Los muertos fueron varios. No puedo menos que recordar a Doña Mari íngeles Larrea, catedrática de Historia de la Universidad de Deusto, que hizo su tesis doctoral sobre los caminos de Bizkaia en el siglo XVIII. Mi recuerdo no es sólo por su calidad humana y profesional (no menor que la de su esposo, el Dr. Goti) sino porque hace ya unos años dirigió mi tesis doctoral.</p>
<p>Tras un rato de tranquilo y cómodo caminar llego a la moderna «balsa de Gartxeta» construida recientemente para asegurar el abastecimiento de agua a la ciudad. Desde ella desciendo a la aldea de Tertanga, a pie del puerto de Orduña. Su «torre» aún muestra tiempos más duros aunque escasamente conserva alguna ventana rasgada. Es una de las aldeas más pequeñas del valle aunque, en tiempos pasados, ocupó un lugar estratégico. No he podido bajar a ver el molino pero consta dónde está gracias a Miren y Gervasio (originarios de este lugar donde aún tienen su casa) amigos de la Parroquia del Carmen de Barakaldo. No les he visto cuando he pasado frente a su casa, ya en la afueras de la aldea camino de la carretera general. Poco antes paso junto a las viejas escuelas. Me trae recuerdos de alguna actividad en este edificio cuando, desde la Parroquia de El Carmen de Barakaldo se hací­an aquí­ «colonias de verano». Estuve unos dí­as haciendo de «cicerone» de mi amigo Javier Aguinaco, sacerdote paúl como yo y nacido en Unzá.  Desde este punto he contemplado, una vez, el llamado «Pico del Fraile» hito de la primitiva escalada y cuya denominación aún causa controversia. Al margen de ello, la verdad es que tiene forma de un «fraile con su capucha». En su entorno está uno de los nacederos del Nervión.</p>
<p>En vez de descender por la carretera hacia la «Venta» (nombre que claramente nos trae sabor medieval) tomo una de las recientes pistas asfaltadas que lleva hacia Délica. Más que «Venta» debiera denominarse «Ventas» porque hay dos. Curiosidad: una (la más famosa por su excelente yantar) está en ílava; la otra en Bizkaia. La muga pasa entre sus paredes. Dicen que hasta tiempos no muy lejanos las mujeres alavesas las utilizaban para «dar la luz» en la vizcaí­na y poder acogerse a determinados privilegios que otorgaba su fuero (especialmente el no ir a la mili). Esto mismo ocurrí­a (en términos burgaleses) con la famosa, y tristemente olvidada, «Cerca de Villaño». Alguien me ha comentado que la actual Corporación está dando pasos para recuperar esa «posesión». ¡Olvidemos el asunto!</p>
<p>Esta pista me permite ver la más antigua de las ventas, la llamada de Arbí­n. Ubicada a más altura que las anteriores, a su vera discurrí­a (antes de la apertura del camino carretil) el más antiguo camino de herradura. Por esta pista me dirijo hacia la minialdea de Paul (cuatro casas). Hay dos lugares con este nombre en el valle. La zona «detrás del Colegio de la Enseñanza» y esta aldeilla. Junto a este mi muy querido Colegio existe un camino que se llama «Camino de la Paul». Paul o Paules es un término que hace referencia a «zona húmeda o lacustre». En este sentido le cuadra, como anillo al dedo, a la zona primera. Este barrio debe tener, dada su altura, otro origen que desconozco. Tampoco me lo aclara un  vecino con el que hablo.</p>
<p>Siguiendo la carreterita (preciosa como paseo) paso por Zamarro. Lo mismo. Aunque el dí­a estaba soleado se ha ido cubriendo y, pasando por allí­, me acompaña un molesto sirimiri. Sin más contratiempo (salvo unos minutos bajo un hermoso roble) llego a Délica. Atravieso el puente sobre las ví­as de RENFE y me encuentro con la Iglesia. Como ya he descrito en otro momento esta aldea (la más significativa de la Junta de Ruzabal) no me detengo. Paso junto a la casa de mi hermana Lucí­a y saludo a mi cuñado, Txema, que está ocupado en arreglos varios de la casa. Estupenda persona para ser de «peluchilandia». De allí­, directamente a casa por una de las pistas asfaltadas. Ha sido una buena mañana.</p>
<p>NOTA: la tarde se ha oscurecido totalmente. El accidente de Barajas. Entre las victimas, me indican por teléfono, mi compañero Claudio Ojeda, sacerdote paúl y, desde hace años, trabajando en Camerún. Rezo por las ví­ctimas y por sus familias.</p>
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		<title>Bienvenidos a Ezagutu Urduna</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2009 17:16:09 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="230" height="300" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?fit=230%2C300" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?w=340 340w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?resize=230%2C300 230w" sizes="(max-width: 230px) 100vw, 230px" data-attachment-id="92" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/bienvenidos-a-ezagutu-urduna/cascada_gujuli/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?fit=340%2C444" data-orig-size="340,444" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="Cascada_Gujuli" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?fit=340%2C444" /></div><p><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="92" data-permalink="http://www.ezagutuurduna.net/bienvenidos-a-ezagutu-urduna/cascada_gujuli/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?fit=340%2C444" data-orig-size="340,444" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}" data-image-title="Cascada_Gujuli" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?fit=340%2C444" class="alignright size-full wp-image-92" style="margin: 5px;" title="Cascada_Gujuli" src="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/es/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?resize=340%2C444" alt="Cascada_Gujuli" width="340" height="444" srcset="https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?w=340 340w, https://i0.wp.com/www.ezagutuurduna.net/wp-content/uploads/2009/11/Cascada_Gujuli.jpg?resize=230%2C300 230w" sizes="(max-width: 340px) 100vw, 340px" />Decí­a, y bien decí­a,  el cantautor que «<em>quien pierde su origen, pierde identidad</em>«. Estoy con él. En esto y otros muchos aspectos de la vida me gusta partir de lo próximo, de lo sencillo para llegar a lo internacional, a lo complejo. Es posible, más que posible, que otros tengan la visión justamente contraria. No seré yo quien les combata ni deje, por ello, de acompañarles a tomar unos vinos.</p>
<p>Nací­ en Orduña hace ya unos cuantos años. Entonces la «única ciudad del Señorí­o» (aunque cualquiera de mis alumnos y alumnas de 2º de bachillerato sabe que hoy el criterio histórico no se considera para denominar a una «ciudad») salí­a de su secular tradición agrí­cola e iniciaba un despegue semiindustrial que nunca ha sido decisivo. Por ello, pude grabar en mis retinas muchas situaciones propias de una sociedad antigua estancada y los primeros escarceos de modernidad. A estas experiencias de niño he ido sumando otros conocimientos derivados de la investigación y de la observación vacacional.</p>
<p>Por ello me he atrevido a abrir esta Web. Iré cargando, en principio, algunos materiales propios sin descartar algunos trabajos acerca de la Ciudad o su entorno más cercano. Una vez más ofrezco esta página para toda aquella persona que desee colaborar para un mejor conocimiento de la Ciudad y de sus gentes, de su Historia. Lo mismo para enviar opiniones o fotografí­as.</p>
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