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Arqueologí­a en Sierra Salvada

Arqueologí­a en Sierra Salvada

8752ca5c2be9bbae679009a71e1394edLa importancia arqueológica del karst de esta zona se remonta a la Prehistoria reciente, cuyas gentes ocuparon las diferentes cavidades, seleccionándolas según las actividades que iban a realizar. Generalmente prefirieron cavidades llanas y secas, estratégicamente ubicadas, para instalar sus hábitats en los portalones de entradas, iluminados con luz natural, desde donde dominaban el entorno más inmediato. El interior de las cavidades se reservaba para funciones sepulcrales, sobre cuya superficie se depositaban los cadáveres, a menudo acompañados por la presencia de cerámicas y piezas lí­ticas, que pueden ser interpretadas como ofrendas. En el exterior el fenómeno dolménico aparece bastante arraigado.

Los grandes portalones de Cueva Llana, Curtiveranos o las Tejedoras presentan interesantes hábitats prehistóricos, mientras que las galerí­as de Cueva Zarra, de la Majada, del Molinillo, de los Santos o la casi inaccesible Cueva de Siete Hayas presentan numerosos huesos humanos reflejo de actividades sepulcrales durante las fases inciertas del Neolí­tico y Bronce. Pero yacimientos más complejos y posiblemente de mayor entidad son las cuevas del Rebollar I, Araos, o las alavesas de Unguinos y del Haya en Sierra Salvada, o Cueva Moriquillos y Lobera de Gurdieta en Sierra de la Carbonilla por proporcionar lugares de habitación en sus entradas y galerí­as sepulcrales en el interior.

La visita a las cuevas, en el pasado, debió tener carácter esporádico. Las únicas evidencias de estas incursiones vienen dadas por los graffitis realizados por los exploradores, que no se generalizan hasta el siglo XIX, siendo poco frecuentes las inscripciones de épocas anteriores.

En la Cueva del Puente se han conservado graffitis de época romana que hablan de una exploración que efectuó un grupo de unas 10 personas bajo la dirección de un tal Nicolavo el primer dí­a de noviembre del año 235 d. C. También nos dicen que anduvieron 4.000 pasos y que uno de los integrantes, un tal Plácido, estuvo temeroso de seguir adelante, alcanzando el final de la cavidad únicamente los hombres más fuertes, que fueron nueve.

De estas inscripciones se puede deducir que estamos ante una exploración de época romana, realizada probablemente por una pequeña unidad de miembros del ejército, quizá una decuria, en donde Nicolavo posiblemente actuase como el decurión, perteneciente al destacamento romano de Aloria, ubicado en la depresión de Orduña a unos 7 km de la cavidad, en donde las excavaciones han puesto de manifiesto la importancia que tuvieron para los primeros momentos de este destacamento los talleres metalúrgicos. La presencia de dos catas relacionadas espacialmente con las inscripciones, nos hace pensar en la posibilidad de estar ante algún tipo de sondeos mineros.

El nombre de Monte Santiago Nancláriz se debe a la ubicación en época altomedieval de un monasterio dedicado a Santiago de Langrériz, cuyas ruinas aún pueden observarse en el entorno de la dolina de Fuente Santiago, así­ como en el interior de su sumidero, donde aparecen dispersos tanto restos arquitectónicos (entre los que destacamos un capitel románico) como materiales.

No conocemos ni la fecha ni las circunstancias que originaron la fundación de este cenobio, que debe vincularse con el florecimiento del fenómeno monacal que conllevó la instalación del monasterio de Valpuesta en el 804. Su fundación debe correlacionarse pues con momentos indeterminados entre el siglo IX y el XI, ya que para el 1075 pasa a depender del monasterio de San Millán de la Cogolla. Desconocemos el momento en que desaparece este enclave, constatando que en el siglo XVIII se menciona como ermita perteneciente a Berberana.

En el interior de las cavidades también suelen conservarse restos óseos o evidencias de la actividad de faunas pretéritas, que nos hablan de una mayor riqueza biológica en el pasado. En Cueva Perilde han aparecido restos del gran león de las cavernas junto con huesos de gamos y ciervos. Otros grandes herbí­voros como elefantes o uros proceden de las cavidades de Sierra Salvada alavesa, como la SI-44 o la Sima del Puente. Estas especies representan a los grandes mamí­feros tí­picos del Pleistoceno.

Destacamos las evidencias de la presencia del oso en la zona. El último gran predador de Europa ha quedado reducido a los ambientes montañosos y kársticos, poco favorables a la intervención humana, en cuyas cavidades encuentra idóneos refugios para su larga hibernación, aunque a veces las simas o pozos actúan de trampas naturales. Reflejo de la vida de los osos en el interior de las cuevas son las improntas de zarpazos que se conservan en las paredes, las oseras o camas en el suelo, así­ como los propios huesos del animal que aparecen en superficie. Al menos en 15 cavidades de la zona se han detectado diferentes evidencias del paso del oso pardo. Su presencia debió alcanzar hasta el siglo XVII o posiblemente el XVIII, datando de 1622 el pago de 2 reales a un hombre de Losa por haber matado a un oso (doc. Arceniega).

También se conservan restos de otras especies recientemente desaparecidas en la zona, como el ciervo, junto a los de otras que todaví­a habitan en el entorno, tanto salvajes (lobo, zorro, gato montés, tejón, …) como domésticos.

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